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miércoles, 6 de abril de 2022

La sinrazón (Art. Opinión Baltasar Garzón)

Vivimos en tiempos de sinrazón, de cosas ilógicas o irracionales. La sinrazón se ha introducido en nuestras vidas haciéndose fuerte, cotidiana, liando cada vez más la madeja de la política y la vida en sociedad hasta el punto de que deshacer el embrollo es difícil y, en ocasiones, acabamos aceptando que las cosas son así.

#Guerra #OTAN #CPI #Rusia

Baltasar Garzón

Ucrania recurre a la justicia internacional para tratar de detener la guerra. EFE

Pero ¿son de verdad así?, ¿no pueden ser de otra manera?, ¿no hay nada que podamos hacer? Ucrania es hoy el espejo en el que mejor se reflejan las actitudes engañosas de la realidad. Tan pronto se abre una puerta a la negociación y al diálogo, es decir a la finalización pacífica del conflicto, como se descubren fosas comunes y sótanos de tortura por parte de soldados y, es de suponer, de altos mandos de la misma nacionalidad. Mientras tanto, se producen aluviones de informaciones, cascadas de declaraciones de condena, estupor y vergüenza de todos, ante esos crímenes, o bien otras de la parte prorrusa, que acusan de montaje propagandístico al gobierno ucranio y sus aliados. En esta coyuntura, la fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) afirma su competencia a pesar de que el presidente Zelenski y el parlamento ucranio no ha emitido todavía, desde el 24 de febrero, una norma o declaración de aceptación de la jurisdicción para los crímenes cometidos por unos y otros que estén incluidos en el Estatuto de Roma (genocidio, crímenes de lesa humanidad o de guerra.)

Pero lo cierto es que las víctimas continúan cayendo asesinadas por bombas y balas que no tienen nacionalidad y que lo mismo han sido fabricadas en Rusia que en China, EEUU, Gran Bretaña, Francia o España. ¡Qué más da! Para las víctimas el resultado es el mismo: muerte, exilio y desesperación. Las fauces de la aniquilación están abiertas y van engullendo y alimentando al monstruo que cada vez crece más sin que nadie, parece ser, tenga intención de detenerlo. 

Cuesta trabajo entender que toda la estructura de la ONU se haya visto comprometida y que su Carta fundacional no previera una situación como esta en la que uno de los cinco países con derecho a veto (EEUU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China) se encuentra envuelto. Se comprueba la inutilidad actual de una norma que quedó obsoleta y que consagra la dominación de los cinco grandes sobre todos los demás países. Quizás ha llegado el momento de que esto cambie. Resulta paradójico que se pongan de acuerdo para el suministro de armas y material militar o para las sanciones económicas más graves de la historia, y ni siquiera intenten convocar una Asamblea General para promover la reforma de la Carta de San Francisco de 26 de junio de 1945. Está claro, de nuevo, que los intereses geoestratégicos se imponen sobre cualquier otra circunstancia. Ninguno de los cinco quiere perder su derecho de veto, cuando este carece de sentido en la actualidad y siempre es tomado como excusa por alguno de los interesados cuando les conviene y para evitar, precisamente, lo que ahora está aconteciendo.

La realidad

La guerra se ha vuelto cada vez más perversa. ¿O es que alguien creía que su evolución con el reforzamiento armamentístico de las fuerzas ucranias iba a ir a mejor? No, radicalmente no. Hoy nos escandalizamos y horrorizamos por los crímenes cometidos en Bucha, mañana lo haremos por los que acontezcan en otra ciudad; luego es posible que algunos grupos de mercenarios hagan lo propio con los contrarios. Y mientras esto ocurre, además de imponer sanciones y suministrar armamento, recibir a exiliados y proporcionar ayuda humanitaria, ¿por qué los líderes mundiales que se reúnen una y otra vez no van a la causa del problema y resuelven de una vez este conflicto? ¿Se puede? Sí, claro que sí. Pero pienso que los interlocutores no son Ucrania y Rusia. Ésta ha invadido a aquélla ante el supuesto riesgo de ingreso en la OTAN y que la organización llegara a sus fronteras. Si esto es así, la interlocución debería ser entre el alto mando de la OTAN, EEUU, su principal financiador y Rusia. ¿Por qué no se produce ese encuentro, si verdaderamente son estos los protagonistas principales? Ucrania pone el territorio y las víctimas, pero la guerra se decide fuera de sus fronteras. ¿O es que acaso no existe interés en que finalice la masacre? 

Son infinitas las declaraciones y las normas represivas que se están produciendo. Muchas de ellas exceden de lo que las garantías de los derechos individuales exigen en un Estado de derecho. Las garantías judiciales deberían reclamarse ahora más que nunca. En este sentido, antes de proceder arbitrariamente contra todo lo que huele a ruso, quizás habría que tomar las decisiones que prevengan el desconocimiento de los mismos derechos que decimos defender. Por supuesto que es preciso indagar la relación que tienen los bienes de los diferentes actores con la financiación de la guerra motivada por la invasión de Ucrania, pero no se tendría que obviar la participación que han tenido también otros oligarcas diferentes a los oligarcas rusos. Quizás no baste con blanquear los activos, desprenderse de ellos o separarse de quienes antes eran socios. El principio de igualdad ante la ley no debería desconocerse como hacen quienes están destruyendo un país y a sus habitantes.


Armas de paz

Si no hacemos ni queremos la guerra, lo que deberíamos poner en marcha son iniciativas de construcción de paz. Pertenezco al mundo de la justicia, y ésta, una vez más, se encuentra en estos momentos ausente del conflicto; ya sea porque no se puede administrar en el escenario de guerra, ya sea porque no se alcanza a los presuntos responsables al quedar fuera de la órbita de la CPI. Pero, precisamente para estos casos, en España contábamos con un arma legal que existe en otros países, que aquí se laminó en 2014 y cuya recuperación nunca se ha vuelto a plantear, más allá de una mera promesa electoral en el programa del PSOE o en los trabajos y propuesta de la entonces ministra de Justicia, Dolores Delgado. Me refiero a la Jurisdicción Universal. El principio que rige esta jurisdicción es el adecuado para dar respuesta desde la justicia a una situación como la que estamos viviendo. Si en nuestro país y en otros tantos que no lo poseen se reconociera este principio, tendríamos un arma legal insuperable, más potente que todas las sanciones económicas y financieras y con muchas más garantías para hacer frente a la locura en la que Putin nos ha metido. Esta sí es una posibilidad y debería ser una obligación. La pregunta, nuevamente, es ¿por qué no se hace? Quizás aparezcan de nuevo los intereses económicos, diplomáticos y políticos que lo impiden. Y, si esto es así, habría que calibrar hasta dónde llega la credibilidad de las iniciativas que se están implementando para frenar el conflicto.

No estoy de acuerdo con la guerra. Cito aquí la tan repetida frase de Erich Hartmann, piloto alemán durante la Segunda Guerra Mundial: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”. Mas allá del ‘no a la guerra’, tenemos obligación de hacer propuestas de paz, o aportar ideas para alcanzarla. Podemos seguir firmando todos los manifiestos, memorandos y declaraciones que, sucesivamente, se nos vayan ofreciendo. Quizás eso tranquilice nuestras conciencias, pero vale para muy poco. Si de verdad queremos aportar ideas para la paz, exijamos que se comprometan nuestros representantes legales con estas iniciativas, o cualesquiera otras similares que podamos definir. Esa sería nuestra verdadera contribución para que la guerra se detuviera o, al menos, para prevenir otras que puedan asolarnos en el futuro. Esa sería la verdadera razón para que la justicia ocupe el lugar que le corresponde, protegiendo a las víctimas con las armas del derecho y frente a la sinrazón de la barbarie y la impunidad. 

Fuente: infolibre.es

lunes, 14 de marzo de 2022

La Guerra y la Paz: Conflicto en Ucrania

 Ronald Wilson (Miembro del consejo ALDHu para Chile) presentó "La Guerra y la Paz: Conflicto en Ucrania" para el Instituto Igualdad.

Ronald presenta a tres grandes expertos con el fin de pensar y analizar la gravedad y trascendencia que tiene el conflicto internacional entre Rusia y Ucrania: sus implicancias, causas y aristas económicas, estratégicas y humanitarias. Todo ello en un interesante diálogo de gran interés.



Rusia, Ucrania, El acuerdo de Shanghái, EEUU, Europa, China, Derechos humanos, convenciones de Ginebra, comunicación digital o las armas nucleares son temas analizados e internrelacionados en este interesante encuentro.

domingo, 6 de marzo de 2022

La Asamblea General exige a Rusia la retirada inmediata de sus fuerzas militares de Ucrania

 El órgano más representativo de la ONU adopta una resolución que deplora la agresión rusa y reafirma la soberanía, independencia política e integridad territorial ucranianas. El texto también exige a Rusia revertir el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Luhansk. 141 países votan a favor, cinco en contra y 35 se abstienen.


La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó este miércoles una resolución en la que exige a la Federación de Rusia que “retire de inmediato, por completo y sin condiciones todas sus fuerzas militares del territorio de Ucrania dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente”.

El documento, patrocinado por más de 90 países, obtuvo 141 votos a favor, cinco en contra -Rusia, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea-, y 35 abstenciones . El voto se llevó a cabo luego de más de dos días de un debate en el que casi 120 representantes coincidieron en la necesidad de una solución pacífica a la crisis, aunque desde diferentes perspectivas.

Las resoluciones de la Asamblea General no son vinculantes, pero reflejan la posición de los 193 Estados miembros de la ONU. La sesión de especial de emergencia y la decisión de la Asamblea se producen después de que el viernes pasado Rusia vetase una resolución en parecidos términos que habría permitido al Consejo tomar medidas, entre ellas las militares, para obligar a su cumplimiento.

Además de la retirada militar rusa, el texto adoptado exige a ese país que ponga fin de inmediato al uso de la fuerza contra Ucrania y que revierta sin condiciones la decisión de reconocer la independencia de Donetsk y Luhansk.

Del mismo modo, estipula que Rusia debe abstenerse de recurrir a cualquier otra forma ilícita de amenaza o uso de la fuerza contra cualquier otro Estado Miembro.

Otra exigencia de la Asamblea es que todas las partes permitan el paso seguro e irrestricto a quienes busquen salir del país, que faciliten la entrada y distribución de asistencia humanitaria, que protejan a la población civil sin distinciones de ningún tipo, y que respeten los derechos humanos.

Deplora la participación de Bielorrusia

El texto “deplora en los términos más enérgicos la agresión de Rusia contra Ucrania”, que contraviene la Carta de las Naciones Unidas y condena las violaciones del derecho internacional humanitario y los abusos de las garantías fundamentales.

Por otra parte, deplora “la participación de Bielorrusia en este uso ilícito de la fuerza contra Ucrania y exhorta al país a que cumpla sus obligaciones internacionales”.

La resolución dispone que todas las partes cumplan plenamente sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario para no atacar ni dañar a la población ni a los bienes de carácter civil, que no ataquen bienes indispensables para la supervivencia de los civiles y que respeten al personal y suministros humanitarios.

La Asamblea General también exhortó a las partes a que cumplan los acuerdos de Minsk e insta a la resolución pacífica del conflicto entre Rusia y Ucrania “mediante el diálogo político, las negociaciones, la mediación y otros medios pacíficos”.

En otro punto, acoge con beneplácito los esfuerzos continuos del Secretario General de la ONU, los Estados miembros y diversos organismos internacionales por distender la situación y promover el diálogo.

En el texto previo a las estipulaciones, la resolución explica que toma esas previsiones “condenando la declaración hecha por la Federación de Rusia el 24 de febrero de 2022 de llevar a cabo una ‘operación militar especial’ en Ucrania, al igual que la decisión rusa “de mejorar el nivel de preparación de sus fuerzas nucleares”.

Ucrania necesita la paz y el mundo la exige

Inmediatamente después de la votación, el Secretario General, quien estuvo presente durante toda la sesión al lado del presidente de la Asamblea, salió unos momentos de la sala para dirigirse a la prensa.

“La Asamblea General ha hablado. (…) El mensaje es alto y claro: Poner fin a las hostilidades en Ucrania, ahora. Silencien las armas, ahora. Abra la puerta al diálogo y la diplomacia, ahora”, declaró António Guterres.

Agregó que no hay tiempo que perder porque si bien los efectos brutales del conflicto ya son evidentes, la situación puede empeorar mucho más para la población ucraniana.

“La resolución de hoy refleja una verdad fundamental. El mundo quiere poner fin al tremendo sufrimiento humano en Ucrania”, enfatizó.

Guterres planteó nuevamente su preocupación por las consecuencias regionales y mundiales que el conflicto entre Rusia y Ucrania puede tener en términos de paz y seguridad.

En otra línea, el titular de la ONU hizo hincapié en la rápida movilización de fondos para las operaciones humanitarias en Ucrania y sus países vecinos y recalcó la enorme generosidad internacional observada ayer en la respuesta al llamamiento a recaudar recursos para brindar asistencia vital a la población afectada.

Con ese dinero, las agencias de las Naciones Unidas podrán aumentar la entrega de suministros médicos y de salud, alimentos, agua potable, refugio y protección.

“De cara al futuro, continuaré haciendo todo lo que esté a mi alcance para contribuir a un cese inmediato de las hostilidades y negociaciones urgentes para la paz. La gente en Ucrania necesita desesperadamente la paz. Y la gente de todo el mundo la exige”, concluyó el Secretario General antes de volver a la sala de la Asamblea.


El Secretario General António Guterres salió de la Asamblea General para hablar con la prensa.ONU


Intervención “no provocada”

Antes de la votación, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, una de las últimas oradoras del debate, instó a Rusia a detener su intervención “no provocada” en Ucrania y llamó a Bielorrusia a dejar de apoyar y facilitar la agresión.

Linda Thomas-Greenfield acusó a Rusia de violar las leyes internacionales y recordó que el trabajo de los Estados reunidos en la Asamblea General es detener la guerra.

La diplomática estadounidense responsabilizó a las fuerzas rusas de lanzar ataques contra la población e infraestructura civil y abogó por el bienestar de los refugiados, sin ninguna distinción, en los países que los están acogiendo.

Ucrania y Rusia

El representante de Ucrania, Sergiy Kyslytsya, presentó la resolución al pleno antes de proceder al voto pidiendo apoyo para el texto y afirmando que Rusia está cometiendo un genocidio en su país.

Kyslytsya agradeció además las expresiones de solidaridad mundial y la acogida de refugiados en los países vecinos.

También antes de la votación, el embajador de Rusia, Vassily Nebenzia, denunció la presión ejercida por los países occidentales sobre muchos Estados para que votaran a favor y exhortó al pleno a no apoyar el documento, argumentando que no contribuiría al fin de la operación militar sino que exacerbaría a los nacionalistas radicales ucranianos que tienen como rehén a los civiles y que no son mencionados en la resolución.

Nebenzia refutó categóricamente las acusaciones de bombardeos en áreas civiles, llamó a no caer en la trampa de la información falsa, y acotó que quienes verdaderamente están interesados en Ucrania entienden el origen de la situación.


Resultados de la votación en la reunión de la Asamblea General sobre Ucrania

La resolución no alude a las preocupaciones de seguridad de las partes

Tras la votación, numerosos representantes explicaron el porqué de la posición de sus países con respecto a la resolución.

China, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad se abstuvo de respaldar el texto, como lo había hecho en ese órgano resolutivo. Su embajador expuso la falta de consultas con todos los Estados miembros para la redacción del documento, una imputación compartida por Sudáfrica, que también se abstuvo diciendo que hubieran preferido un proceso abierto y transparente para su elaboración.

Otro punto destacado por China fue la falta de profundidad de la resolución en cuanto a las preocupaciones de seguridad de las partes, que son causa del conflicto, por lo que llamó una vez más a abandonar la mentalidad de Guerra Fría y a no extender los bloques militares ni a reforzar la seguridad de Europa a costa de la seguridad rusa.

La falta de mención de la seguridad de los países involucrados también dejó inconformes a Sudáfrica -que las resaltó como origen del conflicto- y a Brasil.

El país sudamericano señaló que si bien votó a favor por estar del lado de la paz, la resolución se queda corta al no abordar esas preocupaciones. Más que la retirada de las tropas, es eso lo que hace falta para resolver pacíficamente el conflicto, aseveró su representante.

Como China, India fue otro país que se abstuvo en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General y que se manifestó a favor de una solución pacífica y la entrada de ayuda humanitaria, y urgió a “todos los Estados miembros a mostrar su compromiso con los principios de la Carta de la ONU”, respetando la soberanía e integridad de “todos los Estados”.

En el mismo tenor, la representante de los Emiratos Árabes Unidos -nación que se abstuvo en el Consejo de Seguridad- subrayó que su país votó a favor en esta ocasión, pero que su convicción es que la solidaridad no significa preocuparse por resolver los conflictos en algunas zonas del mundo e ignorar los de otros lugares, donde llevan mucho tiempo devastando países.


Votos en contra

Entre los votos en contra, Eritrea y Siria detallaron el motivo de esta decisión. Eritrea dijo haber rechazado el texto por estar en contra de las sanciones unilaterales que se vienen imponiendo a Rusia, que son ilegales y contraproducentes. Sostuvo que lo que se necesita es resolver los problemas de seguridad de los países enfrentados y que esas imposiciones lejos de solucionarlos, los agudizan. El representante eritreo abogó entonces por una solución diplomática.

Siria, por su parte, enfatizó la doble moral -un aspecto aludido por otros países, como Saint Kitts-Nevis, aunque éste votó a favor- de algunos miembros de la comunidad internacional que en el caso de Ucrania se apresuran a pedir la retirada de Rusia, mientras que durante décadas han permitido la ocupación israelí de los Territorios Palestinos y de los Altos del Golán.


Fuente: Noticias ONU

lunes, 28 de febrero de 2022

La irracionalidad de la guerra.

 “Si realmente quieres la paz, prepárate para la guerra” es una máxima latina (si vis pacem, para bellum), que fue escrita por Vegecio en el año 390 y hace énfasis en la naturaleza violenta de la humanidad y la incapacidad de resolver sus conflictos y diferencias a través del diálogo.



La diplomacia de la negociación, buenos oficios, mediación y arbitraje, contemplados en el derecho internacional, se dejan de lado cuando hay intereses geoestratégicos y de otra índole, para rebasar los linderos de la paz y llegar a la imposición mediante los enfrentamientos bélicos.

¿Es verdaderamente necesario, en medio de una pandemia que afecta a todos los seres humanos y que pone en peligro su existencia, que haya confrontaciones que conduzcan a la amenaza y uso de la fuerza? No creo que nadie en su plena consciencia piense que sumando más muertos se solucionan los problemas.

Quizás la esencia misma del hombre sea la violencia y el lograr superarla requiere de estructuras legales y marcos normativos que busquen subsanar los diferendos antes que lleguen a derramar sangre. Diferencias siempre habrá, es consubstancial con la conducta humana y la realidad de la vida que vivimos. Los ejes alternativos, la búsqueda de consensos, las metodologías de solución de controversias, todas ellas podrían predominar antes que el uso de tanques, misiles, aviones e infantería para forzar e imponer soluciones.

No creo en las sanciones como mecanismos de solución de controversias, ya que nos han probado que el castigo a los más vulnerables afecta el modo de pensar de las élites dominantes y gobernantes.

La eterna violencia como solución es una necedad. Einstein decía “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. La historia comprueba que la imposición de soluciones por la violencia duran poco y que sólo sirven para satisfacción temporal, mientras los costos en vidas humanas, infraestructuras, sistemas de producción y los aspectos sociales, perduran por años y hasta siglos.

Art Opinión: Luis Alberto Chiriboga

Fuente: El comercio.com

El monstruo ya está aquí (Internacional)

 Solo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente





'Solo le pido a Dios, de Leon Gieco, cantautor argentino

Un buen amigo, especialista en seguridad, me comentaba que el conflicto que hoy vivimos, motivado por la invasión de Ucrania por parte de Rusia, está abocado tal y como se ven las cosas ahora mismo, a dos soluciones: que una parte gane, o que todos pierdan. Estas parecen, hoy por hoy, las salidas. Tal como están las cosas y quizás gracias al lado medio optimista que me caracteriza, que es la contracara de la mitad pesimista que compensa mi criterio, me siento más próximo a pensar en el “todos pierdan”.

De momento, la barbaridad perpetrada por el presidente ruso Vladimir Putin ya está provocando que se haya desmoronado el mundo hasta ahora normal en el que vivía la población ucraniana, más de 44 millones de personas, que hasta hace unos días se dedicaba al trabajo, las preocupaciones familiares, las alegrías cotidianas, las penurias y el interés por su futuro y el de los suyos. Ahora se ven sumidas, de forma brutal, en una incertidumbre absoluta. Una incertidumbre dramática traducida en tener que abandonar sus casas, buscar un refugio ante las alarmas antiaéreas; protagonizar un éxodo terrible —quienes pueden hacerlo— para cruzar la frontera y la angustia ante la llamada a la movilización de mayores y jóvenes, casi niños, para defender la libertad. Y las vidas segadas de una forma absurda, sin sentido humano, por mucha geoestrategia que exista de una parte o de otra.

Como juez, no puedo olvidar que la Corte Penal Internacional tiene competencia en Ucrania y, por tanto, la Fiscalía de esa instancia deberá abrir la investigación pertinente si considera que se están cometiendo crímenes que correspondan juzgar a la CPI, de acuerdo al Estatuto de Roma.  

Frente a sanciones y avisos, el presidente ruso daba un paso más este domingo al poner en alerta máxima sus fuerzas de disuasión, incluyendo fuerzas nucleares estratégicas, o más aún, “en servicio de combate” en base, dijo, a las declaraciones agresivas provenientes de la OTAN y por las sanciones económicas acordadas por la Unión Europea y Estados Unidos.  

En el marco de tan peligroso anuncio, autoridades rusas y ucranianas acordaban sentarse a negociar una salida. La reunión se fijaba en Bielorrusia, después del rechazo inicial a tal idea por parte de Ucrania. Zelenski, el presidente ucraniano, confirmó que el encuentro se celebraría "sin condiciones", expresándose de esta forma amarga, tras informar de que cerca de 200 personas habían perdido la vida, a la vez que continuaba un éxodo inagotable próximo ya a los 360.000 desplazados.  

¿Quién podía imaginar que llegaríamos a esto? Se diría que, pese a reiterados avisos, todo el mundo estaba como adormecido y de golpe llegó el despertar, pero aún en el limbo de la somnolencia. “En Europa siempre reaccionamos muy despacio”, me decía el mismo amigo, con tono amargo. “¿Y los informes de la CIA advirtiendo de la acción militar rusa?”, le pregunté.  Contestó: “¿Profecía autocumplida? ¿Quizás acabaron o pretendieron siempre provocarlo?”. Una cuestión difícil de responder, porque a fin de cuentas, ¿quién puede entender el mensaje críptico de las agencias de inteligencia? Quizás el propio Vladimir Putin, criado en el KGB durante más de un cuarto de siglo y del que los entendidos dicen que sigue aplicando el manual del buen espía. No lo sé, pero insisto en formularme la pregunta clave para mí: ¿quién sale beneficiado con todo esto?

La prudencia se esfumó

Lo que está ocurriendo supone la falta de cordura total. El fracaso de toda lógica. La prudencia se esfumó. Confieso que, como muchos de ustedes por no decir la mayoría, me siento destrozado por esta situación y el dolor que me produce es muy profundo. Me quita casi todas las esperanzas que tengo en que la humanidad avance. Pareciera que tras salir de la pandemia habríamos aprendido la lección, en la idea de hacer un mundo mejor, pero, por lo que estamos viendo, volvemos a caer en las mismas necedades que siempre nos han caracterizado.

En estos días aciagos trato de hacer un análisis lo más objetivo posible, y para ello hay que remontarse a años atrás, cuando la OTAN y Estados Unidos, sin demasiados disfraces, tomaron medidas claramente encaminadas a consolidar su poder militar y extender sus dominios en unos territorios “minados” que, desde luego, no iban a ser consentidos por la otra parte, Rusia, que, a su vez, hizo lo propio en territorio ucraniano. No intento justificar al presidente ruso porque su proceder es el de un líder autoritario que no vela por el principal interés de su pueblo, que debe ser garantizar su prosperidad en vez de enviar a las familias los féretros de jóvenes que ya no podrán ver un mañana desde cualquier lugar de su país en donde tenían un proyecto de vida.

En la dicotomía de quién gana y quién pierde, no hay que olvidar que las grandes empresas norteamericanas no son ajenas al beneficio. ¿Por qué no baja el precio del petróleo Estados Unidos? Mientras, en Europa, en efecto, estamos a por uvas.

Escribía este viernes el sociólogo y pensador Boaventura de Sousa Santos: “La soberanía de Ucrania no puede cuestionarse. La invasión de Ucrania es ilegal y debe ser condenada. La movilización de civiles decretada por el presidente de Ucrania puede considerarse un acto desesperado, pero presagia una futura guerra de guerrillas. Putin debería tener en cuenta la experiencia de Estados Unidos en Vietnam: el ejército regular de un invasor, por poderoso que sea, acabará siendo derrotado si el pueblo en armas se moviliza contra él. Todo esto augura pérdidas incalculables de vidas humanas inocentes. Apenas recuperada de la pandemia, Europa se prepara para un nuevo desafío de proporciones desconocidas. La perplejidad ante ello no podría ser mayor”.

Ese es sin duda el futuro inmediato, máxime cuando leo en el momento de escribir estas líneas que Rusia ha ordenado a su Ejército intensificar su ofensiva en Ucrania "desde todas las direcciones". Mientras tanto, Ucrania resiste. Boaventura analiza el porqué de esta ofensiva sobre la base de un error estratégico de Estados Unidos y la OTAN que radica en que no estaban solos y prepotentes en el mundo, como llegaron a creer. Cita la salida de Afganistán —caótica, dice— para seguir en su huida hacia adelante “y en esa estrategia pretender arrastrar a Europa que pagará una factura alta por lo que está pasando”. Para Boaventura de Sousa “la invasión de Ucrania es inaceptable. Lo que no se puede decir es que no fue provocada. Rusia, como gran potencia que es, no debió dejarse provocar…”

Ya dejé constancia de mi opinión en estas páginas, en referencia a tal afirmación. Los conflictos bélicos no son casuales ni inocentes. Siempre alguien busca obtener un beneficio, ya sea antes, durante o después de la colisión. Las sanciones económicas, las restricciones de transacciones bancarias, el corte de suministro de gas, el bloqueo de suministro de cereales, la posibilidad de sacar a Rusia del sistema swift, la subida del precio del petróleo, etc., perjudicarán, de nuevo, a los mismos: siempre el pueblo que, además de los muertos, pone el sufrimiento. Las élites políticas y económicas, no. Curiosamente las bolsas subieron el pasado viernes. ¿Alguien puede explicar esto racionalmente?

Sin piedad

Soy antibelicista, y por ello no puedo justificar la agresión de Putin, pero trato de entender lo que sucede. Es posible que en la decisión del líder ruso de ir a la guerra y masacrar al pueblo ucraniano haya pesado la consideración de que la OTAN le trata de asfixiar por el norte y por el oeste, con Turquía y China cubriendo el resto. Rusia parece necesitar, según los expertos, un puente terrestre hacia Crimea y un estatus más seguro para la región separatista de Donbás. Pero ¿es tan importante tal necesidad como para asumir las sanciones que tanto la Unión Europea como Estados Unidos puedan asestarle? El saldo de desolación y coste en vidas humanas, las propias de Rusia y las ucranianas, no parecen afectar al presidente Putin. La escena que ha dado la vuelta al mundo de un tanque en una calle de Kiev arrollando un vehículo particular, del que a duras penas pudieron sacar los vecinos a un señor de edad, no deja lugar a dudas de la falta de respeto a las personas que anima a las tropas invasoras, cuyas instrucciones parecen claras: sin piedad.

Da escalofríos la falta de empatía y el ánimo de hacer daño en una situación sobrevenida para el pueblo de Ucrania, que se ve en la tesitura de huir o autodefenderse. La imagen del presidente Volodímir Zelenski paseando por las calles de la capital para demostrar que sigue allí, animando a la ciudadanía a no dejarse intimidar, casi mostrándose como un cebo para que la barbarie apunte hacia él y obvie a los habitantes, ejemplifica la desesperación de quien sabe que la batalla está perdida, aunque quizás queden otras muchas y ello suponga pérdidas aún mayores.

Es preciso insistir en llamar al diálogo a Rusia, a la Unión Europea y a Estados Unidos. Aun puede ser tiempo de retroceder y resolver las cuestiones pendientes en una mesa de negociación, pero teniendo claro que las reclamaciones y cuitas pendientes, reales o imaginarias, no dan derecho a agredir y acabar con la vida de miles de inocentes ni a invadir una nación constituida en un Estado de Derecho.

Pido, como el compositor León Gieco, que nada de esto nos sea indiferente y que entre todos reclamemos la paz, que es la única medida eficaz para acabar con el monstruo. Una vez más hay que recuperar aquel grito que nos movilizó por millones en todo el mundo, ante una contienda tan ilegal como esta, entonces en Irak y ahora en Ucrania: ¡No a la guerra!

Fuente: Infolibre.es 

martes, 25 de enero de 2022

El oportuno enemigo común

Nada une más que tener un enemigo común. Este clásico de la psicología social proviene de un experimento de 1954 denominado The Robbers Crave Experiment en el que 22 chicos de 11 años, que no habían tenido contacto entre sí, fueron divididos en dos grupos —sin conocerse— en un parque natural de Oklahoma (USA) para realizar una serie de actividades, primero enfrentadas y comunes después. En un principio existió hostilidad entre ellos, pero según fueron imponiéndoles pruebas en las que se necesitaba el acuerdo de todos y se implantó un objetivo único, los chavales acabaron trabajando codo a codo y convirtiéndose en los mejores amigos. De ahí se estableció que, si una meta se plantea en el entorno de un ataque inminente, se produce el “efecto del enemigo común”, que hace que el colectivo olvide los enfrentamientos existentes y se una para resolver el problema mayor que atañe a todos.



En política esta técnica es muy utilizada. Busca que los ciudadanos se movilicen alrededor de un objetivo, lo que produce que se amplíe la popularidad del líder político que lo promueve y se olviden sus fallos, mientras la sociedad se encamina a conseguir el fin estratégico marcado.

Los conflictos bélicos no son casuales ni inocentes. Siempre han sido un compendio de intereses económicos y políticos, donde alguien busca obtener un beneficio, ya sea antes, durante o después del conflicto. E invariablemente sufre la población de los países involucrados, auténticas víctimas de una serie de decisiones que nadie acaba de entender.

No pretendo romper una lanza por Vladimir Putin, aunque entiendo su malestar porque, desde su punto de vista, la OTAN se le quiere meter hasta en la despensa, rodeado por el norte y por el oeste y aprisionado por Turquía y China. Pero todo ello no es excusa para una nueva intrusión. Veo en un artículo de la cadena de televisión CNN que los expertos indican que el Kremlin necesita un puente terrestre hacia Crimea y un estatus más seguro para la región de Donbás, cuya ocupación terminó en 2015. Allí se sigue apuntalando a un movimiento separatista. Tales explicaciones suelen ser centrales para entender por qué Rusia puede querer invadir Ucrania por tercera vez en ocho años. Pero los expertos dicen también que la mayoría de las opciones militares tendrían un coste extraordinario, agravado por la crisis económica que golpea a Rusia como al que más, por el covid-19 y por otros factores. Y entonces ¿por qué sigue escalando el conflicto?


Presidentes en horas bajas

No sabremos hasta mucho tiempo después a quién o a quiénes benefician los prolegómenos de este problema específico, pero sí sabemos que los anuncios de acciones de Estados Unidos contra otros países suelen coincidir curiosamente con momentos en que el presidente de turno está en horas bajas. A tal punto, que se diría que todo presidente norteamericano –ya sea republicano o demócrata– necesita tener su conflicto armado o una amenaza del mismo.

Así ocurrió con George W. Bush, que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 respondió con la invasión de Afganistán (que acabó veinte años después con las orejas gachas y los talibanes en el poder) y después con la invasión de Irak (a cargo de una coalición para impedir el uso de armas de destrucción masiva que nunca llegaron a encontrarse y cuya existencia no quedó jamás demostrada).

Su antecesor, Bill Clinton, enfrentó una bajísima popularidad a cuenta de sus devaneos con una becaria en el despacho oval (que de principio negó, por lo que acabó acusado de perjurio). El momento álgido fue cuando admitió ante el Gran Jurado, el 17 de agosto de 1998, haber tenido una relación física inapropiada con la joven. Tres días después se desplegó la operación Alcance Infinito lanzando misiles contra las bases de Al Qaeda en Afganistán y en Jartum, Sudán.

Tampoco se libra de esta práctica Barack Obama, cuyas fluctuaciones de imagen debido a la situación económica poco afortunada coincidió con la denominada "guerra secreta" contra el terrorismo. Obama autorizó ataques con drones contra supuestos dirigentes y militantes de Al Qaeda y grupos yihadistas asociados en Yemen, Somalia y Pakistán. Provocó  además la caída de Muhamar el Gadafi, con consecuencias negativas que perduran hasta hoy y con una Corte Penal Internacional que, finalmente, no consiguió juzgar a nadie.


Trump y Biden

En cuanto a Donald Trump, me limito a un incidente —y muy grave— de los múltiples de su gobierno, como son los sucesos de Charlottesville, Virginia. En el contexto de unos mítines de extrema derecha celebrados entre los días 11 y 12 de agosto de 2017, un simpatizante nazi estrelló su automóvil contra una multitud de manifestantes, provocando un muerto y 19 heridos. Trump, en vez de denunciar a los supremacistas blancos y condenar el hecho, se limitó a rechazar "el odio, el fanatismo y la violencia en muchos lados". Su deliberada falta de claridad fue un aliciente para los supremacistas. Una semana después, ante la Asamblea General de la ONU, abogó por una coalición de naciones para actuar contra las grandes amenazas globales, metiendo en un mismo saco a Corea del Norte, Irán y el terrorismo yihadista. Trump reclamó la “destrucción total” para Pyongyang y el posible fin del acuerdo nuclear para Irán. Añadiré que, a los cien días de su toma de posesión, el 24 de abril de ese mismo año, sus índices de popularidad eran muy bajos, los más bajos de los últimos seis presidentes en el mismo periodo de tiempo. Pero también hay que decir que, con esos trucos de conveniencia a que nos acostumbró, Trump se acabó reuniendo con el presidente de Corea del Norte, Kim Jong Un, en suelo norcoreano, en busca de un futuro apacible o más bien de una impactante propaganda mediática. Su gobierno terminó con el asalto al Congreso y la negación del resultado electoral hasta hoy día, para que le sirva de puente sobre Biden.

En cuanto al presidente Biden, los últimos meses no le han sido favorables. En noviembre, se constataba su caída de popularidad con un 51% de desaprobación, mientras los republicanos mostraban signos de recuperación.

Casualmente en esas circunstancias, al inicio del nuevo año comenzaron los problemas y los anuncios. El 19 de enero de 2022, el presidente de Estados Unidos sobrecogió a Europa afirmando que creía que Rusia invadiría Ucrania, añadiendo que pagaría por ello. Fue pocas horas después de que su secretario de Estado, Antony Blinken, alertara de que “Rusia tiene planes” en el sentido de incrementar la presencia de sus tropas junto a las fronteras ucranianas y que podría iniciar en poco tiempo una nueva agresión militar.

Llamada a la calma

Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, llamó a “identificar formas de resolver el conflicto a través del compromiso diplomático bilateral y multilateral, y presentando un frente transatlántico fuerte, claro y unido”. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, pedía desde el Parlamento Europeo a los miembros de la UE un plan de seguridad y estabilidad para aliviar las tensiones con Rusia.

Sin embargo, en España, la ministra de Defensa se ha apresurado a anunciar desde el primer momento el envío de material y hombres, con el aplauso de la derecha que sin duda desearía protagonizar algún papel en los acontecimientos. No me siento cómodo en ese entusiasmo bélico que ha marcado la titular de Defensa que viene a ofrecernos como voluntarios para lo que haga falta. España y la UE deben apostar firmemente por el diálogo y la negociación, en los que debe estar presente Ucrania, como reclamaba Josep Borrell. Los ciudadanos en Ucrania, en Rusia, en Europa, estamos demudados ante la posibilidad de un conflicto que solo traería dolor y muerte.

Quizás sea el tiempo de abandonar la política de bloques. El enemigo de mi amigo no tiene por qué ser un enemigo común. Más aún, mi amigo tendría que explicar con pelos y señales por qué él tiene ahora un enemigo y por qué ese tiene que ser también mi enemigo.

Los seres humanos debemos aprender de una vez por todas a gestionar nuestros intereses y resolver nuestros conflictos sin acudir a la violencia. Debemos buscar la armonía, entre nosotros y con la madre tierra, que bastantes problemas tenemos en este planeta tan maltratado como para añadir uno más. La violencia, y solo la violencia, debiera ser nuestro único y verdadero enemigo común.

Art. Opinión: Baltasar Garzón

Fuente: Infolibre