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lunes, 29 de agosto de 2022

La confrontación de los extremos

Autor: Luis Gallegos Chiriboga

El mundo vive una división agravada por las circunstancias globales, cuyas incidencias afectan a todas las sociedades del mundo. La enfermedad global, las guerras y los extremismos repercuten en el pensamiento personal y colectivo. Esos radicalismos, generalmente, nunca se confrontan por medio del diálogo civilizado, son posiciones irreductibles de liderazgos obtusos, que implican la incapacidad de encontrar soluciones a las graves incidencias que alteran nuestras vidas.


Lamentablemente, la gran mayoría de la población pensante se encuentra en el centro del espectro político y económico. Esos son los que normalmente tienen que pagar los platos rotos de los desacuerdos de los extremos. Esos radicalismos, que tildan como ideológicos, normalmente son desencuentros de intereses. Lo extraño en muchos países, es que los extremos solo hacen declamaciones idílicas de posiciones y no presentan programas y proyectos que enfrenten con soluciones la angustiosa realidad de las mayorías.

Hoy, se discute en Estados Unidos la “bipolaridad” política, en donde dos partidos están encapsulados en sus posiciones más radicales y no encuentran, o no quieren encontrar, el campo intermedio para que prevalezcan los intereses de la mayoría de su población. Tan separadas están las posiciones que hay muchos pensadores que cuestionan la supervivencia de la democracia estadounidense.

Hay que analizar los motivos que llevaron a esta situación. Los liderazgos de ciertos grupos hegemónicos en los partidos tradicionales, los extremismos imperantes de sus élites poco ilustradas, el predomino del resentimiento y el odio, pero sobre todo la ausencia de una discusión realista de la problemática social, económica y política han contribuido a esta situación.

Lo que hace esta “bipolaridad” global es afectar la esencia misma de la gobernabilidad y provoca el abandono de la visión conjunta para enfrentar sus problemas, en base a sus intereses y no los intereses importados de otras tendencias internacionales.

Fuente: El comercio

viernes, 29 de julio de 2022

Comisión de la Verdad presentará esta semana su informe en Estados Unidos y ante la Organización de Naciones Unidas

El padre Francisco de Roux se reunirá con el secretario General de la ONU Antonio Guterrez en Nueva York.

El presidente de la Comisión de la Verdad de Colombia, Francisco de Roux, habla durante una entrevista con Reuters en Bogotá, Colombia, 28 de junio, 2022. REUTERS/Luisa González


A partir de este martes 12 de julio, y hasta el 15 del mismo mes, la Comisión de la Verdad en cabeza de su director, el padre Francisco de Roux, estará de gira en Estados Unidos presentando el informe final de esa entidad que se creó tras la firma del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla de las Farc.

En la emisora La W Radio informaron que el miércoles 13 de julio se dará el encuentro en Nueva York entre el religioso y el secretario General de la ONU, Antonio Guterres, quien recibirá al siguiente día el documento con el que se buscó esclarecer los hechos y el contexto de las violaciones de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario en el contexto del conflicto armado en el país.

En el medio radial explicaron que la entrega se llevará el jueves 14 de julio para que coincida con la presentación del informe trimestral de Naciones Unidas.

Entre tanto en la revista Cambio Colombia, indicaron que este será un viaje crucial para el padre De Roux ya que además viajará a Washington para dejarlo a disposición también del Departamento de Estado del país norteamericano.

El religioso, delegado para liderar la entidad, estará acompañado de por las comisionadas Alejandra Miller y Patricia Tobón en esta gira por Estados Unidos que forma parte de la estrategia por posicionar en la comunidad el informe con el que se busca aportar una visión heterogénea del conflicto en el país.

“Es un punto de partida para un gran y sostenido diálogo de país sobre las causas y persistencias del conflicto y la necesidad de no continuarlo y no repetirlo. El periodo de análisis para construirlo fue a partir de 1958 hasta 2016, sin dejar de lado los fenómenos de persistencia del conflicto en la actualidad”, afirmaron en la Comisión de la Verdad cuando lo presentaron oficialmente en Colombia.

Incluso en aquel momento la delegación de la Unión Europea en Colombia y los países miembros destacaron que era un gran aporte de la entidad estatal. Además, extendieron la invitación al país para recibirlo como una oportunidad de diálogo sobre lo que se debe hacer para continuar avanzando hacia un futuro mejor.

Precisamente, Eamon Gilmore, el enviado Especial de la para la Paz en y Representante Especial de la Unión Europea para los Derechos Humanos, recibió el lunes el informe de manos de Leyner Palacios.

“Un modelo para la resolución de otros conflictos”, expresaron en la cuenta de Twitter de la Unión Europea luego de que el funcionario recibiera el documento.

Y el pasado viernes la Comisión de la Verdad de Colombia presentó el informe en Madrid (España) en un evento en la Casa de América. Allí dos comisionados presentaron las conclusiones del texto que recopila información de 112 bases de datos y testimonios de colombianos residentes en diferentes países del mundo.

El informe logró establecer que durante 60 años de confrontación armada en Colombia se perpetraron 50.770 secuestros, 121.768 desapariciones, 450.664 asesinatos y 7,7 millones de personas fueran víctimas de desplazamiento forzado.

Respecto a la responsabilidad de los homicidios, los grupos paramilitares fueron los mayores responsables -205.028 víctimas, el 45 por ciento-; seguidos de los grupos guerrilleros -122.813 víctimas, el 27 por ciento-, siendo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (Eln) los que más asesinatos acumularon; y por último los agentes estatales -56.094 víctimas, el 12 por ciento-, de acuerdo al informe.

Fuente: Infobae.com

lunes, 27 de junio de 2022

El silencio condena a Julian Assange

Art. Opinión: Baltasar Garzón

Confieso que la angustia que me ha asolado en los últimos meses vuelve hoy con fuerza. Es por Julian Assange. Me explico: estoy convencido de que su equipo de abogados vamos a conseguir parar esta extradición bendecida por el gobierno de Boris Johnson. Pero las noticias que me llegan desde la cárcel de máxima seguridad Belmarsh, donde se encuentra desde su expulsión de la embajada de Ecuador el 11 de abril de 2019, me lleva, al igual que a la magistrada del Tribunal Penal Central de Londres, Vanessa Baraitser –que en enero de 2021 rechazó la extradición a Estados Unidos aunque por razones bien diferentes–, a pensar que algo terrible puede ocurrir si la decisión se lleva a efecto. Baraitser alegó para rechazar la exigencia de la poderosa Norteamérica que existía un alto riesgo de que Assange optara por el suicidio en esa hipótesis. “La salud mental del Sr. Assange se halla en tal estado que resultaría agobiante para él ser extraditado a Estados Unidos” dictaminó.



Imagino, porque le conozco bien, lo que debe estar pasando por la cabeza de Julian. Padre de dos hijos, que concibió en un estado irreal, durante su encierro obligado de casi siete años en la embajada de Ecuador; con un absoluto convencimiento de que su acción de desvelar las cloacas del imperio era no solo justa, sino indispensable para el funcionamiento democrático de la sociedad en cada rincón del mundo, Assange está recluido en condiciones aterradoras, con la incertidumbre de lo que vaya a venir. Y está solo.

Mi desazón viene también de esa soledad que no se debe en exclusiva a las paredes del presidio. Va más allá. Recapitulo: Estados Unidos no perdona que Assange, mediante WikiLeaks, hiciera públicos miles y miles de documentos militares y diplomáticos de carácter confidencial, denunciando torturas y crímenes de guerra por parte de responsables militares de ese país, así como de filtraciones de las comunicaciones entre embajadas USA, con Gobiernos y servicios de información en todo el mundo.

Le acusan de cometer 18 delitos, de los cuales 17 se enmarcan en la Ley de Espionaje de 1917, cuando en la primera Guerra mundial se perseguía a los espías, y otro más en relación con la supuesta ayuda a la militar Chelsea Manning para utilizar los ordenadores de donde, se supone, salió la información. El delito se basa en la publicación de los diarios de guerra de Irak y Afganistán en 2010; los cables del Departamento de Estado y los archivos de Guantánamo. En gran parte de ellos, se evidenciaba la comisión de crímenes de guerra, torturas sistemáticas y una recua de crímenes internacionales.


La basura del imperio

Buscaron una argucia, las acusaciones en los tribunales suecos de una presunta violación, acusación que acabó durmiendo el sueño de los justos. Era un primer artificio para extraditarle a Estados Unidos. En el fondo otra excusa, la de hackear ordenadores, punto intermedio para llegar hasta la acusación de conspiración por parte de una Corte estadounidense. Como el calamar, EEUU va lanzando tinta sobre el objetivo principal, para camuflarlo. Pero en esas trampas late la sinrazón.

La pesadilla que está viviendo Assange desde que, gracias al entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa, pudo refugiarse en la embajada de ese país, la puso de manifiesto el relator de la ONU contra la tortura Nils Melzer y también el Grupo de trabajo de detenciones arbitrarias de la ONU y el relator de salud de esa misma organización de Naciones Unidas, mediante informes contundentes.

Su equipo de defensores hemos sufrido también la persecución y el espionaje de quienes trabajan para ese sector oscuro de EEUU que no puede permitir que salgan a la luz las fechorías que perpetran. Los mismos que incitaron al presidente Donald Trump –quien no necesitaba que se le insistiera demasiado– en prohibir la entrada de la fiscalía de la Corte Penal Internacional en el país o hacer la vida difícil a ellos y a sus familias residentes allí por investigar los presuntos crímenes en Afganistán o en Palestina. El imperio basa su estilo de vida en meter bajo la alfombra la basura propia, para que no enturbie los negocios.

En la Audiencia Nacional española se está realizando un trabajo ímprobo en circunstancias nada fáciles para aclarar ese espionaje a los abogados de Assange. El juez instructor, Santiago Pedraz, y el fiscal Carlos Bautista buscan aclarar la presunta colaboración que habría prestado la empresa de seguridad española UC GLOBAL, al cargo de la seguridad de la Embajada de Ecuador en Londres, a la inteligencia de Estados Unidos. Analizan la colocación de dispositivos de grabación en audio y video ocultos, así como la copia de documentos de identidad de los visitantes con destino a un servidor que compartía desde España la información con la inteligencia norteamericana. Han cooperado judicialmente Francia, Italia, Grecia, Australia, Holanda, entre otros países como Alemania solicitando la información que haya afectado a sus ciudadanos. Curiosamente, poco de esto se ha conocido en prensa. La última comisión rogatoria del juez Pedraz supone solicitar la declaración del ex director de la CIA Mike Pompeo, entre otros, un acto valiente en los tiempos que corren y con los importantes poderes implicados.


¿Quién le apoya?

La primera parte de mi desazón se basa, como digo, en la situación que tiene ahora Julian y la incertidumbre de su futuro, pero el desasosiego adquiere tintes de congoja cuando miro alrededor y no veo grandes muestras de apoyo de aquellos mismos que han podido utilizar las revelaciones obtenidas gracias al trabajo del periodista y que se llenaron la boca en algún momento con la defensa de la libertad de prensa, extremo que en efecto se dirime en la base de este proceso, pero que ahora parece que se ha olvidado, empezando por los propios medios informativos. Esta visión que me inquieta la comparto con periodistas de convicciones firmes, como el propio director editorial de infoLibre, Jesús Maraña, profesional que da muestra a diario de enarbolar la bandera de la libertad de expresión, y también con algunos otros profesionales de medios que han hecho gala de la misma creencia.

¿Pero por qué se levantan tan pocas voces? Leo que los principales sindicatos de prensa internacionales han llamado el miércoles pasado desde Ginebra a liberar a Julian Assange en nombre de la libertad de prensa y eso me reconforta. Deseo poder hacerle llegar la noticia –no pueden imaginar la dificultad para acceder al recluso incluso para nosotros, sus abogados- y que al menos le suponga un consuelo.

Desde el mundo político, en Europa se ha pronunciado Jean-Luc Mélenchon quien ha afirmado que, si es designado primer ministro, “el señor Julian Assange, creo que lo ha solicitado, será naturalizado como ciudadano francés y pediremos que sea evacuado a nuestro país". La vicepresidenta argentina, Cristina Kirchner de inmediato se expresó en contra: "La decisión de habilitar la extradición de Julian Assange no solo pone en peligro su vida sino que además marca un precedente alarmante para todos los y las periodistas del mundo que investigan y buscan la verdad: disciplinamiento periodístico para todos y todas", como también lo hizo el presidente Alberto Fernández. El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y líder del PT, manifestó que Assange es un héroe de la libertad de prensa y debería estar libre: “La persecución contra él, su prisión y la amenaza de extradición deberían indignar a todos los demócratas del mundo".

Fue el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel quien tras afirmar que “Assange no es un delincuente ni un espía, sino un hombre que entregó al mundo información sobre graves violaciones de los derechos humanos”, manifestó su extrañeza porque considera que pocas voces se levantan en su apoyo: “Sería muy trágico para la libertad de prensa que se cumpla esta condena, es una condena a muerte”,

Entre las reacciones más recientes contra la extradición de Assange, figura además la del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien está decidido a pedir al presidente Biden que se ocupe de este asunto. AMLO, como se le conoce coloquialmente, manifestaba el martes en la rueda de prensa que realiza cada mañana, su convencimiento de que atender tal solicitud “va en contra de grupos duros, severos que hay en Estados Unidos, como en todos los países, pero también debe de prevalecer el humanismo”. El presidente mexicano ya había intentado esta gestión con Donald Trump, al final de su mandato. “De acuerdo con las leyes de Estados Unidos tienen esa facultad los presidentes para emitir decretos, para liberar a presos, para indultar…”. AMLO hizo reproducir un video de WikiLeaks sobre el asesinato de periodistas por parte del ejército estadounidense en Irak. “Es por esto que está en esta situación”, explicó a los medios informativos. Aseguró que México le abre las puertas a Assange y que “desde luego” considera concederle la nacionalidad mexicana.

Después añadió algo que me parece fundamental. Dijo textualmente: “Naciones Unidas debe pronunciarse, todas las organizaciones de defensa de derechos humanos deben pronunciarse. No puede haber silencio”.

Ahí es donde me di cuenta de lo que provoca mi desconsuelo: el silencio, la falta de pronunciamiento de gobiernos democráticos, de instituciones, de prensa, de gente que cree en defender los derechos fundamentales entre los que se encuentra el básico de informar y el de que la ciudadanía reciba información. La información es lo único que puede frenar a los sátrapas, defender a los vulnerables y evitar que se atropelle la verdad. Si es extraditado mientras todos callamos, seremos cómplices de que la impunidad triunfe. El silencio condena a Julian Assange.

Fuente: Infolibre.es

martes, 25 de enero de 2022

El oportuno enemigo común

Nada une más que tener un enemigo común. Este clásico de la psicología social proviene de un experimento de 1954 denominado The Robbers Crave Experiment en el que 22 chicos de 11 años, que no habían tenido contacto entre sí, fueron divididos en dos grupos —sin conocerse— en un parque natural de Oklahoma (USA) para realizar una serie de actividades, primero enfrentadas y comunes después. En un principio existió hostilidad entre ellos, pero según fueron imponiéndoles pruebas en las que se necesitaba el acuerdo de todos y se implantó un objetivo único, los chavales acabaron trabajando codo a codo y convirtiéndose en los mejores amigos. De ahí se estableció que, si una meta se plantea en el entorno de un ataque inminente, se produce el “efecto del enemigo común”, que hace que el colectivo olvide los enfrentamientos existentes y se una para resolver el problema mayor que atañe a todos.



En política esta técnica es muy utilizada. Busca que los ciudadanos se movilicen alrededor de un objetivo, lo que produce que se amplíe la popularidad del líder político que lo promueve y se olviden sus fallos, mientras la sociedad se encamina a conseguir el fin estratégico marcado.

Los conflictos bélicos no son casuales ni inocentes. Siempre han sido un compendio de intereses económicos y políticos, donde alguien busca obtener un beneficio, ya sea antes, durante o después del conflicto. E invariablemente sufre la población de los países involucrados, auténticas víctimas de una serie de decisiones que nadie acaba de entender.

No pretendo romper una lanza por Vladimir Putin, aunque entiendo su malestar porque, desde su punto de vista, la OTAN se le quiere meter hasta en la despensa, rodeado por el norte y por el oeste y aprisionado por Turquía y China. Pero todo ello no es excusa para una nueva intrusión. Veo en un artículo de la cadena de televisión CNN que los expertos indican que el Kremlin necesita un puente terrestre hacia Crimea y un estatus más seguro para la región de Donbás, cuya ocupación terminó en 2015. Allí se sigue apuntalando a un movimiento separatista. Tales explicaciones suelen ser centrales para entender por qué Rusia puede querer invadir Ucrania por tercera vez en ocho años. Pero los expertos dicen también que la mayoría de las opciones militares tendrían un coste extraordinario, agravado por la crisis económica que golpea a Rusia como al que más, por el covid-19 y por otros factores. Y entonces ¿por qué sigue escalando el conflicto?


Presidentes en horas bajas

No sabremos hasta mucho tiempo después a quién o a quiénes benefician los prolegómenos de este problema específico, pero sí sabemos que los anuncios de acciones de Estados Unidos contra otros países suelen coincidir curiosamente con momentos en que el presidente de turno está en horas bajas. A tal punto, que se diría que todo presidente norteamericano –ya sea republicano o demócrata– necesita tener su conflicto armado o una amenaza del mismo.

Así ocurrió con George W. Bush, que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 respondió con la invasión de Afganistán (que acabó veinte años después con las orejas gachas y los talibanes en el poder) y después con la invasión de Irak (a cargo de una coalición para impedir el uso de armas de destrucción masiva que nunca llegaron a encontrarse y cuya existencia no quedó jamás demostrada).

Su antecesor, Bill Clinton, enfrentó una bajísima popularidad a cuenta de sus devaneos con una becaria en el despacho oval (que de principio negó, por lo que acabó acusado de perjurio). El momento álgido fue cuando admitió ante el Gran Jurado, el 17 de agosto de 1998, haber tenido una relación física inapropiada con la joven. Tres días después se desplegó la operación Alcance Infinito lanzando misiles contra las bases de Al Qaeda en Afganistán y en Jartum, Sudán.

Tampoco se libra de esta práctica Barack Obama, cuyas fluctuaciones de imagen debido a la situación económica poco afortunada coincidió con la denominada "guerra secreta" contra el terrorismo. Obama autorizó ataques con drones contra supuestos dirigentes y militantes de Al Qaeda y grupos yihadistas asociados en Yemen, Somalia y Pakistán. Provocó  además la caída de Muhamar el Gadafi, con consecuencias negativas que perduran hasta hoy y con una Corte Penal Internacional que, finalmente, no consiguió juzgar a nadie.


Trump y Biden

En cuanto a Donald Trump, me limito a un incidente —y muy grave— de los múltiples de su gobierno, como son los sucesos de Charlottesville, Virginia. En el contexto de unos mítines de extrema derecha celebrados entre los días 11 y 12 de agosto de 2017, un simpatizante nazi estrelló su automóvil contra una multitud de manifestantes, provocando un muerto y 19 heridos. Trump, en vez de denunciar a los supremacistas blancos y condenar el hecho, se limitó a rechazar "el odio, el fanatismo y la violencia en muchos lados". Su deliberada falta de claridad fue un aliciente para los supremacistas. Una semana después, ante la Asamblea General de la ONU, abogó por una coalición de naciones para actuar contra las grandes amenazas globales, metiendo en un mismo saco a Corea del Norte, Irán y el terrorismo yihadista. Trump reclamó la “destrucción total” para Pyongyang y el posible fin del acuerdo nuclear para Irán. Añadiré que, a los cien días de su toma de posesión, el 24 de abril de ese mismo año, sus índices de popularidad eran muy bajos, los más bajos de los últimos seis presidentes en el mismo periodo de tiempo. Pero también hay que decir que, con esos trucos de conveniencia a que nos acostumbró, Trump se acabó reuniendo con el presidente de Corea del Norte, Kim Jong Un, en suelo norcoreano, en busca de un futuro apacible o más bien de una impactante propaganda mediática. Su gobierno terminó con el asalto al Congreso y la negación del resultado electoral hasta hoy día, para que le sirva de puente sobre Biden.

En cuanto al presidente Biden, los últimos meses no le han sido favorables. En noviembre, se constataba su caída de popularidad con un 51% de desaprobación, mientras los republicanos mostraban signos de recuperación.

Casualmente en esas circunstancias, al inicio del nuevo año comenzaron los problemas y los anuncios. El 19 de enero de 2022, el presidente de Estados Unidos sobrecogió a Europa afirmando que creía que Rusia invadiría Ucrania, añadiendo que pagaría por ello. Fue pocas horas después de que su secretario de Estado, Antony Blinken, alertara de que “Rusia tiene planes” en el sentido de incrementar la presencia de sus tropas junto a las fronteras ucranianas y que podría iniciar en poco tiempo una nueva agresión militar.

Llamada a la calma

Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, llamó a “identificar formas de resolver el conflicto a través del compromiso diplomático bilateral y multilateral, y presentando un frente transatlántico fuerte, claro y unido”. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, pedía desde el Parlamento Europeo a los miembros de la UE un plan de seguridad y estabilidad para aliviar las tensiones con Rusia.

Sin embargo, en España, la ministra de Defensa se ha apresurado a anunciar desde el primer momento el envío de material y hombres, con el aplauso de la derecha que sin duda desearía protagonizar algún papel en los acontecimientos. No me siento cómodo en ese entusiasmo bélico que ha marcado la titular de Defensa que viene a ofrecernos como voluntarios para lo que haga falta. España y la UE deben apostar firmemente por el diálogo y la negociación, en los que debe estar presente Ucrania, como reclamaba Josep Borrell. Los ciudadanos en Ucrania, en Rusia, en Europa, estamos demudados ante la posibilidad de un conflicto que solo traería dolor y muerte.

Quizás sea el tiempo de abandonar la política de bloques. El enemigo de mi amigo no tiene por qué ser un enemigo común. Más aún, mi amigo tendría que explicar con pelos y señales por qué él tiene ahora un enemigo y por qué ese tiene que ser también mi enemigo.

Los seres humanos debemos aprender de una vez por todas a gestionar nuestros intereses y resolver nuestros conflictos sin acudir a la violencia. Debemos buscar la armonía, entre nosotros y con la madre tierra, que bastantes problemas tenemos en este planeta tan maltratado como para añadir uno más. La violencia, y solo la violencia, debiera ser nuestro único y verdadero enemigo común.

Art. Opinión: Baltasar Garzón

Fuente: Infolibre

domingo, 19 de diciembre de 2021

Panamá: Las víctimas de la invasión aún esperan justicia.

 La invasión de Estados Unidos contra Panamá y sus consecuencias

Por: Olmedo Beluche (2017) 

1. La invasión perpetrada por el Ejército de Estados Unidos contra Panamá, el 20 de diciembre de 1989, fue un acto de extremada e injustificada violencia. Esta acción bélica, realizada contra una población completamente desprevenida, contó con los más sofisticados armamentos y con un elevado contingente de tropas.

En esta acción militar, que se ha conocido con el nombre de "causa justa", participaron 25,000 mil soldados norteamericanos. Además de las tropas normalmente acantonadas en las bases ubicadas en el área del Canal de Panamá, bajo las órdenes del Comando Sur, participaron en la invasión:

  • La 7ma. división de infantería procedente de Fort Ord-California.
  • Un batallón mecanizado de la 5ta. división de infantería acantonada en Fort Polk-Loussiana.
  • Una brigada de la 82a. división aerotransportada de Fort Bragg-Carolina del Norte.
  • Dos batallones rangers.

El sofisticado armamento del ejército estadounidense utilizado en la invasión a Panamá incluyó los últimos adelantos tecnológicos alcanzados por ese país en el "arte" de hacer la guerra, y que luego han sido usados masivamente en la guerra del Golfo Pérsico:

  • Bombarderos Stealth F-117.
  • Bombas de 2,000 libras.
  • Misiles Hell Five.
  • Helicópteros y lanzamisiles Blackhawk, Apache AH-64 y Cobra.
  • Aviones de asalto A-37.
  • Cañones de fuego rápido de 30 mm.
  • Vehículos HMMWV (Hummer) con ametralladoras de alto calibre.
  • Fusiles M-16 con mirilla infrarroja.

Diversos organismos de derechos humanos, entre los que podemos mencionar a la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDHU), consideran que tal despliegue de capacidad bélica, muy superior al armamento de las Fuerzas de Defensa panameñas, no sólo era injustificado, sino que es violatorio de la Convención de Ginebra (Protocolo I, título III, sección I) que "prohibe expresamente el empleo de armas, proyectiles, materias y métodos de hacer la guerra que causen males superfluos o sufrimientos innecesarios" (ALDHU, revista Tareas No. 78, pág. 12).

2.Los primeros objetivos militares de la invasión fueron los principales cuarteles de las Fuerzas de Defensa de Panamá, y las áreas civiles aledañas fueron las más afectadas, tanto por la acción directa de las tropas norteamericanas como por el saqueo posterior. Las áreas más afectadas fueron:

  • El Chorrillo, donde estaba el Cuartel Central.
  • San Miguelito, cuarteles de Tinajita y de la XI Zona Militar.
  • Panamá Viejo, cuartel del escuadrón UESAT.
  • Fuerte Amador, en el área revertida.
  • Aeropuertos de Tocumen y Paitilla.
  • Batallón 2,000 en Pacora.
  • Río Hato.
  • Fuerte José Domingo Espinar.

Según la Comisión Especial enviada por ALDHU a Panamá, entre el 21 y el 25 de febrero de 1990, y que estuvo conformada por prestantes figuras del continente, encabezadas por el jurista norteamericano Robert White: "...el bombardeo del Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa provocó el incendio generalizado y la destrucción de los barrios de San Miguelito y El Chorrillo" (Ibidem, pág. 15).


Al respecto ALDHU concluye que: "Algunos de los objetivos militares perseguidos por los invasores se encontraban dentro de zonas densamente pobladas. Este hecho obligaba a las fuerzas de ocupación a extremar las medidas de seguridad que garantizaran la vida y bienes de la población civil. Sin embargo, parece evidente que las medidas adoptadas por los norteamericanos privilegiaron la protección de sus propias vidas, aumentando el riesgo de la población invadida" (Ibid., pp 16-17).

Mapa de la invasión a Panamá


3.Esta negligencia del ejército norteamericano respecto a la población civil y sus bienes se manifestó con especial dramatismo en las cifras de muertos y heridos. Sin que se haya llegado a una estimación oficial respecto a este punto, los datos recabados por diversos organismos confirman el alto número de víctimas civiles producidas por la llamada "operación causa justa".

La Iglesia Católica panameña ha estimado que en la invasión se produjeron 655 muertes por el lado panameño, de los cuales 314 eran militares y 341 eran civiles. Ellos estiman los heridos en 2,007, de los cuales tan sólo 124 eran militares panameños (Panorama Católico 14/01/90).

Los datos recabados por el Instituto de Medicina Legal de Panamá registran 255 muertos y 93 desaparecidos. De los desaparecidos, 39 corresponden a militares y el resto son civiles. Por su parte, el Comité Panameño de Derechos Humanos contabiliza 556 muertos y 93 desaparecidos (Beluche, O. La verdad sobre la invasión, CELA, Panamá, 1991, pp 95-102). Otros organismos, como la Asociación de Familiares de los Caídos el 20 de diciembre de 1989, consideran que las víctimas deben "alrededor de 4,000" (Ibidem, pág. 102).

       Fosa común tras la invasión a Panamá


Tomando como válidos los datos aportados por la Iglesia Católica y relacionándolos con las cifras de víctimas norteamericanas, 26 muertos y 324 heridos de acuerdo al Comando Sur, nos muestra una alta cifra de 25 panameños muertos por cada norteamericano.

4.Otro de los aspectos en que ha quedado evidenciada la acción destructora de la invasión norteamericana sobre la población civil es el alto número de personas que perdieron sus hogares, y que han pasado a considerarse damnificados o refugiados de la invasión. De acuerdo a testigos presenciales, citados en diversas investigaciones, el combate más duro se produjo en el área residencial de El Chorrillo, comprendida entre las calles 25, 26 y 27, en las que habitaban más de 30,000 personas en un área que no excede de 20 hectáreas.

Encuestadas en el campo de refugiados montado en la Escuela Secundaria de Balboa, a donde fueron llevados inicialmente los chorrilleros evacuados, se contabilizaron 18,000 personas agrupadas en 2,800 familias que perdieron sus hogares en El Chorrillo. Allí fueron destruidos también 123 comercios de diversa índole. A las familias refugiadas de El Chorrillo, hay que agregar otras 48 familias que perdieron sus hogares por la invasión en la ciudad de Colón y un número no precisado de casas que fueron afectadas por los combates en San Miguelito.

El elevado número de hogares y edificaciones afectadas por la invasión demuestra que las tropas norteamericanas no hicieron el menor intento por limitarse a blancos militares, evitando daños a las vidas y bienes de la población civil panameña.


Bombardeo en la invasión a Panamá


Pese a las promesas del gobierno norteamericano de compensar los daños causados en las viviendas de estos refugiados, hay que señalar que los afectados se han manifestado insatisfechos con los trabajos de reparación y construcción realizados. Además de que consideran insuficiente la compensación monetaria de $ 800.00 que se les asignó (no a todas las familias) para que repusieran sus muebles y ropas pérdidas durante la invasión. En este sentido, el ex ministro de vivienda, Arq. Alfredo Figueroa, ha negado que Estados Unidos hayan pagado los 40 millones de dólares prometidos para reparar los daños hechos en El Chorrillo. Según él, sólo pagaron 22 millones de dólares (La Prensa, 8/4/91).

5.Respecto a los daños económicos causados por la invasión norteamericana a Panamá las estimaciones también varían de acuerdo a los criterios que se utilicen. En este aspecto, como con las pérdidas humanas, el gobierno nacional surgido con la invasión se ha negado a conformar una comisión especial que cuantifique, con parámetros consensuales, el monto total de las pérdidas.

Para algunos, como el economista Juan Jované, hay que incorporar a las pérdidas materiales producidas por la invasión, las pérdidas sufridas por la economía panameña por culpa de las sanciones económicas norteamericanas impuestas a partir de marzo de 1988. "Tan sólo en el primer año de sanciones, 1988, el producto interno bruto cayó en un 17.1 por ciento y los ingresos corrientes del estado bajaron un 44 por ciento..." (Beluche, Op. cit., pág. 104).

Dentro de las pérdidas sufridas en la propia invasión hay que considerar los daños directos causados por el enfrentamiento militar, sobre todo en las instalaciones públicas y de las FFDD, y los daños directos causados a propiedades privadas por la invasión y el saqueo que generó.

Hasta ahora no ha habido un informe oficial sobre las pérdidas globales sufridas por el estado panameño, como ya se ha dicho. El ejército norteamericano además de la destrucción directa causada a las armas e instalaciones de las FFDD, decomisó un enorme arsenal cuyo valor puede alcanzar varios millones de dólares, que debe computarse entre las pérdidas del estado panameño.

Como una muestra de las millonarias pérdidas sufridas por otras entidades del estado, basta mencionar que la Dirección de Correos y Telégrafos del Ministerio de Gobierno y Justicia estimó daños en 386,000 balboas. En el plano fiscal el estado dejó de percibir por lo menos 4 millones de dólares debido a la invasión, según el Prof. Roberto Méndez (Revista Tareas No. 74, pp 41-42).

En el sector privado, si bien en un primer momento el economista y empresario Guillermo Chapman estimó las pérdidas ocasionadas por la invasión en 1,500 millones de dólares, posteriormente el Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio de Panamá (CEECAM) ha dado cifras más pequeñas pero confiables. Esta información, que fue obtenida por el CEECAM a través de una encuesta aplicada a 1,147 empresas comerciales e industriales, estimó que se había perdido durante la invasión el 90 por ciento de los inventarios y un 10 por ciento de los activos fijos.

Según los datos de la CEECAM los comercios mayormente afectados por el saqueo producido durante la invasión-ocupación, fueron las ciudades de Panamá y Colón, en las que las tropas norteamericanas aniquilaron a las Fuerzas de Defensa panameñas. El interior de la república, donde casi no hubo combates, NO se registraron saqueos.

O sea, el saqueo se produce en las áreas que sufren directamente la invasión. Datos del CEECAM (Informe, mayo de 1990) revelan que las áreas más afectadas por el saqueo fueron, en ese orden: Calidonia, Bethania, Bella Vista, San Miguelito, Santa Ana y Juan Díaz. Según las sociólogas Lina Muñoz y Milagros Huerta, que citan el informe de CEECAM: "Las áreas más alejadas fueron las que menos sufrieron daños materiales...En cuanto a las áreas rurales, las mismas no sufrieron destrozo alguno." (Muñoz, L. y Huerta, M. Causas y efectos de la invasión a Panamá, pág. 145).

Los daños económicos a las empresas comerciales e industriales de las ciudades de Panamá y Colón han sido estimados por CEECAM en 432.1 millones de dólares. De los cuales 334.8 millones corresponden a mercancías perdidas, 67.2 millones a instalaciones físicas perdidas, 8.7 millones a materias primas, 21.4 millones se estiman en la categoría no especificada de "otros".

En cuanto a rubros específicos los datos de CEECAM señalan que se perdieron 58.7 millones de dólares en alimentos, 44 millones en el área de transporte, 11.9 millones de dólares en medicinas y productos químicos y 14.9 millones se perdieron en el área de la construcción. Tan sólo en la ciudad de Colón se contabilizan pérdidas por un monto de 68 millones de dólares.

A estos datos hay que agregar que la invasión produjo la pérdida directa de 15 mil empleos, los que se deben agregar a los 60 mil empleos perdidos en 1988 con las sanciones económicas. Esta situación elevó el índice de desempleo en el país a más del 30 por ciento de la población económicamente activa, lo que agravó las condiciones de miseria socioeconómica de cientos de miles de panameños. El Ministerio de Planificación calcula que la población que subsiste con ingresos inferiores al mínimo necesario para vivir sobrepasa el 40 por ciento de los panameños.

Recuperar el ritmo del crecimiento económico a los niveles previos a la invasión y a las sanciones económicas no será fácil para Panamá. Según Juan Jované: "En todo caso, las pérdidas producidas durante la invasión deberían ser sumadas a las generadas por la aplicación de las sanciones, dando como resultado un impacto total que ha sido calculado por varias fuentes en cerca de 4,000 millones de balboas. Esta cifra equivale a aproximadamente el 75 por ciento del valor total corriente del PIB de 1987".

Jované agrega que: "Esto significa que, sólo para volver al nivel absoluto de 1987, se necesitaría cerca de 3 años. Más aún se necesitarían aproximadamente 6 años y medio a esa alta tasa (del 20 %) para recuperar el nivel del PIB por habitante de 1987" (Economía Nacional: Balance y Perspectivas en 1991, Revista Este País No. 31).

6.Un aspecto poco estudiado hasta ahora es el impacto sicológico que la invasión produce en las mentes de decenas de miles de panameños, sobre todo en los que vivieron directamente el escenario del combate armado, como los chorrilleros, y los habitantes de los barrios aledaños a los cuarteles. Este impacto sicológico, que también podríamos llamar trauma, es la causa objetiva de muchos comportamientos anormales y de extremada violencia que vivieron los panameños los días y semanas subsiguientes a la invasión.

Nos dice la sicóloga Berta Jaramillo que: "Si impresionante fue ver horas y días después, y aún hoy, el área afectada... detengámonos a observar otro panorama: el de las vivencias de la gente que allí vivía". Y agrega: "El que vivió los momentos difíciles del día 20 de diciembre en este barrio, y que hoy experimenta sus efectos, te dirá: ¡tú no puedes comprender!... Esto es realmente cierto" (IDEN. Los efectos sicosociales de la destrucción de El Chorrillo, en El Chorrillo: situación y alternativas. pág. 74).

Definitivamente la invasión con su lógica de destrucción y muerte produce un trauma en la mente de miles de panameños. El hecho de enfrentarse a la destrucción repentina de las instituciones sociales que daban solidez a su existencia, desde las más íntimas como la familia y el hogar, hasta las instituciones públicas, son parte del impacto sicológico de la invasión. El sentimiento de temor, y muchas veces pánico, a perder la vida, puesta realmente en peligro; la ansiedad producida por no saber de la suerte corrida por familiares y amigos; la inseguridad respecto al futuro del núcleo familiar, si contará con medios para alimentarse, si será afectada su vivienda, si sus vidas están o no en riesgo; todos estos aspectos que sufrieron decenas de miles de panameños que habitan las ciudades de Panamá y Colón, forman lo que denominamos trauma de la invasión.

Para las sociólogas Lina Muñoz y Milagros Huerta los testimonios recabados en el transcurso de su investigación confirman el hecho traumático sicológico de la invasión. Según ellas: "La no comprensión de un hecho tan violento, en el caso concreto de los niños, obtiene resultantes negativas en los individuos: inseguridad, agresividad, conductas atípicas, apatía u obsesión ante determinada situación o actitudes suicidas incluso..." (Muñoz y Huerta. Op. cit., pág. 165).

Y agregan, las sociólogas Muñoz y Huerta, que estos comportamientos anómalos se manifiestan no sólo individualmente, sino que también se sufren colectivamente. "Colectivamente se crean conductas similares a las individuales, pero que crean rasgos distintivos de alienación; indiferencia colectiva, formación de líderes negativos (aquellos en los cuales se da la tendencia a agruparse o formar individuos sin conciencia moral, ni social, ni conductual)" (Ibidem, pág. 165).

La combinación de los efectos sicológicos con los efectos económicos de la invasión es la raíz en la que hay que buscar la explicación de la elevada criminalidad aparecida inmediatamente después del 20 de diciembre. Las cifras de crímenes ocurridos entre los meses de enero y febrero de 1990 revelan que se había producido un acontecimiento tan traumático, que había afectado el comportamiento social.

El gobierno de Estados Unidos es responsable, no sólo por los daños directos a la vida y bienes de los panameños, sino también es responsable por los daños psíquicos causados a la población, y por los daños materiales que personas emocionalmente afectas por la invasión hayan causado. El factor sorpresivo de la acción militar aumentó el efecto de este trauma. De haberse advertido a la población panameña, se habría evitado el impacto sicológico y muchos daños materiales. La principal diferencia entre las víctimas del ataque norteamericano en Iraq y en Panamá, es que los iraquíes sabían lo que iba a pasar, y hasta sabían cuándo iba a suceder.

7.Todos los testimonios, análisis e informes sobre la invasión señalan claramente que el saqueo generalizado de almacenes e instalaciones comerciales e industriales se produce después de que las tropas norteamericanas han atacado y liquidado a las FFDD de Panamá, y cuando éstas tienen bajo su control las áreas neurálgicas de la capital.

"Producida la ocupación militar del país-dice el informe de ALDHU-, destruidas las Fuerzas de Defensa, desarticulada la mínima resistencia inicial y apresados miles de ciudadanos, las ciudades de Panamá y Colón quedaron bajo el total control de las fuerzas de ocupación".

"En estas circunstancias se produjo el saqueo masivo de negocios, tiendas, mercados e incluso residencias particulares. Miles de personas participaron en estos actos, asolando los barrios comerciales y las propias viviendas, especialmente aquellas que habían sufrido el allanamiento previo de las tropas de ocupación" (ALDHU, Op. cit., pp 18-19).

Analizando respecto a quién compete la responsabilidad del saqueo masivo de los negocios en las horas posteriores a la invasión, el informe de ALDHU señala: "De cualquier manera, resulta evidente que, si una potencia extranjera invade un país, debe tomar las providencias y precauciones del caso para cautelar los bienes y la propiedad, máximo cuando, como en este caso, la invasión eliminó las Fuerzas de Defensa y dejó a la población desamparada".

Y prosigue: "Lo cierto es que las fuerzas de ocupación, teniendo el territorio panameño bajo su control y habiendo diezmado a las fuerzas de defensa panameñas adoptaron para sí la responsabilidad de garantizar la seguridad de la población. Esta obligación de las fuerzas ocupantes no fue debidamente observada al no controlar los saqueos ni proteger los bienes y la propiedad particular" (ALDHU, ibidem, pág. 19).

Reportaje completo en: https://www.aporrea.org/internacionales/a256575.html


lunes, 13 de diciembre de 2021

La masacre de El Mozote: un oscuro capítulo en la historia de América Latina

Por Alejandro I. López para Cultura Colectiva.

#ElSalvador #FMLN #ElMozote

El episodio más sangriento de la Guerra Civil en el Salvador fue protagonizado por el ejército. A pesar de las evidencias, la justicia por lo ocurrido en El Mozote aún no ha llegado.

La tarde del 10 de diciembre de 1981 la tranquilidad del pequeño poblado de El Mozote ubicado al norte de El Salvador, cerca de la frontera con Honduras, habría de esfumarse para siempre. El batallón Atlácatl, un grupo del ejército salvadoreño encargado de poner fin a la guerrilla y formado en la tristemente célebre Escuela de las Américas, conocida como el semillero de militares que inauguraron las dictaduras más sangrientas de América Latina, irrumpió en el poblado.

 Su objetivo, según la "Operación Rescate", era seguir toda huella del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), una organización política que había elegido la guerrilla como el medio para terminar con la precaria situación, pobreza extrema y la poderosa influencia de los Estados Unidos en la política nacional que vivía el Salvador.

Las poco más de 25 casas reunidas en torno a una plaza pública que conformaban El Mozote quedaron vacías ante la llegada de los militares, quienes exigieron a toda la población abandonar inmediatamente sus viviendas y concentrarse en la plaza. Una vez reunidos fueron interrogados por los soldados sobre las actividades de la guerrilla en la zona, obligados a encerrarse en sus casas y amenazados de muerte si a alguno se le ocurría salir a la calle durante el resto de la noche.


“Los soldados del Batallón Atlacatl llegaron el 10 de diciembre al caserío y obligaron a todos los habitantes a que salieran de sus casas y que se formaran en filas en la pequeña plaza del lugar. A la medianoche, se le ordenó a todos que regresaran a sus casas. El Mozote estaba atestado de gente, pues por el temor del operativo muchos otros moradores habían llegado a refugiarse. En total, se calcula que había entre seiscientas y ochocientas personas, la mayoría niños”.

La madrugada del 11 de diciembre el batallón repitió el protocolo inicial y recrudeció sus acciones a un punto sin retorno. Sin excepción, cada habitante de El Mozote se presentó en la plaza, donde fueron divididos entre hombres, mujeres y niños y encerrados por separado en la iglesia, en un sitio conocido como "el convento" y en distintas casas.


Comenzó el interrogatorio. Los soldados formaron a grupos de 5 personas para preguntar de forma intimidante todo lo que supieran sobre el movimiento insurgente. Con las técnicas de la Escuela de las Américas puestas en práctica en distintas dictaduras en el Cono Sur años atrás, el interrogatorio devenía en tortura para cada uno de los miembros del grupo.


 “En grupos de cinco y vendados y amarrados de manos, los hombres eran sacados de la iglesia y fusilados. Los pocos que quedaban agonizando eran brutalmente decapitados con golpes de machete en la nuca. A las doce del mediodía ya habían terminado de matar a todos los hombres. Mi esposo, Domingo Claros, fue uno de los primeros en morir. Iba en uno de los primeros grupos, pero comenzó a forcejear y le dispararon. Estaba vivo, un soldado se acercó y con un machete lo degolló. Las mujeres no corrieron mejor suerte. Los soldados entraron a la fuerza en la pequeña casa y comenzaron a seleccionar a las mujeres más jóvenes. La mayoría de madres se opuso, pero fueron sometidas con golpes de culata de fusil o a patadas”.


Una vez finalizado, asesinaban a todos para borrar cualquier evidencia. La cruel escena se prolongó durante horas. La plaza, el convento y la iglesia veían pasar ríos de sangre y un montón de cuerpos apilados mientras la masacre continuaba. Los militares fueron especialmente sádicos con las mujeres y los menores. Muchas de ellas fueron violadas y posteriormente decapitadas.



“Algunas, para horror de los niños y las mujeres, fueron asesinadas en el mismo lugar. Las jóvenes fueron llevadas a las afueras del caserío para ser violadas. Un testigo que ha permanecido en el anonimato durante todo el proceso de investigación, un hombre obligado a servir como guía por los oficiales del Atlacatl, reconoció que las adolescentes fueron violadas durante todo ese día. Los soldados hablaban sobre las violaciones. Contaban y bromeaban sobre lo mucho que les habían gustado las niñas de doce años. Después de violarlas, los soldados las mataban a tiros o las decapitaban. Las mujeres fueron asesinadas con el mismo método practicado a los hombres: se les transportaba en grupos de cinco y se les fusilaba; posteriormente se decapitaban los cadáveres o a las agonizantes".

El crimen se repitió en otras localidades vecinas de El Mozote durante al menos tres noches. Se trata de la matanza más sanguinaria en la historia de América Latina y un hecho sin precedentes en el que un ejército masacró sin piedad a la sociedad civil desarmada, sin enfrentamiento alguno.

El único testimonio de primera mano de aquellos días de 1981 es el de Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre, quien contó una y otra vez cómo asesinaron a su esposo y cuatro hijos en espera de justicia; sin embargo, el gobierno salvadoreño negó sistemáticamente la masacre y sepultó cualquier posibilidad de investigación en 1993, cuando la Ley de Amnistía General promulgada meses atrás cerró el caso con total impunidad. Después de 36 años de la masacre, a inicios de 2017 se esbozó una posibilidad para hacer justicia, luego de que un tribunal salvadoreño reabriera el caso, medio año después de la anulación de la ley que apostó por el olvido y la muerte.

Fuente: culturacolectiva


lunes, 15 de febrero de 2021

Vicecanciller boliviano y crisis en la frontera con Chile: “Sacando militares y policías no vamos a resolver el tema de la migración”

 

Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores, Bolivia.

En entrevista con Ex-Ante, el vicecanciller Freddy Mamani afirma que el problema de los migrantes debe tratarse de manera integral y no enfocarse solo en los venezolanos. Dice que los cancilleres de Chile y Bolivia han conversado sobre el tema, que esperan impulsar una reunión técnica entre ambos países para buscar soluciones y propone hacer lo mismo con Perú y Venezuela. Y responsabiliza “a las acciones unilaterales de Estados Unidos”, sobre todo de Trump, por el éxodo de venezolanos.

¿Hay preocupación del gobierno boliviano por el creciente flujo de migrantes venezolanos por su país?

Consideramos que el tema de la migración es un proceso que se ha dado siempre en la historia de la humanidad. Como Estado hemos dicho que debemos darle importancia a las principales causas que genera una migración forzada, ya sean conflictos bélicos, intervenciones militares o el cambio climático. En el caso de Venezuela esta crisis migratoria ha sido provocada por las acciones unilaterales del Gobierno de Estados Unidos, sobre todo del Gobierno de Trump. Por eso las personas buscan fuentes de trabajo y mejores oportunidades.

“Partiendo desde ese contexto, este desplazamiento de personas en números elevados a lo largo de las fronteras, que muchas veces pasan por lugares no autorizados, genera preocupación en todos los países de la región. También, por la situación de los migrantes, sin importar la nacionalidad de estos, consideramos en Bolivia que el tema de la migración es un tema global y también tenemos que verlo desde un punto de vista de desarrollo social y económico. La migración no es solamente de venezolanos”.

¿Su gobierno ha tomado contacto con Venezuela y con Chile para abordar esta situación?

Hemos tomado contacto [con las autoridades chilenas] a iniciativa del Gobierno de Chile. Nuestro canciller se ha comunicado telefónicamente para abordar el tema. Personalmente he tenido contacto con la vicecanciller chilena Carolina Valdivia para abordar este tema, tener una reunión técnica y explorar algunas posibles acciones integrales, para no solo enfocarnos en el tema de la migración venezolana, porque ahí estaríamos generando también algo de racismo y discriminación.

“Nosotros no creemos que sacando militares y policías a las fronteras vamos a resolver el tema de la migración. Eso tenemos que entenderlo. De la misma manera, tendremos algunas reuniones probablemente en el futuro con Perú y también con Venezuela, porque es uno de los actores en este tema en particular”.

¿Acordaron algunas medidas en conjunto con el Gobierno chileno?

Estamos analizando. Vamos a tener en el futuro cercano una reunión técnica con las instancias correspondientes. Obviamente ahí tiene que estar Migración de ambos países, las direcciones consulares y probablemente las Fuerzas Armadas y policías para trabajar integralmente el tema.

Usted dice que no es un tema de desplegar policías y militares en las fronteras. Pero considerando que estamos en pandemia, ¿es posible que Bolivia aumente el control de sus límites, para impedir el movimiento de los migrantes?

El tema de la migración es uno de los temas que vamos a abordar, porque el aspecto de la salud también lo tenemos que desarrollar, pero sin tomar en cuenta, en particular, el tema de Venezuela.

¿Qué cifras o estadísticas tiene del ingreso y salida de venezolanos en Bolivia?

La Dirección General de Migraciones de mi país maneja los ingresos y salidas de los ciudadanos de las distintas nacionalidades. El Ministerio de Relaciones Exteriores no es responsable de ese tema.

Los venezolanos que ingresan a Bolivia, aparte de los intentan llegar a Chile, ¿también siguen camino hacia Brasil y hacia Argentina?

La información que tengo es que pasan a Chile y una pequeña parte lo hace a Argentina.

¿Qué medidas está tomando su gobierno por la situación que se está viviendo en la localidad boliviana de Pisiga, donde hay venezolanos a la espera de poder cruzar a Chile? ¿Se está considerando instalar ahí un campamento móvil para acoger a los venezolanos?

Se están coordinando algunas acciones internas, obviamente con Migración, con las Fuerzas Armadas, con la Policía, dependiendo de la situación, para ver estos temas. Entiendo que nuestras instituciones han estado en la frontera también viendo, y lo que se ha reflejado en la prensa no era tan complicado. Pero de todas maneras ya se han desarrollado algunas acciones para ver de una manera integral el tema.


El senador chileno José Miguel Insulza dijo en entrevista con Ex-Ante que la única posibilidad “de controlar un poco” esa inmigración irregular “es conversarlo con Bolivia, pero no existe puente con Bolivia en estos temas. […] El tema es la carencia de relaciones”. ¿Concuerda con esa apreciación?

Hay que buscar algunas alternativas de diálogo y coordinación sobre temas que obviamente tienen que ver, porque el tema de la migración tiene que enfocarse desde el punto de vista de los derechos humanos. Ese debe ser el punto de partida y con eso tenemos que sentarnos para trabajar de manera integral y conjuntamente, e identificando las causas.

“Es importante mencionar que, si en el futuro logramos desarrollar alguna reunión técnica entre Chile y Bolivia, que estamos trabajando en ese nivel, también la deberíamos tener con Perú y, sobre todo, con Venezuela. Si excluimos a alguien, obviamente, no es tan conveniente, desde el punto de vista de que somos sudamericanos. Creo que tenemos que integrarlos a todos para trabajar de manera integral”.

Fuente: ex-ante.