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jueves, 9 de junio de 2022

Justicia procesa a Iturriaga Neumann por crimen de Ronni Moffitt, asistente estadounidense de Orlando Letelier

 Publicado:  Jueves, 9 de Junio de 2022 a las 00:51hrs.  Autor: Cooperativa.cl 

La ministra en visita Paola Plaza González acusa al general en retiro por homicidio calificado al ser quien ejercía la dirección del departamento "DINA exterior" que ejecutó el atentado contra el ex canciller chileno, en el que también murió su secretaria.



"Los oficiales chilenos a cargo del operativo, desde los actos iniciales de ejecución del delito, de manera consciente decidieron la consumación, como también las consecuencias y alcances, controlando el desarrollo y realización del hecho material", sostiene la resolución.

La Justicia procesó este miércoles al militar en retiro Raúl Iturriaga Neumann, criminal de la dictadura de Pinochet, por el asesinato de la ciudadana estadounidense Ronni Karpen Moffitt, secretaria de Orlando Letelier, en el atentado perpetrado contra el ex canciller chileno el 21 de septiembre de 1976 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en Washington D.C., Estados Unidos.

La ministra en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza González, sometió a proceso al general (r) del Ejército por su responsabilidad en el delito consumado de homicidio calificado de la ciudadana estadounidense.

Según reportó el Poder Judicial, la magistrada consideró que "existentes antecedentes suficientes" para tener por justificados una serie de hechos que configuraron el crimen.

La Justicia procesó este miércoles al militar en retiro Raúl Iturriaga Neumann, criminal de la dictadura de Pinochet, por el asesinato de la ciudadana estadounidense Ronni Karpen Moffitt, secretaria de Orlando Letelier, en el atentado perpetrado contra el ex canciller chileno el 21 de septiembre de 1976 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en Washington D.C., Estados Unidos.

La ministra en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza González, sometió a proceso al general (r) del Ejército por su responsabilidad en el delito consumado de homicidio calificado de la ciudadana estadounidense.

Según reportó el Poder Judicial, la magistrada consideró que "existentes antecedentes suficientes" para tener por justificados una serie de hechos que configuraron el crimen.

La resolución detalla que, "con ocasión de un plan desarrollado por agentes de la DINA, cuya máxima autoridad recaía en el general Manuel Contreras Sepúlveda y cuyo jefe de operaciones era Pedro Octavio Espinoza Bravo, bajo un contexto de orgánica, se llevaron a cabo una serie de atentados afuera del territorio nacional contra la vida de ciudadanos chilenos".

"Para tal efecto se efectuaron diversas coordinaciones y reuniones: una primera etapa consistió en comisionar a un funcionario de la DINA, el capitán Armando Fernández Larios, para viajar a Paraguay y conseguir pasaportes que le permitieran a él y un grupo operativo viajar posteriormente a EE.UU.; mismas instrucciones recibe Michael Vernon Townley Welch, quien se suma a estos y también los contactos que habían establecido con el grupo cubano denominado Movimiento Nacionalista Cubano, a los que se había encomendado a efectuar seguimientos a Orlando Letelier del Solar, quien a esa fecha trabajaba el Instituto de Estudios de Política en Washington".

En ese marco, "el 18 de septiembre de 1976 todo el equipo se traslada hasta el domicilio de Orlando Letelier para abocarse a un reconocimiento del área, análisis de rutina, revisión de traslados, y luego se da cuenta de las gestiones al teniente coronel Pedro Espinoza Bravo, encargado de controlar la operación, quien con la información recibida y canalizándolo a través de los conductos jerárquicos, imparte la orden de instalar un artefacto explosivo bomba, el cual fue colocado debajo del automóvil del ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile".

De esa forma, "se tiene por justificado que el día 21 de septiembre de 1976, a raíz del estallido provocado por un artefacto explosivo instalado a un travesaño lateral del chasis bajo la plancha del suelo el automóvil Chevrolet Chevelle Malibú Classic, utilizado por quien había sido embajador en el mandato del Presidente Salvador Allende Gossens en los Estados Unidos de Norteamérica, Orlando Letelier del Solar, fallece mientras conducía dicho móvil por una de las avenidas de la ciudad de Washington DC".

"Y a consecuencia de la misma acción ilícita muere su secretaria, Rommy Karpen Moffitt, de 25 años de edad y de nacionalidad estadounidense, quien junto a su cónyuge que resultó ileso, Michael Moffitt, acompañaban (a Letelier) en el vehículo en ese instante", subraya la magistra de la Corte de Santiago.

Con esos antecedentes, razona que "los oficiales chilenos a cargo del operativo, desde los actos iniciales de ejecución del delito, esto es, la preparación, la elección de los agentes, los medios económicos y las coordinaciones en el extranjero, las estudiaron cuidadosamente, lo cual permite señalar que éstos de manera consciente decidieron la consumación del delito, como también las consecuencias y alcances de éste, controlando el desarrollo y realización de del hecho material".

La responsabilidad de Iturriaga Neumann, quien el año pasado intentó sin éxito que la Justicia le permitiera cumplir sus numerosas condenas en su casa, recae en que éste estaba a cargo de la división de la DINA que llevó a cabo el atentado.

"Dentro de los antecedentes incorporados al proceso se desprende que, para el año 1976, dentro de la estructura con que actuaba la DINA había un departamento 'DINA exterior', integrado por un grupo de agentes abocados al conocimiento de asuntos y políticas internacionales y otro que desarrollaba labores operativas exteriores, identificándose a la persona a cargo de éste con 'chapas', siendo Raúl Iturriaga Neumann uno de los que ejerció la dirección y control a la época de los hechos", sostiene la ministra Paola Plaza.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Muere Fabiola Letelier, abogada y defensora de los Derechos Humanos en dictadura

 La abogada de 92 años, fallecida el jueves, fue uno de los rostros de mayor simbolismo en la búsqueda de verdad y Justicia ante los delitos del régimen.



El nombre de Fabiola Letelier quedará inscrito en el muro imborrable de la memoria chilena. Fallecida el jueves a los 92 años, acompañada de su familia, la abogada forma parte de los rostros de mujeres valientes, preparadas, llenas de humanidad y consecuencia que se pusieron al frente en la lucha contra las violaciones a los derechos humanos de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). De la estirpe política y moral de otras grandes chilenas, como Ángela Jeria o Ana González­, Fabiola hizo de su vida una causa. “La historia me obligó a vivir como una luchadora social y hoy puedo decir que estoy contenta con mi vida, aunque haya sido dura”, aseguró hace tres años, cuando la premió el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) por su trabajo incansable por la verdad y la justicia.

Vivió el horror en carne propia. A su hermano menor, Orlando Letelier, lo asesinó la dictadura en Washington D.C. en 1976, en uno de los crímenes más feroces del régimen. Había sido canciller en el Gobierno del socialista Salvador Allende y desde Estados Unidos era una de los principales opositores a Pinochet desde el extranjero. Fue la razón por la que la policía secreta del dictador, la DINA, se atrevió a atentar contra Letelier con una bomba adosada al coche en el corazón del barrio diplomático de la capital estadounidense. Murió Letelier y Ronni Moffit, su colaboradora norteamericana. Desde entonces, su hermana Fabiola se volcó de lleno al caso. “Ante uno de los crímenes más horrendos cometidos en la historia de este país, Fabiola Letelier tuvo una valentía y lealtad con su hermano que son ejemplares. Fue, además —y lo que es un honor y un motivo de orgullo para nosotros— una excelentísima abogada de nuestra universidad. Su nombre quedará inscrito en nuestra historia”, reflexionó en estos días el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi.

Recién egresada de la universidad, Fabiola Letelier se vinculó al trabajo humanitario. En la década del sesenta se integró a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, luego del golpe de Estado, regresó a Chile luego de vivir ocho años en Estados Unidos. Nacida el 17 de julio de 1929 en Temuco, en el sur del país, la abogada formó parte del Comité Pro Paz, un organismo fundado solo algunos días después del quiebre democrático por el cardenal Raúl Silva Henríquez, que desde el primer momento se resistió a la brutalidad dictatorial y cumplió un papel central en la ayuda a los perseguidos y sus familias. Fue el Comité Pro Paz el que rápidamente empezó a organizar la defensa de la oposición con visitas a los campos de detención, ayudas a los familiares para intentar ubicar a los parientes, defensa de quienes estaban siendo sometidos a Consejos de Guerra y recorridos por las cárceles.

Con su disolución por las tensiones con la dictadura, en octubre de 1975 el cardenal consiguió fundar la Vicaría de la Solidaridad, a través de un decreto del Papa Pablo VI. La abogada Letelier, nuevamente, estuvo allí. El organismo no solo se enfrentó a los militares y los paralizados tribunales de justicia, sino que fue un aparato de contrainteligencia ante el régimen. “La Teología de la Liberación, nombre forjado por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, que defendía la opción preferencial por los pobres, marca profundamente la Iglesia chilena de los sesenta y setenta”, ha explicado la abogada de la Vicaría de la Solidaridad, Carmen Hertz, para comprender los antecedentes de la postura del catolicismo chileno.

El proyecto de derechos humanos que representó la Vicaría ha sido quizás el más potente a nivel global desarrollado en dictadura y lo explicó en sus memorias el propio cardenal Silva Henríquez, fallecido en 1999. “Era una creación original, sí. No existía en otras partes, no tenía precedentes. La suscitó una situación extraordinaria, ¡qué duda cabe! Pero no fue una casualidad, ni una súbita inspiración: la Vicaría nació de una larga y sufrida reflexión en torno a lo que vivíamos día tras día”, indicó en el libro del periodista Ascanio Cavallo. Al grupo se sumaron abogados y asistentes sociales, entre otros, la mayoría jóvenes. Este edificio, ubicado frente a la Plaza de Armas, se convirtió en un símbolo de la resistencia antidictatorial desde fines de los setenta y el principal lugar de acogida de las víctimas y sus familiares. “Junto con el informe mensual, que relataba todos los abusos que se habían cometido en el mes último, una vez al año les presentábamos al Poder Judicial el estado de la situación de los derechos humanos. Esperábamos que el presidente de la Corte Suprema hiciera alguna referencia, pero nunca sucedió”, ha recordado María Luis Sepúlveda, que llegó a ser secretaria ejecutiva de la Vicaría.

La abogada Letelier estaba allí esa mañana del 21 de septiembre de 1976 cuando a la Vicaría llegó la noticia del atentado contra su hermano Orlando. La abogada Rosemarie Bornand lo recuerda: “Nadie que estuvo en la Vicaría esa mañana del 21 de septiembre 76 olvidará esos momentos”, señala al teléfono. “Todos conocíamos la historia de represión contra Orlando Letelier, que estaba exiliado en Estados Unidos, luego de pasar por Venezuela. Tenía una actividad política inmensa de solidaridad con Chile y de denuncia de los crímenes. Esa mañana de septiembre, Fabiola recibió una llamada, mientras estaba trabajando en su escritorio. Y solo dijo: ‘Asesinaron a Orlando’, inmensamente conmovida. Fue algo estremecedor. Habíamos sabido del asesinato del general Carlos Prats en Argentina, el año anterior, pero un crimen en el corazón de Whashington, era surrealista. Eso y el dolor de Fabiola, que lo vivimos como en carne propia, porque era una de nosotros. Fue tremendo, espantoso”, asegura la abogada.

Bornand recuerda que Letelier se inició en la Vicaría, pero que en su biografía tiene especial relevancia el papel que jugó en el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), un organismo laico que fundó a comienzos de los años ochenta y se enfocó en el trabajo con la organización social, pero en términos políticos. “Fabiola era muy cálida, cariñosa, aunque formal. Su trabajo en tribunales, donde siempre iba muy presentada, era admirable porque dejaba en evidencia su perseverancia. Es inolvidable cómo trabajó en el caso de su hermano. Consiguió el procesamiento de Manuel Contreras, el número uno de la DINA, en un fallo histórico, en el que ella tiene un papel protagónico”, recuerda su compañera sobre la decisión de la Corte Suprema de mayo de 1995, donde también se condenó al brigadier Pedro Espinoza, otro de los jefes de la policía secreta. “La mayoría de las personas concentradas en las calles próximas a los Tribunales, muchos de ellos familiares de desaparecidos, se abrazaron y cantaron el himno nacional al conocer el fallo”, informaba EL PAIS.

Nunca se alejó del trabajo por los derechos humanos. Fue presidenta y directora jurídica de CODEPU hasta 1998, en democracia. En los tribunales de Justicia recuerdan haberla visto alegando al menos hasta 2010, a sus más de 80 años. Tenía un especial interés por los casos en que las víctimas eran mujeres.

Fuente: El país (España)

La ALDHU está de luto por el fallecimiento de esta gran mujer que buscaba, con todas sus fuerzas, la defensa de los derechos humanos para conseguir una mejor sociedad y un mejor mundo en que vivir.

lunes, 5 de julio de 2021

Asesinato de Letelier en Washington

Cuando me despido de mis padres y me quedo en Washington, no es ajena la sensación de seguridad personal que necesitaba. Los yanquis mandan matar, pero fuera de su territorio. Sin duda pesó también labrar mi propio camino y la necesidad de aislar a la dictadura desde donde más se la apoyaba. Pero sentirme seguro tras la pesadilla de Buenos Aires fue importante. En setiembre, una persona que me estaba ayudando a encontrar mi lugar, muere asesinada a pocas cuadras de donde le esperaba: Orlando Letelier.





Lo había conocido en el 75, con mi viejo en un coloquio en Oaxtepec (México). Allí nos ayudó a armar la agenda de nuestra visita a Washington, donde tenía importantes contactos. Orlando había sido Canciller y Embajador en Washington de Allende. Fue preso después del golpe y una vez en libertad se instaló en la capital de EEUU. En el 76, conocedor de la tragedia de mayo, me abrió muchas puertas cuando quedé solo, tras la tragedia de Buenos Aires, con 23 años. Los americanos lo conocían como Embajador y lo respetaban. Muchos chilenos creían que era el único capaz de unir toda la oposición a Pinochet.

Juan Gabriel Valdez, amigo chileno, me había puesto de nuevo en contacto con él. Su padre, Gabriel Valdez (amigo de mis viejos), me había ayudado a contactar a Descoto que fue quien terminaría financiando mi trabajo en WOLA. Pero en setiembre yo estaba sin trabajo ni respaldo institucional. Me había hecho unas hojas que decían «Uruguay Information Project». Sonaba muy rimbombante pero era solo yo. Dormía en un sofá del Consejo de Asuntos Hemisféricos, en la Av. New Hampshire.

Como Embajador del exilio chileno, Orlando conmemoraba en su casa su Fiesta Nacional (las fiestas dieciocheras). Yo venía hablando con él por una pasantía («internship») en su oficina hasta que se concretara lo de la WOLA. Su oficina financiada por fundaciones europeas: el «Instituto de Estudios Políticos (IPS), quedaba en el 1901 de la calle Q -NW-, a pasos del céntrico Dupont Circle. Me invitó a la Fiesta.

Ésta comenzó antes del mediodía del sábado 18 de setiembre y terminó pasadas las 17:30. Justo al mediodía bailó una cueca con su esposa, Isabel Margarita. Tenía hijos chicos, hoy uno de ellos es Senador en Chile. Terminado el baile, pasaron bebidas: me toma del brazo y en un aparte brinda conmigo: «Conseguí los recursos: el lunes puedes empezar como pasante en IPS». Seguí el festejo hasta la noche.

El lunes 20, a las nueve en punto llegué a lo que sería mi oficina, hasta que se concretara lo de WOLA. Orlando me recibe de inmediato, me agencia un escritorio pequeño. El IPS era un edificio amplio de unos cuatro pisos. Orlando me cuenta que al otro día se reunirá LASA. «Y a que no sabéis qué… te he conseguido para que hables». Enorme alegría.

De inmediato tuve que averiguar qué era LASA. Yo era un recién llegado. Por cómo lo dijo, intuí que era muy importante. Pero yo, ni idea. La única persona que conocía en IPS era la Prof. Roberta Salper (y al cineasta Saul Landau, pero creo que él no sabía quién era yo). Roberta me felicitó y explicó. La sigla identificaba a la Asociación de Estudios Latinoamericanos. A la misma pertenecían los departamentos internacionales de todas las Universidades de EEUU.

LASA se reunía en un gran congreso una vez al año. Ese año lo harían en Atlanta, Georgia. El proceso de selección de la sede del encuentro era una movida muy grande. Al otro día habría una de esas reuniones preparatorias y todo referente sobre América Latina en Washington estaría presente. Me ayudó a preparar mi presentación. Todavía, prefería llevarla por escrito.

El martes a las 9 en punto comenzó la sesión. A las 11 me anuncian y hablé 20 minutos y luego contesté preguntas. Todo denunciando a la dictadura uruguaya de la que muy poco se sabía allí hasta entonces. Terminé y alivié los nervios. Poco recuerdo los saludos y comentarios de la gente presente. Había sido mi debut público: en EEUU y en inglés.

Fui a tomar agua en el fondo del salón. En eso, empezaron a sentirse llantos y voces que anunciaban y gritaban algo confuso. La sesión se interrumpió sin protocolo. Todo el mundo corría en direcciones opuestas. No entendía ni sabía cómo hacer para comprender algo. Allí estaba el Prof. Larry Burns de NY a quien pregunté qué pasaba. «Mataron a Letelier», me dijo.

Subí a mi oficina por una escalera repleta de gente que la bajaba. Me tiro en mi silla. No lograba llorar. No tenía reflejos. Así estuve como un cuarto de hora. Alguien (no recuerdo quién) entró y me contó. «Pusieron una bomba bajo el coche de Letelier. Fue a las 9:30 frente a la Embajada de Chile en Sehirdan Circle. Murió él y Ronnie Moffit».

Ronnie, su secretaria, tenía su escritorio al lado del mío. Vivía a la misma distancia de la oficina que yo, pero hacia el norte y yo hacia el sur. Orlando la solía traer porque le quedaba de paso. Su marido Michael (también trabajaba en IPS) salvó su vida, pero sufrió heridas graves. Tengo lagunas, pero recuerdo mucho el velatorio y el entierro.

En este último fuimos al cementerio de Georgetown, tras sus restos y una camioneta que llevaba a Joan Baez, con un equipo muy improvisado cantando en español e inglés. «We shall not be moved, como un árbol firme junto al río no nos moverán». Instintivamente, al finalizar, le di un apretado abrazo y una vez más traté de llorar, pero no pude. Las lágrimas se anudaban en mi garganta y en un ardor en el pecho. Creo que, además de tristeza, la angustia expresaba mucho miedo.

En el entierro y las marchas gritábamos que la bomba había sido detonada desde la Embajada de Chile, frente a Sheridan Circle, donde estalló la bomba. Yo en realidad quizás no lo creía, era demasiado burdo. Años más tarde la Justicia de EEUU estableció que desde allí operó Michael Townley, el autor material.

Recuerdo flashes de aquellas horas. Pero cuando en 2019 escribía con Vignolo el libro «Wilson Bitácoras de una lucha» una historiadora argentina, Naguy Marsilla, me hizo llegar un link: el noticiero de la CBS del afamado periodista Walter Cronkite, que veía todas las noches, menos esa del entierro: (youtube.com/watch?v=qHEBvEFW951). En el mismo aparezco, marchando frente a la Embajada de Chile y en la conferencia de prensa de IPS con mi joven mirada perdida.

Esa noche, la Presidenta de Amnistía Internacional en EEUU, Rose Styron, me llevó con su familia a su casa de descanso en Cape Cod. Su marido, el novelista William Styron, era el autor de la novela «La elección de Sofía» llevada magistralmente al cine por Meryl Streep. Quizás lograron distraerme un par de días. Nunca supe expresarles toda mi gratitud. Quizás por eso mi hija se llama Sofía.

Días después, me citan del FBI, pero esa es otra historia.




lunes, 21 de septiembre de 2020

ORLANDO LETELIER, NO TE OLVIDAMOS

 El 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier fue asesinado mediante un atentado terrorista ocurrido en el corazón de Washington, ordenado por el dictador Augusto Pinochet. Una bomba colocada en el piso del automóvil que conducía, fue accionada mediante control remoto generando una explosión que le originó la muerte minutos más tarde. Junto con él, falleció su acompañante, la joven Ronni Karpen Moffitt, compañera de trabajo en el Instituto de Estudios Políticos.

​El presidente Allende lo designó embajador en los Estados Unidos, cargo que desempeñó hasta comienzos de 1973 cuando fue convocado a Santiago para asumir la cartera de Relaciones Exteriores, más tarde el Ministerio del Interior y finalmente el de la Defensa Nacional.
​En esa responsabilidad lo sorprendió el golpe militar de 1973.  Fue detenido el mismo día 11 de septiembre al ingresar al Ministerio a su cargo y confinado a la Isla Dawson junto con otros altos funcionarios del gobierno depuesto. Allí permaneció por ocho meses, siendo trasladado en Mayo de 1974 al subterráneo de la Academia de Guerra Aérea (AGA), lugar habilitado por la Junta Militar como siniestro centro de torturas.
​Dos meses más tarde, el grupo de ex ministros fue trasladado a Ritoque, un balneario popular construido por el gobierno de Allende, que se blindó y artilló para servir como campo de concentración.
​Con motivo del primer aniversario del golpe militar, el 11 de septiembre de 1974, los presos políticos confinados en Ritoque, fuimos llamados a formación, a fin de escuchar la palabra de un alto oficial de la Fuerza Aérea, quién pretendió justificar la intervención militar, debido a las supuestas ilegalidades y escándalos cometidos por la administración Allende.
​El oficial concluyó su diatriba con la siguiente advertencia: “Algunos de ustedes saldrán pronto expulsados fuera de Chile, pero sepan que la larga mano de la DINA los alcanzará en cualquier lugar del mundo, vayan donde vayan.”
​Días después, Orlando fue expulsado de Chile, arribando a Venezuela cuyo gobierno había realizado numerosas gestiones en demanda de su libertad.  Allí se reunió con su familia, con la cual viajó meses después a los Estados Unidos, a fin de integrarse como miembro del Instituto de Estudios Políticos en Washington, tarea que compartió con el cargo de Director del Transnational Institute (TNI), con sede en Holanda.
​Letelier desarrolló una actividad infatigable denunciando los crímenes y las múltiples violaciones a los Derechos Humanos que tenían lugar en Chile, tarea que compartió con el análisis de las transformaciones a las estructuras sociales y económicas que comenzaron a implementar los golpistas.
​El 26 de agosto de 1976, veinticinco días antes de su asesinato, Orlando publicó un ensayo en la revista norteamericana The Nation titulado:
“Los Chicago Boys en Chile: LIBERTAD ECONOMICA Y REPRESION POLITICA.   Dos caras de un mismo modelo”. 
​El texto analiza detalladamente los cambios introducidos en la economía chilena por la Junta Militar, enfatizando que una política tan contraria a los intereses mayoritarios de la población, solo podía implementarse mediante una feroz represión.  
​En esos días, las autoridades norteamericanas reconocían la existencia de los abusos en materia de derechos humanos cometidos por los militares chilenos, pero valoraban con entusiasmo sus éxitos económicos.
​El ensayo de Orlando es categórico en demostrar que libertad política y represión económica son dos caras de una misma moneda. Es imposible disociar esa yunta, y enrostra a los Chicago Boys su responsabilidad por el genocidio que tiene lugar en Chile.
​Han transcurrido 44 años desde la publicación de este ensayo. Letelier no podía saber entonces, que Chile sería un verdadero conejillo de indias para la implementación del modelo neoliberal económico que se extendería más tarde al resto del mundo.
​El dogma de Chicago fue impuesto en la década del ochenta con mano férrea por Margaret Thatcher en el Reino Unido y por Ronald Reagan en los EEUU. A la caída del muro de Berlín, la epidemia neoliberal contagió a todas las naciones integrantes del campo socialista, y más tarde acabó con los estados benefactores de Europa.
​El recetario fue siempre el mismo: desregulación, privatización de las actividades productivas y de servicio, flexibilidad laboral, fin a las barreras arancelarias, independencia de los bancos centrales, modificación de los sistemas previsionales solidarios, y otras acciones, todas las cuales se implementaron casi con simultaneidad en una fanática política de choque.
​Salud, Educación, Vivienda y Previsión Social, dejaron de ser derechos garantizados por el Estado a cada uno de sus ciudadanos. Las conquistas laborales fueron limitadas o suprimidas.
​La dictadura chilena resultó un alumno aventajado en esta experiencia. Los resultados están a la vista: al término de su mandato, Pinochet entregó un país con un 43% de la población viviendo en niveles de extrema pobreza, mientras los grandes consorcios transnacionales y un puñado de privilegiados alcanzaron ingresos económicos inimaginables en el pasado.  
​Los años transcurridos desde el fin de la dictadura, no modificaron sustancialmente este cuadro. Más aún, se consolidó la desnacionalización del cobre, se incrementó la privatización de los servicios públicos, se privatizaron los derechos de agua, asignados a perpetuidad, y se intensificaron actividades productivas o de servicio dañinas para el medio ambiente, a tal punto, que algunas zonas del país adquirieron la vergonzosa categoría de zonas de sacrificio
​Orlando Letelier tiene el indiscutible mérito de haber alertado sobre los estragos producidos por el modelo económico neoliberal. Fue el primero en advertirlo. El dominio del poder imperial sobre los medios de comunicación, se encargó de silenciar su mensaje. El mensaje de Orlando incomoda a quienes hicieron suyo -en democracia- el andamiaje montado por los Chicago Boys.
​La periodista canadiense Naomi Klein, tiene el enorme mérito de haber rescatado del olvido el texto de Orlando, al que cita reiteradamente en
“La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre”, obra de impacto mundial, donde analiza las consecuencias negativas generadas por las políticas neoliberales tanto en Chile como en Sudáfrica; en Polonia, Rusia, Irak, o en los propios Estados Unidos.
​Tras la insurrección popular iniciada en octubre del año pasado, está claro que finalmente, el pueblo chileno ha hecho suyo el mensaje que nos legó Orlando Letelier, adquiriendo conciencia sobre los estragos económicos, sociales y ambientales causados por el modelo neoliberal, cuya coraza fundamental es la Constitución pinochetista.
​La convocatoria a a un próximo Plebiscito destinado a definir la aceptación o el rechazo a dicha Constitución, será el primer paso para abrir paso a una sociedad donde imperen los derechos sociales, políticos y culturales, así como el irrestricto respeto a los Derechos Humanos.
​Será el mejor homenaje que podamos rendir a nuestro querido e inolvidable compañero Orlando Letelier, quién fue el primero en advertir los estragos que causaría el modelo económico neoliberal, del cual Chile fue un discípulo aventajado en el mundo.
​Querido Orlando: no te olvidamos. Gracias por tu consecuencia y por todo lo que nos enseñaste.
 
Miguel Lawner
21.09.2020