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jueves, 26 de noviembre de 2015

Emigrantes y crisis de los Derechos Humanos.

El problema de los migrantes es de todos, Estados, Gobiernos y ciudadanos podemos aportar en la ayuda humanitaria, debemos apuntar a que nuestro mundo no tenga fronteras en casos extremos. El terrorismo no es solo producido por quienes tienen las armas, lo producen también quienes cierran sus fronteras arbitrariamente a ciudadanos que buscan una mano.
Juan de Dios Parra, Secretario Ejecutivo de ALDHU.

El flujo de emigrantes se incrementa más cada vez. Estamos acostumbrados a ver noticias, escuchar relatos, leer informes, estudios y análisis estadísticos de los emigrantes. Vemos con frecuencia el drama y la tragedia; nos conmueven las imágenes de tantas situaciones humanas impensable del flujo migratorio. Sin embargo, nos percatamos que esta situación es ahora de carácter global. No se trata de una realidad que solo afecta el continente Americano, sino que también vemos que existen situaciones parecidas con sus grandes matices en todas partes del mundo. Se habla de distintos tipos de emigrantes: en situación regularizada con estatus legal; en situaciones no regularizadas, o sin estatus legal; emigrantes forzados sin protección ni estatus legal explotados por mafias; también se habla de refugiados y solicitantes de asilo, debido a conflictos o la persecución, etc. El tema de la emigración en la actualidad está confrontando políticamente a los países de la Unión Europea, y ha llevado a los gobiernos de esta parte del mundo a discutir temas delicados: “cuotas” de refugiados a acoger, la ayuda económica que deben dar los Estados implicados, los controles fronterizos o las barreras a imponer. Se enfatiza sobre todo el costo de los inmigrantes; si requieren o no asilo político, pero poco se habla de la contribución que ellos hacen al desarrollo de los países que los acogen.


De hecho, los impuestos que pagan los emigrantes son superiores a los gastos que los Estados deben realizar para atenderlos. Incluso hay estudios que muestran que el aporte que hacen los emigrantes es proporcionalmente mayor que el que hace la población del país que los recibe. Sin embargo, no podemos desconocer que su incorporación a la vida social ahora tiene más obstáculos por el lento crecimiento económico y las tasas de desempleo en Europa.

Dicho brevemente, y sin dorar la píldora, la sensación que se tiene en el contexto actual, es que los emigrantes se pueden convertir en una amenaza para la seguridad y el bienestar si no se imponen límites, porque el “sur” invadirá al “norte”. En la presente coyuntura en la que han ocurrido los atentados terroristas en Francia el pasado viernes 13 de noviembre, veremos cuáles serán los resultados de las investigaciones que se están realizando y las medidas que se tomarán al respecto. Esperemos que no sean medidas que afecten más a los emigrantes que ya han padecido bastante y han sufrido situaciones indeseables. En los países desarrollados se habla cada vez más de una estratificación del derecho a la movilidad selectiva de los emigrantes. Es decir, se trata de abrir las puertas a los hombres de negocios, gerentes, profesionales, científicos o artistas, de tal manera que, esta actitud positiva ante estas categorías de emigrantes se traduce en una política de “drenado de cerebros”, que empobrece el capital humano del “sur global”. La crisis de los derechos humanos y su aplicación práctica es el problema de los emigrantes, dentro de las fronteras nacionales de sus países de origen y fuera éstas.

1. La emigración sin precedente hacia Europa
En la Unión Europea la llegada de los emigrantes, actualmente, se percibe como un terremoto sin precedentes: “Este año, según las estadísticas más recientes, 1,2 millones de personas entraron ilegalmente en la UE, principalmente por mar” (http://www.diariocolatino.com/europeos-y-africanos-buscan-soluciones-comunes-en-cumbre-sobre-migracion/). Se calcula que desde el 2015 al 2017 llegarán tres millones de emigrantes. Según los datos de la Comisión Europea: “Los candidatos al asilo podrían ser más de un millón en 2015, 1,5 millón en 2016, y 500,000 en 2017. Por sí mismas, estas cifras dan una idea de la amplitud del desafío al cual están confrontados los europeos” (Diario Le Monde, Samedi 7 novembre 2015, p. 2). Los emigrantes llegan a través de Turquía, Grecia y los Balcanes.
Turquía es el punto estratégico en la zona del Mediterráneo para ingresar a la Unión Europea: “Turquía, que alberga 2,2 millones de refugiados sirios, es el principal punto de salida de los migrantes que se arriesgan a cruzar el mar en dirección a las islas de Grecia, país de entrada a la Unión Europea. Entre enero y octubre, más de 454 migrantes y refugiados murieron o desaparecieron cuando cruzaban el mar Egeo, entre Turquía y Grecia, según cifras de Amnistía Internacional” (http://www.diariocolatino.com/europeos-y-africanos-buscan-soluciones-comunes-en-cumbre-sobre-migracion/). La situación, ya crítica de por sí, se agudiza con la entrada del invierno y con la acentuación de los bombardeos rusos en Siria; la emigración de las zonas sometidas al conflicto bélico se acentuará. La distribución de los 160,000 refugiados entre los países de la Unión  Europea antes y después del verano está totalmente superada, dada la cantidad desbordante de emigrantes que siguen llegando en busca de refugio y asilo. El temor que éstos sienten al registrarse en los centros de control migratorio es evidente porque no quieren ser deportados a sus países de origen, dada la crisis y la inseguridad a la que están sometidos.


El problema, sin embargo, para Europa y aún para el Norte desarrollado, no es solo de carácter económico o de capacidad de absorción de la ingente cantidad de ciudadanos que llegan del sur o del oriente buscando un lugar digno para vivir. El problema es si en el mundo actual tenemos la capacidad de garantizar los derechos humanos de los ciudadanos en sus países de origen; si podemos garantizar la seguridad y la integridad física y psíquica de los seres humanos que pueblan el planeta. Vivimos en un mundo donde la ecología social está constantemente amenazada por la pobreza, el desempleo, la falta de seguridad medioambiental y los conflictos políticos que terminan siendo confrontaciones bélicas.

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