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lunes, 27 de junio de 2022

El silencio condena a Julian Assange

Art. Opinión: Baltasar Garzón

Confieso que la angustia que me ha asolado en los últimos meses vuelve hoy con fuerza. Es por Julian Assange. Me explico: estoy convencido de que su equipo de abogados vamos a conseguir parar esta extradición bendecida por el gobierno de Boris Johnson. Pero las noticias que me llegan desde la cárcel de máxima seguridad Belmarsh, donde se encuentra desde su expulsión de la embajada de Ecuador el 11 de abril de 2019, me lleva, al igual que a la magistrada del Tribunal Penal Central de Londres, Vanessa Baraitser –que en enero de 2021 rechazó la extradición a Estados Unidos aunque por razones bien diferentes–, a pensar que algo terrible puede ocurrir si la decisión se lleva a efecto. Baraitser alegó para rechazar la exigencia de la poderosa Norteamérica que existía un alto riesgo de que Assange optara por el suicidio en esa hipótesis. “La salud mental del Sr. Assange se halla en tal estado que resultaría agobiante para él ser extraditado a Estados Unidos” dictaminó.



Imagino, porque le conozco bien, lo que debe estar pasando por la cabeza de Julian. Padre de dos hijos, que concibió en un estado irreal, durante su encierro obligado de casi siete años en la embajada de Ecuador; con un absoluto convencimiento de que su acción de desvelar las cloacas del imperio era no solo justa, sino indispensable para el funcionamiento democrático de la sociedad en cada rincón del mundo, Assange está recluido en condiciones aterradoras, con la incertidumbre de lo que vaya a venir. Y está solo.

Mi desazón viene también de esa soledad que no se debe en exclusiva a las paredes del presidio. Va más allá. Recapitulo: Estados Unidos no perdona que Assange, mediante WikiLeaks, hiciera públicos miles y miles de documentos militares y diplomáticos de carácter confidencial, denunciando torturas y crímenes de guerra por parte de responsables militares de ese país, así como de filtraciones de las comunicaciones entre embajadas USA, con Gobiernos y servicios de información en todo el mundo.

Le acusan de cometer 18 delitos, de los cuales 17 se enmarcan en la Ley de Espionaje de 1917, cuando en la primera Guerra mundial se perseguía a los espías, y otro más en relación con la supuesta ayuda a la militar Chelsea Manning para utilizar los ordenadores de donde, se supone, salió la información. El delito se basa en la publicación de los diarios de guerra de Irak y Afganistán en 2010; los cables del Departamento de Estado y los archivos de Guantánamo. En gran parte de ellos, se evidenciaba la comisión de crímenes de guerra, torturas sistemáticas y una recua de crímenes internacionales.


La basura del imperio

Buscaron una argucia, las acusaciones en los tribunales suecos de una presunta violación, acusación que acabó durmiendo el sueño de los justos. Era un primer artificio para extraditarle a Estados Unidos. En el fondo otra excusa, la de hackear ordenadores, punto intermedio para llegar hasta la acusación de conspiración por parte de una Corte estadounidense. Como el calamar, EEUU va lanzando tinta sobre el objetivo principal, para camuflarlo. Pero en esas trampas late la sinrazón.

La pesadilla que está viviendo Assange desde que, gracias al entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa, pudo refugiarse en la embajada de ese país, la puso de manifiesto el relator de la ONU contra la tortura Nils Melzer y también el Grupo de trabajo de detenciones arbitrarias de la ONU y el relator de salud de esa misma organización de Naciones Unidas, mediante informes contundentes.

Su equipo de defensores hemos sufrido también la persecución y el espionaje de quienes trabajan para ese sector oscuro de EEUU que no puede permitir que salgan a la luz las fechorías que perpetran. Los mismos que incitaron al presidente Donald Trump –quien no necesitaba que se le insistiera demasiado– en prohibir la entrada de la fiscalía de la Corte Penal Internacional en el país o hacer la vida difícil a ellos y a sus familias residentes allí por investigar los presuntos crímenes en Afganistán o en Palestina. El imperio basa su estilo de vida en meter bajo la alfombra la basura propia, para que no enturbie los negocios.

En la Audiencia Nacional española se está realizando un trabajo ímprobo en circunstancias nada fáciles para aclarar ese espionaje a los abogados de Assange. El juez instructor, Santiago Pedraz, y el fiscal Carlos Bautista buscan aclarar la presunta colaboración que habría prestado la empresa de seguridad española UC GLOBAL, al cargo de la seguridad de la Embajada de Ecuador en Londres, a la inteligencia de Estados Unidos. Analizan la colocación de dispositivos de grabación en audio y video ocultos, así como la copia de documentos de identidad de los visitantes con destino a un servidor que compartía desde España la información con la inteligencia norteamericana. Han cooperado judicialmente Francia, Italia, Grecia, Australia, Holanda, entre otros países como Alemania solicitando la información que haya afectado a sus ciudadanos. Curiosamente, poco de esto se ha conocido en prensa. La última comisión rogatoria del juez Pedraz supone solicitar la declaración del ex director de la CIA Mike Pompeo, entre otros, un acto valiente en los tiempos que corren y con los importantes poderes implicados.


¿Quién le apoya?

La primera parte de mi desazón se basa, como digo, en la situación que tiene ahora Julian y la incertidumbre de su futuro, pero el desasosiego adquiere tintes de congoja cuando miro alrededor y no veo grandes muestras de apoyo de aquellos mismos que han podido utilizar las revelaciones obtenidas gracias al trabajo del periodista y que se llenaron la boca en algún momento con la defensa de la libertad de prensa, extremo que en efecto se dirime en la base de este proceso, pero que ahora parece que se ha olvidado, empezando por los propios medios informativos. Esta visión que me inquieta la comparto con periodistas de convicciones firmes, como el propio director editorial de infoLibre, Jesús Maraña, profesional que da muestra a diario de enarbolar la bandera de la libertad de expresión, y también con algunos otros profesionales de medios que han hecho gala de la misma creencia.

¿Pero por qué se levantan tan pocas voces? Leo que los principales sindicatos de prensa internacionales han llamado el miércoles pasado desde Ginebra a liberar a Julian Assange en nombre de la libertad de prensa y eso me reconforta. Deseo poder hacerle llegar la noticia –no pueden imaginar la dificultad para acceder al recluso incluso para nosotros, sus abogados- y que al menos le suponga un consuelo.

Desde el mundo político, en Europa se ha pronunciado Jean-Luc Mélenchon quien ha afirmado que, si es designado primer ministro, “el señor Julian Assange, creo que lo ha solicitado, será naturalizado como ciudadano francés y pediremos que sea evacuado a nuestro país". La vicepresidenta argentina, Cristina Kirchner de inmediato se expresó en contra: "La decisión de habilitar la extradición de Julian Assange no solo pone en peligro su vida sino que además marca un precedente alarmante para todos los y las periodistas del mundo que investigan y buscan la verdad: disciplinamiento periodístico para todos y todas", como también lo hizo el presidente Alberto Fernández. El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y líder del PT, manifestó que Assange es un héroe de la libertad de prensa y debería estar libre: “La persecución contra él, su prisión y la amenaza de extradición deberían indignar a todos los demócratas del mundo".

Fue el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel quien tras afirmar que “Assange no es un delincuente ni un espía, sino un hombre que entregó al mundo información sobre graves violaciones de los derechos humanos”, manifestó su extrañeza porque considera que pocas voces se levantan en su apoyo: “Sería muy trágico para la libertad de prensa que se cumpla esta condena, es una condena a muerte”,

Entre las reacciones más recientes contra la extradición de Assange, figura además la del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien está decidido a pedir al presidente Biden que se ocupe de este asunto. AMLO, como se le conoce coloquialmente, manifestaba el martes en la rueda de prensa que realiza cada mañana, su convencimiento de que atender tal solicitud “va en contra de grupos duros, severos que hay en Estados Unidos, como en todos los países, pero también debe de prevalecer el humanismo”. El presidente mexicano ya había intentado esta gestión con Donald Trump, al final de su mandato. “De acuerdo con las leyes de Estados Unidos tienen esa facultad los presidentes para emitir decretos, para liberar a presos, para indultar…”. AMLO hizo reproducir un video de WikiLeaks sobre el asesinato de periodistas por parte del ejército estadounidense en Irak. “Es por esto que está en esta situación”, explicó a los medios informativos. Aseguró que México le abre las puertas a Assange y que “desde luego” considera concederle la nacionalidad mexicana.

Después añadió algo que me parece fundamental. Dijo textualmente: “Naciones Unidas debe pronunciarse, todas las organizaciones de defensa de derechos humanos deben pronunciarse. No puede haber silencio”.

Ahí es donde me di cuenta de lo que provoca mi desconsuelo: el silencio, la falta de pronunciamiento de gobiernos democráticos, de instituciones, de prensa, de gente que cree en defender los derechos fundamentales entre los que se encuentra el básico de informar y el de que la ciudadanía reciba información. La información es lo único que puede frenar a los sátrapas, defender a los vulnerables y evitar que se atropelle la verdad. Si es extraditado mientras todos callamos, seremos cómplices de que la impunidad triunfe. El silencio condena a Julian Assange.

Fuente: Infolibre.es

miércoles, 22 de junio de 2022

“En busca del tiempo perdido” IX Cumbre de las Américas

 

por Daniel Barrios

 

Nada une a Joe Biden y  Marcel Proust.  Sin embargo el presidente de los Estados Unidos parece haber pedido en préstamo al celebre novelista francés  el titulo de su obra maestra y una de las cimas de la literatura universal del siglo XX, para sintetizar su principal objetivo para  la IX Cumbre de las Américas que se celebró la semana pasada en la ciudad de Los Ángeles.

 


Durante 4 días el Teatro Microsoft  - uno de escenarios cerrados más grandes de Norteamérica , debía ser el gran palco para que el país anfitrión comenzara a buscar el tiempo (y la credibilidad) perdido en los últimos años  en sus relaciones económicas y también políticas con el resto de los países de la región.

La Cumbre de las Américas son las reuniones de jefes de Estado y de gobierno de los países de América y fue pensada por Estados  Unidos como el momento más importante para coordinar estrategias diplomáticas y comerciales a nivel continental.

La primera tuvo lugar en Miami en 1994 durante la primera presidencia de Bill Clinton , donde EEUU propuso la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un proyecto estratégico que abarcaba a todos los países del continente americano, con excepción de Cuba y que debía comenzar 10 años después.

Sin embargo bajo la consigna de “¡No al ALCA!", muchos gobiernos, partidos políticos, organizaciones sindicales y sociales, lograron paralizar su  puesta en marcha en la IV Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata en noviembre de 2005, fecha que aún se festeja en muchos países de la región como una de las mayores derrotas infringidas a la Casa Blanca, entonces pcuàda por George Bush.

Las dificultades de la IX Cumbre  para encontrar el tiempo perdido fueron evidentes aún antes de que se inaugurara. A menos de 3 días de la ceremonia de apertura no existía la lista de participantes confirmados sino anuncios de boicot y desacuerdos abiertos sobre quién debía o no ser invitado. Es difícil recordar una cumbre internacional tan caótica y con una preparación tan poco profesional.

La piedra del escándalo fue la decisión unilateral e inconsulta de Washington  de excluir de la cita continental a los presidentes Nicolás Maduro de Venezuela, Miguel Díaz-Canel de Cuba y Daniel Ortega de Nicaragua, por considerarlos dictadores.

Dicha decisión fue repudiada por los presidentes López Obrador de México, Luis Arce de Bolivia y Xiomara Castro de Honduras; quienes ante la negativa de Estados Unidos de revocar esa decisión, finalmente desertaron a la cumbre.

24 horas antes del inicio , el presidente mexicano acusó a Biden y  a su vice Kamala Harris de adoptar la vieja política de intervencionismo, de falta de respeto a las naciones y a sus pueblos

Aún entre los mandatarios  presentes, entre ellos , Johnny Briceño de Belice y Alberto Fernández de Argentina en sus intervenciones  repudiaron la postura estadounidense de decidir cuáles países podían o no ser parte de la Cumbre de las Américas, además de criticar abiertamente la posición de Estados Unidos sobre las sanciones a Cuba y Venezuela.

"Definitivamente hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un 'derecho de admisión' sobre los países miembros del continente", enfatizó el presidente argentino en un tramo de su discurso de 8 minutos.

Finalmente acudieron a la cita 23 países, algunos sin sus presidentes,  que,  comparado con los 34 jefes de estado que participaron en la cumbre anterior de Lima, hace  aún más evidente el fracaso diplomático del país organizador. Para un país que supo ser el líder hegemónico de la región, hospedar un conclave continental que será recordado por las ausencias y no por las presencias, más que de un revés  político se trató de una  verdadera humillación.

La democracia es el sello distintivo de una Carta Democrática Americana que surgió de la tercera Cumbre de las Américas, que capta nuestro compromiso único con la democracia como región, subrayó Biden en su discurso inaugural. Nos reunimos de nuevo hoy en un momento, en el que la democracia está siendo atacada en todo el mundo, y renovamos nuestra convicción de que la democracia no solo es el rasgo definitorio de la historia de América, sino también un ingrediente esencial de su futuro, agregó.

Como lo hiciera en sus visitas a Europa y recientemente en gira por Asia, esta vez fue el turno de las Américas para subrayar que el santo y seña de la política exterior de Washngton  es la unidad de las democracias frente a las autocracias, particularmente China que,   como proclamara recientemente el secretario de estado Antony Blinken  es el único país que tiene tanto la intención de reestructurar el orden internacional como la creciente capacidad económica, diplomática, militar y tecnológica para hacerlo.

Este martes, en un encuentro de 4 horas en Luxemburgo entre  Yang Jiechi, miembro del Buro Político y director de la Oficina de Relaciones Exteriores del Partido Comunista de China, y Jake Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional  del presidente Bide,  el dirigente chino volvió a subrayar que una de las condiciones para normalizar las relaciones entre ambas potencias es  que  la revitalización de las alianzas internacionales (que se propone EEUU) no fueran contra China

Cada día es más evidente que, desencriptada su retórica,   el EEUU esta de regreso lanzado por Biden desde antes de asumir la presidencia, , es un llamado a sus aliados históricos  para conformar un frente de las democracias  para aislar a China y así restaurar el orden internacional hegemónico que dominó el mundo a partir de la implosión de la Unión Soviética.. Es ese y no otro  el tiempo perdido que EEUU busca restaurar.

De la misma manera, la propuesta  de la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica  - que para Washington es un nuevo acuerdo histórico para impulsar la recuperación y el crecimiento de la economía de todo el continente americano -  no es otra cosa que una nueva iniciativa para contrarrestar los avances en América  Latina y el Caribe de + de la Franja y la Ruta , el mega proyecto presentado  en 2013 por el presidente chino Xi Jinping, para impulsar corredores económicos, tecnológicos, políticos y sociales entre distintos países del mundo.

La Asociación,  según sus impulsores reconstruirá nuestras economías, y pretende  consolidar las cadenas de suministro, fomentar la innovación en el sector público y privado e incentivar las inversiones que permitan combatir el cambio climático son los propósitos de esa alianza.

Además de estos enunciados que muchos de los participantes consideraron  genéricos  y recortados para lograr los necesarios consensos, Estados Unidos también prometió  reforzar los bancos de desarrollo de la región, en particular el Banco interamericano de desarrollo y la corporación andina de fomento, y    que el  Banco Mundial, den la debida prioridad a la región.

Aún sin declarado  Biden es el primero en saber que el tiempo perdido  por Washington fue el  tiempo ganado  por Beijing en la región. Y las estadísticas son de una  elocuencia abrumadora.

Desde el sorpasso en 2018 , durante la presidencia de Trump, China  ha ampliado la brecha con Estados Unidos año tras año y, salvo México, su principal socio comercial en la región, el gigante asiático  ha superado, en términos comerciales,   a Estados Unidos en el resto de los países de América Latina. 

Según datos del ministerio de Comercio de la República Popular  las exportaciones e importaciones entre ésta y la región se multiplicaron por 25 en los últimos 19 años y alcanzaron en 2021 un récord de 451.600 millones de dólares,  con un aumento del 41.4% desde el inicio de la pandemia.

21 países de la región han adherido a la iniciativa de la Franja y la Ruta, donde operan más de 2700 empresas chinas. Uruguay, durante la presidencia de Tabaré Vazquez fue el primer país de América Latina en firmar el protocolo de ingreso.

América Latina  es hoy el segundo destino de las inversiones chinas, con una cifra que a finales del año pasado superaba los 450.000 millones de dólares , y a pesar de los esfuerzos de las embajadas de EEUU para convencer que Beijing  utiliza las inversiones  para crear trampas de deuda para los países receptores.

Además de la nueva alianza económica,  el otro gran tema de la cumbre debía ser la migración que, como consecuencia de la crisis económica provocada por la pandemia esta adquiriendo las proporciones de un éxodo bíblico. Mientras Biden estaba reunido con sus homólogos en California, una caravana de miles de migrantes se dirigía  al norte de México con la esperanza de cruzar hacia Estados Unidos, Un significativo ejemplo de los problemas fronterizos que han caracterizado su presidencia.

A último momento y luego de horas de discusiones, EEUU logro un acuerdo migratorio, que incluye  una referencia a facilitar la devolución de inmigrantes sin papeles a cambio de financiación para otros países de destino, de compromisos de acogida de refugiados y de abrir vías para la regularización, la inmigración legal y la de trabajadores temporales.

Según los expertos eso no va a aliviar a corto plazo la presión de una crisis migratoria sin precedentes, muchos dudan sobre la implementación de esa responsabilidad compartida que proclama el documento  y otros recuerdan que los presidentes México, El Salvador, Guatemala y Honduras - que representan el  66 % de la migración ilegal en la frontera con Estados Unidos - , decidieron no participar  a la cumbre como señal de protesta y se hicieron representar por sus respectivas cancillerías.

Un puñado de declaraciones de buenas intenciones, el anuncio de una nueva asociación económica y un acuerdo para regular la migración legal y frenar la ilegal, suscrito solo por 20 de los 35 países de la región, es un resultado demasiado magro para   el objetivo de recomponer el liderazgo de Estados Unidos en la región que durante décadas  fue su patio trasero.

Para Biden  la IX Cumbre   fue un paso en la dirección correcta, pero tendremos que esperar a la próxima cumbre para medir nuestro progreso.

También hubo que esperar 15 años entre la publicación de la primera y la séptima y última parte de la monumental novela de Proust,: El Tiempo Recobrado. Biden recién empieza a escribir su novela  y el  tiempo que se propone recobrar es extremadamente difícil, más bien imposible. 

lunes, 15 de marzo de 2021

Migración a Estados Unidos: ¿qué ha cambiado realmente Biden en la frontera con México?

En la campaña electoral, Joe Biden se comprometió a reformar el sistema migratorio estadounidense, "tomando medidas urgentes" para acabar con las políticas de Donald Trump.


Al llegar a la presidencia en enero, el demócrata ordenó la reunificación de los niños migrantes con sus familias, puso fin a la construcción del muro fronterizo y pidió revisar de los programas de inmigración legal cancelados por su predecesor.

Pero a aquellos que buscan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos, el gobierno de Biden les pidió paciencia y dijo que su administración necesita tiempo para prepararse para gestionar la llegada de personas.

"No estamos diciendo 'no vengas'", dijo esta semana el principal funcionario de seguridad nacional de Biden, Alejandro Mayorkas. "Estamos diciendo 'no vengas ahora'".

Aquí te presentamos lo que Biden hizo y no hizo hasta ahora y en qué se diferencia de Trump en materia de migración.

Depende de a quién le preguntes, pero los números definitivamente están aumentando. En enero, el mes en el que Biden asumió el cargo, 5.871 niños no acompañados cruzaron la frontera -comparados con los 4.995 de diciembre- según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CPB, por sus siglas en inglés).

Y la CPB informó de un promedio de casi 3.000 arrestos por día en enero, en comparación con menos de 30.000 durante todo un mes el año pasado.

Sin embargo, el gobierno de Biden cuestionó que todavía haya una "crisis" en la frontera.

"La respuesta es no", dijo el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, a un periodista esta semana. "Creo que hay un desafío en la frontera que estamos manejando", añadió.

Y el repunte sigue siendo modesto en comparación con 2019, cuando los agentes fronterizos retuvieron a más de 76.000 menores no acompañados.

Pero la presión está aumentando en la frontera sur y algunos informes sugieren que las cifras van camino de superar los máximos históricos de ese año.

A puerta cerrada, los comentarios de Mayorkas sugieren que él podría estar de acuerdo con esto.

El mes pasado, dijo a agentes de alto rango en la frontera que "se preparen ahora para las oleadas en la frontera", según los correos electrónicos obtenidos por el diario The Washington Times.

¿Son los niños no acompañados retenidos?

Sí.

Mientras estaba en el cargo, Donald Trump causó indignación por las condiciones dentro de las instalaciones fronterizas que en las que se internan a menores.

Las imágenes del interior de los centros de detención mostraban a niños hacinados en jaulas de metal, otros durmiendo bajo mantas de papel de aluminio.

Algunas de estas instalaciones de la era Trump, ahora renovadas y mejoradas, se están utilizando nuevamente.

Hasta ahora, Biden sigue con la política de emergencia del coronavirus de la era Trump, que permite a las autoridades estadounidenses expulsar a casi todos los inmigrantes indocumentados que buscan ingresar al país, pasando por alto las leyes y protecciones migratorias habituales.

Pero a diferencia de Trump, Biden decidió permitir la entrada de niños y adolescentes migrantes.

En la actualidad, unos 200 niños migrantes cruzan la frontera cada día y miles de menores fueron retenidos en la frontera suroeste del país en las últimas semanas y enviados a centros de detención.

El lunes, Mayorkas dijo que los menores son retenidos por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para "procesarlos" por un máximo de 72 horas.

Luego, los niños son entregados al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, en inglés) "para atender las necesidades de esos niños", afirmó Mayorkas, incluida la investigación de las familias que albergarán a los niños mientras sus casos son adjudicados a un tribunal de inmigración.

El HHS retiene a niños y adolescentes durante un mes en promedio, detalló.

¿Cuál es la defensa de Biden?

Los grupos de derechos humanos y miembros del propio partido de Biden criticaron la decisión de mantener a los niños bajo la custodia del gobierno durante las semanas o meses que lleva el proceso de selección de las familias de acogida.

Algunos de los críticos de Biden aseguran que el proceso se remonta a las políticas de la era Trump y que el principal cambio es que los niños permanecen detenidos durante menos tiempo bajo el gobierno del presidente Biden.

Mayorkas desentimó las comparaciones con los programas de inmigración de Trump, diciendo que son "absolutamente inexactas" y que su departamento estaba actuando en el "mejor interés" de los niños migrantes.

Pero algunos activistas dicen que, dado que la mayoría de los niños llegan con planes de reunirse con las personas que los van a acoger, generalmente amigos o familiares, deben ser transferidos de inmediato a su guarda.

¿Qué está pasando con el programa Permanece en México?


En el primer día de mandato de Biden, el Departamento de Seguridad Nacional suspendió una polémica política de la era Trump que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en México sus audiencias de inmigración en Estados Unidos.

Alrededor de 70.000 migrantes se inscribieron en los Protocolos de Protección al Migrante (PPM), conocido informalmente como el programa "Permanecer en México", desde que se puso en práctica en enero de 2019.

El mes pasado, el gobierno de Biden comenzó a procesar gradualmente a estas decenas de miles de personas que esperan en México, permitiéndoles ingresar a Estados Unidos mientras se realizan las audiencias de sus casos.

Aún así, funcionarios de Biden enfatizaron que los migrantes no deberían intentar ingresar a Estados Unidos en este momento, diciendo que se necesita más tiempo para reconstruir los sistemas de asilo que, dicen, fueron desmantelados por Trump.

"Un mensaje para las personas que están pensando en venir a nuestra frontera: deben esperar", aseguró Mayorkas el lunes. "Se necesita tiempo para reconstruir el sistema desde cero", agregó.

¿Qué pasa con las personas indocumentadas que ya están en EE.UU.?

El gobierno de Biden tomó varias medidas para reformar el sistema legal de inmigración del país.
Propuso un importante proyecto de ley de inmigración que ofrecería un camino de 8 años hacia la ciudadanía a los aproximadamente 11 millones de indocumentados que están en el país.

La legislación también brindaría protección permanente a los jóvenes migrantes que se acogieron al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (Daca, por sus siglas en inglés), conocidos como Dreamers.

Estas políticas a favor de la inmigración, que aumentarían en gran medida la inmigración legal basada en la familia y en el empleo, enfrentará una gran oposición en el Congreso, no solo de los republicanos sino también de algunos demócratas moderados.

Fuente: BBC Mundo