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sábado, 28 de mayo de 2022

Corte investiga 12 mil carpetas con testimonios de conscriptos por violaciones a DDHH en dictadura

 Publicado por Manuel Stuardo

La información es de Fabián Polanco


La justicia investiga 12 mil carpetas con testimonios en dictadura. El ocultamiento de estos antecedentes en el Ministerio de Justicia, que no fueron remitidos al Poder Judicial, podría dar cuenta de irregularidades e incluso delitos.

La Corte de Apelaciones de Concepción abrió una investigación a partir de 12 mil carpetas con testimonios de conscriptos del Ejército sobre violaciones de derechos humanos durante la dictadura. Esos antecedentes han estado en poder del Ministerio de Justicia desde el año 2018, sin que hasta ahora fueran entregados al Poder Judicial.

La decisión de iniciar la investigación fue en respuesta a una carta de abogados del Programa de Derechos Humanos al ministro en visita, Carlos Aldana, dando cuenta de 12 mil carpetas con antecedentes sobre delitos de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura, y que han estado guardadas en una oficina del Ministerio de Justicia.

Esas carpetas contienen testimonios de conscriptos del Ejército entregados a la Subsecretaría de Derechos Humanos a partir de enero de 2018, dando cuenta de torturas, fusilamientos y otros hechos de los cuales los uniformados, cumpliendo el Servicio Militar, fueron víctimas y testigos.

Estos antecedentes no estaban en conocimiento de los jueces dedicados a investigar violaciones de derechos humanos durante la dictadura y por eso la decisión de abrir la indagatoria, confirmada por el propio ministro en visita de Concepción, Carlos Aldana.

Según la carta enviada al magistrado Aldana por los abogados del Programa de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, la situación es delicada, deslizando posibles irregularidades e incluso delitos en el ocultamiento de los testimonios de conscriptos, lo que debería ser establecido a través de sumarios administrativos o incluso investigaciones a cargo del Ministerio Público.

Las primeras 6 mil carpetas fueron recibidas cuando lideraba la Subsecretaría de Derechos Humanos la actual diputada Lorena Fríes, quien explicó que efectivamente su gestión inició un análisis de esos antecedentes poco antes de terminar el segundo mandato de Michelle Bachelet, y que correspondía a la administración entrante concluir el trabajo.

Hasta ahora desde el Ministerio de Justicia no ha habido un pronunciamiento, a pesar que entre las diligencias ordenadas por el ministro Aldana está la declaración de Sandro Gaete, coordinador del Área de Investigación Administrativa del Programa de Derechos Humanos.

Fuente: Biobíochile.cl

miércoles, 8 de diciembre de 2021

El populismo radical, la libertad en peligro

Diferentes movimientos que se hacen llamar “nueva derecha” están consiguiendo entrar en la política debido al descontento existente con el mundo político. Ellos se erigen como portavoces de un pueblo al que creen representar. Aunque han vivido de la política más tiempo del que suelen admitir, se consideran outsiders (que están fuera del sistema). Y se presentan como personas normales que dicen lo que piensan, sin embudos.



Estas fuerzas, en todos los países en donde se desarrollan, se centran siempre en los peores aspectos de la sociedad del país para crear terror y miedo. Dicen lo que piensan, aunque sea a veces equivocado o dañe a todos. En cambio, se defienden de los ataques de otros pidiendo «libertad de expresión».

Ellos dicen (a los que quieran escuchar); enfoquen sus miradas en la diversidad, miren es un enemigo traicionero. Miren:

  • al enfoque de género es negativo y va en contra de la familia.
  • a las etnias, culturas o regiones diferentes deben marcharse o convertirse, para protegernos.
  • al crimen, la delincuencia y las manifestaciones, vamos a acabar con todo eso. Todos irán a la cárcel.
  • a los de una religión diferente (evangélica, católica, agnósticos, laicos musulmanes, etc.…)

Vamos a defender a uno de estos grupos:

  • Blanco, católico, estricto.
  • Ario, evangélico, fascista.
  • Latino, judío, etnocentrista
  • De la sierra, católico, negacionista
  • etc.

Estos grupos políticos quieren socavar los valores y el respeto a lo diferente (en contra de los valores democráticos): provocan la confrontación dentro de la sociedad (odio hacia el otro). Sin embargo, aunque el odio se disemina entre toda la población, pocos son pertenecientes al grupo de “elegidos”. Cada miembro de la sociedad tiene a qué odiar del otro que no cumple las características elegidas: El blanco odia al negro, pero el negro puede odiarlo también por no ser católico. De este modo, crece el odio dentro y entre la sociedad. Centran la  mirada en la diferencia, añadiendo características demoníacas (a posiciones políticas, nacionalidades, religiones, etnias, etc.). Nadie sabe si va a caer dentro del grupo o será considerado un enemigo de la sociedad, un demonio o una bruja.

Todos estos cuestionamientos o requisitos van en contra de la libertad de las personas:

Para vivir en esa sociedad no se podrá ser mujer independiente, homosexual, ni islámico, ni izquierdista o cristiano, porque algún día, cuando ese actuar evolucione y se convierta en un estado de tipo autoritario, podría correr peligro y tener que migrar.

Asimismo, estos grupos también dicen creen en fabulaciones y confabulaciones sobre el rol de género, el cambio climático o la salud (coronavirus); ellos son los únicos que vieron la maldad en las invenciones en estos fenómenos: No hay cambio climático, no existe el coronavirus y las mujeres no sirven para el mundo laboral; habría un «ente» que los habría impuesto; un ente islámico, de alguna corriente política o de algún país «enemigo».

Los nuevos valores

Su obsesión se centra en la satanización de la diferencia. El respeto a la diferencia nació en los gobiernos democráticos, en la revolución silenciosa social. Ahora quieren eliminar esos valores para imponer otros. La estrategia de satanización debería hacer surgir los nuevos valores de este movimiento:

  • Negacionismo: negación de la existencia del coronavirus, el cambio climático y, en general, la ciencia.
  • “Derecho a la diferencia”: Se refiere a que en una sociedad debe de poder prohibir la entrada de otras personas ajenas. Sin embargo, esta medida no se refiere a la migración no europea, en los discursos de América latina.
  • Antifeminismo: desconociendo el valor de las mujeres en la sociedad y eliminando sus derechos (voto incluido)
  • Honestidad: Elaborando discursos falsos y abanderando la libertad de expresión para protegerlos (por ejemplo, negación de los homicidios por parte de las dictaduras o explicando la necesidad y el beneficio de eliminar a jóvenes, izquierdistas, mujeres, homosexuales, etc. durante esos regímenes).
  • Orden y Paz: Eliminación de la autonomía de los ciudadanos mediante un control autoritario que elimine la libertad, quedando la democracia en un estado latente, inexistente.

Así los nuevos valores de estos grupos políticos quieren eliminar la democracia y sustituir sus valores por estos nuevos.

Es en este escenario de confrontación que ellos crearon, el único punto en común que tienen todos sus seguidores es la búsqueda de una supuesta “Paz y el Orden» por el descontento que ellos aglutinan; aunque se trata de un descontento disperso y que discrimina también a sus miembros.

Sin embargo, sus seguidores no se dan cuenta que esa paz y ese orden tendrá una víctima, la democracia. En un régimen autoritario, como una dictadura, tal vez el lector quede en alguna categoría en la que pueda ser desaparecido: Evangélico, musulmán, blanco, marrón, mujer, homosexual, migrante, indígena, liberal, de izquierdas, de mar o montaña.

En ese escenario las personas se volverán eslabones de una maquinaria autoritaria y tergiversadora de realidades. El proceso de la “nueva derecha” culminará cuando todos seamos iguales o desaparezcamos y ellos sean líderes de lo que quede. Estos partidos, igual que el islamismo radical, quieren un retorno al pasado, un pasado fascista, intolerante, autoritario, ordenado y sin libertad.

¿Qué ganas tu en todo eso? Que no te gane el miedo. No te conviertas en uno de sus demonios: discriminador, provocador de miedos y autómata. No seas un robot. Protege tu identidad, protege la democracia.


Artículo Opinión: Gil Badiella

domingo, 18 de julio de 2021

La CIDH presenta caso sobre Ecuador ante la Corte Interamericana

El Estado ecuatoriano es investigado por  la violación de los derechos Humanos de un militar denunciante de corrupción en las fuerzas armadas.


El caso se refiere a las represalias sufridas por Julio Rogelio Viteri Ungaretti, miembro de las Fuerzas Armadas y su familia, como consecuencia de una denuncia que realizó en noviembre de 2001 sobre graves irregularidades en la administración pública y hechos de corrupción dentro de la institución a la que pertenecía. El caso trata además sobre la relación estructural entre libertad de expresión y democracia, en particular la libertad de expresión como forma de denuncia de actos de corrupción.

Se discute si el Estado vulneró el derecho a la libertad personal con motivo de la imposición de una sanción disciplinaria; si brindó garantías judiciales y recursos efectivos para la protección de sus derechos; y, finalmente, el efecto que todo ello causó en sus familiares.

La CIDH procedió a evaluar la legitimidad de la misma mediante el test tripartito aplicable en estos casos y concluyó que la sanción disciplinaria no cumplió con los requisitos de legalidad, fin legítimo, necesidad y estricta proporcionalidad en una sociedad democrática.

En relación con la obligación de obtener una autorización previa para hablar con la prensa sobre un asunto de alto interés público, como es la denuncia de corrupción con posibles efectos sobre el uso de fondos públicos, la CIDH concluyó que esta restricción constituye el tipo de censura que la Convención Americana expresamente prohíbe, la cual afecta la dimensión individual y colectiva del derecho a la libertad de expresión.

La Comisión entendió además que las afectaciones al derecho a la libertad de expresión en el presente caso se vieron agravadas por la ausencia de mecanismos adecuados para denunciar hechos de corrupción en organizaciones altamente jerárquicas en Ecuador, como las Fuerzas Armadas; además, destacó el rol de los denunciantes o whistleblowers, y el deber de protegerlos frente a sanciones legales, administrativas o laborales, siempre que hayan actuado de buena fe. Al respecto, señaló que, sin una norma que garantice sus derechos, las represalias laborales y los actos de hostigamiento que derivaron, como en el presente caso, en el exilio del denunciante, generan un efecto inhibitorio para otros denunciantes de actos de corrupción.

Por otra parte, la CIDH consideró acreditado que el Viteri fue sometido a diversas sanciones de arresto de rigor, siendo la más relevante, por su extensión y efectos, una de 15 días, así como dos arrestos adicionales de tres y cinco días, por haber realizado declaraciones ante la prensa sin haber solicitado autorización previa. Ello, a pesar de que la denuncia de presuntos actos de corrupción ya había tomado estado público. Al respecto, se coligió que dichas detenciones fueron irrazonables y desproporcionadas y, en consecuencia, afectaron la libertad personal.

La Comisión observó también que las medidas de protección otorgadas por el Estado a solicitud de la CIDH no lograron proteger a Viteri ni a su familia de manera efectiva, dado que las medidas de vigilancia continuaron, motivo por el cual obtuvieron asilo político en el Reino Unido. Con base en ello, se entendió que el Estado es responsable por la violación del derecho de circulación y residencia reconocido en la Convención Americana en perjuicio del señor Viteri y su familia.

Asimismo, se concluyó que el Estado violó el derecho a la protección judicial debido a la falta de efectividad del recurso de hábeas corpus interpuesto por la víctima, el cual fue rechazado in limine con base en una interpretación de la Constitución según la cual no procedía ante detenciones basadas en razones disciplinarias dentro de las Fuerzas Armadas.

Por último, la CIDH declaró responsable al Estado por la violación del derecho a la integridad psíquica y moral, en perjuicio de Viteri y su familia, por el sufrimiento y aflicción generadas por las mencionadas violaciones.

Con base en dichas determinaciones, la CIDH concluyó que el Estado ecuatoriano es responsable por la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, libertad de expresión, circulación y residencia y protección judicial reconocidos en los artículos 5.1, 7.1, 7.3, 13.1, 13.2, 22.1, y 25.1 de la Convención Americana, en relación con las obligaciones establecida en sus artículos 1.1 y 2, en perjuicio de Julio Rogelio Viteri Ungaretti. Asimismo, consideró al Estado responsable por la violación de los derechos a la integridad personal, y circulación y residencia establecidos en los artículos 5.1, y 22.1 de la Convención, en relación con las obligaciones establecida en su artículo 1.1, en perjuicio de su esposa, hija, hijo y suegra.


En su Informe de Fondo la Comisión recomendó al Estado:


Reparar integralmente las violaciones declaradas en el Informe de Fondo tanto en el aspecto material como inmaterial. El Estado deberá adoptar las medidas de compensación económica y satisfacción.

Establecer mecanismos adecuados de protección de denunciantes que en razón de su empleo o posición institucional expongan irregularidades, hechos de mala administración, hechos de corrupción, violación de los derechos humanos, violaciones del derecho humanitario y otros intereses públicos gravemente afectados; la protección debe prevenir la aplicación de sanciones legales, administrativas o de cualquier otra índole - incluyendo la protección de reporte seguro al interior de las Fuerzas Armadas -, para el caso que al momento de la revelación el denunciante haya tenido fundamentos razonables para creer que la información revelada era cierta y constituía una amenaza o daño a un interés público concreto.

Adecuar el ordenamiento jurídico interno, en particular el Reglamento de Disciplina Militar, de conformidad con los estándares establecidos en el presente informe, de acuerdo con el deber general de adoptar disposiciones de derecho interno establecido en el artículo 2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Realizar una capacitación al personal de las Fuerzas Armadas y fuerzas de seguridad, incluidas las autoridades encargadas de la aplicación de sanciones disciplinarias, respecto a la protección de denunciantes que expongan hechos de corrupción o violaciones a los derechos humanos, a la luz de los estándares establecidos en el informe.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.

No. 180/21

Fuente; CIDH

martes, 6 de julio de 2021

La Justicia hondureña declara culpable a David Castillo, ejecutivo de una hidroeléctrica, como coautor del asesinato de la activista Berta Cáceres


La Sala I del Tribunal de Sentencia Nacional de Honduras declaró culpable a Roberto David Castillo Mejía como coautor por el asesinato de la activista ambiental e indígena Berta Isabel Cáceres, ocurrido en 2016.

#DerechosHumanos #BertaCáceres #Honduras #Militar




Castillo, quien fue teniente segundo en inteligencia militar en el Ejército de Honduras (2006-2011), ocupó la presidencia ejecutiva de DESA y fue señalado como coautor intelectual del asesinato de Cáceres.

"Esta es una victoria popular del pueblo hondureño", dijeron desde el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), organización de la cual Cáceres fue cofundadora.


Cáceres fue asesinada el 2 de marzo de 2016, mientras dormía en su casa en la Residencial El Líbano en la ciudad de La Esperanza, departamento de Intibucá, en el occidente de Honduras.

La activista, con el COPINH, enfrentó durante años a la compañía Desarrollos Energéticos S.A. (DESA) y su proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, que impactaba al río Gualcarque, indispensable para la sobrevivencia del pueblo indígena lenca.

Castillo, quien fue teniente segundo en inteligencia militar en el Ejército de Honduras (2006-2011), ocupó la presidencia ejecutiva de DESA y fue señalado como coautor intelectual del asesinato de Cáceres.

Justamente al cumplirse dos años del asesinato, el 2 de marzo de 2018, Castillo Mejía fue detenido en el aeropuerto de San Pedro Sula, cuando estaba a punto de tomar un avión para volar a la ciudad estadounidense de Houston.

De acuerdo con el Ministerio Público, Castillo podría enfrentar una pena de entre 25 y 39 años de cárcel, pero la sentencia se conocerá el próximo 3 de agosto.


Condenas previas

En diciembre de 2019, la Justicia hondureña condenó con entre 30 y 50 años de prisión por este asesinato, y también el intento de homicidio del líder ambiental mexicano Gustavo Castro Soto, al oficial del Ejército Mariano Díaz, al exmilitar Douglas Geovanny Bustillo, al exgerente de la empresa del Proyecto Agua Zarca Sergio Ramón Rodríguez y al militar retirado Henry Hernández.

También fueron condenados los señalados como sicarios Elvin Heriberto Rápalo Orellana, Edilson Duarte Meza y Óscar Arnaldo Torres Velásquez.

Fuente: RT

miércoles, 5 de mayo de 2021

Denuncian 1.181 casos de abuso policial y 26 víctimas mortales durante las protestas en Colombia

Organizaciones a favor de los derechos humanos reportan alarmantes cifras de violencia policial en el marco de las protestas contra el Gobierno colombiano. Algunas reportan abusos que rozan el millar, o incluso lo superan, así como decenas de muertes a manos de las autoridades y casos de violencia sexual, hechos que resumen tan solo los primeros días de unas manifestaciones que se extienden a su sexta jornada.



A medida que se extienden las protestas en Colombia, crecen también las denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas policiales. La ONG local Temblores ha documentado -y denunciado- la constante represión de las autoridades a las manifestaciones, principalmente pacíficas, en las que decenas de miles de ciudadanos han expresado su descontento hacia el Gobierno de Iván Duque.


De acuerdo con la organización, tan solo en los tres primeros días de las protestas (iniciadas el pasado 28 de abril), las acciones policiales han dejado un balance de 1.181 casos de violencia policial, 92 víctimas de abuso de la fuerza, 26 víctimas mortales, cuatro víctimas de agresión sexual, 672 detenciones arbitrarias y 12 víctimas de agresiones a los ojos. 



Las cifras oficiales, reportadas por la Defensoría del Pueblo, son menores a las de varias ONG. El ente contabiliza 16 muertos, así como 254 civiles y  457 policías heridos. Sin embargo, el reporte de la institución, encargada de velar por la defensa de los DD. HH. en el país, no fue publicado sino hasta este sexto día de protestas y no ofrece detalles sobre la identidad de las víctimas ni las circunstancias de sus muertes.

Por su parte, el Comité promotor de las protestas indicó también este lunes unas cifras mucho superiores a las de la Defensoría. "Al momento, tenemos 1.089 casos de violencia policial, dentro de los cuales hemos podido identificar al menos 124 heridos de violencia", dijo Martha Alonso, representante de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), quien reportó también "726 detenciones arbitrarias, seis hechos de violencia sexual, 27 homicidios" y 12 jóvenes que "han perdido sus ojos".

El Ministerio de Defensa justifica la represión por la acción de "organizaciones criminales"

Las manifestaciones iniciaron el pasado miércoles con un llamado a la protesta pacífica que llevó a miles de personas a las calles de las principales ciudades del país. Varias de estas protestas desencadenaron en enfrentamientos con la Policía, que con frecuencia inició los altercados con disparos de gases lacrimógenos. También se han producido hechos de vandalismo y desmanes en ciudades como Cali, Ibagué, Medellín y Bogotá. 

El ministro de Defensa, Diego Molano, descartó dar cifras de sobre los fallecimientos ocurridos en las protestas, asegurando que esa era una labor de la Fiscalía General -que hasta el momento no se ha pronunciado- y dijo que la muerte de esas personas se debía a "la acción criminal de los vándalos", a la vez que responsabilizó de la violencia a "organizaciones criminales", que según el Gobierno son las causantes de los altercados. 

"Colombia enfrenta una amenaza terrorista, organizaciones criminales están detrás de los actos violentos que empañan la protesta pacífica. Se trata de actos premeditados, organizados y financiados por grupos de disidencias de las FARC y el ELN", dijo Molano, quien también indicó que las autoridades han registrado 540 policías y 306 civiles heridos durante las protestas.

Sin embargo, diversas organizaciones como Temblores ponen el foco de la responsabilidad de estas muertes en el accionar de las fuerzas de seguridad y las acusan de haber causado el deceso "de manera deliberada y premeditada" a decenas de personas en los últimos días. Según la ONG, los agentes policiales han disparado al menos en 30 ocasiones con armas de fuego en medio de manifestaciones. 

El detonante de las marchas fue un proyecto de reforma tributaria impulsado por el Gobierno de Duque. El texto pretendía reunir 23,4 billones de pesos (unos 6.302 millones de dólares) con medidas como la aplicación del IVA del 19 % a los servicios públicos, que habría supuesto una mayor carga económica sobre las debilitadas clases media y baja en el país: solo en 2019 los efectos colaterales de la pandemia llevaron a 3,5 millones de ciudadanos a la pobreza, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE. 

Aunque el presidente Iván Duque anunció el domingo 2 de mayo el retiro del polémico proyecto, el llamado a las protestas ha continuado en varias ciudades del país en medio del descontento contra el Ejecutivo. A la ira de los manifestantes se suma también ahora la violenta respuesta de las autoridades contra el estallido de las manifestaciones.

Fuente: France.com

Juan de Dios Parra, Secretario General de la ALDHU, comentó al respecto: "la defensa de la población debe ser una prioridad para la policía y también para el ejército, las conductas que estamos viendo en América Latina por parte de estos cuerpos del estado serán sancionadas en algún momento por órganos internacionales. La sociedad en latinoamérica está cansada de la represión y de la falta de libertades (manifestación, expresión información...). Los presidentes deben escuchar más a la sociedad que al fin y al cabo es a quien está sirviendo, para quien trabaja".



lunes, 8 de febrero de 2021

Militarización en América Latina en tiempos de Covid-19

 

Esta columna está basada en el paper The militarization of responses to COVID-19 in Democratic Latin America publicado en 2020 en la revista Brazilian Journal of Public Administration

Alrededor del mundo, las repuestas a la crisis sanitaria provocada por el SARS-COV-2 han intensificado el despliegue de dispositivos de control de la población. Por ejemplo, en Polonia, Corea del Sur y Australia se han usado aplicaciones que rastrean el movimiento de personas contaminadas para impedirles salir de sus casas[1]. En América Latina los gobiernos han utilizado sus fuerzas armadas para asegurar el cumplimento de las medidas de aislamiento social.[2] Esto se explica por la debilidad de las agencias civiles, aunada al alto prestigio que estas instituciones gozan entre la población en la mayoría de los países en la región[3].

Para identificar las consecuencias del incremento de la participación de los militares en este contexto, el doctor Igor Acacio y Anaís Medeiros analizan las tareas que se les han encomendado en las 14 democracias del continente y examinan el impacto de esta gestión en las instituciones, así como en el respeto a los derechos humanos en la región. Para ello, consultaron decretos oficiales y las redes sociales de las Fuerzas Armadas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú y Uruguay entre el 1 de marzo y el 25 mayo de 2020.

EL ROL HISTÓRICO DE LOS MILITARES

El rol de los militares en la historia de América Latina ha sido crucial. El siglo XIX fue la época de los caudillos: militares originarios de los ejércitos de liberación desmovilizados, gobernaron los países que recién se habían independizado. Además de asumir esas tareas políticas, las fuerzas armadas también participaron en levantar la infraestructura de los nuevos estados: se dedicaron a construir puentes, abrir y pavimentar caminos para conectar áreas aisladas con las más desarrolladas, así como a entrenar las policías urbanas y rurales. Esta característica llevó a Brian Loveman a referirse a las fuerzas armadas latinoamericanas como “los guardianes de la nación”.[1]

En el siglo XX, a esas misiones militares se agregaron tareas como la dirección de empresas públicas y las acciones cívico-sociales. Después, en la segunda mitad del siglo, los militares fueron protagonistas de la represión en contra de la oposición política como en Chile, Argentina y Brasil, y más recientemente en el combate al narcotráfico en países como Colombia y México.

En el contexto de la actual crisis sanitaria, su participación ha aumentado considerablemente, lo cual ha generado efectos negativos: la represión violenta de protestas como en el caso de Honduras, el abuso de autoridad por parte de soldados encargados de patrullar las calles durante la pandemia, o de vigilar los centros de contención para las personas que no respetan el toque de queda, como en el caso de El Salvador.

En países donde la rendición de cuentas es más consolidada, como Francia y Estados Unidos, las fuerzas armadas han restringido sus tareas a misiones de corte logístico cómo la construcción de hospitales y la distribución de insumos médicos. En contraste, en países como Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras, Guatemala y El Salvador los militares han actuado en misiones que suelen ser problemáticas para la democracia y vulneran los derechos humanos de las clases populares: la participación en la gestión de la crisis sanitaria y el mantenimiento del orden público. La primera tarea es de corte político y debilita el control democrático sobre las fuerzas armadas pues promueve la politización de estas. A su vez, las actividades policiacas exigen autonomía individual para la toma de decisiones, una habilidad cognitiva que no es central en el entrenamiento militar. [2]

Reconociendo que los retos que impone la crisis del COVID-19 exigen la acción coordinada de diferentes agencias del estado, se espera que las fuerzas armadas, por ser altamente profesionales, participen de las repuestas estatales a la pandemia. Esto no se cuestiona. El tema que nos debe interesar y preocupar como sociedad civil es cuáles tareas estamos delegando a los militares y qué grado de autonomía política se les otorga para implementarlas.


TIPOLOGÍA DE MISIONES MILITARES ANTE LA COVID-19

En nuestro análisis identificamos seis áreas de participación de los militares durante la pandemia del COVID-19:

1) seguridad fronteriza, una misión cercana a la función clásica de los militares de defensa externa;

2) logística, que comprende la distribución de víveres e insumos médicos, así como la repatriación de ciudadanos;

3) atención médica, que incluye desde el apoyo en selección de pacientes, hasta casos de alta complejidad;

4) industria de defensa, sobre todo dedicada a la producción de mascarillas, alcohol gel (o gel hidroalcohólico) y distribución de medicamentos, una misión que, aunque no relacionada directamente con la defensa externa, no implica graves consecuencias sobre el control civil de los militares.

5) gestión política de la crisis, que incluye el nombramiento de militares para cargos políticos en ministerios o para liderar comités nacionales de emergencia que coordinan la respuesta a la pandemia.

y 6) tareas de vigilancia, las cuales abarcan el patrullaje de calles, el manejo de centros de contención y la participación en barreras sanitarias en el territorio nacional para asegurar el cumplimiento de las medidas de aislamiento social.

En general, encontramos que las misiones más efectivas fueron aquellas cuyos elementos militares tenían más entrenamiento: seguridad fronteriza, logística, atención médica e industria de defensa.

En casos donde los militares tenían poco entrenamiento, se detectó que sus misiones no se cumplieron satisfactoriamente, o que cometieron abusos de autoridad, como es el caso de El Salvador y Honduras. En este sentido, aunque su participación sea temporal, se tiene que resaltar que el aumento de la participación de los militares puede dañar permanentemente el balance civil-militar y la calidad de la democracia en Latinoamérica, especialmente en países donde dicho equilibrio se encuentra en declive cómo El Salvador, Ecuador y Bolivia.


Hay que recordar que una crisis, como lo es la pandemia actual, puede ser el contexto ideal para reformas políticas. La referencia a un estado de excepción puede facilitar la implementación de medidas políticas autoritarias vigentes, como es el caso de la suspensión de derechos políticos, bajo la justificación de la necesidad del mantenimiento del orden en un contexto de excepción y de inseguridad sobre el futuro. Por otra parte, dado que no es clara la duración de la pandemia, tampoco sabemos hasta cuándo se va a prolongar la militarización de las respuestas a la crisis. Eso permite que los militares actúen prácticamente sin contrapeso o control externo de sus actividades.

En Bolivia, un contralmirante es el director del Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), responsable de coordinar las distintas acciones para enfrentar la emergencia por COVID–19 en el país. En Chile, los militares también están a cargo de la gestión de la crisis sanitaria: desde el inicio del 2020, son los encargados de la dirección de las dieciséis zonas de emergencia que se han creado en el contexto de la pandemia.




Brasil es un caso extremo de militarización de la gestión de la crisis sanitaria – y de la política en general. El presidente Jair Bolsonaro ha designado el mayor número de militares para encabezar ministerios públicos en la historia, desde el fin del régimen militar en 1985. Actualmente, 11 ministerios están encabezados por militares, incluyendo el Ministerio de la Salud dirigido por el general Eduardo Pazuello. Además, alrededor de 6000 militares ocupan puestos en secretarías y ministerios. Ese posicionamiento estratégico en el sistema político ha permitido el mantenimiento del presupuesto del Ministerio de la Defensa en un periodo de contingencia de los gastos públicos y el aumento de los sueldos de los militares brasileños en hasta 72%.

MILITARIZACIÓN DE LA SEGURIDAD PÚBLICA

Otro conjunto de misiones militares domésticas que merece atención es la asignación de militares en tareas policiales. Un gran número de investigaciones han demostrado que las actividades de seguridad doméstica que generan contacto estrecho entre los militares y la población pueden estar vinculadas a abusos de autoridad y corrupción por parte de los militares, especialmente cuando no existe un objetivo claro de la misión. Esto porque los militares de medio y bajo rangos son entrenados para misiones que requieren un bajo nivel de autonomía. Como un ideal tipo, actividades policiales implican un contacto cercano con la ciudadanía y la toma de decisiones a nivel individual – lo que les permite distinguir sospechosos de inocentes. Por ello, la adaptación de misiones militares hacia las policiacas no es conveniente y atenta contra la protección de las libertades civiles que son centrales para la sobrevivencia de un régimen democrático.

Sin embargo, se insiste en desplegar los militares como policías bajo la justificación de que se trata de la institución más preparada en el momento para enfrentar a grandes amenazas de seguridad. El mejor ejemplo es el caso de México, en donde inicialmente se involucró al ejército para combatir el narcotráfico como medida extraordinaria, y ahora esta medida se ha vuelto permanente. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “en la región, y específicamente en México, experiencia demuestra que la intervención de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interna en general viene acompañada de violencia y graves violaciones a los derechos humanos”.

Países como El Salvador, Guatemala, Chile, Ecuador y Bolivia han utilizado los militares en diferentes niveles para asegurar que la población se quede en sus casas durante la pandemia. La situación es más preocupante cuando los militares son la principal agencia responsable de coordinar los toques de queda, como es el caso de Chile y de Bolivia. Esto es incompatible con la dimensión liberal de la democracia: la preservación del estado de derecho y vulnera las libertades individuales. En Chile, por ejemplo, seis funcionarios del ejército fueron detenidos por abandonar a ocho personas en medio del deserto bajo la acusación de violar la cuarentena. Ese caso no es aislado. En 2019, tras la convocatoria de militares para el control de las calles, se registraron más de 71 querellas contra miembros de las fuerzas armadas.

De la misma manera, en El Salvador, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que defienden los derechos humanos han reportado abusos y violaciones por parte de militares y de las policías. Según el Decreto 19, publicado en marzo de 2020 por las autoridades salvadoreñas, los militares y policías están facultados para encarcelar a quienes violan la cuarentena en centros de detención por 30 días. En consecuencia, miles de personas fueron llevadas a centros de detención sobrepoblados y se encuentran bajo condiciones inhumanas. También se denunciaron abusos de autoridad perpetrados por personal militar y policial a cargo de esas instalaciones en los primeros meses de la pandemia.

El caso de las fuerzas armadas salvadoreñas es un claro ejemplo donde la rendición de cuentas es mínima, ya que tienen más de 220 puestos de control en todo el territorio nacional para verificar el cumplimiento de la cuarentena social, lo que les permite disfrutar de un alto nivel de autonomía en sus actividades.

De manera similar, la intervención de los militares ha incrementado considerablemente en Honduras. La Secretaría de Defensa Hondureña ha reportado más de 15.000 puestos de control en todo el territorio nacional. Las fuerzas estatales han sido acusadas de realizar detenciones arbitrarias y abuso de poder en contra de personas acusadas de violar la cuarentena. Manifestaciones pacíficas para exigir alimentos, agua y medicamentos a las autoridades locales y nacionales han sido reprimidas con armas de fuego y gas lacrimógeno. Solamente entre marzo y mayo de 2020, 20.000 personas fueron detenidas por no cumplir con las medidas de aislamiento social en el país.

En Bolivia, con el toque de queda controlado por los militares en el contexto de la pandemia y la implementación de puestos de control militar en todo el territorio, fuentes de medios alternativos denunciaron la represión de manifestaciones pacíficas que denunciaban el hambre en distritos que históricamente han apoyado a Evo Morales. Esto es un ejemplo de cómo el contexto de excepcionalidad de la pandemia ha intensificado la represión política. Al inicio del año, políticos fueron arrestados bajo vagas acusaciones de “terrorismo” y “sedición” por las fuerzas de seguridad, lo que constituye una clara señal del desequilibrio que existe hoy entre civiles y militares en Bolivia.

RENDICIÓN DE CUENTAS Y EL EQUILIBRIO CÍVICO MILITAR

América Latina es una región que enfrenta problemas estructurales de acceso a vivienda y servicios de salud que han profundizado la gravedad del COVID-19. Por esta razón se entiende que sea necesaria una acción coordinada por parte de todas las agencias estatales, incluyendo las fuerzas armadas por supuesto.


El perfil de las fuerzas armadas es compatible con varias funciones clave en la contención de la pandemia. Misiones técnicas, como el apoyo a los cuidados médicos y funciones logísticas, son compatibles con el entrenamiento previo de los militares y no impactan negativamente en el ejercicio democrático. Sin embargo, la urgencia de esta crisis no debe desviar la atención de la relevancia de la rendición de cuentas por parte de los agentes del estado sobre sus tareas, y de su responsabilización por eventuales abusos y desviaciones.

Por otro lado, la gestión política de la crisis sanitaria, así como las misiones policiales que implican un contacto estrecho entre ciudadanos y militares, deben ser evitadas porque vulneran el balance civil-militar, en detrimento de la democracia. Los gobiernos de la región que se autodefinen como democráticos tienen el deber de proteger los derechos humanos de sus ciudadanos en cualquier situación, pero sobretodo en momentos de incertidumbre global como la actual pandemia del COVID-19.


Por Anaís Medeiros Passos. Editado por Karina García Reyes.

  

Desde la ALDHU insistimos en la necesidad de diferenciar los ámbitos mitiliares y civiles. Muchas de las policías presentes en Latinoamérica tienen un carácter militar, conservan estructuras militares  e incluso existe una justicia miliar especial para ellas. Sin embargo, la diferenciación entre las fuerzas de los ámbitos militares y civiles puede incluso ayudar a conservar la democracia e interponerse a cualquier intención de dañarla. El uso indiscriminado de fuerza ante conflictos sociales y civiles acaba provocando mayores enfrentamientos y desconformidad con el estado. América latina debe tender hacia un diseño acotado de las actividades de las fuerzas de seguridad  (civiles) y de las fuerzas armadas (militares); de otro modo los civil acaba convirtiéndose en militar, y lo militar interfiere produciendo e intensificando los conflictos existentes en la sociedad civil; hasta que lo militar acaba siendo lo único; imprescindible.

Juan de Dios Parra, Secretario General de la ALDHU




NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Treguer, Felix. Gestion techno-policière d’une crise sanitaire. Paris: Ceri, 2020.

[2] Ver, por ejemplo: Argentina, Brasil, Chile, Honduras. Último acceso: 21/01/2021.

[3] En el caso de Chile hasta 2018 el 53% de los chilenos confiaba en la Fuerzas Armadas según Latrinobarómetro, pero en el estudio de 2020 esa confianza es ubicó en el 32%. Ver aquí

[4] Loveman, Brian. 1999. For La Patria. Politics and the Armed Forces in Latin America. Edited by SR Books. Wilmington, Delaware.

[5] Campbell, Donald J., and Kathleen M. Campbell. 2010._“Soldiers as Police Officers/ Police Officers as Soldiers_: Role Evolution_and Revolution in the United States.” Armed Forces & Society 36 (2): 327–50. Disponible aquí. Último accesso: 21/01/2021.