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viernes, 12 de febrero de 2021

Las críticas de la oposición venezolana a Chile por la deportación de migrantes

 Miembros de la oposición venezolana criticaron la decisión de Chile de deportar a unos 100 migrantes, en su mayoría venezolanos, que habían ingresado a su territorio de manera irregular.


Calificaron la medida de "deplorable", "dañina", y contraria a los tratados internacionales.

"La decisión del gobierno chileno de deportar a un grupo de venezolanos no está en consonancia con la conducta asumida por los gobiernos democráticos venezolanos que recibieron a cientos de chilenos que huían de las dictaduras más brutales y que hicieron de nuestro país su segunda patria", escribió en Twitter Julio Borges, el "comisionado de asuntos exteriores" del líder opositor venezolano Juan Guaidó.


El ministro del Interior de Chile, Rodrigo Delgado, anunció el martes que los migrantes que serían deportados habían ingresado recientemente al país por la comuna norteña de Colchane, en la frontera con Bolivia.

Y el miércoles despegó el primer vuelo de las Fuerzas Aéreas chilenas con 87 migrantes, la mayoría venezolanos, expulsados del país.

Fuente: BBC News Mundo

jueves, 11 de febrero de 2021

Líderes desprotegidos y comunidades indefensas

 Desde 2016, más de 400 defensores de derechos humanos han sido asesinados en Colombia, el número más alto en América Latina, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).


En noviembre de 2016, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) llegaron a un histórico acuerdo de paz, que llevó a la desmovilización del que entonces era el principal grupo armado del país. El acuerdo incluyó iniciativas específicas para prevenir asesinatos de defensores de derechos humanos. Asimismo, ese año, la Fiscalía General de la Nación decidió priorizar las investigaciones sobre este tipo de asesinatos ocurridos a partir de comienzos de 2016. 

Sin embargo, los asesinatos de defensores de derechos humanos aumentaron a medida que diversos grupos armados ocuparon rápidamente el vacío que dejaron las FARC y comenzaron a disputarse el control de los territorios para la producción de coca y otras actividades ilegales.

La labor que realizan algunos defensores de derechos humanos —por ejemplo, oponiéndose a la presencia de grupos armados o denunciando abusos— los ha convertido en blanco de ataques. Otros han sido asesinados durante ataques de carácter más general perpetrados por los grupos armados contra la población civil. Los asesinatos han dejado al descubierto las dinámicas invisibilizadas de violencia y abuso en regiones remotas de Colombia, donde la presencia de autoridades judiciales y la policía frecuentemente es escasa. Esta ausencia de instituciones del Estado ha dejado a innumerables comunidades indefensas.


Entre abril de 2020 y enero de 2021, Human Rights Watch entrevistó a más de 130 personas en 20 de los 32 departamentos de Colombia para identificar las dinámicas detrás de los asesinatos de defensores de derechos humanos y para examinar los esfuerzos de las autoridades para prevenir estos asesinatos y llevar a los responsables ante la justicia. Entrevistamos, entre otros, a autoridades judiciales, fiscales, funcionarios gubernamentales, funcionarios de derechos humanos, trabajadores humanitarios, defensores de derechos humanos y policías.

Este informe documenta asesinatos de defensores de derechos humanos en seis de las zonas del país más afectadas por estos crímenes: Norte del Cauca; Catatumbo, en Norte de Santander; Pacífico Sur, en Nariño; Bajo Cauca, en Antioquia; Alto y Bajo Caguán, en Caquetá; y el Piedemonte de Arauca. El informe explica las dinámicas de violencia y los contextos que influyen en los asesinatos de defensores de derechos humanos en estas subregiones.

El informe también analiza cada una de las políticas del gobierno para prevenir y abordar los asesinatos de defensores de derechos humanos, así como las falencias en su implementación.

Asesinatos de defensores de derechos humanos luego del acuerdo de paz

En Colombia, las autoridades no ejercen un control efectivo sobre varias zonas previamente controladas por las FARC, lo cual en gran parte ha permitido la violencia contra defensores de derechos humanos. El gobierno ha desplegado tropas a muchas zonas del país, pero no ha fortalecido al mismo tiempo el sistema de justicia ni ha asegurado un acceso adecuado a oportunidades económicas y educativas y a servicios públicos. Las investigaciones de Human Rights Watch indican que estas falencias han limitado significativamente los esfuerzos del gobierno para contrarrestar el poder de los grupos armados y prevenir violaciones de derechos humanos.

El acuerdo de paz contemplaba planes para abordar la situación de economías ilegales, la falta de oportunidades económicas legítimas y la frágil presencia estatal, factores que durante décadas permitieron que prosperaran los grupos armados, incluidas las FARC[1]. Pero, en general, la implementación de los planes ha sido lenta. En junio de 2020, el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz —encargado conforme al acuerdo de paz de verificar los avances en su implementación— concluyó que se habían cumplido apenas 33 de los 88 objetivos propuestos para 2019[2]. La mayoría de los objetivos alcanzados estaban relacionados con la desmovilización de las FARC y la reincorporación de sus exguerrilleros. Algunos aspectos del acuerdo relacionados con una reforma rural integral y con una nueva política sobre drogas habían sufrido “retrasos”, lo cual indicaba una “baja probabilidad de ser completados en el mediano y largo plazo”[3].

El asesinato de defensores de derechos humanos en Colombia es un problema complejo que no se explica por una única dinámica nacional.

Debido a la presencia limitada del Estado en muchas zonas, en su mayoría rurales, las organizaciones sociales —entre ellas, las Juntas de Acción Comunal, los consejos comunitarios afrocolombianos y los cabildos indígenas— frecuentemente desempeñan un rol importante en la realización de tareas generalmente asignadas a funcionarios de gobiernos locales, incluida la protección de poblaciones en riesgo y la promoción de planes gubernamentales. Esto aumenta la visibilidad de los líderes de organizaciones sociales, incluidos defensores de derechos humanos, y los expone a riesgos.

Los grupos armados a menudo oprimen a defensores de derechos humanos e intentan utilizarlos, bajo coacción, para imponer sus propias “reglas” en las comunidades. Eso aumenta la posibilidad de que los grupos los ataquen por incumplimientos reales o percibidos de dichas “reglas”, o por un supuesto apoyo a una parte contraria en los conflictos locales que se desarrollan en muchas zonas del país.

El apoyo de defensores de derechos humanos a algunas iniciativas establecidas en el acuerdo de paz también los ha puesto en riesgo. Defensores de derechos humanos han sido asesinados porque apoyaron proyectos para sustituir los cultivos de coca —la materia prima con la que se elabora la cocaína— con cultivos de alimentos o porque participaron en tales proyectos. Muchos campesinos en Colombia cultivan coca porque es el único producto rentable para ellos, debido a la precariedad de los mercados locales de alimentos, el estado deficitario de los caminos para transportar sus productos y la falta de títulos formales sobre las tierras. La implementación de los planes gubernamentales que buscan darle asistencia económica y técnica a los campesinos para la sustitución de cultivos a menudo ha sido lenta, y estos planes enfrentan una férrea oposición por parte de los grupos armados, que emplean violencia y amenazas para obligar a las comunidades a seguir cultivando coca.

Los líderes indígenas representan un porcentaje desproporcionadamente alto de los defensores de derechos humanos asesinados en Colombia. Según cifras de la Oficina del ACNUDH, 69 líderes indígenas han sido asesinados desde 2016, lo cual representa aproximadamente el 16 % de los 421 defensores de derechos humanos asesinados en ese período. En comparación, se estima que solo el 4,4 % de la población de Colombia es indígena.

Según la Oficina del ACNUDH, 49 defensoras de derechos humanos han sido asesinadas desde 2016. Dieciséis defensoras de derechos humanos fueron asesinadas en 2019, en comparación con 10 en 2018. Hasta diciembre de 2020, la Oficina del ACNUDH había documentado cinco asesinatos de este tipo en 2020, y se encontraba verificando otros 10. Además, al menos tres defensoras de derechos humanos han sido violadas sexualmente desde 2016, según la Oficina del ACNUDH y el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo.

Esfuerzos gubernamentales frente a los asesinatos de defensores de derechos humanos

Para responder a los asesinatos de defensores de derechos humanos de una manera sostenida en el largo plazo, es crucial que el gobierno se ocupe de las causas subyacentes del problema. Ello requerirá esfuerzos serios para reducir de manera permanente el poder de los grupos armados y de la delincuencia organizada mediante una serie de medidas, incluyendo investigaciones penales para desarticular a estos grupos, así como una presencia estatal civil más eficaz y significativa en regiones remotas del país. Debido a la enorme rentabilidad del tráfico ilegal de drogas y la capacidad de los grupos delictivos para corromper a las autoridades —incluso en lugares donde hay presencia estatal—, es probable que sigan apareciendo nuevos grupos para reemplazar a aquellos que hayan desaparecido, y que estos grupos continúen ejerciendo violencia y atacando a defensores de derechos humanos. Es fundamental que el gobierno colombiano adopte medidas significativas para terminar con este ciclo de violencia que lleva décadas, incluso considerando enfoques alternativos a la política de drogas que reduzcan la rentabilidad del narcotráfico.

Al mismo tiempo, el gobierno puede y debe brindar protección adecuada de inmediato a los defensores de derechos humanos y cerciorarse de que los delitos contra ellos se investiguen de manera eficaz. Para este informe, Human Rights Watch analizó cada uno de los mecanismos, planes y políticas del gobierno para prevenir abusos, proteger a defensores de derechos humanos y llevar ante la justicia a los responsables de estos asesinatos.

Mecanismos para proteger a defensores de derechos humanos y prevenir abusos

El gobierno colombiano cuenta desde hace tiempo con dos mecanismos que han demostrado ser importantes para la protección de los derechos humanos, aunque ambos carecen de financiación suficiente y tienen otras graves deficiencias:

* La Unidad Nacional de Protección (UNP), una entidad dependiente del Ministerio del Interior, tiene a su cargo desde 2011 la protección de personas en riesgo. A través de la UNP, las autoridades han hecho grandes esfuerzos para otorgar medidas de protección individuales a cientos de defensores de derechos humanos, que incluyen la provisión de teléfonos celulares, vehículos y chalecos antibala o la asignación de escoltas. Sin embargo, la UNP solo ofrece esquemas de protección individual en respuesta a denuncias de amenazas y muchos líderes asesinados no habían recibido amenazas o no habían podido denunciarlas ante fiscales, tal como exige la legislación colombiana.
* El Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo tiene funcionarios en varias regiones del país donde hay poca presencia de otros actores estatales y monitorea amenazas a los derechos humanos. El derecho colombiano exige que las autoridades respondan rápidamente para prevenir posibles abusos señalados por la Defensoría en sus “alertas tempranas”, las cuales han identificado riesgos para los defensores de derechos humanos en cientos de municipios del país. Sin embargo, las autoridades nacionales, departamentales y municipales muchas veces no han respondido a las alertas tempranas o han adoptado medidas que son proforma y tienen escaso impacto en el terreno.
Asimismo, en los últimos años, las autoridades colombianas han creado una serie de mecanismos nuevos, algunos de los cuales fueron establecidos conforme al acuerdo de paz. El gobierno del Presidente Iván Duque ha promovido estos mecanismos superficialmente, a menudo generando la impresión de que se están tomando medidas, aunque en realidad la mayoría de estos mecanismos prácticamente no funcionan o presentan graves falencias. Los problemas de estos mecanismos incluyen los siguientes:

* Existe una gran cantidad de mecanismos de protección y prevención, lo cual dispersa los recursos y genera una duplicación de esfuerzos innecesaria.
* Hay una implementación lenta de los planes de protección colectiva para comunidades y organizaciones en riesgo. El gobierno todavía no ha implementado un plan de protección integral a cargo del Ministerio del Interior que fue establecido en 2018. Los esfuerzos por parte de la UNP para implementar su propio programa de protección colectiva han enfrentado graves restricciones presupuestarias, entre otras.
* El gobierno del Presidente Duque no convoca periódicamente a la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, un organismo encargado de diseñar políticas para prevenir los asesinatos de defensores de derechos humanos. Su trabajo hasta la fecha ha sido poco significativo y no ha dado resultados concretos.
* El Plan de Acción Oportuna de Prevención y Protección para Defensores de Derechos Humanos, Líderes Sociales, Comunales y Periodistas (PAO), encabezado por el Ministerio del Interior, tiene un mandato poco claro y ha tenido escaso impacto en los territorios.
* La Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación no ha implementado un plan anunciado en 2019 para proteger a los civiles que participan en planes para sustituir los cultivos de coca, incluidos defensores de derechos humanos.
* No ha habido avances decisivos en la implementación de un plan de 2019 del Ministerio del Interior para proteger a líderes de las Juntas de Acción Comunal.
* No se ha desarrollado la política integral para proteger a defensores de derechos humanos y otros líderes que el Ministerio del Interior y grupos de derechos humanos empezaron a discutir en agosto de 2018.

 

Rendición de cuentas


Los esfuerzos para llevar a los responsables de estos asesinatos ante la justicia han sido más significativos. Las autoridades han aprobado directivas, creado unidades especializadas y logrado avances significativos en comparación con períodos anteriores de la historia de Colombia.

Sin embargo, muchas investigaciones y procesos penales enfrentan graves dificultades, especialmente con respecto a los determinadores (es decir, quienes dieron las órdenes o aprobaron los crímenes) de muchos de estos asesinatos. Las principales deficiencias son las siguientes:

* Hay muy pocos fiscales, jueces e investigadores en las regiones más afectadas por estos asesinatos.
* Hasta la fecha, no se ha implementado el “cuerpo especial” de jueces que anunció el Presidente Duque en mayo de 2019 para juzgar casos de asesinatos de defensores de derechos humanos.
* Los órganos especiales creados conforme al acuerdo de paz para ocuparse de asesinatos de defensores de derechos humanos —en particular, la Unidad Especial de Investigación y el Cuerpo Élite de la Policía— tienen capacidades limitadas y personal insuficiente, y en algunos casos han sufrido recortes presupuestarios.
* El apoyo prestado por policías y militares a los fiscales e investigadores para visitar escenas del crimen suele ser limitado y presentar retrasos.

 

A fin de cumplir sus obligaciones con arreglo al derecho internacional de los derechos humanos, el gobierno de Duque debería realizar esfuerzos genuinos para financiar e implementar los programas y mecanismos orientados a prevenir abusos y proteger a defensores de derechos humanos. El gobierno también debería aumentar considerablemente la capacidad de las autoridades judiciales y los fiscales para llevar ante la justicia a los responsables de los asesinatos.

A más largo plazo, las autoridades deberían iniciar un proceso para simplificar y reforzar los mecanismos de prevención y protección previstos en el derecho colombiano. El gobierno debería asegurarse de que las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones internacionales humanitarias y de derechos humanos en el país tengan una participación genuina en este proceso. El objetivo debería ser coordinar los mecanismos existentes y derogar o modificar aquellos que sean ineficaces o tengan un mandato poco claro.

A menos que el gobierno tome medidas serias, es probable que muchos más defensores de derechos humanos sean asesinados en Colombia y, en consecuencia, que cientos de comunidades queden indefensas.

Fuente. Human Rights Watch

El artículo continúa con las recomendaciones que da HRW al Gobierno del Presidente Iván Duque.

miércoles, 10 de febrero de 2021

EE.UU. anuncia regreso al Consejo de Derechos Humanos de la ONU

 El expresidente Donald Trump decidió retirar a EE.UU. del Consejo de DD.HH. de la ONU en junio de 2018, acusándolo de “parcialidad antisemita crónica”.

El Departamento de Estado anunció este lunes la intención de Estados Unidos de reintegrarse al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, de donde se retiró en 2018 durante la administración del presidente Donald Trump.

En un comunicado, el secretario de Estado, Antony Blinken, explicó la decisión diciendo que “la administración Biden ha reencauzado a Estados Unidos a una política exterior centrada en la democracia, los derechos humanos y la igualdad”.


Imagenes ONU. El presidente electo de Estados Unidos, entonces vicepresidente Joe Biden, en el Consejo de Seguridad de la ONU.

“El uso efectivo de herramientas multilaterales es un elemento importante de esa visión, y en ese sentido, el presidente ha instruido al Departamento de Estado a reintegrarse inmediatamente y de forma robusta con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU”, dijo la nota.

Trump decidió retirarse del Consejo en junio de 2018, acusándolo de “parcialidad antisemita crónica”.

Blinken dijo que EE.UU. reconoce que “el Consejo de Derechos Humanos es un cuerpo imperfecto, con necesidades de reformar su agenda, sus integrantes y su enfoque, como su desproporcionado foco en Israel”.

“Sin embargo”, añadió, “nuestra retirada en junio de 2018 no hizo nada para alentar cambios significativos, y en su lugar creó un vacío de liderazgo de EE.UU. que los países con agendas autoritarias han usado en su ventaja”.

La nota afirma que “cuando funciona bien, el Consejo de Derechos Humanos saca a relucir a los países con los peores historiales de derechos humanos y sirve como un foro importantes para los que luchan contra la injusticia y a tiranía”.

“El Consejo”, dijo Blinken, “puede ayudar a promover las libertades fundamentales en todo el mundo, como las libertades de expresión, asociación y reunión, y religión o credos, así como los derechos fundamentales de las mujeres, las niñas, las personas LGBT y otras comunidades marginadas”.

Agregó que “para abordar las deficiencias del Consejo y asegurar que esté a la altura de su mandato, Estados Unidos debe estar en la mesa usando todo el peso de su liderazgo diplomático”.

El comunicado explica que por ahora, Estados Unidos participará en el Consejo como observador, para tener la oportunidad de hablar ante el foro, participar en negociaciones y asociarse con otros para presentar resoluciones.

“Consideramos que la mejor forma de mejorar el Consejo es integrarse a él y  con sus miembros desde una posición de principios. Creemos fuertemente que cuando Estados Unidos se integra constructivamente con el Consejo, junto con nuestros aliados y socios, el cambio positivo está al alcance”.

Fuente: Voz de América

Desde la ALDHU celebramos la decisión de Joe Biden. "Esta decisión va a aportar mayor estabilidad a América latina y el Caribe. Esperemos que todo ayude para que aquellos países que tienen mayores dificultades con el cumplimiento de los derechos humanos y la democracia puedan solucionar todos sus problemas", comentó Juan de Dios Parra, secretario General de la ALDHU

martes, 9 de febrero de 2021

El bucle de la mediocridad

 Algo va mal en este país cuando algunos políticos ponen el grito en el cielo ante el cierre de bares y restaurantes y no han movido jamás un dedo para que se invierta en ciencia e investigación. Reclaman proteger a la hostelería, pero no han mostrado la menor preocupación ante la fuga de científicos hacia otros países, obligados para continuar sus investigaciones a buscar fuera de España una oportunidad que aquí no se les brindaba, debido a la precariedad de medios y condiciones laborales. Por supuesto que valoro al sector de la restauración y considero que hay que protegerlo e incentivarlo, pero en su justa medida pues, en este momento, la prioridad es salvar vidas y ello se consigue reforzando el sistema público de salud y a nuestros científicos, para que pronto tengamos una vacuna made in spain. Me rebelo ante la miopía de la derecha que, más atenta a destruir cualquier atisbo de comprensión o entendimiento institucional, olvida que es imprescindible investigar, que es lo que lleva al final a que un país prospere. La ciencia no da beneficios inmediatos, como toda tarea que requiere de tiempo y formación, pero es la que marca la diferencia a medio y largo plazo. 

Esta visión alicorta constriñe las posibilidades de una nación y la sentencia a convertirse en un país de servicios. Y, como durante todos estos años no hemos hecho los deberes, ahora cualquier innovación de calado hay que importarla porque la industria nacional ha sido abandonada a su suerte, careciendo de incentivos para crear nuevas estructuras, abrir otros horizontes y llevarnos a una competencia de alto nivel que haga a nuestros productos indispensables.

La salud es un buen ejemplo de lo que digo. La derecha ha promocionado a las empresas privadas en detrimento de lo público, mermando en medios humanos y materiales lo que era una sólida fórmula de atención sanitaria. Resulta paradigmático el caso de los centros de salud en comunidades como la de Madrid, ocupada por el PP desde hace demasiados años, con sus profesionales al límite de salarios y recursos.

En un país en el que la Seguridad Social se sostiene con las aportaciones mensuales de cada trabajadora y cada trabajador y de la Administración, no es de recibo que se privatice y deteriore el sistema público mientras florecen las ofertas de sociedades médicas que mediante pago –demasiado elevado para muchas familias– aseguran una más rápida asistencia. Ni tampoco lo es que las solicitudes de ingreso en residencias de mayores se acumulen en los despachos oficiales hasta que el peticionario desiste… por fallecimiento. O, como se ha podido ver, que sea inexistente el control público sobre esos centros concertados y subvencionados con el dinero de todos hasta el punto de que los ancianos y ancianas que no tengan familia que se preocupe por su estado dependan de la mala o buena voluntad de quienes les atienden.

Poderosos laboratorios

Si ya es cuestionable que todo suceda en situación de normalidad, es intolerable cuando sobreviene una catástrofe como la pandemia en la que nos encontramos, que nos ha sorprendido con la guardia baja, a pesar de lo cual no se corrige el rumbo. 

Han dilapidado la riqueza humana, han expoliado los recursos nacionales hasta el punto de que ahora dependemos de los ajenos. Lo vimos cuando no teníamos ni mascarillas ni respiradores, cuando los sanitarios estaban ahogados por el trabajo y echábamos en falta a todos los profesionales que han emigrado hartos de contratos provisionales que no les permiten tener ni presente ni futuro. Y lo comprobamos en la situación actual, con el suministro de vacunas, en manos de las multinacionales farmacéuticas que tienen la sartén por el mango y se permiten decidir –como siempre– sobre la vida y la muerte, sobre quién recibirá antes y en qué condiciones la pócima salvadora.

Decía Ramón Lobo en un artículo publicado hace pocos días en infoLibre: “Acabamos de descubrir –más o menos escandalizados, según la adhesión de cada uno a los principios sagrados del libre mercado– que las grandes multinacionales farmacéuticas basan su beneficio en nuestra mala salud. No es algo nuevo. Afecta a la vacuna del covid-19 y a cualquier tipo de medicina, desde las necesarias a las inútiles. El negocio no se asienta en la curación del paciente, sino en el despilfarro forzado y sostenido en el tiempo”. Es así de crudo. Lo sabíamos de antes, pero, como relata el cuento del hondureño Augusto Monterroso, cuando nos despertamos el dinosaurio seguía allí. 

El sistema establecido nos lleva a que dependamos de otros, tanto para los asuntos cotidianos como para los excepcionales. Difícilmente un gobierno conservador dedicará su gasto a la investigación cuando su tendencia es nutrir las arcas de las multinacionales y apoyar sus beneficios. Me remito de nuevo a Lobo: “Para las grandes multinacionales farmacéuticas, el covid es el premio gordo, una mina de oro que puede reportar ganancias mil millonarias. La razón de ser de estas compañías no es la salud mundial, sino garantizarse un entorno legal y financiero favorable para desarrollar su negocio”. No puedo estar más de acuerdo.

Los que tienen el control

En estos días damos las gracias por pertenecer a la Unión Europea, que está coordinando la adquisición de vacunas y la distribución en vez de tener que buscarnos la vida solos –como tantos otros países– para lograr las dosis necesarias en el libre mercado. Si esta última situación debería hacernos reflexionar y rebelarnos ante la injusticia que supone, tampoco es ajena a la crítica desde nuestra privilegiada posición: contratos sin todos los flecos atados, retrasos en las entregas, posición preeminente del país de origen de la producción sobre los demás. En suma … de nuevo vernos en manos de quienes tienen el control. Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, decía el viernes pasado en una entrevista con un grupo de medios europeos que había subestimado “la complejidad del proceso y las necesidades para una producción rápida en masa”. Consideraba impensable que los países de la UE no hubieran ido al unísono y también recalcaba las lecciones aprendidas para el futuro. Sí, pero lo importante es que esas lecciones hagan que cambien las cosas y que no concluyan en un recuerdo vago del que solo recordemos que sucedió, como tantas otras veces.

Tendremos que analizar cómo funcionan las patentes y el impacto que tienen en el control de las vacunas; lo que significa comerciar con ellas hasta casi extorsionar a los gobiernos; la desigualdad entre ricos y pobres; la falta de universalidad de este bien escaso. Temas pendientes que se me antojan la asignatura a abordar en cuanto tengamos un respiro, o incluso antes, porque de nuevo ocurre que en la crisis vemos los defectos, pero cuando se imponga la normalidad, tenderemos a olvidarnos y es este un asunto demasiado importante para volver a enterrarlo.

Hace unos días recibí con estupor la noticia de que la Organización Mundial de Comercio se negaba a la liberalización de las patentes de las vacunas, y para peor vergüenza, que España, la UE y otros países del Norte habían votado en contra. La liberalización está prevista para situaciones excepcionales, por supuesto, como ocurrió con el SIDA tiempo atrás. Entonces debo preguntar: ¿acaso una pandemia no es una situación excepcional? Todo indica que detrás del telón de argumentos poco claros, de contratos secretos o publicados a regañadientes llenos de tachas, están los intereses de las grandes corporaciones. Esta pandemia es un negocio demasiado bueno para dejarlo escapar, ¡qué importa que se contagie toda la humanidad!, ¡qué importan las vidas humanas que se perderán!, lo importante son los beneficios y que quienes puedan pagar estén vacunados y a salvo. Esta actitud avergüenza a toda la especie humana, y debe tener una respuesta desde la vertiente de la justicia, de una justicia que traspase fronteras, equivalente en su respuesta a la incidencia universal de la pandemia. No podemos permitir que se imponga de nuevo la discriminación por el origen o ubicación de las víctimas. 

Lesiva desigualdad



Hay personas a las que nos indigna lo que sucede y por ello nos hemos puesto a trabajar de inmediato. Me honro en pertenecer al Grupo de Puebla, la organización creada por líderes progresistas de América Latina y Europa, conformada por intelectuales, filósofos y juristas entre los que me cuento en el Consejo asesor. En este colectivo preocupa mucho lo que está sucediendo con la pandemia, desde un escenario como es América Latina, sumida en una situación de grandes diferencias sociales que han llevado a la fractura de la solidaridad en demasiados lugares. Esa solidaridad es la que ahora este grupo pretende implantar ante la crisis profunda existente que la pandemia ha llevado al límite. También reivindicamos la innovación, la ciencia y la tecnología como prioridades del gasto público. 

Escribo estas líneas desde Madrid, convertido en un observatorio privilegiado de estas prácticas mezquinas. Aquí, la Comunidad regida por el PP antepone el cuidado del comercio y la hostelería a la salud y a la ciencia. Las reglas del mercado son la Biblia para estos títeres políticos. Tenemos que reaccionar ante tanta incongruencia: una sociedad que no tiene como objetivo avanzar en el conocimiento, se verá siempre esclavizada por otros más poderosos. No permitamos que nos encierren en el bucle indecente de su propia mediocridad.

Baltasar Garzón es jurista y presidente de Fibgar

Fuente: Infolibre

lunes, 8 de febrero de 2021

Militarización en América Latina en tiempos de Covid-19

 

Esta columna está basada en el paper The militarization of responses to COVID-19 in Democratic Latin America publicado en 2020 en la revista Brazilian Journal of Public Administration

Alrededor del mundo, las repuestas a la crisis sanitaria provocada por el SARS-COV-2 han intensificado el despliegue de dispositivos de control de la población. Por ejemplo, en Polonia, Corea del Sur y Australia se han usado aplicaciones que rastrean el movimiento de personas contaminadas para impedirles salir de sus casas[1]. En América Latina los gobiernos han utilizado sus fuerzas armadas para asegurar el cumplimento de las medidas de aislamiento social.[2] Esto se explica por la debilidad de las agencias civiles, aunada al alto prestigio que estas instituciones gozan entre la población en la mayoría de los países en la región[3].

Para identificar las consecuencias del incremento de la participación de los militares en este contexto, el doctor Igor Acacio y Anaís Medeiros analizan las tareas que se les han encomendado en las 14 democracias del continente y examinan el impacto de esta gestión en las instituciones, así como en el respeto a los derechos humanos en la región. Para ello, consultaron decretos oficiales y las redes sociales de las Fuerzas Armadas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú y Uruguay entre el 1 de marzo y el 25 mayo de 2020.

EL ROL HISTÓRICO DE LOS MILITARES

El rol de los militares en la historia de América Latina ha sido crucial. El siglo XIX fue la época de los caudillos: militares originarios de los ejércitos de liberación desmovilizados, gobernaron los países que recién se habían independizado. Además de asumir esas tareas políticas, las fuerzas armadas también participaron en levantar la infraestructura de los nuevos estados: se dedicaron a construir puentes, abrir y pavimentar caminos para conectar áreas aisladas con las más desarrolladas, así como a entrenar las policías urbanas y rurales. Esta característica llevó a Brian Loveman a referirse a las fuerzas armadas latinoamericanas como “los guardianes de la nación”.[1]

En el siglo XX, a esas misiones militares se agregaron tareas como la dirección de empresas públicas y las acciones cívico-sociales. Después, en la segunda mitad del siglo, los militares fueron protagonistas de la represión en contra de la oposición política como en Chile, Argentina y Brasil, y más recientemente en el combate al narcotráfico en países como Colombia y México.

En el contexto de la actual crisis sanitaria, su participación ha aumentado considerablemente, lo cual ha generado efectos negativos: la represión violenta de protestas como en el caso de Honduras, el abuso de autoridad por parte de soldados encargados de patrullar las calles durante la pandemia, o de vigilar los centros de contención para las personas que no respetan el toque de queda, como en el caso de El Salvador.

En países donde la rendición de cuentas es más consolidada, como Francia y Estados Unidos, las fuerzas armadas han restringido sus tareas a misiones de corte logístico cómo la construcción de hospitales y la distribución de insumos médicos. En contraste, en países como Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras, Guatemala y El Salvador los militares han actuado en misiones que suelen ser problemáticas para la democracia y vulneran los derechos humanos de las clases populares: la participación en la gestión de la crisis sanitaria y el mantenimiento del orden público. La primera tarea es de corte político y debilita el control democrático sobre las fuerzas armadas pues promueve la politización de estas. A su vez, las actividades policiacas exigen autonomía individual para la toma de decisiones, una habilidad cognitiva que no es central en el entrenamiento militar. [2]

Reconociendo que los retos que impone la crisis del COVID-19 exigen la acción coordinada de diferentes agencias del estado, se espera que las fuerzas armadas, por ser altamente profesionales, participen de las repuestas estatales a la pandemia. Esto no se cuestiona. El tema que nos debe interesar y preocupar como sociedad civil es cuáles tareas estamos delegando a los militares y qué grado de autonomía política se les otorga para implementarlas.


TIPOLOGÍA DE MISIONES MILITARES ANTE LA COVID-19

En nuestro análisis identificamos seis áreas de participación de los militares durante la pandemia del COVID-19:

1) seguridad fronteriza, una misión cercana a la función clásica de los militares de defensa externa;

2) logística, que comprende la distribución de víveres e insumos médicos, así como la repatriación de ciudadanos;

3) atención médica, que incluye desde el apoyo en selección de pacientes, hasta casos de alta complejidad;

4) industria de defensa, sobre todo dedicada a la producción de mascarillas, alcohol gel (o gel hidroalcohólico) y distribución de medicamentos, una misión que, aunque no relacionada directamente con la defensa externa, no implica graves consecuencias sobre el control civil de los militares.

5) gestión política de la crisis, que incluye el nombramiento de militares para cargos políticos en ministerios o para liderar comités nacionales de emergencia que coordinan la respuesta a la pandemia.

y 6) tareas de vigilancia, las cuales abarcan el patrullaje de calles, el manejo de centros de contención y la participación en barreras sanitarias en el territorio nacional para asegurar el cumplimiento de las medidas de aislamiento social.

En general, encontramos que las misiones más efectivas fueron aquellas cuyos elementos militares tenían más entrenamiento: seguridad fronteriza, logística, atención médica e industria de defensa.

En casos donde los militares tenían poco entrenamiento, se detectó que sus misiones no se cumplieron satisfactoriamente, o que cometieron abusos de autoridad, como es el caso de El Salvador y Honduras. En este sentido, aunque su participación sea temporal, se tiene que resaltar que el aumento de la participación de los militares puede dañar permanentemente el balance civil-militar y la calidad de la democracia en Latinoamérica, especialmente en países donde dicho equilibrio se encuentra en declive cómo El Salvador, Ecuador y Bolivia.


Hay que recordar que una crisis, como lo es la pandemia actual, puede ser el contexto ideal para reformas políticas. La referencia a un estado de excepción puede facilitar la implementación de medidas políticas autoritarias vigentes, como es el caso de la suspensión de derechos políticos, bajo la justificación de la necesidad del mantenimiento del orden en un contexto de excepción y de inseguridad sobre el futuro. Por otra parte, dado que no es clara la duración de la pandemia, tampoco sabemos hasta cuándo se va a prolongar la militarización de las respuestas a la crisis. Eso permite que los militares actúen prácticamente sin contrapeso o control externo de sus actividades.

En Bolivia, un contralmirante es el director del Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), responsable de coordinar las distintas acciones para enfrentar la emergencia por COVID–19 en el país. En Chile, los militares también están a cargo de la gestión de la crisis sanitaria: desde el inicio del 2020, son los encargados de la dirección de las dieciséis zonas de emergencia que se han creado en el contexto de la pandemia.




Brasil es un caso extremo de militarización de la gestión de la crisis sanitaria – y de la política en general. El presidente Jair Bolsonaro ha designado el mayor número de militares para encabezar ministerios públicos en la historia, desde el fin del régimen militar en 1985. Actualmente, 11 ministerios están encabezados por militares, incluyendo el Ministerio de la Salud dirigido por el general Eduardo Pazuello. Además, alrededor de 6000 militares ocupan puestos en secretarías y ministerios. Ese posicionamiento estratégico en el sistema político ha permitido el mantenimiento del presupuesto del Ministerio de la Defensa en un periodo de contingencia de los gastos públicos y el aumento de los sueldos de los militares brasileños en hasta 72%.

MILITARIZACIÓN DE LA SEGURIDAD PÚBLICA

Otro conjunto de misiones militares domésticas que merece atención es la asignación de militares en tareas policiales. Un gran número de investigaciones han demostrado que las actividades de seguridad doméstica que generan contacto estrecho entre los militares y la población pueden estar vinculadas a abusos de autoridad y corrupción por parte de los militares, especialmente cuando no existe un objetivo claro de la misión. Esto porque los militares de medio y bajo rangos son entrenados para misiones que requieren un bajo nivel de autonomía. Como un ideal tipo, actividades policiales implican un contacto cercano con la ciudadanía y la toma de decisiones a nivel individual – lo que les permite distinguir sospechosos de inocentes. Por ello, la adaptación de misiones militares hacia las policiacas no es conveniente y atenta contra la protección de las libertades civiles que son centrales para la sobrevivencia de un régimen democrático.

Sin embargo, se insiste en desplegar los militares como policías bajo la justificación de que se trata de la institución más preparada en el momento para enfrentar a grandes amenazas de seguridad. El mejor ejemplo es el caso de México, en donde inicialmente se involucró al ejército para combatir el narcotráfico como medida extraordinaria, y ahora esta medida se ha vuelto permanente. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “en la región, y específicamente en México, experiencia demuestra que la intervención de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interna en general viene acompañada de violencia y graves violaciones a los derechos humanos”.

Países como El Salvador, Guatemala, Chile, Ecuador y Bolivia han utilizado los militares en diferentes niveles para asegurar que la población se quede en sus casas durante la pandemia. La situación es más preocupante cuando los militares son la principal agencia responsable de coordinar los toques de queda, como es el caso de Chile y de Bolivia. Esto es incompatible con la dimensión liberal de la democracia: la preservación del estado de derecho y vulnera las libertades individuales. En Chile, por ejemplo, seis funcionarios del ejército fueron detenidos por abandonar a ocho personas en medio del deserto bajo la acusación de violar la cuarentena. Ese caso no es aislado. En 2019, tras la convocatoria de militares para el control de las calles, se registraron más de 71 querellas contra miembros de las fuerzas armadas.

De la misma manera, en El Salvador, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que defienden los derechos humanos han reportado abusos y violaciones por parte de militares y de las policías. Según el Decreto 19, publicado en marzo de 2020 por las autoridades salvadoreñas, los militares y policías están facultados para encarcelar a quienes violan la cuarentena en centros de detención por 30 días. En consecuencia, miles de personas fueron llevadas a centros de detención sobrepoblados y se encuentran bajo condiciones inhumanas. También se denunciaron abusos de autoridad perpetrados por personal militar y policial a cargo de esas instalaciones en los primeros meses de la pandemia.

El caso de las fuerzas armadas salvadoreñas es un claro ejemplo donde la rendición de cuentas es mínima, ya que tienen más de 220 puestos de control en todo el territorio nacional para verificar el cumplimiento de la cuarentena social, lo que les permite disfrutar de un alto nivel de autonomía en sus actividades.

De manera similar, la intervención de los militares ha incrementado considerablemente en Honduras. La Secretaría de Defensa Hondureña ha reportado más de 15.000 puestos de control en todo el territorio nacional. Las fuerzas estatales han sido acusadas de realizar detenciones arbitrarias y abuso de poder en contra de personas acusadas de violar la cuarentena. Manifestaciones pacíficas para exigir alimentos, agua y medicamentos a las autoridades locales y nacionales han sido reprimidas con armas de fuego y gas lacrimógeno. Solamente entre marzo y mayo de 2020, 20.000 personas fueron detenidas por no cumplir con las medidas de aislamiento social en el país.

En Bolivia, con el toque de queda controlado por los militares en el contexto de la pandemia y la implementación de puestos de control militar en todo el territorio, fuentes de medios alternativos denunciaron la represión de manifestaciones pacíficas que denunciaban el hambre en distritos que históricamente han apoyado a Evo Morales. Esto es un ejemplo de cómo el contexto de excepcionalidad de la pandemia ha intensificado la represión política. Al inicio del año, políticos fueron arrestados bajo vagas acusaciones de “terrorismo” y “sedición” por las fuerzas de seguridad, lo que constituye una clara señal del desequilibrio que existe hoy entre civiles y militares en Bolivia.

RENDICIÓN DE CUENTAS Y EL EQUILIBRIO CÍVICO MILITAR

América Latina es una región que enfrenta problemas estructurales de acceso a vivienda y servicios de salud que han profundizado la gravedad del COVID-19. Por esta razón se entiende que sea necesaria una acción coordinada por parte de todas las agencias estatales, incluyendo las fuerzas armadas por supuesto.


El perfil de las fuerzas armadas es compatible con varias funciones clave en la contención de la pandemia. Misiones técnicas, como el apoyo a los cuidados médicos y funciones logísticas, son compatibles con el entrenamiento previo de los militares y no impactan negativamente en el ejercicio democrático. Sin embargo, la urgencia de esta crisis no debe desviar la atención de la relevancia de la rendición de cuentas por parte de los agentes del estado sobre sus tareas, y de su responsabilización por eventuales abusos y desviaciones.

Por otro lado, la gestión política de la crisis sanitaria, así como las misiones policiales que implican un contacto estrecho entre ciudadanos y militares, deben ser evitadas porque vulneran el balance civil-militar, en detrimento de la democracia. Los gobiernos de la región que se autodefinen como democráticos tienen el deber de proteger los derechos humanos de sus ciudadanos en cualquier situación, pero sobretodo en momentos de incertidumbre global como la actual pandemia del COVID-19.


Por Anaís Medeiros Passos. Editado por Karina García Reyes.

  

Desde la ALDHU insistimos en la necesidad de diferenciar los ámbitos mitiliares y civiles. Muchas de las policías presentes en Latinoamérica tienen un carácter militar, conservan estructuras militares  e incluso existe una justicia miliar especial para ellas. Sin embargo, la diferenciación entre las fuerzas de los ámbitos militares y civiles puede incluso ayudar a conservar la democracia e interponerse a cualquier intención de dañarla. El uso indiscriminado de fuerza ante conflictos sociales y civiles acaba provocando mayores enfrentamientos y desconformidad con el estado. América latina debe tender hacia un diseño acotado de las actividades de las fuerzas de seguridad  (civiles) y de las fuerzas armadas (militares); de otro modo los civil acaba convirtiéndose en militar, y lo militar interfiere produciendo e intensificando los conflictos existentes en la sociedad civil; hasta que lo militar acaba siendo lo único; imprescindible.

Juan de Dios Parra, Secretario General de la ALDHU




NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Treguer, Felix. Gestion techno-policière d’une crise sanitaire. Paris: Ceri, 2020.

[2] Ver, por ejemplo: Argentina, Brasil, Chile, Honduras. Último acceso: 21/01/2021.

[3] En el caso de Chile hasta 2018 el 53% de los chilenos confiaba en la Fuerzas Armadas según Latrinobarómetro, pero en el estudio de 2020 esa confianza es ubicó en el 32%. Ver aquí

[4] Loveman, Brian. 1999. For La Patria. Politics and the Armed Forces in Latin America. Edited by SR Books. Wilmington, Delaware.

[5] Campbell, Donald J., and Kathleen M. Campbell. 2010._“Soldiers as Police Officers/ Police Officers as Soldiers_: Role Evolution_and Revolution in the United States.” Armed Forces & Society 36 (2): 327–50. Disponible aquí. Último accesso: 21/01/2021.

viernes, 5 de febrero de 2021

El cambio climático también se combate desde los tribunales

 En los últimos años han aumentado significativamente las denuncias de violaciones a los derechos climáticos derivados del derecho a la vida, la salud y la alimentación y el agua, así como la ineficacia de los Gobiernos para hacer cumplir sus compromisos sobre mitigación climática y las mentiras de algunas compañías que pretenden ser ecológicas. En América Latina, por ejemplo, se han librado batallas legales en países como Colombia y Brasil para exigir que se proteja la Amazonía.

Cada vez más personas, incluidos niños y comunidades indígenas, recurren a los tribunales para obligar a los gobiernos y las empresas a respetar y acelerar los compromisos sobre el cambio climático, destaca un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El documento demuestra cómo el número de casos de litigios por cambio climático ha aumentado en los últimos cuatro años y ahora asciende a 1550 en 38 países (39 incluidos los tribunales de la Unión Europea). Al 1 de julio de 2020, unos 1200 de estos casos se presentaron en los Estados Unidos y 350 en los demás países.

El informe señaló que estas cifras son casi el doble del número identificado en la primera edición de la investigación documentada por la agencia. En ese entonces existían 884 casos en unos 24 países, de los cuales 654 estaban en los Estados Unidos y 230 en otras naciones.

"Esta marea de casos climáticos está impulsando un cambio muy necesario. El informe muestra cómo los litigios climáticos están obligando a los gobiernos y a los actores corporativos a perseguir objetivos más ambiciosos de mitigación y adaptación al cambio climático", dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.

La mayoría de las acciones legales se han iniciado contra los gobiernos, incluidas las autoridades nacionales y locales. Sin embargo, las empresas también están siendo demandadas por no incorporar el cambio climático en su toma de decisiones y por no revelar los riesgos relacionados con el clima a sus accionistas.

Unsplash/Roya Ann Miller. La deforestación destruye el hábitat de muchas especies


Un derecho fundamental

El informe indica que un número creciente de demandas se basa en leyes nacionales e internacionales existentes que garantizan a los ciudadanos el derecho fundamental a un medio ambiente saludable. Los defensores han utilizado esa legislación para obligar a las compañías petroleras a mantener los combustibles fósiles en el suelo, responsabilizar a las empresas por la contaminación y obligar a los gobiernos a promulgar políticas relacionadas con el clima.

En uno de esos casos, el caso del clima de Urgenda, el Tribunal Supremo de los Países Bajos señaló que el Convenio Europeo de Derechos Humanos, integrado en la legislación nacional holandesa, obligaba al estado a proteger el derecho a la vida de sus ciudadanos. El tribunal dictaminó que esta obligación requería que el Gobierno tomara medidas para reducir las emisiones de carbono y limitar el calentamiento global.

Los ciudadanos, las empresas, las organizaciones no gubernamentales e incluso los gobiernos locales también están llevando a empresas y gobiernos nacionales a los tribunales por no protegerlos de los efectos de las inundaciones, los incendios forestales y otros desastres relacionados con el clima.

Hasta la fecha, ningún tribunal ha ordenado a un acusado que pague daños por contribuir al cambio climático, pero el informe advierte que las empresas estatales y del sector privado se arriesgan a tener una responsabilidad significativa por ignorar los efectos del calentamiento global en sus operaciones.

Contra los engaños

El informe, desarrollado con el apoyo del Centro Sabin para el Cambio Climático de la Universidad de Columbia, encontró que el litigio se está utilizando para obligar a las empresas a revelar los riesgos relacionados con el clima y poner fin al "Greenwashing", la práctica de hacer afirmaciones infladas de sostenibilidad para distraerse de un expediente ambiental cuestionable.

Además, el litigio también se está utilizando para evitar que los gobiernos eludan o debiliten la legislación ambiental existente.

En Brasil, por ejemplo, se han presentado al menos tres demandas que impugnan decisiones para anular las regulaciones sobre la extracción de madera y buscan reactivar fondos previamente reservados para pagar los esfuerzos para combatir la deforestación del Amazonas y el cambio climático.

Desde 2017, han aumentado los casos relacionados con el cambio climático en el sur global, en naciones como Brasil, Colombia, Indonesia, Pakistán y Sudáfrica.

PNUD En Cuba se intenta restaurar hábitats naturales para ralentizar el cambio climático.

Una lucha de los jóvenes y las minorías

El informe detalla que, en Colombia, un grupo de jóvenes demandó con éxito al Gobierno y obtuvo una sentencia de la Corte Suprema que obligó al estado a desarrollar un plan para detener la deforestación del Amazonas. En el caso Future Generations versus Ministerio de Medio Ambiente y otros, el tribunal reconoció los derechos constitucionales de los demandantes a la vida, la salud, la subsistencia, la libertad y la dignidad humana, que dijo estaban vinculados al estado de la Amazonía.

“Los niños y los jóvenes exigen un clima seguro y están forzando un cambio positivo, lo que ayuda a demostrar que el cambio climático está a la vanguardia de un movimiento global de derechos ambientales. Y, como se ilustra en este informe, los poderes judiciales de todo el mundo están desempeñando cada vez más un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático”, dijo Andersen.

El informe también destaca los casos de cambio climático que se han llevado ante muchas cortes diferentes, tribunales y otros foros en todo el mundo.

Por ejemplo, en Sheikh Asim Farooq versus Federación de Pakistán, los ciudadanos demandaron a varias agencias administrativas por no proteger los bosques nacionales en virtud de varios actos legislativos diseñados para proteger y restaurar los bosques. El tribunal acordó, ordenando, entre otras cosas, que “las leyes aplicables. . . se implementarán en letra y espíritu para plantar, proteger y preservar el bosque".

Los antecedentes de los demandantes también se están volviendo cada vez más diversos, con ONG y partidos políticos a los que se unen niños, ancianos, migrantes y pueblos indígenas. Así como son particularmente vulnerables al COVID-19, esos grupos a menudo se encuentran a la vanguardia del cambio climático, soportando condiciones meteorológicas extremas, aumento del nivel del mar y contaminación, indica el documento.


En vista al futuro

En los próximos años, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente espera que aumenten los litigios climáticos en los organismos nacionales e internacionales, especialmente con respecto a las empresas que informan erróneamente los riesgos climáticos, los gobiernos no se adaptan a los eventos climáticos extremos y los casos presentados para hacer cumplir decisiones judiciales anteriores. También se espera un aumento en los casos de personas desplazadas por los impactos del cambio climático.

"El litigio climático es una palanca clave para mantener a los gobiernos y corporaciones enfocados en la lucha para combatir el cambio climático, y es una herramienta poderosa para hacerlos responsables de su incumplimiento. Los tribunales pueden igualar los desequilibrios de poder en la sociedad y dar fuerza al estado de derecho", dijo Michael Burger, director ejecutivo del Centro Sabin para el Cambio Climático de la Facultad de Derecho de Columbia.

Fuente: Noticias ONU

El Secretario General de la ALDHU, Juan de Dios Parra, aseguró al respecto: "Actualmente existen acuerdos internacionales, como el tratado de Escazú, que permitirían la protección del medio ambiente, es importante que todos los gobiernos de América Latina participen de este pacto. De otro modo no es posible proteger el medio ambiente y quedamos expuestos a la "buena voluntad" de las organizaciones.

Imagen de  Dialogochino.net


Si los estado no defienden a la población respecto a las empresas muchas personas quedan a merced de estas; e incluso pueden perder la vida por la inacción de sus países".

martes, 2 de febrero de 2021

La herencia maldita

Baltasar Garzón   contacta@infolibre.es   @fibgar
Publicada el 02/02/2021 a las 06:00




El odio que, en los últimos cuatro años, ha sembrando Donald Trump como presidente de EEUU ha germinado en el terreno abonado de la ultraderecha, organizada en diferentes países del mundo a su imagen y semejanza, con el apoyo de lugartenientes económicamente bien dotados. Lo estamos viendo en Polonia, donde entra ya en vigor la prohibición del aborto pese a las multitudinarias protestas que han intentado frenar una medida tan regresiva. El Tribunal Constitucional sentenció en octubre de 2020 que era ilegal interrumpir el embarazo en el caso de malformación del feto, dando la razón a los parlamentarios del partido de extrema derecha “Ley y Justicia”.

En países como Brasil, la nula gestión de la pandemia ha llevado al límite a la ciudadanía, cuando los enfermos mueren asfixiados por falta de oxígeno en los hospitales, drama que es significativo en Manaos, en plena Amazonía, donde la población enferma se está ahogando literalmente. Los afines al presidente Bolsonaro, una copia ideológica de Trump, intentan conjurar el fantasma de un impeachment, todavía lejano, pero cada vez más verosímil.

Visto lo visto y lo que vendrá no cuesta esfuerzo afirmar que la ultraderecha agrede y mata. En 2020, según un informe de la plataforma Antifa International, se tiene noticia fehaciente de 810 ataques en diferentes países, provocados por "fanáticos, fascistas y violencia de extrema derecha", lo que se interpreta como una mínima parte de lo que en realidad sucede a diario en el mundo. Este informe, elaborado por cuarto año consecutivo, indica que, en referencia a 2019, se ha producido un incremento de un 39 % de violencia ultra. Tiroteos, palizas, ataques de diverso tipo, llevaron a la muerte a 325 personas y dejaron malheridas a 1.186.




Como un lobo con piel de cordero, la ultraderecha se cubre con la democracia y, cuando tiene asegurado su objetivo, utiliza las garras sin contemplaciones, barriendo todo lo que escape a su control. Dentro de sus estrategias también cuenta con servirse de teorías conspirativas. Así, el virus es un invento de un laboratorio chino destinado a hacer una criba entre la raza humana. Estos bulos se desperdigan a través de las redes sociales, llegando a influir en un sector de la población, no necesariamente ignorante o candoroso.


Conspiraciones


De todas las teorías conspirativas, hay una especialmente peligrosa que reivindicaba el nazismo. “… ‘Un grupo de financieros judíos domina el mundo en secreto y está conspirando para destruir la raza aria. Diseñaron la revolución bolchevique, dirigen las democracias de Occidente y controlan los medios y los bancos. Tan solo Hitler ha logrado ver la realidad de sus trucos nefarios… y solo él puede detenerlos y salvar a la humanidad’”, explica el historiador Yuval Noah Harari en su artículoCuando el mundo parece una gran conspiración”.

Harari analiza que, por supuesto, existen muchas y verdaderas conspiraciones: “... Los individuos, las corporaciones, las organizaciones, las iglesias, las facciones y los gobiernos siempre están tramando y elaborando varias conspiraciones. Sin embargo, justo por eso es tan difícil predecir y controlar a todo el mundo”. Se me viene a la mente la conspiración judeomasónica que tanto juego dio a la dictadura franquista para justificar la represión de cualquier opinión discrepante de la oficial del régimen.

Aunque no exactamente del mismo modo, sin duda la historia se repite. Las teorías conspirativas fueron antes, y siguen siendo hoy, un instrumento imprescindible para estos grupos. Lo primero es buscar a un enemigo, para después culparlo de todos los males posibles, demonizándolo. Una vez conseguido, el terreno está abonado y, aprovechando la desesperanza y la desesperación de las personas y colectivos, no resulta complicado esparcir la especie xenófoba, racista o sencillamente fascista que se pretendía.

Gobierno ‘socialcomunista’, ‘ilegítimo’, ‘okupa’, ‘socio de independentistas y terroristas’, son conceptos acuñados aquí en casa por Vox, que PP y Ciudadanos no han tenido reparo alguno en incorporar a su léxico, para luego apuntar a una conspiración internacional de izquierdas, con referencias al chavismo o la Cuba castrista, pero que por lo general se expresa con prudencia sobre Putin, abraza la causa de la oposición venezolana y no hace ascos a cobrar del exilio iraní, en el caso de Vox.


Borrar la memoria

En los primeros estadios, Vox se asoció con el PP y con Ciudadanos, permitiendo gobiernos conjuntos. Sobre el papel no detenta puestos de poder, pero, en la práctica, marca el camino a sus socios. Ese es el método de trabajo.

En Andalucía se ha cerrado el camino a las políticas de igualdad, a la lucha contra la violencia de género y a los trabajos por recuperar la memoria histórica.

En Madrid, primero se eliminaron homenajes y recuerdos a Largo Caballero o a Indalecio Prieto; se borraron los memoriales del cementerio de La Almudena a los asesinados por el franquismo arrancando las poesías de Miguel Hernández con la misma rabia con que le quitaron la vida al poeta. Ahora le ha tocado la vez al feminismo con la decisión de borrar el mural situado junto a un polideportivo que reúne retratos de mujeres distinguidas por su firme decisión de luchar por la igualdad. El alcalde Martínez Almeida ejerce de muñeco ventrílocuo de Vox, con Ciudadanos como comparsa dubitativo. ¿En qué quedamos? Al final en lo que diga Vox. Pero no contaban con los vecinos.

Fueron los vecinos del barrio de Ciudad Lineal, donde se encuentra la obra gráfica feminista, los que, hartos de tanta ofensa salieron a la calle y plantaron cara a este despropósito. Gritaron contra la ignominia, y su grito tuvo eco a nivel nacional e internacional, hasta que consiguieron detener el desaguisado. El grupo municipal de Más Madrid y el PSOE, al que se unió Ciudadanos cambiando su opinión inicial, pararon la escabechina prevista e indultaron el muro. Eso sí, la vicealcaldesa Begoña Villacís, portavoz de la formación naranja, justificaba su nueva postura aclarando que el sectarismo no se borra con más sectarismo. Añadió: "No me gusta el mural, pero quiero un mural que recoja su feminismo, el mío, el feminismo de Vox y el del PP. Llámenle ustedes rectificación porque no me importa: no me asusta. Prefiero que se quede el mural y pintar otros murales". A estas alturas resulta difícil entender cómo se puede defender que el feminismo es algo cuestionable, que la lucha por los derechos de la mujer se puede orillar, que el machismo sea algo diferente a un mal que causa muertes y que debe ser erradicado frente a la igualdad necesaria.



La foto de la verdad

El argumento de Ciudadanos es pobre y alejado de los intentos de aparentar una imagen relativamente progresista, como pretende en ocasiones este partido político, haciendo malabares para aparentar que se aleja de sus socios de la derecha y la extrema derecha. La foto de Colón con los representantes de los tres partidos en sonriente concurrencia les perseguirá siempre y refleja una realidad oportunista, sin paliativos, en el partido naranja hasta que sus dirigentes no hagan un desmarque claro, contundente y definitivo de aquellos. En algún momento habrá que pedir responsabilidades a estos políticos por sus actitudes de conveniencia que nos llevan a retroceder, perdiendo hitos de libertad conseguidos hace tanto tiempo que ni siquiera los percibimos, e incluso estas agresiones nos parecen de inicio chuscas y grotescas.

Ese es el peligro, que tardamos en darnos cuenta de hasta qué punto atentan contra la democracia. Vox va haciendo su labor hasta que es demasiado tarde, y lo que podrían parecer comentarios chocantes se convierten en realidades que cuesta después frenar… si es que se consigue. Mientras tanto, las víctimas que se recordaban en el memorial de la Almudena o los versos de Hernández que las arropaban han vuelto al silencio.

La amenaza está ahí. En Portugal, del escaso 1% de los anteriores comicios, en estas últimas elecciones en que la abstención ha sido considerable por efectos de la pandemia, la ultraderecha que encabeza André Ventura, el líder de Chega (Basta), ha conseguido un 12%. Algo impensable logrado mediante la agitación, la descalificación y el ataque al oponente. ¿Son los coletazos de una situación en la que el efecto Trump aún estaba presente? O, por el contrario, ¿es algo más profundo? Algo que ha arraigado ante la indiferencia de quienes tenían que oponerse a esa especie de plaga de langosta que se puede prevenir, pero que, una vez presente, es imposible detener. La esperanza radica en que fuera del juego presidencial, en la ciudadanía, pierda fuerza la ultraderecha que el anterior presidente de Estados Unidos alentó en Europa y en América Latina. Sobre todo, si flaquea la ayuda económica a la que antes se podía tener fácil acceso.

Pero resulta innegable que se han envalentonado. Los escaños conseguidos les dan fuerza e ingresos. Cataluña es el siguiente Rubicón para el partido que lidera Santiago Abascal. Unas elecciones extrañas marcadas por la pandemia y por la desesperación de los grupos independentistas que ven desmoronarse el frente que los llevó a declarar unilateralmente la independencia con los resultados de sobra conocidos.

Vox pretende pisar fuerte arrastrando a los votantes de la derecha convencional, motivo que irrita y desazona al PP y deja a Ciudadanos en el filo de la desesperanza. Vox no ha perdonado al PP la traición de no secundar la moción de censura contra el presidente del Gobierno. Por msu parte, al PP le ha sentado manifiestamente mal que Vox permitiera con su abstención la convalidación del decreto que regulará el fondo europeo para la recuperación económica y social. Con esta acción, Vox se distanciaba del PP aun aproximándose a la postura del PSOE y de EH Bildu, paradojas de la política. Los populares se lanzaron contra la ultraderecha acusándoles de salvar a Sánchez, lo que, desde luego, no era la intención de los de Abascal, que fieles a su estrategia de desgaste y penetración bordaban la jugada y respondían de forma pragmática, alegando la urgencia de que esos fondos llegaran a quienes componen buena parte de su electorado, en el que figuran pequeños empresarios y autónomos.


La fuerza de la memoria


Pero no nos engañemos, fuera de algún episodio aislado fruto del marketing electoral, la ultraderecha envuelve la realidad que pretende con su red de mentiras para alcanzar su objetivo atacando con toda la fuerza de la intolerancia. El problema es que en nuestra sociedad muchos solo conocen sus efectos por la historia y que esta historia no se ha enseñado suficientemente, pesando sobre ella un interesado cúmulo de silencio y falsedades.

El filósofo y profesor Juan Manuel Aragües escribía hace unos días, en estas mismas páginas, que el crecimiento del fascismo en España y en Europa tiene mucho que ver con la cuestión de la memoria. Ha desaparecido, explica, el horror de lo ocurrido en el holocausto y resume: “la memoria colectiva se ha tornado extremadamente frágil”. De ahí, afirma, “la importancia de cultivar la memoria, tarea que, en nuestro país, donde los tics reaccionarios anidan en demasiadas instituciones, se convierte en condición inexcusable para la construcción de una sociedad de perfiles inequívocamente democráticos”.

Sin la memoria se repiten los hechos más luctuosos de la historia. Sin la cohesión social y la convicción de que es preciso hacer respetar la democracia, el fascismo avanza. Los manifestantes de Polonia que rechazaban las restricciones del Gobierno sobre la interrupción del embarazo y los que en Ciudad Lineal defendieron el mural, o los que luchan en las calles peruanas, guatemaltecas o salvadoreñas contra leyes restrictivas de los derechos reproductivos de la mujer, o quienes defienden en Hungría los derechos de la comunidad LGTBi o aquellos que mueren día a día defendiendo la libertad de expresión o los derechos de la naturaleza, representan los mismos valores a miles de kilómetros de distancia: La fuerza de la verdad y de la justicia ante el poder sesgado hacia la intransigencia. Junto con ellos, debemos denunciar toda propuesta obscena de involución y fanatismo, rechazar el legado de los dictadores y repudiar el fascismo y su herencia maldita. De ahí la absoluta necesidad de consolidar, en nuestro país, la iniciativa de una verdadera ley de memoria democrática en la que los valores de la educación, la verdad, la justicia y la reparación sean los mecanismos adecuados para garantizar la no repetición ni la regresión en nuestros derechos.


Baltasar Garzón es jurista y presidente de Fibgar