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lunes, 24 de agosto de 2015

Los rescates de Kozak


Juan de Dios Parra, secretario general de ALDHU valoró el reconocimiento que realizó el Senado de Chile hace algunos días, al entregar la nacionalidad por gracia a Roberto Kozac. La distinción fue hecha como una forma de agradecer y destacar su aporte como defensor de los derechos humanos de miles de ciudadanos chilenos luego del golpe militar que enfrentaron en el año 1973.

"La historia de Kozac es digna de cualquier guión de cine, y nos muestra lo mejor del ser humano en tiempos de adversidad, aún a costa de su propia seguridad" dijo Parra, quien recordó los duros años de dictadura y la gran labor desempeñada por este ciudadano reconocido por el Estado de Chile.

LOS RESCATES DE KOZAC.

Hace 40 años, Roberto Kozak asumió la tarea de sacar de Chile a la mayor cantidad de presos políticos posible, como director del Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME). Más de 30 mil personas salieron del país gracias a sus esfuerzos. Hoy, viendo parte de su obra reflejada en el trabajo artístico de su hijo, reflexiona sobre esos años.

“El padre es el hijo, y el hijo es el padre”, le dirían después a Nikolai y todo haría sentido. Pero en este momento, su padre, Roberto, estaba haciendo algo que a él, al hijo, lo desencajaba. Era enero de 2010 y acababan de llegar a la explanada del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, que ese día se inauguraba. Bajo el sol, un mar de gente esperaba la ceremonia. De repente, su padre miró a una persona entre todos esos cientos y la otra persona lo vio a él. “Fue una conexión fuertísima. Se aproximaron los dos al centro y se abrazaron”, recuerda Nikolai, hoy de 20 años, “y le empezaron a caer las lágrimas. Yo nunca lo había visto así”.
Se trataba del doctor Patricio Bustos, actual director del Servicio Médico Legal. La primera vez que Roberto lo había visto había sido a mediados de los 70, cuando Kozak encabezaba la oficina del Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME), que asumió la labor de facilitar la salida del país de los prisioneros políticos, por iniciativa del mismo Kozak. En una de tantas visitas a Tres Álamos, Kozak divisó a Bustos y le llamó la atención. A pesar de haber sido torturado, estaba haciendo gimnasia. “Me impresionó tremendamente”, recuerda Roberto Kozak, hoy de 71 años, quien terminó ayudando a Bustos a salir del país. “Quedó con él una vinculación muy fuerte”.
“Ahí, en Tres Álamos, conocí a Roberto Kozak como una persona que irradiaba solidaridad y humanidad”, dice  Bustos, emocionado. Kozak no sólo hizo los trámites para sacarlo del centro de detención, sino que también para reunir a Bustos con su mujer en Italia. Los esfuerzos de este ciudadano argentino permitirían sacar de Chile a más de 30 mil personas. Y en 2010 se volvían a ver. “El reencontrarme con Roberto en libertad, en mi propio país, significó mucho”, dice el doctor.
Para Nikolai, que rondaba los 18 años y estaba a punto de partir a estudiar a la sede de Abu Dabi de la Universidad de Nueva York, estas historias todavía eran una interrogante. Más cuando ese abrazo se comenzó a multiplicar en el museo. Se acercaban y se acercaban personas a saludar a su padre. De paso, lo abrazaban a él, con la misma fuerza. Entre ellos, Rodrigo del Villar -sobreviviente de Villa Grimaldi-, quien lo abrazó y le dijo: “Niko, ¿tú eres el hijo de Roberto, no? Tu papá me salvó la vida”.
No era que su padre lo hubiera escondido, pero le había dicho poco del trabajo que hizo en Chile entre 1973 y 1979. Todo partió en 1974, cuando Kozak logró un acuerdo con el gobierno de Augusto Pinochet para establecer una vía más expedita para la expulsión de prisioneros políticos. Los primeros en salir fueron un grupo de ex ministros que llegaron de isla Dawson, entre ellos Clodomiro Almeyda. Pero detalles como éstos no eran muy comentados en casa de los Kozak. “Siempre los quise proteger, no crearles inquietudes innecesarias… En la medida que fueron creciendo, algo les fui contando”, dice ahora Roberto. En algún momento, viendo fotografías viejas, se habían topado con imágenes de Kozak en el aeropuerto, dejando a ex prisioneros políticos. Otras veces, en la comida, aparecían pequeñas anécdotas, nombres de personas con que se habían topado, pero nada como lo que vio Nikolai ese día en el museo.
“Que alguien te diga tu papá me salvó la vida y que te lo digan docenas de personas en ese lugar… cómo no te va a cambiar todo”, comenta Nikolai, “en ese momento él se convirtió en una persona distinta en mi mente”. Desde ahí comenzaría una búsqueda por  entender quién había sido su padre y quién era él mismo. En paralelo, cuando comenzó las clases en la universidad, dejó la idea de estudiar algo cercano a las ciencias sociales o las políticas públicas (como su papá) y se fue acercando al arte. Y fue en ese contexto que un artista le dijo: “El padre es el hijo, y el hijo es el padre”. Ahí se abrió un círculo, que recién se cerró la semana pasada, en medio de las conmemoraciones del 11 de septiembre.

CONVERSACIONES CON EL ENEMIGO
De los cócteles en las embajadas a las visitas a los centros de detención, las jornadas de Roberto Kozak eran siempre largas. “No era raro, en un mismo día, estar entrevistando a una gran cantidad de presos, luego partir a una embajada y después tener reuniones en el Ministerio del Interior o en Relaciones Exteriores”, dice Kozak. Y en cada lugar, tenía un rol distinto: con los presos, consolaba y obtenía datos; en las sedes diplomáticas, buscaba apoyos; en el edificio Diego Portales, negociaba como un socio. Y también, especialmente en los primeros años, le tocaba ir al aeropuerto.
A principios de 1975 fue la primera vez que logró sacar gente. A medida que fueron pasando los años, el funcionario diplomático fue entrenando a más personas del CIME (que hoy es la Organización Internacional para las Migraciones) para el trabajo, aunque en algunos casos él seguía yendo al aeropuerto y acompañando a los prisioneros. Uno de los que más recuerda fue cuando Pinochet negoció con la URSS el canje del activista ruso Vladimir Bukovski por el dirigente comunista Luis Corvalán, en 1976. En esa ocasión tuvo que sentarse en la mesa con el general César Benavides -ministro del Interior- y con quien parecía ser su némesis: Manuel Contreras. El director de la DINA tomó control de la seguridad de la operación. Lo único que le quedó a Kozak fue exigir que un funcionario viajara en el auto con Corvalán y otro con su mujer, que iba en una comitiva separada. El mismo Kozak prefirió ir con ellos.
“Los días eran sumamente intensos. Las horas laborales no alcanzaban”, recuerda Kozak. Pero el trabajo daba frutos. En 1979, quedaban 37 presos condenados por infracciones a la Ley de Seguridad Interior del Estado y Kozak partió a un nuevo puesto en el CIME en Ginebra. Antes de eso, quiso dejar todo negociado para esos últimos prisioneros. Le propuso al gobierno que, si se aceleraban estos casos, él se comprometía a decir, en su última declaración pública, que la tarea estaba hecha.
Kozak podía estar tranquilo con su trabajo, pero, a pesar de eso, nunca pudo sacar a Chile de su vida. “Faltaba la mitad del trabajo: asistir al retorno y a la reinserción en la sociedad chilena del último de los exiliados que deseara hacerlo”, dice. Volvió a Chile en 1984 y, hasta 1994, ayudó en el retorno a 15 mil exiliados. Recuerda que, cuando retornó, le tocó saludar a Pinochet en un encuentro diplomático. El general le dio la mano y lo apuntó con el dedo diciendo: “Usted volvió, ¿eh?”.
“A Chile siempre se vuelve”, le respondió. Y esta frase siguió resonando en su vida. Con su familia volvería a partir por su trabajo en la Organización Internacional para las Migraciones. Pero siempre terminaría volviendo.

EL ABRAZO DEL PADRE
Es la noche del 10 de septiembre, la vigilia previa al aniversario 40 del golpe de Estado, en el Museo de la Memoria. Roberto Kozak está entre el público. En el escenario, su hijo Nikolai se prepara para presentar su primera obra artística a gran escala en Chile. “Los invito a contemplar, a sentir, a reinterpretar, a reconocer, y a recordar”, dice el artista y la gente empieza a apuntar a la gran muralla sur del museo. En ella aparecen cuatro rostros gigantes. Algunos los reconocen: son detenidos desaparecidos. Sobre ellos, como fantasmas, aparecen rostros blancos que se mueven hacia un y otro lado y luego los rostros se multiplican una y otra vez. Todo en silencio.
“Hacía mucho que yo no sentía una emoción tan grande. Porque una cosa es todo lo que yo viví, todo lo que me tocó hacer, pero acá era mi hijo hablando de mí”, dice Roberto. En el discurso previo a la instalación, Nikolai agradeció especialmente a ese padre que había descubierto en los últimos años de trabajo. Esa noche, se mezclaban muchas cosas para Roberto: la alegría de ver la labor de su hijo con la pena de ver esas fotos de quienes no se salvaron. Para revolver más sus sentimientos, entre uno de estos rostros blancos que se movían pudo reconocer a Nikolai. “Fue un dolor, una conmoción terrible. Ya no era emoción, era algo desgarrador”, dice Roberto Kozak.
Para él, los que no pudo sacar de Chile siempre han sido tema. Hasta hoy recuerda con dolor el caso del militante del MIR José Carrasco Vásquez, en 1975. Junto a otros militantes, fue obligado a hablar en televisión llamando a su movimiento a deponer las armas. Mientras tanto, Kozak comenzó a hacer los trámites para sacarlo a él y a los demás de Chile. “En Cancillería se demoraron y finalmente los rechazaron”, recuerda. Pidió una nueva a visa a Francia y trató de acelerar las gestiones. “Pero un día llegaron las mujeres de ellos a mi oficina a decirme que los habían encontrado con tres balas en la nuca”, dice Kozak. Cuando las mujeres se fueron, su secretaria llegó con el correo del día. “Dentro de la correspondencia estaba la visa para ellos”, recuerda.
Después de Chile se fue a Ginebra, pero todavía estaba  acá. Le costaba dormir. Tuvo sueños en que era él el torturado. Comenzó a trabajar esto en terapia. Hoy está tranquilo. “Fue  muy difícil de llevar todo ese recuerdo de aquellos a quienes no pudimos ayudar. Pero hay un sentimiento de realización que es prevaleciente”, dice Kozak. Al ver los rostros en el muro del museo, todo esto resurgió. “Fue duro ver la instalación de Nikolai, pero es una emoción que no me pierdo de ninguna manera”, explica.
Luego de que su hijo se bajó del escenario, se acercó a él y lo abrazó, tal como en esa misma explanada otros lo abrazaron hace unos años. “Ese abrazo fue todo. Me destruyó, me llevó a lo más alto, me dio una vuelta, me sentí conectadísimo con él”, recuerda Nikolai. Aunque dice que hubo algo distinto. Esta vez, él no fue el hijo que miraba desencajado. Esta vez, él también compartió las lágrimas de su padre.

Fuente: quepasa.cl

La hora terrible de los hombres fuertes

Las calles de América Latina se han llenado de personas que protestan airadamente contra gobiernos de izquierda, de centro y de derecha.


Las calles de América Latina se han llenado de personas que protestan airadamente contra sus gobiernos. Las protestas son contra gobiernos de izquierda (Venezuela —el peor de todos—, Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile, Nicaragua y Argentina); contra los de centro (Perú y México); y contra los de derecha (Guatemala y Honduras). Seguramente se sumarán otros en el camino.
Quienes recorren las calles en América Latina se quejan, esencialmente, por uno, varios o todos de los siguientes 12 motivos: la corrupción, la ineficiencia, la inseguridad frente a los delitos violentos, la impunidad de los criminales, la subordinación de los otros poderes republicanos —el legislativo y el judicial— a la voluntad del ejecutivo, el descarado cambio de las reglas para mantenerse en el poder indefinidamente, la violación de los derechos humanos, las trampas electorales, el control sobre los medios de comunicación, el desabastecimiento, el atropello de los derechos previamente concedidos a gremios o pueblos primigenios y los irresponsables maltratos al delicado ecosistema.


El fenómeno es gravísimo. La percepción general es que en la región se gobierna terriblemente mal, lo que en parte explica el secular atraso relativo. Se ha roto el contrato social entre gobernantes y gobernados, y estos últimos les niegan su consentimiento a los primeros. Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.
En la concepción republicana, todos somos iguales, estamos obligados a cumplir las leyes, no podemos hacer constituciones o dictar leyes a gusto de una camarilla abusadora, las elecciones son para organizar los mecanismos colectivos de toma de decisión y no para legitimar a unos mandamases corruptos.
Asimismo, se supone que los políticos y funcionarios obtengan sus cargos y asciendan y se mantengan en ellos por sus méritos y no por sus relaciones. Se trata de servidores públicos que llegan al gobierno para cumplir con el mandato que le ordena la sociedad que los ha elegido. No los han seleccionado para mandar, sino para obedecer. Esa, al menos, es la teoría.
Y la teoría no está equivocada. Los latinoamericanos la hemos violentado hasta hacerla fracasar.
La han violentado los malos empresarios, quienes, en contubernio con los gobernantes, se reparten las rentas y les cierran el camino a los actores económicos carentes de padrinos o incapaces de incurrir en sobornos.
Se han burlado de ella los gremios y sindicalistas que negocian privilegios con el poder a sabiendas de que les hacen casi imposible a los jóvenes entrar en el mercado laboral.
Le han hecho mucho daño ciertos religiosos de todos los rangos, ciertos periodistas palabreros y ciertos profesores radicales que condenan la búsqueda del triunfo personal, como si lograr el éxito económico en la vida —logro viene de lucro— fuera delito y pecado.
Por supuesto que el diseño republicano funciona y es correcto. Lo vemos en la veintena de países más prósperos y libres del planeta. Unos son repúblicas y otros monarquías parlamentarias, pero todos aceptan las normas esenciales del Estado de derecho parido por la Ilustración y perfeccionado por las revoluciones liberales.
Entre esas naciones exitosas, unos gobiernos son liberales que renunciaron al anticlericalismo de los primeros tiempos, mientras otros son socialdemócratas que se despojaron de las supersticiones del marxismo, democristianos carentes de fanatismo religioso y conservadores que abandonaron el regusto por la mano dura y el culto desmedido por el orden.
A veces integran coaliciones, a veces se adversan en el terreno político, pero siempre se suceden democráticamente en el ejercicio del poder. Forman parte de una misma familia política presidida por la tolerancia, surgida de las revoluciones americana y francesa, aunque dividida por un factor importante, pero no vital ni irreconciliable: la intensidad y destino de la carga fiscal, lo que determina el tamaño y las responsabilidades que cada grupo le atribuye al Estado.
No incluyo en ese linaje a comunistas, fascistas y autoritarios de todo pelaje —militaristas, ultranacionalistas, fanáticos religiosos— porque no creen en la virtud de convivir con el que es diferente y respetarlo, ni en el pluralismo inherente a toda sociedad, ni en la alternancia democrática en el gobierno, como demuestra el infinito rastro de cadáveres que han dejado en sus esfuerzos por conservar el poder.
Es conveniente que los latinoamericanos aprendamos de una vez una lección bastante obvia: la estructura republicana es muy frágil y sólo se sostiene a largo plazo si las sociedades son capaces de segregar gobiernos que acepten y cumplan las reglas que le dan sentido y forma a esa manera de organizar la convivencia. O gobiernan bien o todo se va a bolina.
Cuando gobiernan mal, sobreviene primero la generalizada sensación de fracaso, y luego los caudillos, los militares de ordeno y mando, los revolucionarios iluminados, y se enseñorean sobre nuestros pueblos agravando todos los males que juraban arreglar. Esa es la hora terrible de los hombres fuertes.

Fuente:

http://www.diariodecuba.com/internacional/1440350678_16500.html

martes, 11 de agosto de 2015

La paz, más allá de las FARC.

Al cumplirse el primer año del segundo mandato del presidente Santos, Colombia sigue con la mirada puesta en el diálogo de paz, pero arrastra graves problemas de derechos humanos e impunidad.


Uno de los grandes logros del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ha sido cambiar sustancialmente la imagen de su país en el exterior. En tiempos de su antecesor, Álvaro Uribe, la violencia y las violaciones de derechos humanos centraban la atención; hoy en día predominan los avances económicos y, desde luego, el diálogo de paz con las FARC. Y en ambos terrenos, aunque ha habido traspiés, el primer año del segundo mandato de Santos arroja un balance más bien positivo.
La economía colombiana ha perdido impulso pero seguirá creciendo en un 3 por ciento, según previsiones del Fondo Monetario Internacional. Y los diálogos de La Habana siguen encabezando la agenda. El propio presidente lo acaba de volver a subrayar, afirmando que la paz debe ser “una prioridad del Gobierno, sino del país entero”. En ese aspecto es positiva la apreciación de Javier Bejarano, investigador y docente de la Universidad de Bielefeld. “Va a haber más crisis, pero considero que el proceso va por buen camino, porque cada vez se ha vuelto en sí más popular, en el sentido de que la sociedad colombiana esté al tanto y de que sea un proyecto nacional”, indica.
Otros intereses
Pero el problema no se limita a las FARC, puntualiza el especialista en movimientos armados en América Latina: “Hay también otros sectores sociales y económicos que tienen interés de mantener una guerra. Y eso tiene que quedar claro. Están vinculados al narcotráfico, a la mafia y a la corrupción. Eso forma parte de la dinámica de la violencia en Colombia”. Además, Bejarano destaca la necesidad de incluir en el diálogo también al ELN. No hacerlo “sería gravísimo”, afirma, recordando que cuando se desmovilizaron el M19 y otros grupos, quedaron fuera del proceso el ELN y las FARC: “La consecuencia fueron 25 años más de guerra”.
Una encuesta del CNC indica que el 68 por ciento aprueba la apertura de los diálogos de paz.
“Hay que tener presente que las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla son solo un aspecto de la paz. Es decir que, cuando se logre un acuerdo de paz - cosa que espero- eso no significará que el conflicto haya sido superado”, hace notar igualmente Matthias Schreiber, experto en Colombia de la sección alemana de Amnistía Internacional.
Crítica situación de derechos humanos
Subraya también que “la situación de derechos humanos sigue siendo crítica en Colombia” y entrega algunos datos: en 2013 hubo más de 200.000 desplazados y en 2014 la cifra podría ser similar. Otro botón de muestra: una red de ONG documentó 55 asesinatos de defensores de derechos humanos en 2014. En los primeros 3 meses de 2015, los casos suman ya 19.
Schreiber indica que además han aumentado las amenazas contra defensores de derechos humanos y contra quienes reclaman la devolución de tierras de las que habían sido desplazados. “El Gobierno habla de bandas criminales, pero para nosotros son organizaciones sucesoras de los paramilitares; son grupos paramilitares que siguen existiendo, aunque haya habido un muy fragmentario proceso de desmovilización”, indica el experto de Amnistía Internacional. También Bejarano explica que las llamadas bandas criminales “en realidad manejan los mismos territorios y el mismo negocio del narcotráfico que manejaban los paramilitares”.

Restos de Manuel Contreras fueron incinerados en privado.

Con la presencia de pocos familiares, el cuerpo del jefe de la policía secreta de Augusto Pinochet fue cremado en el Cementerio Católico de Santiago.

“Es el peor asesino que ha tenido este país. Es paradojal que la familia de Contreras conozca el paradero de sus restos y que el exjefe de la Dina se haya negado a que otras familias conozcan el de los suyos”. Con esas palabras se refirió al funeral de Manuel Contreras el subsecretario del Interior de Chile, Mahmud Aleuy, luego de que se hiciera público que el cuerpo del militar fue incinerado este sábado (08.08.2015).

Al acto, realizado en una ceremonia muy reservada en el Cementerio Católico de Santiago, acudieron unos pocos familiares de Contreras, e incluso se hizo notoria la ausencia de una de sus hijas. Antes de ser incinerado, el cadáver del jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) fue vestido con su traje de gala del Ejército, institución que a pesar de las sentencias que sumaban más de 500 años de cárcel, nunca degradó al general (r).

La DINA comenzó a ser organizada antes del golpe militar con el que Augusto Pinochet derrocó al presidente socialista Salvador Allende y actuó en los primeros años de la dictadura, entre 1974 y 1978, para luego ser reemplazada por la Central Nacional de Inteligencia (CNI). La policía secreta fue responsable, según datos oficiales, de la mayoría de los 1.192 detenidos desaparecidos en Chile durante la dictadura y de más de 1.500 ejecuciones por causas políticas.

Graduado en la Escuela de las Américas

El gobierno de Chile reaccionó a la muerte de Contreras señalando que “ha muerto llevándose información valiosa para saber la verdad y hacer justicia respecto del horror cometido por la dictadura. Es el momento para reafirmar nuestro compromiso con el pleno respeto y vigencia por los derechos humanos”. Sin ahorrarse calificativos, el Ejecutivo tildó a Contreras como “uno de los personajes más oscuros de nuestra historia, responsable de crímenes y graves violaciones a los derechos humanos”.

El militar, apodado “Mamo” y graduado en la Escuela de las Américas -donde Estados Unidos entrenaba a oficiales latinoamericanos en técnicas antisubversivas-, fue acusado de dirigir el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Argentina, un fallido atentado al exministro Bernardo Leighton en Italia y el ataque en Washington que terminó con la vida del excanciller Orlando Letelier y su secretaria, Ronni Moffit, en 1976.

DZC (EFE, Reuters, 24Horas.cl)


lunes, 10 de agosto de 2015

Muere el peor criminal de la historia de Chile Manuel "mamo" Contreras.

Juan de Dios Parra, secretario general de ALDHU, señaló que con la muerte del peor criminal de la historia de Chile, Manuel Contreras, se hará más respirable el clima social del país.

"Aunque su maldad fue tal que se llevó a la tumba la información relacionada a los miles de detenidos desaparecidos" sentenció el abogado de DDHH.

Chile: muere Manuel "Mamo" Contreras, el cerebro de la policía secreta de Pinochet.

De los 529 años acumulados por condenas por violaciones de derechos humanos, Manuel "Mamo" Contreras no alcanzó a cumplir ni 25. Murió la noche del viernes, a los 86 años, con su grado de general del Ejército de Chile.
Y son 529 sólo contando lo ratificado por la Corte Suprema chilena. En total, el exjefe de la División de Inteligencia Nacional (1973-1977) y mano derecha de Augusto Pinochet sumaba más de 1.000 años de condenas.
Porque si en Chile "no se movía ni una hoja" sin que Pinochet supiera, como consignó el gobernante de facto alguna vez ante los medios, era gran parte gracias a la labor de Contreras, el ideólogo de su policía secreta.
Su misión fue "extirpar y eliminar el extremismo marxista", según sus propias palabras. Y para ello no escatimó en recursos, implementando un plan sistemático de violencia ejercida por el Estado que mató y desapareció a miles de personas durante el gobierno militar chileno. Avalado, en sus palabras, por las "órdenes que se me impartieron directamente por el presidente de la República", es decir, Pinochet.
Un modelo que exportó al resto de Latinoamérica a través de la Operación Cóndor, de la cual fue gestor y ejecutor. También fue un cercano colaborador de la CIA y planificó los atentados al exministro chileno Orlando Letelier en Washington y al general Carlos Prats en Argentina.
"Contreras fue uno de los genocidas más representativos de la dictadura militar", le dice a BBC Mundo Carmen Hertz, abogada y exdirectora de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, y querellante en varias causas.

miércoles, 5 de agosto de 2015

El aborto y la libertad de conciencia.

La polémica desatada en Chile en torno a un proyecto de ley para despenalizar el aborto en casos concretos debe cristalizar en un debate con altura de miras, en un proceso propio de la democracia.
A la dictadura de Pinochet le debe Chile el contarse entre los países con las leyes más restrictivas del mundo en cuanto al aborto. Desde 1931 estaba permitido el aborto terapéutico hasta que, en sus postrimerías, el régimen que torturó y asesinó a miles de personas dictó la prohibición absoluta de interrumpir embarazos. Una reducida concepción de la defensa del derecho a la vida. Una ironía de la historia. Pero también más que eso: una muestra de hipocresía, reflejada en las cifras estimadas de abortos, que van de los 70.000 hasta más de 100.000 al año, en un país donde esa práctica es ilegal bajo cualquier circunstancia.
Una ley como la vigente en Chile no elimina las interrupciones de embarazos con solo prohibirlas. Pero las vuelve infinitamente más riesgosas, sobre todo para quienes carecen de recursos económicos. La clandestinidad puede llevar en estos casos a la muerte.
Causales concretas
El proyecto de ley presentado por el gobierno de Michelle Bachelet, médico de profesión, no pretende abrir las puertas al “aborto libre”, como han sugerido algunos obispos conservadores. Apunta a despenalizarlo en circunstancias muy precisas: cuando corre peligro la vida de la madre; cuando el feto es inviable, es decir, no tiene posibilidades de sobrevivir tras el parto, o cuando el embarazo es producto de una violación.
Mientras organizaciones como la Oficina Regional del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Organización Mundial de la Salud en Chile y Amnistía Internacional han instado a los parlamentarios chilenos a dar curso a la iniciativa gubernamental, la Conferencia Episcopal chilena ha llamado abiertamente a los legisladores cristianos a rechazarla, alegando que “ningún aborto es terapéutico”. Ciertamente, la Iglesia Católica tiene derecho a pronunciarse contra el aborto. Nadie lo discute. Es una cuestión ética, en extremo delicada, y efectivamente exige una decisión de conciencia. Lo que no puede pretender es presionar para que su visión en la materia sea impuesta a una sociedad laica, en situaciones límite que nadie quisiera tener que vivir. Optar entre la vida de una madre y un niño es de seguro un dilema desgarrador y los implicados deberían contar con todo el apoyo posible, espiritual y médico, y no con la amenaza de una sanción. Los religiosos dirán que hay que aceptar la voluntad de Dios y le darán un sentido al sufrimiento. Dirán que no hay mayor amor que el que da la vida por otro. Pero eso supone un acto voluntario y libre, no uno impuesto por ley.
Trabajo parlamentario
Las opiniones en Chile están divididas en torno al proyecto sometido a la comisión de Salud de la Cámara de Diputados en busca de luz verde para su tramitación parlamentaria. Hay quienes lo rechazan de plano, mientras, para otros, es aún demasiado restrictivo. Las encuestas, en todo caso, revelan un amplio respaldo, en torno a un 70 por ciento, a la despenalización en los casos especificados. A los parlamentarios les corresponde realizar un trabajo legislativo serio, escuchando a todos los sectores, como dijo el diputado Ricardo Rincón, jefe de la bancada demócrata cristiana. Ese trabajo, con el consiguiente debate, es lo propio de la democracia, donde las leyes no se imponen como en las dictaduras.