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martes, 11 de agosto de 2015

La paz, más allá de las FARC.

Al cumplirse el primer año del segundo mandato del presidente Santos, Colombia sigue con la mirada puesta en el diálogo de paz, pero arrastra graves problemas de derechos humanos e impunidad.


Uno de los grandes logros del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ha sido cambiar sustancialmente la imagen de su país en el exterior. En tiempos de su antecesor, Álvaro Uribe, la violencia y las violaciones de derechos humanos centraban la atención; hoy en día predominan los avances económicos y, desde luego, el diálogo de paz con las FARC. Y en ambos terrenos, aunque ha habido traspiés, el primer año del segundo mandato de Santos arroja un balance más bien positivo.
La economía colombiana ha perdido impulso pero seguirá creciendo en un 3 por ciento, según previsiones del Fondo Monetario Internacional. Y los diálogos de La Habana siguen encabezando la agenda. El propio presidente lo acaba de volver a subrayar, afirmando que la paz debe ser “una prioridad del Gobierno, sino del país entero”. En ese aspecto es positiva la apreciación de Javier Bejarano, investigador y docente de la Universidad de Bielefeld. “Va a haber más crisis, pero considero que el proceso va por buen camino, porque cada vez se ha vuelto en sí más popular, en el sentido de que la sociedad colombiana esté al tanto y de que sea un proyecto nacional”, indica.
Otros intereses
Pero el problema no se limita a las FARC, puntualiza el especialista en movimientos armados en América Latina: “Hay también otros sectores sociales y económicos que tienen interés de mantener una guerra. Y eso tiene que quedar claro. Están vinculados al narcotráfico, a la mafia y a la corrupción. Eso forma parte de la dinámica de la violencia en Colombia”. Además, Bejarano destaca la necesidad de incluir en el diálogo también al ELN. No hacerlo “sería gravísimo”, afirma, recordando que cuando se desmovilizaron el M19 y otros grupos, quedaron fuera del proceso el ELN y las FARC: “La consecuencia fueron 25 años más de guerra”.
Una encuesta del CNC indica que el 68 por ciento aprueba la apertura de los diálogos de paz.
“Hay que tener presente que las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla son solo un aspecto de la paz. Es decir que, cuando se logre un acuerdo de paz - cosa que espero- eso no significará que el conflicto haya sido superado”, hace notar igualmente Matthias Schreiber, experto en Colombia de la sección alemana de Amnistía Internacional.
Crítica situación de derechos humanos
Subraya también que “la situación de derechos humanos sigue siendo crítica en Colombia” y entrega algunos datos: en 2013 hubo más de 200.000 desplazados y en 2014 la cifra podría ser similar. Otro botón de muestra: una red de ONG documentó 55 asesinatos de defensores de derechos humanos en 2014. En los primeros 3 meses de 2015, los casos suman ya 19.
Schreiber indica que además han aumentado las amenazas contra defensores de derechos humanos y contra quienes reclaman la devolución de tierras de las que habían sido desplazados. “El Gobierno habla de bandas criminales, pero para nosotros son organizaciones sucesoras de los paramilitares; son grupos paramilitares que siguen existiendo, aunque haya habido un muy fragmentario proceso de desmovilización”, indica el experto de Amnistía Internacional. También Bejarano explica que las llamadas bandas criminales “en realidad manejan los mismos territorios y el mismo negocio del narcotráfico que manejaban los paramilitares”.

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