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jueves, 19 de agosto de 2021

Inicio de campañas para ayudar al pueblo haitiano.

Haití está enfrentando actualmente una grave crisis. Sin la ayuda necesaria esta crisis podría multiplicarse: La nutrición, el agua y el sistema sanitario son esenciales para disminuir la escalada de las diferentes consecuencias que está enfrentando la población haitiana. El terremoto sucedido en Haití recayó en un población que ha enfrentado crisis económicas, políticas y también sanitarias (por la falta de vacunas contra el Covid-19). La comunidad internacional (y especialmente los gobiernos latinoamericanos) deben solidarizar con este país y ayudarlo de una vez por todas de salir de este espiral de desgracias. Únicamente una ayuda decidida a un gobierno honrado puede ayudar a superar esta crisis. Enviamos toda nuestra solidaridad al pueblo haitiano y una firme intención de ayudar en esta noble causa.


Secretario General ALDHU

Juan de Dios Parra 


Cruz Roja Chilena lanzó campaña todos por Haití, para ir en ayuda de los damnificados por el terremoto ocurrido el sábado pasado


A raíz del terremoto magnitud 7.2 que ocurrió este sábado 14 de agosto en Haití, generando importantes daños en Jerémie, Les Cayes y otras localidades, la presidenta nacional de Cruz Roja Chilena, María Teresa Cienfuegos Ugarte anunció que la institución humanitaria habilitó la cuenta corriente  29 22 22 de Banco Estado para hacer donaciones en ayuda a quienes resultaron damnificados, heridos y totalmente desamparados producto del movimiento telúrico.

La iniciativa se enmarca en la campaña Todos por Haití, que la Cruz Roja Chilena acaba de lanzar con el motivo de este terrible desastre.

De este modo, según la presidenta de Cruz Roja Chilena explicó que “lo que se logre reunir durante esta cruzada solidaria se enviará mayoritariamente a la Cruz Roja Haitiana para brindar la ayuda necesaria que requieren las comunidades que fueron afectadas. Lo haremos en relación a siete principios fundamentales que guían el actuar del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad“.

En este mismo contexto, la directora nacional de Gestión del Riesgo de Cruz Roja Chilena, Yasmin Videla agregó que “se ha activado el Programa de Restablecimiento de Contactos entre Familiares, con el principal objetivo de abrir canales de comunicación entre los ciudadanos haitianos residentes en Chile y sus familiares en ese país”.

“Localmente se espera complementar las tareas de RCF, con acciones de apoyo psicosocial y otras tantas labores que se llevarán a cabo a nivel país en conjunto con nuestras direcciones nacionales, comités regionales y filiales para aliviar el sufrimiento de los haitianos en Chile y ese país“, indicó en ese mismo sentido el director ejecutivo de la institución, Cristian Pincheira Barrera.

De esta forma, para cooperar, las donaciones pueden ser depositadas o transferidas a la cuenta 29 22 22 de Banco Estado, a nombre de Cruz Roja Chilena, RUT 70.512.100-1, con confirmación al correo electrónico: finanzas@cruzroja.cl

Asimismo, Unicef también inició una campaña para la recaudación de fondos para los niños haitianos:







lunes, 16 de agosto de 2021

Ayuda para Haití: Sismo de magnitud 7,2 deja 724 muertes y 2.800 personas heridas

Desde la ALDHU, nos unimos a la declaración de las Mesas Temáticas del Senado y pedimos apoyo para Haití por parte de las instituciones latinoamericanas que puedan aportar ayuda a la población en estos difíciles momentos.




viernes, 6 de agosto de 2021

Millones de personas en América Latina amenazadas por el hambre

 Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) destaca la necesidad de tomar medidas en cinco “lugares críticos” en América Latina y el Caribe, donde millones de personas están en riesgo de pasar hambre.


Según el informe trimestral Hunger Hotspots, en Centroamérica, Guatemala, Honduras y Nicaragua enfrentan dificultades debido a una posible reducción en sus cosechas y los efectos socioeconómicos de la pandemia de COVID-19.

Por su parte, Colombia está siendo afectada por disturbios sociales y una recesión económica, mientras que Haití ha sido golpeado por la crisis económica, la sequía, el malestar sociopolítico y el aumento de la inseguridad relacionada con la delincuencia.


Guatemala, Honduras y Nicaragua

Se espera que la situación de seguridad alimentaria en Guatemala, Honduras y Nicaragua continúe empeorando, especialmente en el Corredor Seco, debido a lluvias por debajo del promedio que podrían afectar los cultivos, y por los efectos socioeconómicos del COVID-19.

La falta de alimentos podría afectar a 3,5 millones de personas en Guatemala y a 3,3 millones en Honduras, mientras que en Nicaragua alrededor de 300.000 personas tienen un consumo de alimentos insuficiente y es probable que su situación empeore en los próximos meses.

El informe sugiere acciones anticipatorias para mitigar el déficit de lluvias durante la temporada agrícola, y solicita apoyo para los agricultores y ganaderos más vulnerables, incluyendo la distribución de insumos y herramientas para el cultivo de variedades de ciclo corto, huertos de traspatio y apoyo a la salud animal para reducir la mortalidad y la morbilidad provocadas por la sequía.

También aconseja a los países que brinden respuestas de emergencia y apoyo para la recuperación de los medios de vida a los pequeños agricultores y pescadores afectados por huracanes en las áreas más impactadas de Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Colombia

El informe destaca la inestabilidad social y la crisis económica como factores clave de la inseguridad alimentaria que afecta a Colombia y a los migrantes venezolanos en dicho país. La ola de protestas podría tener efectos en la situación de inseguridad alimentaria, a pesar de las favorables perspectivas de producción para la temporada de cosecha de 2021.

Según el Panorama de las necesidades Humanitarias de 2021, hay 3,5 millones de personas con un acceso muy irregular a los alimentos en Colombia, y el 73% de los 1,7 millones de migrantes y refugiados venezolanos en el país estaba al borde del hambre en 2020.

El informe de las dos agencias de la ONU sugiere acciones anticipatorias para enfrentar esta crisis, como la distribución de efectivo a las personas más vulnerables en áreas rurales y urbanas para mitigar el impacto de los incrementos esperados en los precios de los alimentos.

Para ello, se necesitan 34,6 millones de dólares que garanticen el acceso a la comida, la nutrición y los medios de vida con los que apoyar a los migrantes venezolanos y a las comunidades de acogida en las zonas rurales fronterizas mediante la rehabilitación de los sistemas de agua, la producción rápida de alimentos y forrajes, y la entrega de alimentos de emergencia.


Haití

Es probable que la combinación de la inestabilidad macroeconómica con el impacto de las condiciones secas en la temporada agrícola principal, junto al empeoramiento de la situación de seguridad en medio de la crisis política provoque un deterioro de los ya elevados niveles de carestía de alimentos en Haití.

Se estima que alrededor de 4,4 millones de personas se enfrentaron a una inseguridad alimentaria aguda entre marzo y junio de 2021, un aumento de 6 puntos porcentuales en comparación con el mismo período del año pasado.

El informe pide acciones preventivas, como la distribución de semillas de variedades de cultivos de maduración temprana y tolerantes a la sequía a los hogares vulnerables con acceso a la tierra para reactivar rápidamente la producción en las áreas afectadas por la sequía; la perforación de pozos y la distribución de forrajes, piensos, suplementos de nutrientes, tanques de recogida de agua y ganado menor a criadores de ganado.

Se necesitan 156 millones de dólares para mejorar la situación alimentaria y los medios de vida, y otros 5,2 millones para intervenciones de nutrición y apoyo a las redes de producción a través de transferencias de efectivo sin condiciones, que deberían ir acompañadas de insumos y las herramientas necesarias para los hogares vulnerables.


Fuente: Noticias ONU

domingo, 18 de julio de 2021

HAITÍ: los héroes olvidados de América Latina. Art. Juan Raúl Ferreira

 Estos días, Haití vuelve a acaparar las primeras planas. He hecho todo lo posible para aprovechar toda posibilidad de sumarme a la denuncia de lo que ocurre. Haití se ha cruzado en mi vida varias veceTambién en el exilio, cuyos archivos hurgué rápidamente.



Cuando andábamos «Con la Patria en la Valija» recorriendo el mundo, golpeando todas las puertas y recibiendo la solidaridad de partidos, pueblos y gobiernos de todos los signos, Haití sufría a la dinastía dictatorial de los Duvalier. A veces sentía vergüenza. Antes del golpe en Uruguay no manifestamos suficientemente nuestra solidaridad con el pueblo hermano.

Conocimos en la diáspora (fotos) al dirigente opositor Gerard Pierre Charles. Autor de varios libros sobre su país, en cuyas páginas aprendí la dimensión de la tragedia; también recorría el mundo buscando solidaridad. Coincidimos en varias reuniones. En más de una de ellas, al terminar nuestro trabajo sobre Uruguay, nos sumábamos a su propio esfuerzo.

Haití fue el primero en independizarse en América Latina, en 1791. Fue también la República, al no vacilar, en romper el yugo colonial para optar por constituirse en República. Este pionero de la libertad de nuestros pueblos sufría una crueldad indescriptible bajo nuestra indiferencia.

Pedimos al presidente Arístides Royo de Panamá, que ya que tanto había hecho por Uruguay, pensara en una actividad sobre Haití. Se hizo una jornada bajo su auspicio en mayo del 79. Al Presidente Roldós, de Ecuador, también pedimos lo mismo. Incorporó a Pierre Charles en el conjunto de personalidades que conformaron la Asociación Latino Americana de Derechos Humanos (Aldhu), fundada en Quito en 1980.

Recorríamos el mundo, cada uno, con su bolsa de dolor y de esperanza. Recibíamos esa arma contra la que las dictaduras no sabían defenderse: la solidaridad. Cada uno rodeado de sus compatriotas fuimos generando una comunidad. Memo Ungo de El Salvador; José Francisco Peña Gómez, de Dominicana; Anselmo Sule, de Chile; Vicente Saadi, de Argentina; Ernesto Cardenal, de Nicaragua; Gerard de Haití; Grille, Achard y yo de Uruguay éramos casi una ONG sin personería jurídica.

Gerard me introdujo en el exilio a la realidad de Haití. Luego la vida hizo que el drama de este pueblo se cruzara en mi camino. Hubo una esperanza de democratización, transformada luego en una nueva frustración. Aristide fue electo en 1990. Siendo yo Embajador en Argentina, volvieron los recuerdos del exilio, por un hecho muy puntual.

Al lado de la residencia de la Embajada se erige la modesta plaza República de Haití. Su Embajador se había vuelto mi amigo. Me dice que quiere emplazar allí un monumento al Mariscal Petion, Primer Presidente de Haití. Pero no tenía plata. Se lo doné. Allí sigue, y desde allí me convoca como un aguijón: «no es justo que se olviden de nosotros».

Luego de tres elecciones fallidas, en 2016 el Secretario de la OEA, Luis Almagro, me pide ser Jefe de una misión que apoye el esfuerzo haitiano para democratizarse. Yo había hecho ya varias misiones y cursos de observación electoral durante la Secretaría de Miguel Insulza (no menos de diez). También había mediado por Unasur en un conflicto fronterizo, un alto al fuego en Colombia; me entusiasmaba la idea.

Como me la presentó a la Misión, iba a ser muy especial. La ONU y la UE la apoyaban y no enviarían una propia, ayudando a financiar esta. No solo habría que observar el proceso electoral sino contribuir a garantizar un clima favorable al mismo. Quizás lo único que logré fue que la Minustah (verdadera fuerza de ocupación) no desplegara efectivos en las mesas electorales.

Digo bien «los días» porque el proceso llevó más de un año, de 2016, a instancias en segunda vuelta, a 2017 (parlamentarias y locales). Nunca tuvimos independencia técnica, ingrediente imprescindible en estas misiones. El Director del Departamento de Cooperación Electoral de la OEA (DECO), se instaló en Puerto Príncipe, impartía órdenes y directivas. Luego lo hizo Francisco Guerrero, Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia. Ambos, del team de Almagro.

Dentro de lo posible y un poco más, me salí del aislamiento al que se había sometido a la Misión. Así me reuní con sindicalistas, luego de consultar a fuentes propias, sobre la legitimidad de cada uno de ellos y con grupos ecuménicos de base. La gente no quería misiones, quería libertad y autodeterminación.

Cuando tocaron las presidenciales, ganó el candidato Juvenal Moise. Se transmitió al mundo: «el Presidente Electo obtuvo más del 50% de los votos: no hay segunda vuelta». Era falso, con información cierta. Como decía Onetti: «la peor mentira es aquella en que todo lo que se dice es verdad pero se le quita el alma a los hechos». No se dijo que de 6:189.253 habilitados votaron solo 1:120.663 ciudadanos (padrón actualizado con la ayuda de la propia OEA).

Terminada la misión hice mi informe y se dilató su presentación. Una y otra vez. Un día, se iba a presentar finalmente el informe. Luego de hacerlo ante el Consejo Permanente de la OEA se haría ante la ONU y ante los Embajadores de la UE. Pero se ve que el informe que quise presentar no era funcional a los objetivos de la OEA.

Almagro no se hizo presente en la reunión del Consejo Permanente. Apenas comencé, el Director de la DECO, Gerardo de Icaza, comenzó a pasarme papelitos: «suficiente, termina». Los conservé como trofeo. Ahí constato y advierto oralmente que mi informe escrito se había cambiado. Al culminar mi aclaración, se me avisa que la presentación del informe ante ONU y UE había sido suspendida.

La semana pasada, a raíz del magnicidio, Haití vuelve a ser noticia. Silencio del gobierno uruguayo. Solo habló de Cuba, porque había habido una manifestación de opositores. En Haití no hay sucesión. Era el Presidente de la Corte de Justicia (murió de Covid), el del Congreso, Juvenal ya había prescindido del mismo gobernando por decreto.

Las manifestaciones se suceden con una brutal represión. El Primer Ministro (me pregunto, ¿de quién?) decretó Estado de Sitio. También pidió tropas de EEUU y ONU (una vez más). La ONU dijo que requería la autorización del Parlamento. Pero EEUU dijo que lo iba a considerar aunque ya llegaron a Haití representantes del FBI, la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado. Algo así como la avanzada.

La noche del magnicidio se sintió que hablaban español. Algunos han sido detenidos. No eran guerrilleros sino soldados colombianos. Con pasaportes expedidos con una modalidad extraordinaria. Cuando peleábamos contra la Cisplatina, Simón Bolívar se apestó a venir, hasta que vio que no llegaba a tiempo. Su apoyo en armas y soldados eran de Petion, Presidente haitiano.

Nos toca a nosotros estar a la altura.

jueves, 8 de julio de 2021

Haití: Entre vientos de cambio y ruido de botas Art. Historia Sabine Manigat (Haití)

Sabine Manigat,  nos ofrece este artículo anterior a la muerte del Primer Ministro de Haití, en el cual nos cuenta la desafortunada historia reciente de Haití y el por qué de las protestas contra un gobierno autoritario que estallaron en 2018, pero que tienen raíces anteriores, como la desaparición de fondos de una ayuda internacional o un precaria transición copada de gobiernos autoritarios.

Sabine Manigat es socióloga y politóloga. Es profesora e investigadora en la Universidad Quisqueya de Haití.

#Haití #Corrupción #DerechosHumanos #Movimientossociales #Violencia



Las protestas ciudadanas contra el gobierno autoritario de Jovenel Moïse se combinan con una política errática de las potencias que mantienen su influencia sobre el país. A la luz de la crisis actual, producto de la transición trunca hacia la democracia, es necesario reconsiderar la aplicación de las clásicas soluciones interventoras en un país considerado siempre y únicamente como revoltoso, violento y miserable.


La crisis que sacude a Haití dista mucho de ser nueva. Estalló abiertamente en julio de 2018, bajo la forma de una protesta por el alza del precio de la gasolina, pero también por el aumento de la canasta básica y por la devaluación de la moneda nacional. La desaparición y el despilfarro de los fondos del programa Petrocaribe –un plan de ayuda al desarrollo que Venezuela ofreció a varios países del Caribe bajo la forma de préstamos preferenciales en hidrocarburos– fue la chispa que logró aglutinar a amplios sectores de la sociedad contra el gobierno. En los tres últimos años, esta crisis se ha agudizado y ha derivado rápidamente en un cuestionamiento directo y permanente al gobierno que preside Jovenel Moïse.


La situación actual no puede explicarse por un solo factor. Hoy parece estar quedando claro que el gobierno adopta rasgos propios de una dictadura. Pero, analizado históricamente, este momento parece ser el de la crisis y el derrumbe del régimen político instalado tras la caída de la dictadura de los Duvalier. A fin de cuentas, lo que vive Haití es el ocaso de un sistema varias veces remendado pero que ya no puede sobreponerse por su propio agotamiento.


En febrero del 2017, Moïse –un súbdito de su predecesor, el cantante Michel Martelly– llegó a la presidencia de Haití después de un tortuoso proceso electoral que empezó en el verano de 2016 y duró más de un año. La llegada de Moïse pretendía inaugurar un control duradero del poder por parte de la corriente neoduvalierista que se reconoce en Martelly. Basada en la captación sistemática de los recursos estatales e iniciada en un ambiente crispado, la dispendiosa e ineficiente gestión de Moïse exacerbó rápidamente la crisis económica y social que se iba profundizando desde el terremoto y las elecciones de 2010-2011. El estallido de julio del 2018 condensó todos esos elementos. La cerrazón sistemática de la presidencia a atender los reclamos populares provocó un rechazo social casi unánime. Buena parte de la población parecía rechazar el régimen y exigía un «cambio de sistema». Tras haber ignorado el calendario electoral que prescribía elecciones legislativas y locales en 2019, en junio de 2020 el Ejecutivo se quedó solo con las riendas del poder. El Parlamento bicameral había quedado reducido a 10 senadores y todos los poderes locales –consejos municipales y de secciones comunales– fueron revocados en junio.


El gobierno de Moïse emprendió entonces la construcción sistemática de una dictadura unipersonal, con la emisión de decretos liberticidas, nombramientos de allegados en puestos claves –como el de jueces en la Corte Suprema o del jefe de la policía– y una serie de políticas para, como él mismo dijo, «cazar criminales», dándole abierta participación a las Fuerzas Armadas.


En ese marco, se produjeron asesinatos que aún no han quedado claros, como el del presidente del Colegio de Abogados, el constitucionalista Monferrier Dorval. El contexto de violencia era, ciertamente, grave. Y se acrecentó cuando una agencia gubernamental quedó a cargo del «desmantelamiento» de las pandillas armadas que dominan parte del país y que reciben todo tipo de financiamiento. El terror fue la consecuencia lógica de esta política. Primero, se apoderó de numerosos barrios del área metropolitana de Puerto Príncipe y, progresivamente, fue estallando también en otras regiones del país. Aún hoy, miles de ciudadanos se encuentran en situación de desplazados internos debido a los enfrentamientos. No contentos con ello, los funcionarios siguen echando leña al fuego. Recientemente, el jefe de la Policía llamó al pueblo a «reaccionar» frente a las pandillas que actúan sobre la salida sur de Puerto Príncipe.


Las iniciativas de Moïse en el plano institucional son destructivas y no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones. El sistema de justicia quedó huérfano con el bloqueo de los nombramientos de jueces por parte del Poder Ejecutivo. Ya el 5 de enero del 2021, un decreto dispuso la organización de un referéndum para aprobar una nueva Constitución –algo que, de hecho, está formalmente prohibido por la Constitución vigente–. El mandatario mantuvo su agenda aun después de haber suspendido la realización del referéndum el 8 de junio, e esencialmente bajo la presión internacional y la declarada oposición estadounidense. Después de haber aplicado a los poderes legislativos y locales una disposición constitucional que acorta el tiempo efectivo de su mandato, llegada la fecha de caducidad del suyo propio el pasado 7 de febrero, Moïse se aferró al poder.


Hay que subrayar que, a pesar del miedo, la ciudadanía organizada, los partidos políticos, los movimientos sociales y las organizaciones de derechos humanos continúan manteniendo una línea de protesta ciudadana pacífica y permanente. La violencia destructiva del Estado enfrenta una protesta social en la que predomina la madurez, lo cual obliga a reconsiderar la aplicación de las clásicas soluciones interventoras en un país considerado siempre y únicamente como revoltoso, violento y miserable.


Antecedentes históricos


Claramente, la crisis institucional y constitucional no es nueva en el país. En realidad, es el resultado de un déficit de enraizamiento de los principales atributos del Estado de derecho. Aunque a partir de 1986, Haití comenzó un período de cambio en el que buscó la consolidación de las instituciones, de las prácticas jurídicas y económicas, y de ejercicios electorales acordes con un régimen de democracia liberal, los resultados no siempre fueron buenos. Tras treinta años de dictadura duvalierista, el ímpetu popular empujó hacia la adopción formal de una serie de instituciones, de principios jurídicos y de leyes que simbolizan conquistas y o anhelos largamente reprimidos, pero la implementación de este nuevo sistema se topó rápidamente con las limitadas capacidades (por inexperiencia, por falta de recursos) de quienes abogaban por un cambio sustantivo. Por otra parte, ni las principales instituciones que detentaban el poder –como el Ejército y el aparato administrativo– ni los grupos sociales mejor provistos –como el empresariado, el gran comercio, los altos ejecutivos y los sectores medios acomodados– asumieron un papel en la construcción de ese nuevo orden. Así, la Constitución de 1987 nunca fue implementada a cabalidad y fue objeto de manipulaciones y violaciones incesantes. Al igual que los otros aspectos de la democracia representativa, la Carta Magna nunca ha sido integrada como marco y brújula del ordenamiento social y de las reglas del juego político. 


La vida política haitiana ha transcurrido entre la instrumentalición de la justicia, las derivaciones y las manipulaciones de los principios del Estado de derecho, la desnaturalización de las libertades individuales y, sobre todo, el saqueo de los recursos públicos. Además, la corrupción ha convertido la gestión gubernamental en un verdadero sistema de connivencia entre los representantes políticos y un sector privado monopolista con extensiones mafiosas. El resultado ha sido una caricatura del sistema democrático montada sobre los resortes del viejo sistema autocrático-clientelista. 


El desarrollo de este proceso de manipulación del régimen democrático-liberal se produjo bajo la alta vigilancia y la influencia decisiva de Estados Unidos. Como supervisor de la salida del dictador Jean Claude Duvalier el 7 de febrero de 1986, Estados Unidos fue también el encargado de dictar la adopción y el rechazo de leyes y reglamentos, así como de plantear las políticas públicas que conformaron al nuevo régimen. La apertura arancelaria total (desde 1987 las tasas más altas aplicadas a las importaciones no sobrepasan el 10%), la absoluta desprotección de la economía agrícola y las restricciones al desarrollo y a la profesionalización de la Policía, son algunos de los resultados del monitoreo estadounidense. La historia electoral desde la década de 1990 es, sin duda, la que mejor ilustra la responsabilidad externa en el desplome del sistema político del país.


El 28 de noviembre de 1987, durante las primeras elecciones tras la salida de Duvalier, se produjo una verdadera masacre. Apenas pocas horas después de iniciarse la votación, grupos duvalieristas y militares dispararon a sangre fría contra filas de electores que esperaban su turno para votar. Recién en 1990, y gracia a las demandas de la ciudadanía organizada, se realizaron elecciones libres con una participación de más de 70% de los votantes. Jean Bertrand Aristide, ex-sacerdote católico y promotor de la Teología de la Liberación, llegó a la presidencia haitiana. 


El mandato de Aristide duró solo nueve meses. Un golpe militar derrumbó al gobierno del movimiento Lavalas e inauguró un período de control y tutela de la democracia haitiana por parte de instituciones regionales e internacionales vinculados con Estados Unidos. Las Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformaron en verdaderos «aparatos de certificación electoral» de la democracia haitiana, en dictaminadores de ganadores y perdedores de los mandatarios de un país que se pretendía soberano.


Así, las elecciones de 1996 recibieron el sello de validez de la «comunidad internacional» pero las del año 2000 (en las que ganó Aristide con un amplísimo porcentaje, pero con poca afluencia electoral) fueron consideradas inválidas por estas mismas instituciones. Finalmente, y tras la salida de Aristide por segunda vez del poder, acaba instalándose la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah). En rigor, se trataba de una misión militar de 10.000 soldados y unos cuantos miles de policías en un país agitado por disturbios sociales y una delincuencia politizada, pero de ninguna manera un país en guerra. El despliegue de la Minustah marcó un hito en el tutelaje internacional sobre Haití. El terremoto de enero de 2010 reforzó este control y aumentó el involucramiento estadounidense a través de Bill y Hillary Clinton, quienes integraron la Comisión Internacional de Reconstrucción de Haití. Desde 2004 no ha habido ninguna elección sin una abierta intervención externa. Mientras que en 2006 la elección de René Préval fue «confirmada» rápidamente, en 2010 la primera vuelta electoral fue «rectificada» por la OEA, favoreciendo a Michel Martelly, el candidato de Estados Unidos, quien es finalmente proclamado presidente en una muy dudosa segunda vuelta.


La elección y la presidencia de Jovenel Moïse son el capítulo más reciente de este proceso. Entre otros resultados, la participación del electorado pasó de más de 70% en 1990 a menos de 15% en 2016-2017.


Una situación descontrolada


El proceso de intervención extranjera a través de los organismos internacionales, el descrédito de un Estado de derecho que nunca logró establecerse definitivamente tras la dictadura duvalierista y una serie de factores políticos propios del país han conducido a Haití a un profundo proceso de polarización política. En la actualidad, esto se expresa en una serie de cuestiones inmediatas. La primera de ellas es la de la fecha y las condiciones de salida del poder de Moïse. Hoy, la gran mayoría del país considera que el mandato de Moïse efectivamente ha caducado, pero no hay un entendimiento acerca de la necesidad de negociar su salida o de pactar una cohabitación.


A esto se suma una segunda cuestión: el contenido y la duración de la inevitable transición que permitirá recomponer un sistema político mínimamente confiable, condición sine qua non para la organización de elecciones transparentes e inclusivas. La sociedad civil organizada está solicitando un período transicional que permita iniciar acciones que conduzcan a la normalización de las instituciones y de la vida nacional y no solamente elegir un equipo para un traspaso de poder. En ello se juega el tercer término de esta ecuación, referente a las modalidades y al peso de la participación ciudadana en ese proceso transicional. Al contrario de lo que anticipan los políticos, las organizaciones ciudadanas consideran que es necesaria una entidad para negociar los intereses de la sociedad civil como un actor en el escenario político, no para ejercer el poder, sino para controlarlo.


En la solución a estos desafíos, el peso de las potencias de tutela lideradas por Estados Unidos es, sin duda, determinante. A las recientes declaraciones de la misión de la ONU presente en el país en favor de elecciones rápidas, se suman las del llamado Core Group, un club de países y organismos internacionales que monitorea la política interna de Haití desde 2013 y que está integrado por Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea, la OEA y la propia misión de la ONU. La misión de la OEA –que visitó el país del 8 al 10 de junio pasado– hizo, además, su propio llamamiento a que se convoque a elecciones rápidamente, considerándolo el único mecanismo de legitimación del poder político, a pesar de reconocer las peligrosas condiciones de seguridad que imperan hoy a lo largo del territorio nacional. El Parlamento Europeo emitió una posición mucho más crítica sobre la responsabilidad de las actuales autoridades en la situación actual. Sin embargo, la declaración del Parlamento Europeo dista mucho de tener el mismo peso que las posiciones estadounidenses y la de los actores cercanos a ellas.


El aparente empate que se mantiene entre un país alzado pacíficamente contra la arbitrariedad y una dictadura unipersonal que se despliega desenfrenadamente contra la ciudadanía ha conseguido llamar la atención internacional. Y hay tres factores que explican que los actores globales no hayan hecho la vista gorda. El primero, y sin lugar a dudas el más espectacular, es la utilización de Moïse de métodos que hacen caso omiso de los acuerdos y las formas más elementales de gobernabilidad vigentes en el mundo contemporáneo y, en particular, en los espacios políticos y diplomáticos de la región. A esto se suma el reciente cambio de administración en Estados Unidos. La llegada de Joe Biden al poder propició la movilización de amplios sectores de la migración haitiana.


Finalmente, el impulso solidario de sectores progresistas de diversos países de la región y del mundo también consiguieron que se haga foco en la crisis haitiana. Por primera vez desde el terremoto de 2010, estas voces progresistas han conseguido sacar a Haití de un silencio que cobijó durante más de un decenio el socavamiento sistemático de las conquistas democráticas conseguidas en 1986 y los permanentes intentos de restauración neoduvalieristas. Queda por ver cuán consistente y duradera resultará esta solidaridad, y queda por evaluar lo que puede conseguir la movilización y la fuerza ciudadana contra un Estado que se ha transformado en verdugo de su propia población.

Fuente: Nueva Sociedad

miércoles, 7 de julio de 2021

Nos debe doler Haití. Art Institucional ALDHU

 

Esta mañana, en Puerto Príncipe, Un grupo de mercenarios, hablando inglés y español, asaltaron la casa del presidente Jovenel Moise asesinándolo e hiriendo a su esposa Martine.

#-JovenelMoise #DerechosHumanos #Haití #Violencia



Una vez más, este hermano pueblo se hunde en la violencia e inestabilidad, ante la indiferencia de la comunidad internacional, y muy especialmente ante la ingratitud de una América Latina que, a pesar de deberle tanto, le sigue volviendo la espalda a Haití.

Pocos recuerdan que, sin la ayuda de Haití, en armas y hombres, Simón Bolívar no hubiese podido triunfar en su gesta emancipadora, y que fue esta naciente y valiente nación, que derrotó a Napoleón, la que puso a disposición de los patriotas de nuestra independencia, todo lo que tenía, para poder enfrentar al imperio español.

Haití, se nos muere de violencia y de hambre, pero se nos muere en soledad, abandonado y olvidado.

Nos debe doler Haití, porque es nuestro pueblo hermano y sobre todo porque le debemos en gran medida, la independencia y la libertad.

En esta hora dolorosa y difícil, expresamos nuestra solidaridad al pueblo haitiano, y hacemos un llamado a la comunidad latinoamericana a comprometerse en la asistencia, apoyo y defensa de la paz en Haití. Su pueblo necesita y merece nuestra solidaridad

 

 

 

 

Juan de Dios Parra.

Secretario General ALDHU.

 

sábado, 3 de marzo de 2012

HAITÍ: PLATAFORMA DE ORGANIZACIONES REVELA VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS PRACTICADAS POR LA MINUSTAH DESDE 2004


(Natasha Pitts. Adital) Recientemente, la Plataforma de Organizaciones Haitianas de Derechos Humanos (POHDH) divulgó el informe La Minustah y la violación de los Derechos Humanos en Haití mostrando el fracaso y los perjuicios causados por la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití, que desde 2004 ocupa el país con el pretexto de garantizar la paz, instalar un estado de derecho y ofrecer seguridad.

El informe señala que cada vez más la actuación de la Minustah en Haití es blanco de críticas severas por parte de la sociedad haitiana. Esto puede ser constatado al recordar las innumerables manifestaciones de la población y de la sociedad civil organizada pidiendo el retiro de los militares.

No por casualidad el pueblo pide que los ‘cascos azules’ -como se conoce a los soldados- emprendan la retirada. El informe de la Plataforma de Organizaciones Haitianas revela que el clima de inseguridad creció después de la llegada de las tropas y recuerda que la introducción y propagación del cólera fueron obras de los militares de la Minustah.

El documento también cita las atrocidades cometidas por los militares, sobre todo en los barrios más pobres, como Cité Soleil, Bel Air y Martisant, ya que hay registros de operaciones donde mataron, hirieron, maltrataron y destruyeron bienes privados. De febrero de 2004 a diciembre de 2006, sólo en la región metropolitana de la capital, Puerto Príncipe, 74 personas fueron muertas en las intervenciones de la Minustah. En otros departamentos también fueron catalogadas violaciones de derechos. La POHDH cita el ahorcamiento de general Gilles en el Cabo Haitiano, la violación de Johny Jean en Port-Salut y la de Roody Jean en Gonaives, y el asesinato de Widerson Gena, que fue victimado cuando participaba en una manifestación en Verettes.

El cuestionado rol de los Cascos Azules en Haití
Ni siquiera la policía está libre de los desmanes de los militares. La POHDH descubrió casos de violencia e intento de violación contra agentes de la policía por parte de soldados. Uno de los casos ocurrió el 29 de mayo de 2008. El policía Luckinis Jacques, de la comisaría de Cité Soleil, fue violentado por agentes de la Minustah. Lo mismo ocurrió el 6 de agosto de 2008 con los policías Donson Bien-Aimé A2 y Ronald Denis A3, también de la comisaría de Cité Soleil. Hace cerca de un año, del 13 al 14 de marzo, el policía Orline Mérilan sufrió un intento de violación por parte de Muhammad Naseem, también miembro de la Misión.

La Plataforma de Organizaciones Haitianas asegura que en ninguno de los casos se realizaron procedimientos para castigar a los culpables y ofrecer reparación a las víctimas.

Además de todo el mal que la permanencia de los militares provoca a la población, la POHDH señala que la Minustah se lleva una suma extraordinaria de dinero. "El costo de su operación deja presagiar un antagonismo flagrante entre la voluntad de crear la estabilidad de Haití en vista del desarrollo socio-económico del país y la del enriquecimiento de los actores internacionales, dejando tirados en la miseria a una gran proporción de la población”, critican.
Los muchos casos comprueban que la actuación de la Minustah en el país viola normas nacionales e internacionales de protección a los derechos humanos, entre ellas la Declaración Universal de DDHH, de la cual Haití es signatario, y que en su artículo tercero define que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad.

Por esta suma de motivos, la Plataforma recrimina la permanencia de los militares en el país. "(...) ningún cambio real se efectuó a nivel del aparato judicial que fomenta todavía la impunidad y la violación de los Derechos Humanos. Numerosas personas siguen siendo objeto de arrestos ilegales y arbitrarios con prisión preventiva prolongada, mientras que los criminales de gran porte como Jean-Claude Duvalier siguen gozando de la impunidad”, critican, comprobando que los ocho años de Minustah en Haití no trajeron beneficios a la población o para el país.

La Plataforma de Organizaciones Haitianas de Derechos Humanos hace un llamado y pide a los países que se dicen amigos de Haití que apoyen no los proyectos extranjeros, sino las iniciativas nacionales inspiradas en las necesidades prioritarias de la mayoría de la población haitiana.