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miércoles, 12 de agosto de 2020

Líder paramilitar genera tensiones entre Colombia y EEUU

 Ha surgido una batalla de último minuto en torno al futuro del exlíder paramilitar Salvador Mancuso, que el gobierno colombiano quiere que sea enviado de vuelta al país ahora que cumplió una larga condena por tráfico de drogas en Estados Unidos.


El jefe paramilitar colombiano Salvatore Mancuso, flanqueado por dos agentes estadounidenses, a su llegada a Opa-locka, Florida, tras ser deportado por Colombia, el 13 de mayo del 2008. (AP Photo/Alan Diaz, File)

Mancuso permanece bajo custodia en Estados Unidos, donde completó en marzo una sentencia a 12 años de cárcel por tráfico de cocaína. Colombia está apelando el fallo administrativo de un tribunal que dispuso que sea enviado a Italia, país del que es ciudadano.

Los abogados de Mancuso dicen que sería asesinado de regresar a Colombia, una nación que todavía no cicatriza las heridas dejadas por décadas de un sangriento conflicto. Afirman que cumplió con las obligaciones contraídas bajo el acuerdo que negoció en el 2003, que fija condenas de no más de ocho años para los jefes paramilitares que confiesan sus crímenes.

Las víctimas de Mancuso, sin embargo, exigen la justicia que dicen se las ha negado hasta ahora. Las autoridades colombianas aducen asimismo que negar el pedido de deportación de Mancuso sería un enorme desaire a un firme aliado que trata de superar un conflicto civil de décadas que dejó 260.000 muertos y millones de desplazados. A esa carnicería contribuyó la demanda de cocaína en Estados Unidos, un tráfico que financió a grupos armados ilegales como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de Mancuso.

Sucesivos gobiernos conservadores enviaron a miles de colombianos a Estados Unidos para que sean juzgados por tráfico de drogas. El de Mancuso es el caso más sonado, ya que dirigió la producción y el transporte de más de 138.000 kilos de cocaína, según el acuerdo que firmó con Estados Unidos.

“Enviarlo a Italia sería una traición repugnante a las víctimas”, afirmó José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch para las Américas. “Si el gobierno colombiano está honestamente comprometido con la justicia en relación con crímenes atroces, debería agotar todas las instancias legales para que Mancuso sea enviado a Colombia, responda por sus actos y se evite esta humillación a las víctimas”.

La disputa pone de manifiesto las cosas que quedan pendientes en relación con el proceso de paz que involucra a los paramilitares, conocido como Justicia y Paz, que dio paso a la desmovilización de 30.000 combatientes de derecha pero no llegó a cumplir cabalmente el objetivo de verdad y reconciliación.

Las heridas reaparecieron este mes cuando la Corte Suprema colombiana ordenó el arresto del expresidente Álvaro Uribe en el marco de una investigación sobre si colaboró en el soborno de testigos para acallar sospechas en torno a sus relaciones con los paramilitares.

En el 2008, Uribe extraditó a Mancuso y a otros 13 jefes paramilitares para que fuesen juzgados por tráfico de drogas en Estados Unidos. Sus detractores dicen que la inesperada medida, que parece una violación a los acuerdos de paz, buscaba silenciar a esas figuras justo cuando empezaban a revelar secretos sobre sus delitos y la colaboración de políticos, incluido Uribe, quien como gobernador departamental en la década de 1990 apoyó la creación de grupos armados legales para proteger a los hacendados de las guerrillas izquierdistas.

“Conmigo extraditaron la verdad”, declaró Mancuso a medios colombianos poco después de su llegada a Estados Unidos en el 2008.

El 16 de abril, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos dispuso el envío de Mancuso a Italia, según dos personas allegadas a Mancuso que hablaron a condición de no ser identificadas para comentar un procedimiento administrativo privado.

Pero la deportación no se produjo. En junio, fiscales estadounidenses que actuaban en nombre de colegas colombianos pidieron que Mancuso, de 55 años, fuese extraditado a Colombia para cumplir una condena a 27 años por los secuestros de dos parientes de un alto jefe rebelde, de acuerdo con documentos legales estadounidenses. Combatientes de las AUC disfrazados de policías secuestraron a uno en una floristería y al mismo tiempo, un comando que se hizo pasar como un posible comprador irrumpió en la residencia del otro.

Mancuso, quien según el pedido de extradición habló por teléfono con uno de los secuestradores inmediatamente después de la operación, posteriormente asumió la responsabilidad de los secuestros cometidos por sus tropas. Las dos víctimas fueron asesinadas.

Colombia retiró su pedido de extradición el mes pasado y el caso fue cerrado en Estados Unidos. Si bien el gobierno no dio las razones de su decisión, pareciese que el abogado de Mancuso en Miami, Joaquín Pérez, fue más astuto que los fiscales.

El mes pasado, una jueza de Bogotá concedió a Mancuso la libertad condicional en Colombia. La jueza dijo que los años que Mancuso pasó preso en Estados Unidos satisfacían los requisitos de la ley de Justicia y Paz, que permite que condenas alternativas de hasta ocho años sean cumplidas en el exterior. La jueza dejó sin efecto la orden de arresto el 15 de julio y cinco días después Colombia retiró su pedido de extradición.

El presidente colombiano Iván Duque dice que quiere que Mancuso regrese a Colombia y los fiscales piden su detención en conexión con otros delitos. Esos cargos, sin embargo, no son reconocidos por las leyes estadounidenses ya que derivan de su condición de jefe de las AUC, no de órdenes específicas que haya dado. Mancuso también está siendo investigado en Colombia por un presunto lavado de dinero después de sus desmovilización.

La aparente solidez de los planteamientos legales de Mancuso no impide que las autoridades colombianas sigan insistiendo en su arresto. Y en un país con un sistema legal complejo, débil y corrupto, no sería de extrañar que algún juez emitiese una orden de arresto.

El presidente Duque ha dicho que la condena que Mancuso cumplió en Estados Unidos no puede ser usada para evitar sentencias por “crímenes de lesa humanidad” en Colombia.

“Más se demora él en pisar suelo italiano, que en yo presentarle a la Corte Penal Internacional directamente una solicitud para que sea procesado por esos crímenes”, dijo Duque en una reciente entrevista con la revista colombiana Semana.

Algunos detractores dicen que las medidas que está tomando el gobierno de Duque son un puro formalismo.

El senador opositor de izquierda Iván Cepeda opinó que Duque --cuyo mentor político es Uribe y que tiene entre sus partidarios a políticos que estuvieron presos por sus vínculos con la AUC-- tiene poco que ganar con el regreso de Mancuso.

“Tienes que ser muy ingenuo para creer que un error simplemente administrativo es lo que frustra el retorno de la fuente más importante sobre la historia del paramilitarismo”, expresó Cepeda, quien ha viajado a Estados Unidos para hablar con Mancuso en nombre de las víctimas.

Cepeda, quien es el principal acusador de Uribe y cuyo padre fue asesinado por los paramilitares, quiere que se realice una vista legislativa sobre lo que considera el mal manejo del pedido de extradición que hizo Colombia

Surgidas como fuerzas de autodefensa creadas por los hacendados en los años 80 para contrarrestar los secuestros y pedidos de extorsión de los rebeldes izquierdistas, los paramilitares tomaron el control de buena parte de la costa caribeña de Colombia hacia fines de los 90, matando a miles de personas y apropiándose de millones de hectáreas de tierra al tiempo que se quedaban con lucrativas rutas para el transporte de drogas. En el 2001 Estados Unidos catalogó a las AUC como una organización terrorista extranjera.

Mancuso expresó un mayor arrepentimiento que otros líderes paramilitares y se mostró dispuesto a hacer las paces con sus antiguos enemigos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que firmaron su propio acuerdo de paz con el gobierno en el 2016.

Su sofisticación --estudió inglés en la Universidad de Pittsburgh-- siempre lo distinguió de otros jefes paramilitares de zonas rurales. Robert Spelke, fiscal federal retirado que lidió con el narcotráfico y encabezó casos que involucraron a paramilitares, describió a Mancuso como un testigo “muy brillante, muy agradable” y cooperador, decidido a decir la verdad. Spelke entrevistó durante unas 200 horas a Mancuso y dijo que en una ocasión el líder paramilitar lloró al relatar una matanza de civiles perpetrada por los paramilitares.

“Sé lo que hizo esta gente”, declaró Spelke. “Pero cuando te pones en su lugar... fue una guerra perversa. Quisiera pensar que yo hubiera hecho las cosas de otro modo, pero si las FARC están matando a mi familia, robándose mi ganado...”.

La disposición de Mancuso a hablar ha sacudido la política colombiana.

Su afirmación del 2005 en el sentido de que un tercio de los legisladores colombianos habían sido elegidos con apoyo de los paramilitares desató una ola de investigaciones judiciales que dio lugar al arresto de decenas de funcionarios elegidos, incluido un senador que es primo de Uribe.

Su cooperación con el proceso de Justicia y Paz continuó desde Estados Unidos, donde participó en más de 300 videoconferencias con investigadores colombianos y víctimas.

En un gesto simbólico que estremeció a muchos colombianos, Mancuso habló por teléfono el mes pasado con el exjefe de las FARC Rodrigo Londoño. Los antiguos adversarios se comprometieron a apoyar la paz, la reconciliación y la ayuda a millones de víctimas.

Esa sinceridad es lo que hizo que Mancuso fuese extraditado a Estados Unidos y lo que haría que su vida peligrase si es enviado de vuelta a Colombia, según Jaime Paeres, su abogado en Colombia. Varios familiares han recibido amenazas y el mes pasado Paeres denunció ante el fiscal general que había sido el blanco de un ataque de 35 individuos armados que irrumpieron en una hacienda vecina a la finca donde se encontraba él.

“Mancuso quiere volver a Colombia. Pero somos nosotros, sus abogados y amigos, e incluso algunas autoridades, quienes le han dicho que no regrese”, manifestó Paeres. “No tengo ninguna duda de que lo matarán si viene a Colombia”.

Después de que se ordenase que Mancuso fuese enviado a la tierra de su padre, Italia, las autoridades colombianas pusieron en marcha una última gestión para tratar de que regrese a Colombia.

El embajador colombiano en Washington Francisco Santos se reunió en semanas recientes con funcionarios estadounidenses en la Casa Blanca y con funcionarios de los departamentos de Estado y de Justicia para tratar de bloquear su traslado a Italia según un alto funcionario colombiano que habló a condición de permanecer anónimo por estar comentando conversaciones privadas.

El Departamento de Estado y la Casa Blanca no comentaron el tema. Una portavoz del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (conocido por sus siglas en inglés, ICE) dijo en un comunicado que Mancuso está a su cargo desde el 21 de julio y que esperan la orden deportación. El ICE se negó a dar detalles, aduciendo razones de seguridad.

Si bien la extradición de narcotraficantes alivió la presión sobre los investigadores en Colombia, es inusual que Colombia pida que se detenga a alguien en el exterior.

Pero el valor de Mancuso es único. Si el exjefe paramilitar, famoso por su locuacidad, regresa a Colombia, seguramente contará verdades incómodas que muchos colombianos preferirían no escuchar, según el legislador izquierdista Cepeda.

“Hay mucha verdad conocida”, comentó Cepeda. “Pero puede haber mucho más”.

Fuente: yahoo finanzas

lunes, 10 de agosto de 2020

El enfrentamiento entre civiles enciende el conflicto mapuche en la Araucanía chilena

 El que no salta es mapuche”, se escucha en un vídeo filmado la noche del sábado fuera del municipio de Curacautín, en la Araucanía chilena, a unos 900 kilómetros al sur de Santiago, la capital. Un centenar de personas se organizó pese al toque de queda para desalojar por su cuenta el edificio público que, al igual que otros cuatro de la zona, estaba ocupado por cerca de una semana por miembros de comunidades mapuches. Finalmente, se produjo un inédito enfrentamiento entre ambos grupos, con golpes, lanzamientos de objetos y el incendio de vehículos. Tanto por estos incidentes como por otros similares que se produjeron en paralelo en otras localidades cercanas, hubo 36 detenidos, policías y militares heridos y dos municipalidades quemadas, la de Traiguén y Ercilla.

Los mapuches levantan reivindicaciones en un conflicto histórico que el Estado no ha conseguido revolver. “La violencia, el racismo y la autotutela es inaceptable en una democracia y lo condenamos totalmente”, señaló este lunes Jaime Bellolio, el nuevo portavoz del Gobierno de Sebastián Piñera, que enfrenta momentos políticos complejos, luego de las revueltas sociales de octubre y en medio de la pandemia, que ha dejado 9.707 muertos y graves consecuencias económicas.


El Ejecutivo está siendo apuntado por algunos sectores de oposición de incendiar los ánimos. El pasado martes, Piñera nombró como nuevo ministro del Interior a Víctor Pérez, un parlamentario de la UDI que fue alcalde designado por la dictadura de Augusto Pinochet y que como senador representaba a una zona de frontera con la Araucanía, por lo que conoce perfectamente el conflicto histórico. El viernes, a tres días de asumir, el nuevo ministro viajó a la región del sur del país ante el rebrote de violencia. Aseguró allí que en La Araucanía no hay presos políticos –a diferencia de lo que sostienen las comunidades mapuches– y empujó a los alcaldes a “solicitar el desalojo” de los edificios tomados. El domingo, luego de una noche de caos, Pérez indicó: “Tengo la impresión de que hay mucha organización criminal”.


El portavoz el Gobierno de Piñera, sin embargo, negó que la visita de Pérez hiciera aumentar la tensión: “Si un ministro del Interior no puede ir a un lugar del país por amenazas de violencia, significa que, de nuevo, son esos grupos violentos los que impiden el imperio del derecho”, señaló Bellolio en una entrevista radial.


Cinco municipios tomados

El conflicto en la Araucanía no ha cesado por décadas y nuevamente ha subido de intensidad. Hace una semana, cinco municipios de la región fueron tomados consecutivamente por comunidades mapuche: además de Curacautín, Traiguén y Ercilla, los de Victoria y Collipulli, una localidad donde hoy los incidentes continuaban. Las ocupaciones de los edificios públicos se produjeron en apoyo a la huelgas de hambre del machi Celestino Córdova, que hace casi 90 días comenzó la protesta desde la cárcel de Temuco, porque los tribunales han rechazado la revisión de las medidas cautelares y de prisión para que pueda cumplir parte de su pena –seis meses– en un lugar sagrado de su comunidad. Autoridad ancestral para el pueblo mapuche, Córdova fue condenado a 18 años de presidio efectivo por su participación en el incendio en el que murió el matrimonio Luchsinger-Mackay en 2013, en la comuna de Vilcún, en la Araucanía.


Las ocupaciones de las municipalidades se produjeron también en respaldo a los 20 mapuches arrestados en la cárcel de las localidades de Lebu y Angol, que han pedido sin éxito beneficios para cumplir su prisión en épocas de pandemia y que comenzaron la huelga de hambre el mismo día que Córdova, que actualmente está ingresado en un hospital por su delicado estado de salud.


Los desalojos del pasado sábado, realizados finalmente por carabineros, fueron caóticos y los enfrentamientos entre civiles se repitieron en la localidad de Victoria. El alcalde Javier Jaramillo acusó a La Moneda: “Por no sentarse a conversar y generar un diálogo, termina generándose lo que hoy estamos viendo”.


El actual Gobierno tuvo como prioridad al asumir la ejecución de un plan para la Araucanía, que proponía reformas como el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Los consecutivos conflictos, sin embargo, como el asesinato del mapuche Camilo Catrillanca por parte de carabineros en 2018, hicieron que el Ejecutivo abandonara esa prioridad en la región, donde el conflicto por las tierras ancestrales es solo una de las aristas. La violencia no se restinge a los ataques a los fundos y faenas forestales, sino que se ha extendido a carreteras, vías ferroviarias y puentes. A fines de julio, tres escuelas fueron quemadas en la provincia de Arauco, con lo que cerca de 150 estudiantes se quedaron sin clases.


Luego de los enfrentamientos en la Araucanía del fin de semana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió el domingo una declaración en la que llama a Chile a respetar “la protección contra la discriminación fundada en origen étnico”. De acuerdo a la organización humanitaria de la OEA, “varios de tales actos violentos y manifestaciones racistas habrían ocurrido sin que agentes de Carabineros desplegaran medidas apropiadas para prevenir efectivamente su ocurrencia o impedir su continuación”. Para la comisión, “urge asimismo a las autoridades a prevenir, investigar y sancionar estos hechos y a enfrentar las narrativas racistas contra las demandas del pueblo mapuche”.

Fuente: El País Internacional

domingo, 9 de agosto de 2020

Piñera en la mira de la Comunidad Europea por Violación a los DD.HH.

 

Estarían pensando en revisar los tratados comerciales

Los parlamentarios de la Comunidad Europea están más concientes que los chilenos. Saben que Piñera es un tirano y un violador a los derechos humanos.
Su régimen es una dictadura neo-liberal disfrazada de democracia.

Es por eso que la comunidad europea pretende tomar sanciones económicas mientras Piñera esté en el poder.

Los antecedentes fueron ingresados formalmente a mecanismos de la Unión Europea y a su Parlamento, a través de una carta comunicación e informe suscrito por más de 200 organizaciones y diversas personalidades internacionales de derechos humanos, sociales, de pueblos originarios, de comunicaciones, de mujeres, sectores académicos, de escritores y escritoras de Chile, y de representaciones de 15 países de América y Europa que respaldan la medida.


sábado, 8 de agosto de 2020

Caravana de la Muerte: Corte condenó a 5 años de cárcel a Santiago Sinclair, ex segundo hombre del Ejército


Santiago Arturo Sinclair Oyaneder, general en retiro y quien llegara a ser vicecomandante en jefe del Ejército durante la dictadura militar, fue condenado a 5 años y 1 día de cárcel, en calidad de autor de homicidios calificados, por la Corte de Apelaciones de Santiago.



El también otrora miembro de la Junta Militar y senador designado por el mismo régimen para el período 1990-1998 fue hallado culpable de los ilícitos, cometidos en octubre de 1973 en Valdivia, por llamada "Caravana de la Muerte".

El caso también incluye condenas -a 10 años- para el reconocido violador de derechos humanos Pedro Octavio Espinoza Bravo, brigadier en retiro del Ejército; así como para Juan Viterbo Chiminelli Fullerton -5 años y 1 día- y Emilio Robert de la Mahotiere González -3 años y 1 día-.

La Tercera Sala del tribunal, integrada por los ministros Carlos Gajardo, Alejandro Madrid y la abogada (i) Paola Herrera, estableció que "que la muerte de estas 12 personas se pretendió justificar en la sentencia que en contra de ellos se habría dictado por un Consejo de Guerra, que les atribuyó participación de autores en el hecho ocurrido en el cuartel policial de Neltume".

"Aunque también se recibieron otras declaraciones de abogados que dicen haber participado en Consejos de Guerra realizando en la ciudad, tampoco ellas resultan idóneas (...) pues o bien se refieren a épocas diferentes o no entregan elementos de juicio con la suficiente solidez y coherencia como para arribar a la conclusión que se viene cuestionando", afirma la resolución.

"En consecuencia, sólo cabe concluir que las muertes por fusilamientos de Gregorio José Liendo Vera, Pedro Purísimo Barría Ordóñez, Rudemir Saavedra Bahamondes, Víctor Eugenio Rudolph Reyes, Víctor Segundo Valeriano Saavedra Muñoz, Santiago Segundo García Morales, Luis Mario Valenzuela Ferrada, Sergio Jaime Bravo Aguilera, Luis Hernán Pezo Jara, Víctor Fernando Krauss Iturra, Enrique del Carmen Guzmán Soto y José René Barrientos Warner, no tienen justificación legal alguna y, por lo tanto, sólo obedecen a la decisión de quienes ejercían el mando militar en esos momentos, para lo cual se valieron del concurso de varias otras personas subordinadas a ellos, en el intento de revestir de juridicidad un hecho que no la tenía", razona el fallo.

Fuente: Cooperativa




viernes, 7 de agosto de 2020

Con la tristeza enorme que invade por la partida de nuestro gran Eusebio Leal

 

Eusebio leal, historiador de la Habana falleció Extraordinario ser, artista, investigador, intelectual a carta cabal.
Nos deja un gran legado.


"Yo no aspiro a nada, yo no aspiro ni siquiera a eso que llaman la posteridad; yo no aspiro a nada, yo solo aspiro a haber sido útil. Y le pido perdón a todos aquellos que, a lo largo de la vida, en la búsqueda necesaria de lo que creí mi verdad, pude haber ofendido; y a mis propios errores que cometí con la pasión juvenil en que todo hombre y todo pueblo busca sus propios caminos. Yo creo que al final lo encontré, y que esa luz que veo ahora, ahí, en medio de las tinieblas del ocaso, es finalmente el camino."
Con la tristeza enorme que invade a Cuba toda por la partida de nuestro gran Eusebio, sólo pedimos que esa luz lo ilumine en su "Andar la Eternidad".


La moda de perseguir a los defensores de derechos humanos en tiempos de coronavirus

 Hay gobiernos que han usado la pandemia como excusa para detener o retener a los ciudadanos más críticos. Defensores, periodistas o activistas permanecen incluso en prisiones afectadas por la covid-19 como una suerte de doble castigo, según denuncia hoy Amnistía Internacional

En este dramático tiempo coronavírico mundial (con más de 700.000 fallecidos y casi ya 20 millones de infectados) en que tantas situaciones críticas y nuevas se están viviendo y tan necesario ha sido y es el trabajo conjunto de todos los sectores para salir adelante a escala local, nacional y global, muchos gobiernos han hecho de su capa un sayo y han aprovechado para reprimir aún más a los ciudadanos, incluso a aquellos ya retenidos o encarcelados. Así lo denuncia hoy Amnistía Internacional (AI) en un nuevo informe titulado Atreverse a defender los derechos humanos durante una pandemia.

En él, y a través de cinco apartados, se enumeran otros tantos modos y modas de persecución de defensores de derechos humanos (DDHH) que se han producido en gran parte del mundo en estos últimos meses. Desde el uso del confinamiento como pretexto para el control y ataque a determinadas personas o grupos, algo que, indican, ha sucedido en Hungría, Zimbabue, Níger, Tailandia o, especialmente, en Filipinas (con el presidente Duterte animando a la "caza del activista", y donde el caso de Maria Resa es el más destacado pero no el único), hasta los castigos específicos asociados a la identidad de los defensores, es decir, que algunos de ellos además de ser atacados por el trabajo que realizan están en riesgo por ser quienes son. "Sus desafíos se derivan de la desigualdad estructural y la discriminación porque son mujeres, personas indígenas o afrodescendientes, migrantes, refugiados o personas LGBTI o pertenecen a otros grupos que son sistemáticamente discriminados y marginados", señala el informe.

En silenciar a aquellas personas que han sido críticas con el manejo y las medidas tomadas por los políticos y gobiernos contra la pandemia han destacado China, Polonia, Nicaragua, EE.UU. o Rusia. Así, Amnistía Internacional ha identificado a 131 personas en todo el mundo que han sido víctima de hostigamiento, enjuiciamiento, homicidio o encarcelamiento bajo pretextos relacionados con la covid-19. "La legislación sobre noticias falsas, las restricciones de la circulación, la menor protección policial y la mayor intolerancia a la crítica han dado lugar a una nueva oleada de represión en todo el mundo contra quienes han denunciado irregularidades en el sector sanitario o han señalado respuestas inadecuadas a la pandemia", indican.

No liberar a los ya encarcelados como doble castigo parece haber sido uno de los métodos de represión preferidos, según AI. "Gobiernos a los que se alabó durante estos meses por dejar en libertad a miles de presos por prevención sanitaria antes los brotes de coronavirus (como hicieron Egipto, India, Irán y Turquía) han excluido de esta excarcelación a los defensores de derechos humanos y/o han continuado practicando detenciones de activistas, periodistas y ciudadanos críticos", indican.

El 25 de marzo de 2020 pasado, en el momento álgido de la pandemia, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los DDHH, Michelle Bachelet, instó a los Estados a poner en libertad “a todas las personas recluidas ilícitamente, entre ellas las presas y presos políticos y las detenidas por sus opiniones críticas y disidentes”. Debían hacerlo, pidió, en respuesta a la amenaza sanitaria. No obstante, varios países hicieron oídos sordos y excluyeron a los defensores de las medidas para descongestionar las prisiones. "En India, por ejemplo, muchos estudiantes y activistas que habían participado en protestas pacíficas contra la Ley de Ciudadanía, que es discriminatoria, continúan detenidas injustamente", denuncia AI.

En Egipto, sigue, el Gobierno no puso en libertad a los detenidos únicamente por expresar su opinión, "ni a miles de otros presos y presas preventivos, muchos de los cuales se enfrentan a cargos de terrorismo excesivamente imprecisos entre motivos de preocupación por el incumplimiento de las garantías procesales". En Irán, las autoridades anunciaron que habían puesto en libertad temporalmente a 85.000 personas presas, "pero muchos defensores continúan recluidos por cargos de motivación política en condiciones atroces". Entre ellos, Narges Mohammadi, que padece graves problemas de salud y a la que se le niega atención médica.

"En Turquía, las medidas de descongestión, en virtud de las cuales más de 100.000 personas quedaron en libertad en abril, han excluido expresamente a las personas detenidas en espera de juicio y a las que se encuentran en prisión preventiva o han sido declaradas culpables en aplicación de la legislación antiterrorista turca, excesivamente general. Entre ellas hay activistas políticos y de derechos humanos, periodistas, personas del mundo académico y otras que se han pronunciado en contra del Gobierno".

“Su exclusión de las medidas de libertad subraya el carácter político de su encarcelamiento. Es evidente que el gobierno turco le teme a la crítica aún más que a la pandemia”, asegura Lisa Maracani, investigadora de la organización. Recordemos que en el caso de Turquía, este mismo julio un tribunal del país condenó a cuatro defensores de derechos humanos, entre ellos dos directivos de Amnistía Internacional, a entre dos y seis años de cárcel, acusándoles de estar relacionados con organizaciones terroristas y conspirar para derrocar al Gobierno del islamista Erdogan. "Acusaciones que los observadores internacionales tachan de ridículas e insostenibles y fruto de un sistema judicial cada vez más controlado por el Ejecutivo", escribía el corresponsal de EL PAÍS Andrés Mourenza.


En otros países en los que el hacinamiento en las prisiones ya es grave, los gobiernos han seguido deteniendo a activistas por cargos falsos, agravando el problema y poniendo en peligro a más personas, tal como sucede en Túnez, Marruecos, Níger, Zimbabue y Angola, entre otros países.

Convertirlos en blanco fácil

Finalmente, señala este informe, otro modo de persecución sutil es dejar expuestos o no protegidos a aquellos defensores ya en riesgo previo (algo que ha sucedido en aquellos países donde los asesinatos ya existían previamente) lo que ha brindado nuevas oportunidades a aquellos que quieren silenciarlos. Es decir, convertirlos en blanco fácil. Y lo han conseguido, en algunos casos, con muertes sobre la mesa como la de la lideresa comunitaria Carlota Isabel Salinas Pérez, activista de los derechos de las mujeres a la que mataron a la puerta de su casa en marzo mientras repartía alimentos. Así, denuncia AI, en Colombia y México, por ejemplo, se han reducido las medidas de protección policial; en Honduras, el incidente reciente más grave es la posible desaparición forzada de cinco jóvenes, cuatro de los cuales son activistas de la Organización Fraternal Negra Hondureña. "Unos hombres vestidos con uniforme policial se los llevaron el 18 de julio de sus hogares". Y en Colombia, la organización de la sociedad civil Indepaz denunció 166 homicidios durante el primer semestre de 2020.

Así, son muchos los que parecen haber hecho caso omiso a lo que esta organización independiente (una de las pocas que se financia sólo de sus socios, más de siete millones) sugirió a los Estados ya en primavera, al igual que hizo la ONU. Entonces instó a los países a garantizar que los defensores de Derechos Humanos fueran tenidos en cuenta en sus respuestas para abordar la pandemia, "por ser actores clave para garantizar que las medidas implementadas respetan los derechos humanos y no dejan a nadie atrás". Amnistía pidió entonces a todos que "no utilizasen restricciones relacionadas con la covid-19 como pretexto para reducir aún más el espacio cívico y tomar medidas enérgicas contra los disidentes o aquellos que defienden los derechos humanos, o para suprimir la información relevante que se considera incómoda para un Gobierno". Tres meses despues, esta investigación, interesantísima y cargada de casos personales y enlaces a datos, documenta ataques contra ellos perpetrados durante el periodo de la covid-19 en nada menos que 46 países.

Sobre el exceso de celo de los cuerpos de seguridad y el uso de la violencia previos y durante el confinamiento en países africanos hablamos en el artículo El virus que también mata derechos en referencia a Nigeria, Senegal, Kenia o Sudáfrica. “La policía mata más que el virus' ha sido un titular que se ha repetido al menos en dos ocasiones, en Nigeria y en Kenia, y que representa la sensación sobre la excesiva violencia de la policía para hacer respetar los toques de queda y el resto de medidas de contención de la covid-19. Las redes sociales se han hecho eco de estos atropellos y en algunos han conseguido algo poco común: que las autoridades reaccionasen y reconociesen errores, pidiesen disculpas o anunciasen investigaciones y sanciones, según los casos", escribía Carlos Bajo Erro, periodista especializado en activismo africano.

"Si esos defensores de derechos humanos que estaban advirtiendo contra la propagación del coronavirus hubieran sido escuchados hace meses y no silenciados, el mundo sería un lugar mucho más saludable ahora, con muchas menos vidas y medios de vida perdidos. El mundo no puede darse el lujo de ignorar a periodistas, científicos y sanitarios o defensores profesionales de los derechos humanos", señala Mary Lawlor, la Relatora Especial de las Naciones Unidas.

Lamentablemente lo que muestran la realidad y estos datos, según Maracani, es que en lugar de hacerles sitio para que apoyen los esfuerzos dirigidos a abordar la pandemia y a prepararse para una recuperación justa, los gobiernos están "tomando medidas contraproducentes para silenciar a quienes consideran opositores" y la covid-19 ha sido "un castigo añadido para los defensores".

Como conclusión, Amnistía Internacional insiste en este informe en que la pandemia ha presentado una serie de nuevos desafíos sociales múltiples que no pueden abordarse únicamente con enfoques de arriba hacia abajo. "Los Estados deben aprender rápidamente de los errores, adaptarse, innovar y proporcionar respuestas flexibles y diferenciadas a los vastos problemas derivados de la crisis. Esto solo se puede lograr cuando se permite la crítica y el debate, y se consulta, escucha y anima a diferentes sectores de la sociedad a participar. Es por eso que los defensores son actores importantes en la lucha contra la pandemia y deberían ser vistos como aliados, no como enemigos".

Los Estados deberían reconocer, señala, que sin los individuos y colectivos que defienden los Derechos Humanos en todo el mundo, será casi imposible abordar la covid-19 y salvar tantas vidas y medios de subsistencia como sea posible. Por lo tanto, no es solo su obligación, sino que es de interés general "reconocerlos, protegerlos y permitirles llevar a cabo su trabajo crucial para que se pueda mitigar el impacto más duro de la crisis y los que más en riesgo están no se queden fuera".

“Ahora más que nunca, su trabajo es esencial para luchar por la igualdad en el acceso a atención médica, alimentos y alojamiento, y para informar a la ciudadanía sobre el virus y las formas de protegerse. Los gobiernos que explotan esta crisis para atacar a quienes defienden los derechos humanos deben saber que se les está vigilando de cerca”, advierte Maracani.


LA PANDEMIA COMO CALDO DE CULTIVO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

El nuevo informe de Amnistía Internacional sobre los riesgos a la hora de defender los derechos humanos hoy desvela que son muchas las organizaciones feministas que se ocupan ya del impacto de esta crisis en las mujeres en general y en las activistas en particular, incluidas las que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales, las que trabajan contra la violencia doméstica y otras de género. SISMA Mujer de Colombia, por ejemplo, publicó un análisis en profundidad de cómo la pandemia ha provocado un aumento de los niveles de violencia contra ambos grupos, tanto doméstica como en amenazas, ataques físicos y asesinatos de mujeres activistas. La Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de los Derechos Humanos de las Mujeres también ha publicado un análisis de la situación en México y América Central, citando numerosas amenazas para ellas, incluidos ataques de género y falta de protección, así como pérdida de medios de vida y de acceso a los servicios de salud. El informe de Amnistía también documenta los intentos de excluir a las defensoras de derechos humanos de participar en la respuesta a la pandemia, en particular aquellas que ya fueron marginadas, hostigadas e intimidadas antes, como las que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales. En El Salvador, reportan un aumento en las amenazas en línea, acoso y uso de lenguaje despectivo, misógino y estigmatizante en las redes sociales, incluso por parte de funcionarios estatales y de los que apoyan al gobierno. Particularmente en el caso de activistas y periodistas que han criticado públicamente el manejo de la crisis por parte del Gobierno en los últimos meses, según indica esta investigación.

Fuente: El país

miércoles, 5 de agosto de 2020

Exigirán a Unión Europea evaluación de acuerdos comerciales con Chile por situación crítica de derechos humanos

Las organizaciones que recurren a la Unión y parlamento Europeo, argumentan que los acuerdos comerciales de la Comunidad Europea y sus estados miembros, establece cláusulas que estipulan el respeto de los principios democráticos y de los derechos humanos como fundamento de cooperación, “y que su incumplimiento en los tratados bilaterales autoriza a que se tomen medidas e incluso suspender si se vulneran estos principios”, sentencian, llamando a su vez a las diferentes redes de solidaridad a seguir expresándose por justicia y garantías de los derechos humanos ante el grave escenario que se está viviendo en Chile.
El Equipo de Trabajo por Derechos Colectivos, junto a diversas organizaciones, solicitarán a instancias de la Unión Europea y Parlamento Europeo, la evaluación de los acuerdos comerciales que se han suscrito con Chile y los que actualmente se pretenden establecer, debido al “impresentable prontuario que tiene el estado chileno y en particular el actual gobierno de Sebastián Piñera con respecto a sistemáticas violaciones de derechos humanos cometidos y fomentados por agentes estatales, incluido los graves hechos de represión, asesinatos, montajes, odio, intolerancia y discriminación contra numerosas personas del Pueblo Nación Mapuche en el marco de reivindicaciones de derechos indígenas”, señalaron.



El Equipo adelantó que estos criterios deberían también extenderse a diferentes países que se declaran democráticos, donde rigen tratados internacionales de derechos humanos y que han establecido acuerdos comerciales con el estado chileno, “especialmente, para la evaluación sobre los beneficios y ventajas que ciertos grupos económicos han obtenido y que son responsables en gatillar graves conflictos sociales internos y de impulsar junto a grupos de poder político para que el estado chileno viole derechos humanos de una amplia población del país”.

Además de la situación crítica que se vivió a partir de la rebelión social en Chile, principalmente entre octubre 2019 y enero del 2020, el Equipo de Trabajo por Derechos Colectivos indicó que también es gravísimo “con respecto a quienes reivindican sus derechos indígenas, principalmente con respecto a las reclamaciones por tierras ancestrales y las defensas territoriales del Pueblo Nación Mapuche frente a atropellos cometidos por grupos económicos de la industria forestal – papeleras, de energía y colonos terratenientes vinculados a la agro industria, grandes exportadores en diferentes países, incluida la Unión Europea”.

En ese marco, se ha señalado que se está viviendo un momento crítico con respecto a la huelga de hambre que 27 presos mapuche sostienen en las cárceles de Temuco, Lebu y Angol, en particular el grave estado de los 9 presos que iniciaron esta protesta de ayuno desde el 4 de mayo a causa de la discriminación carcelaria, por ser “excluidos de la Ley penitenciaria Covid 19 y que fue aplicada a más de un tercio de la población penal en Chile, a quienes también se les ha negado una serie de medidas que el propio sistema carcelario otorga como es el acceso a Centros de Estudios y Trabajo o el derecho a la educación o capacitación, como también, la nula aplicación de las normas internacionales de derechos indígenas, como el Convenio 169 de la OIT y que fija medidas especiales a población indígena a quienes se les ha aplicado el sistema penal”.

El Equipo de Trabajo por Derechos Colectivos señaló que esta discriminación es de exclusiva responsabilidad del gobierno chileno, incluyendo los recientes episodios de odio y racismo en diferentes comunas de la Araucanía, perpetrados por grupos de civiles armados anti mapuche, en contubernio con agentes estatales de Carabineros, en pleno toque de queda, donde se facilitaron violentos ataques a personas de comunidades Mapuche que mantenían ocupados edificios de Municipalidades como medida de protesta y solidaridad con las demandas de los presos Mapuche.


“Es de enorme preocupación el nivel de polarización, confrontación y violaciones a los derechos humanos que está predominando en Chile, con un gobierno con representantes vinculados a crimines de lesa humanidad, como son los casos del Ministro del Interior Víctor Pérez y el Ministro de Justicia, Hernán Larraín, denunciados por sus vínculos y redes de protección a la secta Nazi de Colonia Dignidad, responsables de numerosos horrores durante la dictadura militar, esto, mientras el actual gobierno ha realizado diversas diligencias para liberar a quienes han cometido crímenes de lesa humanidad y terrorismo de estado durante la dictadura militar, en particular los oficios del propio Ministro Larraín a favor de recluidos en las cárceles de Punta Peuco y Colina, con dos recientes indultos, los casos de los criminales Raúl Rojas Nieto y Víctor Mattig Guzman, mientras mantiene en estado grave a los presos Mapuche”, indicó el Equipo.