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lunes, 28 de febrero de 2022

La irracionalidad de la guerra.

 “Si realmente quieres la paz, prepárate para la guerra” es una máxima latina (si vis pacem, para bellum), que fue escrita por Vegecio en el año 390 y hace énfasis en la naturaleza violenta de la humanidad y la incapacidad de resolver sus conflictos y diferencias a través del diálogo.



La diplomacia de la negociación, buenos oficios, mediación y arbitraje, contemplados en el derecho internacional, se dejan de lado cuando hay intereses geoestratégicos y de otra índole, para rebasar los linderos de la paz y llegar a la imposición mediante los enfrentamientos bélicos.

¿Es verdaderamente necesario, en medio de una pandemia que afecta a todos los seres humanos y que pone en peligro su existencia, que haya confrontaciones que conduzcan a la amenaza y uso de la fuerza? No creo que nadie en su plena consciencia piense que sumando más muertos se solucionan los problemas.

Quizás la esencia misma del hombre sea la violencia y el lograr superarla requiere de estructuras legales y marcos normativos que busquen subsanar los diferendos antes que lleguen a derramar sangre. Diferencias siempre habrá, es consubstancial con la conducta humana y la realidad de la vida que vivimos. Los ejes alternativos, la búsqueda de consensos, las metodologías de solución de controversias, todas ellas podrían predominar antes que el uso de tanques, misiles, aviones e infantería para forzar e imponer soluciones.

No creo en las sanciones como mecanismos de solución de controversias, ya que nos han probado que el castigo a los más vulnerables afecta el modo de pensar de las élites dominantes y gobernantes.

La eterna violencia como solución es una necedad. Einstein decía “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. La historia comprueba que la imposición de soluciones por la violencia duran poco y que sólo sirven para satisfacción temporal, mientras los costos en vidas humanas, infraestructuras, sistemas de producción y los aspectos sociales, perduran por años y hasta siglos.

Art Opinión: Luis Alberto Chiriboga

Fuente: El comercio.com

El monstruo ya está aquí (Internacional)

 Solo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente





'Solo le pido a Dios, de Leon Gieco, cantautor argentino

Un buen amigo, especialista en seguridad, me comentaba que el conflicto que hoy vivimos, motivado por la invasión de Ucrania por parte de Rusia, está abocado tal y como se ven las cosas ahora mismo, a dos soluciones: que una parte gane, o que todos pierdan. Estas parecen, hoy por hoy, las salidas. Tal como están las cosas y quizás gracias al lado medio optimista que me caracteriza, que es la contracara de la mitad pesimista que compensa mi criterio, me siento más próximo a pensar en el “todos pierdan”.

De momento, la barbaridad perpetrada por el presidente ruso Vladimir Putin ya está provocando que se haya desmoronado el mundo hasta ahora normal en el que vivía la población ucraniana, más de 44 millones de personas, que hasta hace unos días se dedicaba al trabajo, las preocupaciones familiares, las alegrías cotidianas, las penurias y el interés por su futuro y el de los suyos. Ahora se ven sumidas, de forma brutal, en una incertidumbre absoluta. Una incertidumbre dramática traducida en tener que abandonar sus casas, buscar un refugio ante las alarmas antiaéreas; protagonizar un éxodo terrible —quienes pueden hacerlo— para cruzar la frontera y la angustia ante la llamada a la movilización de mayores y jóvenes, casi niños, para defender la libertad. Y las vidas segadas de una forma absurda, sin sentido humano, por mucha geoestrategia que exista de una parte o de otra.

Como juez, no puedo olvidar que la Corte Penal Internacional tiene competencia en Ucrania y, por tanto, la Fiscalía de esa instancia deberá abrir la investigación pertinente si considera que se están cometiendo crímenes que correspondan juzgar a la CPI, de acuerdo al Estatuto de Roma.  

Frente a sanciones y avisos, el presidente ruso daba un paso más este domingo al poner en alerta máxima sus fuerzas de disuasión, incluyendo fuerzas nucleares estratégicas, o más aún, “en servicio de combate” en base, dijo, a las declaraciones agresivas provenientes de la OTAN y por las sanciones económicas acordadas por la Unión Europea y Estados Unidos.  

En el marco de tan peligroso anuncio, autoridades rusas y ucranianas acordaban sentarse a negociar una salida. La reunión se fijaba en Bielorrusia, después del rechazo inicial a tal idea por parte de Ucrania. Zelenski, el presidente ucraniano, confirmó que el encuentro se celebraría "sin condiciones", expresándose de esta forma amarga, tras informar de que cerca de 200 personas habían perdido la vida, a la vez que continuaba un éxodo inagotable próximo ya a los 360.000 desplazados.  

¿Quién podía imaginar que llegaríamos a esto? Se diría que, pese a reiterados avisos, todo el mundo estaba como adormecido y de golpe llegó el despertar, pero aún en el limbo de la somnolencia. “En Europa siempre reaccionamos muy despacio”, me decía el mismo amigo, con tono amargo. “¿Y los informes de la CIA advirtiendo de la acción militar rusa?”, le pregunté.  Contestó: “¿Profecía autocumplida? ¿Quizás acabaron o pretendieron siempre provocarlo?”. Una cuestión difícil de responder, porque a fin de cuentas, ¿quién puede entender el mensaje críptico de las agencias de inteligencia? Quizás el propio Vladimir Putin, criado en el KGB durante más de un cuarto de siglo y del que los entendidos dicen que sigue aplicando el manual del buen espía. No lo sé, pero insisto en formularme la pregunta clave para mí: ¿quién sale beneficiado con todo esto?

La prudencia se esfumó

Lo que está ocurriendo supone la falta de cordura total. El fracaso de toda lógica. La prudencia se esfumó. Confieso que, como muchos de ustedes por no decir la mayoría, me siento destrozado por esta situación y el dolor que me produce es muy profundo. Me quita casi todas las esperanzas que tengo en que la humanidad avance. Pareciera que tras salir de la pandemia habríamos aprendido la lección, en la idea de hacer un mundo mejor, pero, por lo que estamos viendo, volvemos a caer en las mismas necedades que siempre nos han caracterizado.

En estos días aciagos trato de hacer un análisis lo más objetivo posible, y para ello hay que remontarse a años atrás, cuando la OTAN y Estados Unidos, sin demasiados disfraces, tomaron medidas claramente encaminadas a consolidar su poder militar y extender sus dominios en unos territorios “minados” que, desde luego, no iban a ser consentidos por la otra parte, Rusia, que, a su vez, hizo lo propio en territorio ucraniano. No intento justificar al presidente ruso porque su proceder es el de un líder autoritario que no vela por el principal interés de su pueblo, que debe ser garantizar su prosperidad en vez de enviar a las familias los féretros de jóvenes que ya no podrán ver un mañana desde cualquier lugar de su país en donde tenían un proyecto de vida.

En la dicotomía de quién gana y quién pierde, no hay que olvidar que las grandes empresas norteamericanas no son ajenas al beneficio. ¿Por qué no baja el precio del petróleo Estados Unidos? Mientras, en Europa, en efecto, estamos a por uvas.

Escribía este viernes el sociólogo y pensador Boaventura de Sousa Santos: “La soberanía de Ucrania no puede cuestionarse. La invasión de Ucrania es ilegal y debe ser condenada. La movilización de civiles decretada por el presidente de Ucrania puede considerarse un acto desesperado, pero presagia una futura guerra de guerrillas. Putin debería tener en cuenta la experiencia de Estados Unidos en Vietnam: el ejército regular de un invasor, por poderoso que sea, acabará siendo derrotado si el pueblo en armas se moviliza contra él. Todo esto augura pérdidas incalculables de vidas humanas inocentes. Apenas recuperada de la pandemia, Europa se prepara para un nuevo desafío de proporciones desconocidas. La perplejidad ante ello no podría ser mayor”.

Ese es sin duda el futuro inmediato, máxime cuando leo en el momento de escribir estas líneas que Rusia ha ordenado a su Ejército intensificar su ofensiva en Ucrania "desde todas las direcciones". Mientras tanto, Ucrania resiste. Boaventura analiza el porqué de esta ofensiva sobre la base de un error estratégico de Estados Unidos y la OTAN que radica en que no estaban solos y prepotentes en el mundo, como llegaron a creer. Cita la salida de Afganistán —caótica, dice— para seguir en su huida hacia adelante “y en esa estrategia pretender arrastrar a Europa que pagará una factura alta por lo que está pasando”. Para Boaventura de Sousa “la invasión de Ucrania es inaceptable. Lo que no se puede decir es que no fue provocada. Rusia, como gran potencia que es, no debió dejarse provocar…”

Ya dejé constancia de mi opinión en estas páginas, en referencia a tal afirmación. Los conflictos bélicos no son casuales ni inocentes. Siempre alguien busca obtener un beneficio, ya sea antes, durante o después de la colisión. Las sanciones económicas, las restricciones de transacciones bancarias, el corte de suministro de gas, el bloqueo de suministro de cereales, la posibilidad de sacar a Rusia del sistema swift, la subida del precio del petróleo, etc., perjudicarán, de nuevo, a los mismos: siempre el pueblo que, además de los muertos, pone el sufrimiento. Las élites políticas y económicas, no. Curiosamente las bolsas subieron el pasado viernes. ¿Alguien puede explicar esto racionalmente?

Sin piedad

Soy antibelicista, y por ello no puedo justificar la agresión de Putin, pero trato de entender lo que sucede. Es posible que en la decisión del líder ruso de ir a la guerra y masacrar al pueblo ucraniano haya pesado la consideración de que la OTAN le trata de asfixiar por el norte y por el oeste, con Turquía y China cubriendo el resto. Rusia parece necesitar, según los expertos, un puente terrestre hacia Crimea y un estatus más seguro para la región separatista de Donbás. Pero ¿es tan importante tal necesidad como para asumir las sanciones que tanto la Unión Europea como Estados Unidos puedan asestarle? El saldo de desolación y coste en vidas humanas, las propias de Rusia y las ucranianas, no parecen afectar al presidente Putin. La escena que ha dado la vuelta al mundo de un tanque en una calle de Kiev arrollando un vehículo particular, del que a duras penas pudieron sacar los vecinos a un señor de edad, no deja lugar a dudas de la falta de respeto a las personas que anima a las tropas invasoras, cuyas instrucciones parecen claras: sin piedad.

Da escalofríos la falta de empatía y el ánimo de hacer daño en una situación sobrevenida para el pueblo de Ucrania, que se ve en la tesitura de huir o autodefenderse. La imagen del presidente Volodímir Zelenski paseando por las calles de la capital para demostrar que sigue allí, animando a la ciudadanía a no dejarse intimidar, casi mostrándose como un cebo para que la barbarie apunte hacia él y obvie a los habitantes, ejemplifica la desesperación de quien sabe que la batalla está perdida, aunque quizás queden otras muchas y ello suponga pérdidas aún mayores.

Es preciso insistir en llamar al diálogo a Rusia, a la Unión Europea y a Estados Unidos. Aun puede ser tiempo de retroceder y resolver las cuestiones pendientes en una mesa de negociación, pero teniendo claro que las reclamaciones y cuitas pendientes, reales o imaginarias, no dan derecho a agredir y acabar con la vida de miles de inocentes ni a invadir una nación constituida en un Estado de Derecho.

Pido, como el compositor León Gieco, que nada de esto nos sea indiferente y que entre todos reclamemos la paz, que es la única medida eficaz para acabar con el monstruo. Una vez más hay que recuperar aquel grito que nos movilizó por millones en todo el mundo, ante una contienda tan ilegal como esta, entonces en Irak y ahora en Ucrania: ¡No a la guerra!

Fuente: Infolibre.es 

Naciones Unidas observa normas contenidas en la LUC (Uruguay)

 Tres relatores especiales de Naciones Unidas emitieron una declaración conjunta en la que advierten sobre la incompatibilidad de las normas contenidas en la ley de urgente consideración (LUC) referidas al uso de la fuerza por parte la policía y las que regulan el derecho de reunión y manifestación pacífica. En el mensaje, que está dirigido al gobierno uruguayo, solicitan “se reconsidere la legislación de acuerdo con las normas de derechos humanos”.

Logo ONU

En el cierre del documento los relatores Clement Nyaletsossi Voule, Agnes Callamard y David Kaye, instan al gobierno uruguayo a que retire los artículos referidos “y proporcione tiempo adicional para la consideración legislativa y pública para evaluar el proyecto de ley a fin de garantizar que se alinee con las normas internacionales de derechos humanos.”

Se trata del Relator Especial sobre los derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación; la Relatora Especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias; y el Relator Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión.

La nota está fechada el 8 de junio y está dirigida al Embajador de Uruguay ante Naciones Unidas, para que este la reenvíe a la mayor brevedad posible al Ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Talvi.

SE ADJUNTA DOCUMENTO COMPLETO DE LOS RELATORES ESPECIALES

Descargar documento

Fuente: Instituto Nacional de Derechos Humanos Y Defensoría del Pueblo

sábado, 26 de febrero de 2022

Colombia: La ONU solicita que se refuercen las medidas de protección para los defensores de los derechos humanos

 Los actos violentos se centran especialmente en lideres comunitarios, comunidades campesinas, pueblos indígenas y afrodescendientes. La delegación en Colombia del organismo de la ONU especializado en garantías fundamentales condenó los recientes asesinatos de los activistas Teófilo Acuña y Jorge Tafur y urgió a la Fiscalía y a las autoridades judiciales a que continúen con las investigaciones de estos homicidios

La Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia expresó este jueves su profunda preocupación por el incremento de la violencia en varias regiones del país desde principios de 2022, especialmente sobre defensores de los derechos humanos, lideres comunitarios, comunidades campesinas, pueblos indígenas y afrodescendientes

Ante esta situación, la delegación en Colombia del organismo de la ONU urgió a las autoridades a reforzar todas las medidas de protección adecuadas, tanto individuales como colectivas, para garantizar la vida y la integridad de las personas defensoras de los derechos humanos, particularmente en zonas rurales y en los municipios más afectados por la violencia.

Del mismo modo, reiteró su llamado a que todos los grupos armados en Colombia declaren un cese al fuego y las hostilidades y que respeten las disposiciones del derecho internacional humanitario para la protección de la población civil, especialmente en el caso de los defensores de las garantías fundamentales.

Condena por la muerte de dos activistas

En concreto, la Oficina indicó que posee información sobre “homicidios, ataques, amenazas, violencia y estigmatizaciones” contra integrantes de organizaciones de derechos humanos, colectivos y, en particular, del movimiento político-social Congreso de los Pueblos.




El organismo también condenó los asesinatos contra los activistas Teófilo Acuña y Jorge Tafur que tuvieron lugar este martes en el municipio de San Martín, situado en el departamento de Cesar, en el noreste del país, y urgió a la Fiscalía y a las autoridades judiciales a que continúen con las investigaciones en curso de ambos homicidios.

Acuña y Tafur eran integrantes del Coordinador Nacional Agrario y del Congreso de los Pueblos, que desde el año 2010 “reúne a procesos campesinos, afrodescendientes, indígenas, mestizos, urbanos y de trabajadores en pro de la paz y los derechos humanos”.

La Oficina instó a las autoridades a tomar todas las medidas pertinentes para garantizar la vida y la integridad de los miembros del Congreso de los Pueblos y se proteja la labor de las personas defensoras de derechos humanos en todo el país.

Finamente, reiteró su apoyo de seguir implementando su mandato con el Estado, la sociedad civil y las personas defensoras de los derechos humanos, “con el fin de contribuir a que la situación de derechos humanos mejore en el país, y prevenir que se sigan cometiendo violaciones contra las personas defensoras de derechos humanos”.

martes, 22 de febrero de 2022

Entrevista a Rosangela Adoum (ALDHU) (Por Juan Raúl Ferreira)

 Programa: Una Mirada al Mundo

Emitido el 21-02-2022 por Radio Cultura FM 97.9 MHZ Uruguay

Conducción: Juan Raúl Ferreira




Mentiras de nariz larga (art. opinión Baltasar Garzón)

 Las mentiras, hijo mío, se conocen en seguida, porque las hay de dos clases: las mentiras que tienen las piernas cortas, y las que tienen la nariz larga. Las tuyas, por lo visto, son de las que tienen la nariz larga 

El hada madrina a Pinocho en 'Las aventuras de Pinocho' de Carlo Collodi.



El año pasado leí en este mismo diario un interesante artículo de José Miguel Contreras. Se refería a un libro titulado La industria de la calumnia de los periodistas Aaron Krolik y Kashmir Hill. Cito el párrafo final:

“…la industria de la mentira no conoce fronteras. Su capacidad de extensión es infinita. Las mentiras son ilimitadas. No hay miedo en excederse. En realidad, sí que hay un límite, el del número de personas dispuestas a creerlas. El negocio de la información parece haber cambiado desde que la fragmentación ha roto el territorio monopolizado por los medios tradicionales. Ahora tiende a centrarse, más que en contar lo que ocurre, en vender la versión que cada uno quiere escuchar de lo sucedido. No sólo existe el acto malintencionado de algunas fuentes de mentir, sino que también es indispensable contar con un significativo número de personas que prefieren que se les mienta, siempre y cuando se les diga lo que desean oír”.

Tanto los medios tradicionales como las redes sociales se hacen eco, cada vez con más frecuencia, de las versiones interesadas de individuos que cuentan “su verdad” sabiendo que es falsa, pero sin que ello importe en absoluto, pues la intención es disparar la bala allá donde el impacto puede ser más beneficioso para sus propios intereses y siempre, en efecto, teniendo como espectadores a un público entregado a la versión que quieren escuchar, aunque sospechen, o sepan, que la misma es espuria. Esta táctica es típica de los populismos y de la ultraderecha, de aquellas y de las de ahora. Tergiversan el presente, pero también la historia si es que les resulta útil para adelantar al contrincante. Luego amplían y reiteran la mentira que, a fuerza de esa repetición, se pretende convertir en verdad o cuando menos en algo asumido por todos como parte del juego político. El esfuerzo del desmentido es hercúleo; y, normalmente, te lleva a los tribunales que también sufren la inercia de que todo es libertad de expresión, hasta el insulto. Con ello, ganan definitivamente quienes planearon una estrategia de deterioro y corrosión de los derechos y las instituciones a la que ya nos hemos acostumbrado, con lo que ni siquiera hacemos el esfuerzo de escandalizarnos.

Nos han arrebatado la inocencia de creer en el otro, en lo que se dice y se hace, provocando una desafección en la ciudadanía con la política, lo que es ganancia para ellos, pero que es una desgracia y un peligro para quienes creemos que la democracia es participación en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Esto sucede porque estamos saturados de tanto bulo y de tanta invención, que nos inhibimos y pasamos casi a la indiferencia, de “que digan lo que quieran” o “todo es una pura mierda”, con perdón por la expresión. Se ha ido perdiendo el razonamiento propio, esa visión crítica indispensable que nos lleva al saludable hábito de cuestionar. Por las redes sociales circulan todo tipo de sandeces, mientras varios medios se dedican a publicar las versiones más adecuadas a su propio provecho económico o ideológico, exagerando la realidad, como la nariz de Pinocho, para fomentar el morbo y el griterío sin atisbo de un ápice de integridad. El filósofo y lingüista Noam Chomsky, en uno de sus brillantes análisis sobre Donald Trump, lo exponía así: “No paras de decir mentiras y lo que ocurre es que el concepto de verdad simplemente desaparece”. O lo que es peor, sabemos que es mentira, pero permitimos que lo transformen en una verdad política, provocando con ello un efecto demoledor y geométricamente perverso; y mucho más si existe un acuerdo tácito o expreso para difundir los bulos y agrandar la vaciedad de determinadas posturas o posiciones.


Mentiras sobre mentiras

Se me dirá que al final la verdad siempre sale a la luz, y que tarde o temprano terminará por imponerse a la mentira. Ojalá esto fuera cierto, pero no siempre lo es, y aun cuando en ocasiones finalmente sucede, mientras tanto ha dejado un poso envenenado que surte nuevas y turbias inquinas y llama a otros personajes del mismo cariz a aportar su pegajoso granito de arena.

Muy pronto, en mi carrera profesional, tuve que aprender a vivir con una permanente exposición a los medios, hasta el día de hoy. Por el camino me fui ganando algunas antipatías y enemistades por encarar mi trabajo con decisión, hasta las últimas consecuencias y muchas veces a contracorriente. Ante el dilema weberiano sobre la ética de los principios y la ética de las consecuencias, (la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad) mi elección siempre ha sido en favor de la primera, ya que de otra forma creo que no existiría, ni siquiera como concepto ni como valor, aquello que llamamos Justicia. Tuve que aprender a soportar robos, allanamientos de morada, amenazas de muerte y algún que otro intento de atentado. Hasta mis hijas y mi hijo tuvieron que ir al cole con guardaespaldas, además de sufrir ataques de extrema derecha contra ellos. Cuando esto no daba resultado vinieron todo tipo de arremetidas personales y campañas de desprestigio, teniendo que cargar con el apelativo de “juez estrella” por la atención que me prestaban unos y los embates que me propinaban otros.

Porque lo he padecido, puedo dar fe de las distintas estrategias y disfraces de la mentira utilizada como un arma arrojadiza. La técnica es antigua y propia de las organizaciones mafiosas. Enlodan tu nombre y el de quienes te rodean por todos los medios, para así aislarte y finalmente deshacerse de tu incómoda presencia. Sepan, pues, que estas técnicas no suelen dar resultado cuando enfrente tienes a quien posee la certeza y convicción de estar haciendo lo correcto, trabajar honestamente y honrar los valores y los principios que deberían guiarnos a todos y hacer lo que es debido, ya sea en lo público como en lo privado, le pese a quien le pese, se llame como se llame, sea del partido o asociación que sea y ocupe la plaza que ocupe.

Tras mi inhabilitación como juez (hoy declarada atentatoria contra mis derechos por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas), comencé a ejercer la profesión de abogado, y hasta en este ejercicio profesional he tenido que soportar que se diga absolutamente de todo sobre mí: cuánto gano, los casos que supuestamente llevo, incluso dónde y con quién voy a comer y hasta el menú que he ordenado, por no hablar de lo que se “informa” sobre mi vida personal, de la cual jamás he hecho alarde alguno.

Tanto los medios tradicionales como las redes sociales se hacen eco, cada vez con más frecuencia, de las versiones interesadas de individuos que cuentan 'su verdad' sabiendo que es falsa, pero sin que ello importe en absoluto.

Ya escribí en 2019 un artículo sobre las fake news, en el que, entre otras cosas, hablaba de lo difícil que es hacer desmentidos, demandas y rectificaciones, que siempre llegan a destiempo y con mucha menor visibilidad que la noticia falsa y escandalosa, que prende como el fuego en la broza y se disemina como reguero de pólvora por las redes sociales con la ayuda de los algoritmos e incluso de bots contratados al efecto, cual ejército de mercenarios virtuales al servicio de quien pague por ellos. Internet se ha convertido en la madre que guarda todo lo que se refiere a sus hijos y lo mantiene de manera perenne, sea bueno o malo, por los siglos de los siglos.

Se publican afirmaciones disparatadas, ilógicas. Muchas veces atendiendo a personajes muy cuestionables que se convierten en una especie de gurús que presumen de fuentes de “sabiduría” aún más contaminadas e interesadas hasta formar una comunidad de intereses en la que la veracidad de los hechos se convierte en una quimera, y donde solo arraiga el provecho propio y el engaño al público, en general. 

Con estos mimbres se construyen dosieres, reportajes e incluso libros. En la sombra pululan otros personajes que también buscan hacer su agosto con individuos de este tipo, con fines oscuros y poco sanos.

Tormentas de mierda

En su libro En el enjambre, el filósofo Byung Chul Han habla de shitstorms, literalmente “tormentas de mierda”. Lo define como un fenómeno genuino de la comunicación digital que es posible en una cultura de la falta de respeto y la indiscreción. Como característica especial “se precipitan solo sobre personas particulares, por cuanto las comprometen o las convierten en motivo de escándalo”. Pero resulta que esas personas pueden ocupar también un cargo público, y al difundir esas historias distorsionadas o falsas se degrada el servicio público, y se dinamita la credibilidad de la institución, con la sola pretensión de potenciar la vanidad de quien así actúa, o de conseguir el poder o cargo, en un futuro más o menos próximo.

Sin duda, en estos casos, nos encontramos en demasiadas ocasiones con estas tempestades de difamación y de porquería incitadas por un interés puntual, atacando a una persona concreta que difícilmente se puede defender, insistiendo hasta crear una bola que se transforma en alud. El autor de la mentira, aquel que busca su ganancia, señala con el dedo apuntando a otro lado para desgastar a quien quiere destruir mientras manipula en la sombra. Se cree dueño del bien y del mal; de lo justo y de lo injusto… incluso puede utilizar en vano el nombre de Zola intentando aparentar que ampara a un Dreyfus. Y al final ¿para qué? ¿para ocupar un despacho mejor? ¿para obtener alguna prebenda administrativa? La ética es el ropaje de los dioses, pero la hipocresía solo viste a los mezquinos.


Baltasar Garzón es presidente de FIBGAR.

Fuente: Infolibre.es

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Ideas Propias

viernes, 18 de febrero de 2022

¿A las puertas de un mundo posneoliberal?

 Este es un artículo de opinión de Tobias Debiel, subdirector del Instituto para el Desarrollo y la Paz de la alemana Universidad de Duisburg-Essen, y de Mathieu Rousselin, profesor de educación política en la Oficina Federal para las Tareas de la Familia y la Sociedad Civil de Alemania.


BERLÍN – Aunque hay quienes afirman que la pandemia y la crisis climática son indicios del final del neoliberalismo, otros consideran que su caja de herramientas no está vacía. Para el posneoliberalismo hace falta una nueva política y un cambio de estructuras.

La pandemia de covid-19 ha provocado una conmoción global en la economía y la política. La preocupación por la caída del crecimiento, el colapso del sistema de salud y la inestabilidad política generó intervenciones estatales en muchos países del mundo que traen al recuerdo la crisis financiera mundial de 2008.

Numerosos analistas interpretaron la crisis como un desafío a la hegemonía neoliberal, es decir, la orientación prioritaria de la economía hacia la liberalización, desregulación y privatización, y la orientación del Estado hacia el principio de competitividad global.

Obviamente, el mercado no pudo reaccionar de modo adecuado a los fenómenos de la crisis. Análogamente, se multiplicaban con buenos motivos las voces que presagiaban el final de la hegemonía neoliberal en las relaciones económicas globales.

¿Son la crisis financiera global y la pandemia de covid-19 señales que apuntan a un modelo posneoliberal? ¿O el neoliberalismo sigue siendo el eterno paciente que resiste con valentía en el lecho de muerte? ¿Y qué será del orden neoliberal en el contexto de otro enorme y sin duda más fundamental desafío: la crisis climática?

Hoy en día es inusual encontrar a alguien en una posición destacada que se juegue abiertamente para salvar el honor del neoliberalismo. Las voces antagónicas, por el contrario, se hacen oír más. Así, el exjefe del Banco Mundial Joseph Stiglitz afirmó que el neoliberalismo debía ser dado por muerto y sepultado.

Tobias Debiel

Sin embargo, las políticas estatales concretas siguen siendo, en la actualidad, de cuño neoliberal. El neoliberalismo es influyente como práctica política y no tiene un plazo de vencimiento claro. Si bien los instrumentos del keynesianismo –grandes inversiones estatales– se utilizaron para construir el Estado de Bienestar en los países industrializados de Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, el neoliberalismo se le ha plantado desde la década de 1970 como un rival muy fuerte.

De manera paradigmática y brutal, el neoliberalismo logró un temprano triunfo en el Chile del golpista Augusto Pinochet, donde los partidarios del economista de Chicago Milton Friedman, los llamados Chicago boys, destruyeron los logros socioeconómicos del socialista democrático Salvador Allende.

El mantra neoliberal sobre el Consenso de Washington, surgido en la década de 1980 en el seno de las instituciones financieras internacionales y el gobierno de Estados Unidos, tuvo efecto a escala global.

Los principios rectores de la macroeconomía keynesiana, que se expresaban en el modelo del Estado del Bienestar, fueron reemplazados por dos principios básicos: el énfasis en las libertades económicas individuales, con una defensa casi incondicional de la propiedad privada, y la orientación hacia un Estado competitivo, comprometido con el mercado y con cuatro instrumentos de gobierno: privatización, desregulación, recortes de impuestos y libre comercio.

Si bien las crisis del precio del petróleo y de endeudamiento de la década de 1970 se convirtieron en una admisión de derrota para el keynesianismo, el neoliberalismo sufrió un destino aparentemente similar con la crisis financiera mundial de 2008. Hubo un derrumbe bancario y la economía se contrajo. El desempleo y la agitación social aumentaron en todo el mundo.

Como resultado, se consideró posible un cambio hacia un régimen posneoliberal «que se encargaría activamente de los riesgos sistémicos e impondría regulaciones restrictivas sobre las instituciones financieras y los mercados financieros». De hecho, el rescate de los bancos hizo que hubiera que dar marcha atrás, al menos temporalmente, con el principio de desregulación.

Sin embargo, el modelo neoliberal demostró ser notablemente resistente a sus adversarios y sus debilidades sistémicas inmanentes. Esto se hizo evidente en el corto plazo, cuando, por ejemplo, se lanzaron los programas de rescate para Portugal y Grecia, que obedecían a una estricta ideología de austeridad fiscal.

Y el especulativo instrumento financiero de los derivados, operaciones a plazo que se basan en las fluctuaciones de precios esperadas, pronto volvió a aparecer: ya en diciembre de 2013 alcanzó nuevamente el nivel que tenía antes de la crisis.

Mathieu Rousselin

La segunda gran crisis del siglo XXI fue acompañada por la pandemia de covid-19, que desató una verdadera recesión global en 2020.

De manera similar a lo sucedido con la crisis financiera mundial, hubo intervenciones estatales masivas. Pero había una gran diferencia: dogmas neoliberales como la «austeridad fiscal» –por ejemplo, el «déficit cero» en Alemania– fueron cuestionados de inmediato, y «desaparecieron en menos de lo que se tarda en deletrear la palabra ‘quiebra’».

La pandemia de covid-19 condujo a un renacimiento y una relegitimación del Estado en los países industrializados de Occidente que fue mucho más allá del entusiasmo inicial causado por las intervenciones estatales en la crisis financiera mundial.

No solo hubo empréstitos de amplio alcance y se abandonaron las políticas de austeridad, sino que, con una aceptación bastante amplia, el Estado también intervino en las libertades fundamentales del individuo, que son una piedra angular de la tradición del pensamiento liberal.

Por ejemplo, libertad de movimiento; el derecho a encontrarse con otras personas en espacios públicos y privados sin restricciones; la libertad de asociación y el derecho a practicar una religión.

Además, la protección de patentes, una vaca sagrada del neoliberalismo, fue cuestionada nada menos que por Joe Biden: una reglamentación de excepción de la Organización Mundial del Comercio (OMC) debía eliminar los derechos de propiedad intelectual de las empresas farmacéuticas privadas sobre las vacunas contra el covid-19, sostuvo durante un tiempo el presidente de Estados Unidos.

Aun cuando esto finalmente no sucedió: ¿son el retorno del Estado y la pretensión de hacer cumplir reglas vinculantes para el bien común los primeros indicios de un modelo antagónico a la ideología neoliberal? Hasta la pandemia de covid-19, se podía argumentar que las grandes crisis, incluida la crisis financiera mundial de 2008, nunca han podido hacer peligrar seriamente la primacía de los principios neoliberales.

Más bien han servido, una y otra vez, como justificación para intervenciones estatales masivas que conservaron el sistema neoliberal y sus principales actores a expensas del público en general.

Parecía que la resiliencia se había convertido en una característica y una receta para el éxito del modelo económico neoliberal. Las medidas del Estado para combatir la pandemia de covid-19 han sacudido, si bien parcialmente, esa resiliencia.

La crisis climática global es mucho más dramática y permanente que la crisis del covid. Es la condición permanente del siglo XXI y, junto con la amenaza nuclear, probablemente la mayor amenaza para la supervivencia humana.

Durante mucho tiempo se ha intentado contrarrestar el cambio climático con recetas neoliberales, como el comercio de emisiones. Sus módicos éxitos indican claramente que se trata de instrumentos complementarios, pero no de palancas para la necesaria transformación socioecológica.

En tanto dogma neoliberal, la confianza en las fuerzas del mercado como clave para combatir el cambio climático es tan difícil de explicar como la ingenua esperanza de que el Estado pueda esperar a que los consumidores y productores adopten un comportamiento ecológico virtuoso.

Por supuesto, la caja de herramientas neoliberal no está vacía, sino que puede apostar a la internalización de las externalidades, o sea, la inclusión de costos ecológicos en el precio de la carne y los boletos de avión, por ejemplo.

Pero el interrogante es si el tiempo no es escaso como para imponer medidas prohibitivas a los consumidores.

Equivaldrían –ya admitiéndolo abiertamente, ya ocultándolo en aumentos de precios acordes con el mercado– a sanciones y prohibiciones de comportamientos propios de una «forma de vida» supuestamente liberal que, como tales, pondrían en peligro las libertades de las generaciones futuras.

Tales medidas combatirían eficazmente el cambio climático. Al mismo tiempo, deben ir acompañadas de sustanciales medidas de compensación social si no se quiere exacerbar las desigualdades y crear nuevas injusticias.

La pandemia de covid-19 ha demostrado que se pueden superar las normas neoliberales y renegociar las reglas institucionales que dan al Estado un papel proactivo.

Sin embargo, hasta ahora hay poca evidencia de que ese modelo antagónico tenga también en cuenta la cuestión social.

Los costos de las crisis amenazan más bien con distribuirse de manera muy desigual.

Esto provocará resistencia en quienes viven en condiciones precarias y quienes dependen del sistema imperante, y dará impulso a los movimientos populistas de derecha. La transición a un modelo posneoliberal solo será posible si se hace una transformación no solo ecológica, sino también social.

Este artículo se publicó originalmente en Nueva Sociedad.