Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Nueva constitución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva constitución. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de junio de 2022

Poder Judicial y nueva Constitución, viento alentador para la democracia chilena (Chile)

 por Diego García-Sayán 16 junio, 2022

Me atrevo a decir que pocas constituciones abordan la función jurisdiccional con el detalle de esta propuesta. También me aventuro a señalar que esta podría ser una oportunidad histórica para situar a Chile a la vanguardia en la materia, pasando del actual reproche a las limitaciones verticalistas de su diseño judicial a exhibir uno novedoso, centrado en la independencia de su judicatura, lo que sin duda elevará los estándares de su democracia, que verá fortalecida en definitiva la debida protección y tutela judicial efectiva de los derechos fundamentales de las personas.



La vorágine de los procesos políticos y sociales que convergieron en el itinerario constituyente en Chile a menudo hizo que no siempre se le prestara la debida atención a su traducción en el texto que fue surgiendo, al contrario de algunos aspectos más novedosos en el diseño constitucional que emergió, como, por ejemplo, el espacio y derechos de los pueblos originarios.

Y en medio de la elevada temperatura del debate político de estos días, a primera vista percibo que el electorado avanza a toda máquina a hallarse entre dos aguas, debiendo optar por un nuevo texto constitucional o por la permanencia del vigente, inmerso en un mar de información, desinformación, interpretaciones varias e intereses de toda índole.

En este complejo escenario, quiero destacar que en el borrador hay, no obstante, importantes y positivos mínimos denominadores que ofrecen un panorama útil acerca del perfil de ciertas instituciones que el Constituyente buscó rediseñar a partir de ciertos diagnósticos previos, y en cuanto al Poder Judicial chileno y a su judicatura, se proponen varios notables progresos institucionales y democráticos que apuntan con relativa solvencia en una dirección constructiva y renovadora, concordante con los estándares internacionales más relevantes en materia de independencia judicial y acceso a la justicia.

A menudo ignorado por la aparente preponderancia o atractivo de otras materias y usualmente incomprendido por su sofisticación o aparente distancia con necesidades sociales o económicas más apremiantes, el estatuto que regula la función de juezas y jueces, y que en el borrador que se conoce adopta la nomenclatura de “Sistemas de Justicia”, adquiere ahora, sin embargo, una relevancia insospechada a la hora de delinear los pilares del futuro Estado social y democrático de derecho chileno.

En esencia, esto último responde a que aquellos derechos que la sociedad conquista y plasma en una Constitución requerirán evidentemente de reconocimiento práctico y, en especial, de tutela judicial efectiva. Sin ello, el texto constitucional y el abanico de derechos y obligaciones allí condensado, serían un conjunto de meras referencias declarativas y distarían de ser norma jurídica.

Todas las miradas apuntan, en esencia, a evaluar cuán independientes e imparciales pueden ser juezas y jueces en un determinado Estado con el diseño constitucional que se ha dibujado, y lo que se conoce viene bien orientado y sustentado, dejando atrás ciertos aspectos del diseño anteriormente vigente que no garantizan a plenitud la independencia frente al poder político o la independencia interna de jueces y juezas dentro de la estructura judicial.

Mucho antes de que en Chile se iniciara este camino con posterioridad al denominado “estallido social”, un diagnóstico transversal acuñado por representantes de la academia local y extranjera, centros de pensamiento, el gremio de jueces y la propia Corte Suprema, había abonado ya el terreno aguardando la oportunidad para la desconcentración de facultades no jurisdiccionales radicadas en los tribunales superiores chilenos, cuyo núcleo es el artículo 82 de la Constitución del 80.

Por otra parte, a su turno la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en diversas opiniones y fallos; la Unión Internacional de Magistrados (UIM), cuya Carta Universal del Juez se actualizó precisamente en Santiago; o la Mesa de Nombramientos convocada por el Ministerio de Justicia a fines de 2018 —informe que me tocó comentar en el Instituto de Estudios Judiciales meses después—, respaldan el cuestionamiento al diseño institucional judicial chileno, cuya verticalidad es un conocido problema para la independencia de sus juezas y jueces.

Es por ello que valoro positivamente la norma que busca la separación de las facultades jurisdiccionales de aquellas que no lo son, para quedar estas últimas entregadas a un órgano paritario, autónomo, mixto y de rango constitucional, como es el Consejo de la Justicia propuesto.

Destaco también que en la integración de este predomina en número la judicatura, lo que se aviene con el fin que anuncia la redacción de la disposición —el fortalecimiento de la independencia judicial— y que novedosamente suma a representantes de funcionarios y profesionales de la administración, cuestión que con seguridad enriquecerá la toma de decisiones, considerando que a este órgano tocará la gestión presupuestaria del actual Poder Judicial, para lo que gozará además de una autonomía que la Constitución del 80 hoy no contempla.

Enseguida, me parece muy interesante que quienes representarán al Congreso en el Consejo de Justicia pasen por un “filtro” de mérito como es la Alta Dirección Pública, con unos procesos de selección abiertos, regulados y transparentes.

Resulta destacable, también, que este órgano se hará cargo de los nombramientos en los que actualmente interviene el Poder Ejecutivo y los tribunales superiores. Esto arrastraba los consabidos potenciales efectos perniciosos derivados de la peligrosa mixtura entre las naturales expectativas de carrera, el control jurisdiccional y disciplinario de la jefatura del servicio con la politicidad de muchas de las designaciones.

Por ello no puedo menos que celebrar la eliminación de la jerarquía entre juezas y jueces, que de acuerdo con el tenor del artículo referido a la “Diferenciación funcional y estatuto común de los tribunales”, solo se distinguirán por la función que desempeñen.

En este punto me remito solo a la labor de historiadores y cronistas que han descrito el origen y resabios monárquicos de los sistemas de administración de justicia de los países de la región, herencia de la que Chile se alejaría siguiendo la tendencia mayoritaria de los países democráticos, de la mano de la actual propuesta constituyente.

Por otra parte, no puedo obviar que el texto reúne un conjunto de principios que apuntan a fortalecer el ejercicio de la actividad jurisdiccional.

Percibo que la mayoría de la Convención apuntó a un bloque expansivo de derechos, lo que hace ostensiblemente necesario contar con una judicatura dotada de estándares elevados de independencia.

Es así que, luego de definir la función jurisdiccional, se ocupó de establecer ciertas condiciones para el ejercicio de esta que son bastante sólidas y razonables.

Alude el texto a la “independencia jurisdiccional, imparcialidad y exclusividad”, para enseguida rematar con el principio fundamental de la “inamovilidad de juezas y jueces”. Prosigue con la “inexcusabilidad e indelegabilidad de la jurisdicción” y el deber de fundamentación sumado al uso del lenguaje claro en las sentencias, para continuar posteriormente con lo que denomina “principio de responsabilidad jurisdiccional”, que apunta a las inconductas de prevaricación, denegación o torcida administración de justicia.

Destaco que el debate haya dejado atrás intentos por responsabilizar personalmente a jueces y juezas por sus actuaciones o fijar límites temporales a su inamovilidad, como también que las revisiones integrales a los tribunales en los que sirvan pudieran incluir las sentencias, cuestión que fue descartada, enhorabuena.

Me atrevo a decir que pocas constituciones abordan la función jurisdiccional con el detalle de esta propuesta. También me aventuro a señalar que esta podría ser una oportunidad histórica para situar a Chile a la vanguardia en la materia, pasando del actual reproche a las limitaciones verticalistas de su diseño judicial a exhibir uno novedoso, centrado en la independencia de su judicatura, lo que sin duda elevará los estándares de su democracia, que verá fortalecida en definitiva la debida protección y tutela judicial efectiva de los derechos fundamentales de las personas.

Fuente: El mostrador

miércoles, 8 de junio de 2022

Instrumento para conocer el borrador de la nueva constitución de Chile.

Esta plataforma de búsqueda es una gran contribución para explorar en forma directa los artículos del borrador oficial de la Nueva constitución.

Ello puede ayudar a conocer el texto que se va a votar, y contrastar si existen informaciones tendenciosas o partidistas respecto al proceso de una nueva constitución en chile. 





Por ejemplo: si pones "Pueblos Indígenas" en el recuadro "Buscar", te aparecen de inmediato los textos directos. Y así, con otros temas. Aprovéchenlo y de paso difundan el enlace como un aporte en la campaña ciudadana de Educación Cívica por el Apruebo. Saludos cordiales. 


Folleto sobre la Convención constitucional y los enfoques por temas en la nueva constitución:





lunes, 5 de julio de 2021

Chile: una mujer indígena fue elegida para liderar redacción de la nueva Constitución

 Elisa Loncón es la presidente de la Convención Constituyente.


Los 155 candidatos que redactarán la nueva Constitución de Chile eligieron este domingo a Elisa Loncón, una mujer indígena, para presidir el órgano que creará la nueva ley fundamental, que sustituirá a la actual, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Loncón, una lingüista y activista mapuche -la etnia indígena mayoritaria en Chile-, fue elegida por mayoría absoluta en segunda vuelta, en la sesión inaugural de la convención que tuvo lugar en el antiguo Congreso Nacional de la capital, un acto que se detuvo durante casi una hora por la protesta de un grupo de constituyentes.

“Quiero agradecerle a todo el pueblo de Chile por votar por una persona mapuche y mujer para cambiar la historia de este país”, celebró Loncon, tras su elección, en idioma mapudungún y luego en español.

Con este acto, Chile dio el pistoletazo de salida a la redacción de una nueva Constitución, la primera en el mundo redactada por un órgano paritario y la primera del país en la que se incluirá a los pueblos indígenas, un grupo que supone el 12,8 % de la población pero que nunca había sido reconocido en la ley fundamental.

Pese a que el rol y las atribuciones que tendrá el presidente todavía no están definidos por ahora, los expertos apuntan la elección de Loncon como un acto simbólico e histórico, como un guiño al feminismo y a los pueblos indígenas, y se prevé que ejerza como portavoz y moderadora del debate.

“Estamos instalando una manera de ser plural, democrática, participativa, por los derechos de nuestras naciones originarias, por los derechos de la madre de Tierra, de las mujeres que caminaron en contra de un sistema de dominación y de los niños”, consignó la ya presidenta de la convención.

Loncon ocupa uno de los 17 escaños reservados para indígenas dentro de la convención, siete de los cuales fueron para el pueblo mapuche, dos para el aimara y un representante de cada uno del resto: kawésqar, rapanui, yagán, quechua, atacameño, diaguita, colla y chango.

Entre los sellos que quiere imprimir a la nueva Constitución está el de la plurinacionalidad para que se reconozcan las lenguas, las culturas y los territorios de los pueblos originarios, según dijo en entrevistas con algunos medios en los días previos.

También en estas instancias se refirió a los presos de las protestas sociales como “presos políticos”.

La convención constituyente, que fue íntegramente electa en las urnas el pasado mayo, está dominado por ciudadanos independientes sin afiliación a partidos (son 48 de los 155 candidatos), la mayoría de tendencia progresista, mientras que la derecha oficialista solo obtuvo 37 escaños.

El proceso constituyente nació en 2019 como un acuerdo entre los partidos políticos para tratar de amainar la mayor crisis social en tres décadas de democracia, que estalló en octubre de ese año con masivas marchas por un modelo socioeconómico más justo, y que dejó al menos una treintena de fallecidos y miles de heridos.

El órgano tendrá hasta un año para redactar la Constitución, la primera que emanará de un proceso plenamente democrático en la historia de Chile y un texto que deberá refrendarse en otro plebiscito en 2022 y que sustituirá a la criticada Carta Magna actual.

Heredada de la dictadura Pinochet (1973-1990), la actual ley fundamental es vista por muchos sectores por su corte neoliberal y por haber privatizado servicios básicos como el agua, la educación o las pensiones.

Fuente: infobae.com


domingo, 4 de julio de 2021

Todo nuestro apoyo para que lidere una nueva constitución moderna, democrática, intercultural y con el mayor consenso para Chile.

 La niña de la fotografía nació en Lefweluan, comunidad mapuche de la comuna de Traiguén, Región de la Araucanía en 1963.

Desde el campo llegó a estudiar al colegio de Traiguén. Sus compañeros le decían “La india”.

Con los años logró convertirse en profesora de Estado de la Universidad de la Frontera. Ha enseñado mapudungun e inglés, es experta en educación intercultural, doctora en Lingüística de la Universidad de Leiden, Holanda, doctora en Literatura de la Universidad Católica y actualmente es académica de la Universidad de Santiago (Usach).

Su nombre es Elisa Loncon, presidenta de la Convención Constitucional.

Desde la ALDHU le damos la enhorabuena a Elisa Loncón, la nueva presidenta de la Convención Constitucional y le entregamos nuestro apoyo para que pueda lograr una nueva constitución para Chile con una mirada intercultural democrática y moderna que consiga el más amplio consenso de todos los chilenos.

viernes, 8 de enero de 2021

El pronóstico de Luis Maira: “Si no hay nueva Constitución, Chile tendrá una crisis descontrolada donde todo puede pasar”

Recientemente, Luis Maira, consejero de la ALDHU, realizó una entrevista para "el mostrador". Aquí queremos mostrarles sus opiniones respecto a la confección y el camino en la realización de una nueva constitución (en Chile) ; así como las dificultades de llegar a entendimientos y consensos para lograrlo.


En solo 48 horas asegura que podría tener afinada una plantilla de la lista del Apruebo. Pero se requiere generosidad, un atributo que hasta ahora está perdido en los bolsillos de los partidos políticos de la oposición, y que es indispensable para materializar lo que el 25 de octubre la gente votó: una nueva Constitución. Luis Maira sabe que es una tarea difícil lograr que las colectividades cedan espacios, pero no hay otra opción. De lo contrario, el país puede verse atrapado en una crisis de la que difícilmente se podrá salir, considerando los altísimos niveles desigualdad y abusos que enfrentamos día a día.


Durante estas últimas semanas había estado a full y totalmente concentrado, junto a otros dirigentes, para cranear cómo llegar a un acuerdo que permitiera a las oposiciones conseguir 104 cupos en la Convención Constitucional, es decir, alcanzar los 2/3, con lo que se asegura cambiar la Constitución de Pinochet.

Pero ayer debió hacer un break y siguió en vivo durante varias horas el asalto de los partidarios de Trump al Capitolio, quienes impidieron certificar el triunfo de Biden, homologando así a la gran potencia norteamericana con las naciones corruptas, inestables y poco democráticas, motejadas como repúblicas bananeras.

Luis Maira quedó “impresionado” con lo que estaba ocurriendo en ese país, que por más de 30 años ha sido parte de su trabajo. “Cualquiera que haya estudiado seriamente los Estados Unidos, habría imaginado lo de ayer como algo imposible. Es un grado de desacuerdo de acumulación de disputas, de rencores, de falta de funcionamiento de los buenos mecanismos que tuvieron para construir acuerdos. Y esa era precisamente la fuerza que ostentaba Estados Unidos: la capacidad de construir acuerdos con solo dos partidos, sobre todo en tiempos de la Guerra Fría, y que ponían por delante el interés nacional”, explica el exembajador y ministro.

-La posta entre republicanos y demócratas no había presentado conflicto alguno. ¿Cuándo y cómo comenzó este nivel de descomposición observado ayer en Washington?
-Ellos fueron entrando en un proceso de cambio de su régimen político y de descomposición de los mecanismos de toma de consensos. Partió con la famosa crisis de Watergate, que terminó con la salida de Nixon. La idea de que el Presidente era un hombre honesto, correcto, intachable, se trizó con esa figura, metido en un escándalo mayúsculo de espiar y dañar a sus adversarios y hacer cosas ilegales que se fueron acumulando, hasta que se decidió hacer la acusación constitucional y destituir al Presidente que entonces renunció. Eso cambió la imagen del ciudadano medio norteamericano sobre la perfección de su sistema político y sobre la calidad infalible de sus líderes. Esa es una crisis que ha venido rebotando en muchos campos, en muchas áreas.

Yo escribí hace poco un trabajo, que estoy convirtiendo en un libro, sobre los siete escenarios principales de la descomposición del sistema norteamericano, que van de lo político a lo económico, a la gestión internacional. Es una situación preocupante para el orden internacional y del propio Estados Unidos.

-Es increíble que lo ocurrido ayer nos recuerda lo propio de una república bananera, donde partidarios del Presidente saliente e instigados por él tratan por todos los medios de impedir que asuma su contendor.
-La insurrección de un grupo de gente que desconoce la Constitución y usa prácticas delictivas, está fuera de todo lo imaginable. Pero aun así es un factor de sorpresa. Una cosa que a quienes conozcan más o menos cómo funciona el sistema norteamericano, tiene que generar mucha preocupación, porque estamos hablando de la economía más grande del mundo y de la potencia internacional más importante. Eso nos va a afectar, sin duda.

Generosidad al debe

Esta entrevista de El Mostrador original y exclusivamente buscaba ahondar en la última megatarea de Luis Maira que, por cierto, nos lleva inexorablemente a hacer una comparación con las labores realizadas por él en el Comando por el No. Momentos decisivos de la historia del país, que ahora se repiten cuando estamos a días de la inscripción de los candidatos para la Convención Constitucional, y con la posibilidad –únicamente si los partidos opositores atinan– de construir una nueva Constitución que termine con las amarras de la dictadura.

“Lento y difícil” ha sido este proceso, revela Maira, al comentar la paciente labor del comité por la lista única del Apruebo, que hasta ahora no ha podido ver humo blanco, a pesar de los múltiples esfuerzos por lograr una lista unitaria.

¿Cómo surgió la idea de este comité por la lista única del Apruebo?
-Un grupo de ciudadanos con cierta experiencia, por decirlo así, teníamos interés por los asuntos públicos, habíamos pasado por algunas responsabilidades, conocíamos el escenario de una Constituyente y nos organizamos a título personal. No representamos a ninguna organización, aunque podamos pertenecer a alguna de tipo cultural o política. Fue un esfuerzo de un grupo de personas que compartíamos esta inquietud. Y el razonamiento fue muy simple: si se ganó con un margen tan amplio, con casi el 80%, si tomamos en cuenta las dos preguntas, cambiar la Constitución y el método, que fuera directamente con representantes designados popularmente, en un 80%, una cifra que nunca se había obtenido por nadie, en ningún gran tema de debate en la sociedad chilena... Pero el problema era que el proceso constituyente tenía cláusulas, muy exigentes, que eran verdaderos obstáculos al llegar al resultado final de una Constitución democrática. Y la gran valla era la elección de las personas que van a redactar la nueva Constitución.

-¿Qué objetivos se plantearon en un comienzo?
-Originar una asociación amplia de todos los partidarios del Apruebo, independientemente si eran o no de una determinada tendencia política, si eran o no militantes, si eran independientes. Cualesquiera que fueran sus intereses, nos parecía que este era especial, distinto a todos los demás asuntos que están en la agenda: las elecciones de los alcaldes, de concejales, de gobernadores, y después en noviembre del Presidente, y de los diputados y senadores. De estas siete grandes elecciones, la única que tenía un carácter de principios, nacional y de alcance estratégico, de largo plazo, era la de los constituyentes. Por lo tanto, pensamos que debía tener un tratamiento especial. Más amplio, más generoso, con los mejores candidatos en cada uno de los 28 distritos que se van a usar para elegir a los que escriban la Constitución.

-Pero, por lo visto, esa generosidad no existe dentro de  la oposición.
-Más que generosidad, yo diría son los enfoques. Porque la primera reacción de un dirigente político es cómo yo aumento mi fuerza, cómo crezco, cómo hago de esta elección un momento de progreso de mi propia imagen y de poder.

-Para eso están las otras elecciones, no la de la Convención Constitucional.
-Es el mismo argumento que hemos dicho nosotros. Para eso están las otras seis elecciones. Pueden ir separados, juntos. Hacer toda clase de acuerdos, que son parte de la política. Pero esta es una situación que se ha presentado después de 40 años de una Constitución, que es la única que conozco fue íntegramente hecha por un dictador que tenía todo el poder, y buscó buenos expertos jurídicos conservadores, para hacer una Constitución que proyectara el manejo en el futuro, no solo el tiempo que durara la dictadura. Eso es lo que en Chile se llamó proceso de atar, y eso nos ha penado los 30 años de elección de gobiernos civiles.

Y eso no va a superarse y producirá una crisis cada vez mayor, mientras no modifiquemos la causa última, que es una Constitución perfectamente articulada para impedir un cambio del modelo económico, de la orientación política y del estilo que la dictadura trató de imponer. Y es primera vez que esto se logra: no se había conseguido en los 30 años con todas sus campañas. Fue la crisis, el estallido social como le llaman los diarios, la rebelión social lo que lo permitió.

-¿Rebelión?
-La rebelión social de octubre de 2019 fue la que cambió el escenario y la preocupación y el temor de algunos. Variaron los motivos que llevaron al acuerdo ese famoso del 15 de noviembre de hacer una nueva Constitución. Las reglas fueron reglas negociadas entre todos. Incluyendo 2/3 para sacar cualquier capítulo o cualquier artículo de la Constitución. Y si no hay 2/3, no hay texto.

-Eso significa tener 104 de los 155 convencionales, lo que es un número altísimo.
-Sí, 104 de los 155. Pero a la inversa significa que con 1/3 más uno, los que no quieren una Constitución distinta o que quieren mantener intacta la actual, tengan un derecho de veto. Eso nos preocupa mucho porque 1/3 no es una cifra inalcanzable, es lo que han sacado normalmente y bastante más los partidos de derecha cuando van juntos. Y para esta elección van a ir juntos: la derecha de alcance más política, la derecha cultural y la derecha económica. Las grandes corporaciones, incluyendo las corporaciones extranjeras que trabajan acá y a quienes beneficia la Constitución actual.

-¿Pero cómo la oposición no entiende que debe alcanzar un acuerdo para conseguir cambiar la Constitución de Pinochet? 
-Es poco comprensible, pero la política, la actividad de los dirigentes políticos tiene por desgracia para estos efectos sus propias reglas. La consideración de las ventajas que ellos puedan tener y el crecimiento de su propia fuerza, es lo que preside todo proceso electoral de cualquier clase. En el trabajo puede haber muchas diferencias, que son legítimas. Pero tomar 10 o 15 puntos básicos que hay que establecer para tener una Constitución democrática y distinta, tendría que haber sido logrado en un gran pacto, y conversar, del modo más cordial y constructivo posible, los muchos asuntos en detalle que se desprenden de los grandes acuerdos y que van a existir y que habrá que verlos en su momento.

-Si no logran los 2/3, si no logran 104 cupos en la Convención Constitucional, ¿qué pasará?
-No vamos a llegar a nada si no tenemos los 2/3, porque ahí no va a haber Constitución. La famosa página en blanco va a quedar sin escribirse. No va a dar el quórum para sacar ninguna norma que nos parezca importante, que sea distinta del espíritu que ahora preside una Constitución tan monolítica, tan y largamente estudiada. Fueron seis años y medio de trabajo de juristas competentes de derecha que sabían exactamente lo que buscaban y tenían un solo punto de vista, no tenían matices. Respondían a la orientación que la dictadura quería establecer en ese momento.

-Esta dispersión de los votos del Apruebo va a provocar una sobrerrepresentación del Rechazo, lo que implica que no habrá una nueva Constitución, con el alto riesgo de que aumente la frustración que la ciudadanía tiene.
-A mí lo que más me preocupa es este punto. Chile tiene ya una grave crisis política, porque suma componentes de agotamiento del modelo económico: injusticia, desigualdad, que la gente ya no resiste. Eso fue lo que originó la rebelión social. Pero, por otro lado, tienes problemas en el campo propiamente del sistema jurídico, en el centralismo. Tienes problemas no resueltos de la gente que se interesa por el medio ambiente, los que buscan la igualdad de género, los que quieren resolver los problemas de los pueblos originarios. Todas esas causas más temáticas, se suman con el problema general de articular y resolver la crisis política global que el país va teniendo cada vez más avanzada. Me impresionó leer, en una revista especializada de ciencia política de Estados Unidos, una nota no muy extensa pero muy visible con un recuadro, contando que el Gobierno de Chile ha llegado a tener un 7% de apoyo, cifra sin precedentes, una especie de récord mundial. Pero no se puede gobernar con ese porcentaje, no hay ningún acuerdo posible. Hemos tenido en Chile esa pérdida de gobernabilidad muy acentuada, muy difícil de resolver.

-Sin embargo, el Gobierno trata de invisibilizar esta crisis. Y La Moneda parece ser una película como Truman Show, donde todo es una maqueta, sin respaldo ciudadano.
-Tienes toda la razón. Pero, no es ese, sin embargo, el razonamiento que prevalece. Esta Constitución ya cumplió 40 años y ha dado tantas ventajas y creado tanta injusticia y desigualdad. La gente no entiende bien el papel que tiene una Constitución. Es un texto que dirige la marcha de un país. Por eso hay que enfrentarlo. Pero no es fácil.

"El mejor texto no es una Constitución radicalizada"

-¿Qué espacio hay para avanzar en estos cinco días que quedan para la inscripción de candidatos?
-Quedan cinco días y el acuerdo amplio que va desde una derecha que defiende a la dictadura, hasta la gente más moderada, cambia totalmente el escenario. Por tanto, hace mucho más difícil bajar la exigencia de 104 de 155 redactores de la Constitución que se van a elegir. Esa es una vara muy alta. Aquí los que están juntándose son los que respaldaron el Rechazo, por lo que no va a haber Constitución. Y eso va a generar una enorme frustración y un elemento de propulsión de la crisis política, que yo la veo muy grave y comparativamente muy aguda con otros países de la región. La gente, los ciudadanos, los independientes, los que ven las cosas simplemente desde su propia mirada pero pensando en el interés de Chile como país, deberían entender que es bueno que haya una mayoría numérica que pueda manejar las variables y buscar el mejor texto. No para que salga una Constitución radicalizada, sino que tenga los componentes necesarios para cambiar el país y resolver los problemas de abusos. Los abusos en Chile son indescriptibles. Y, segundo, la desigualdad se ha ido instalando y también hay que corregir porque, si no, no hay convivencia. Es imposible.

-Faltando cinco días, ¿dónde están las trabas?
-Las trabas están en poder entender que a todos nos conviene un acuerdo fácil de conseguir. El acuerdo no es difícil. Porque cuando una elección se hace en 28 distritos, y hay expertos que conocen cada uno de esos distritos, y gente que en las localidades trabaja y los actores son perfectamente conocidos, si hubiera un acuerdo, no sería ni largo, ni muy complicado, si la generosidad prevalece. Escoger la mejor lista, sin cuotas, sin imprudencias, sin presiones y poner los mejores candidatos, sean independientes o pertenezcan a una determinada organización política, sean de la capital, de la región o de un lugar más específico, sean de una profesión o de otra. Y con eso ir sumando todos los componentes para encontrar la lista que sea más poderosa. Creo que estamos cerca por el ambiente que hay en el país y el respaldo que tuvo esta iniciativa. No sería imposible, con toda la unidad de los sectores conservadores, sacar los dos tercios. Eso pasa por una decisión política de dar el paso y hacer este acuerdo. Eso no lo hemos conseguido.

-¿Por qué la propuesta entregada era 82 cupos para los partidos políticos y 104 para independientes y organizaciones sociales?
-Creemos que es justo por los orígenes y la legitimidad de donde viene esta demanda, que haya más independientes, con vocación social y sentido de país, que representantes de los partidos. Los partidos tienen también especialidades y conocimientos que son muy importantes para hacer una campaña y es necesario sumar las capacidades y los aportes de los independientes y de las organizaciones más representativas con el saber especializado de los partidos políticos que nacieron en el siglo XVIII o a comienzos del XIX, para ser puentes entre la sociedad y el poder político central. Sumando las dos capacidades, tenemos la posibilidad cierta de llegar, o estar en las mejores condiciones, para esta meta tan alta y difícil que son 2/3.

-¿Cuándo quedaron de juntarse nuevamente con los partidos políticos o quedó stand by?
-A estas alturas no hay que hacer reuniones colectivas. Hay que tomar la decisión de integrar el esfuerzo de la lista única y descentralizar a los 28 distritos con ciertas pautas generales, y con un equipo coordinador central avanzar en ese trabajo. Si lo hacemos bien, lo podemos hacer en 48 horas. Pero requiere de esta voluntad fundamental y hay poco tiempo.

-Es decir, ¿en 48 horas pueden presentar la “plantilla” del Apruebo?
-Claro, si hay generosidad extrema y buena voluntad.

-Eso es lo necesario, pero lo que más falta.
-Eso es lo que hay que conseguir. Vamos a trabajar hasta el último día porque creemos que es muy malo para el país entrar en un cuadro donde no haya una Constitución que responda a estas expectativas, porque entras a tener una crisis descontrolada sin escenario de regulación.

-¿Cree que podría producirse un estallido, una rebelión 2.0?
-Para serte franco, los escenarios son tan malos que no quisiera enunciar las situaciones extremas. Todo puede pasar en un cuadro de acumulación de los factores de la crisis, que son básicamente desigualdad y abusos.

Fuente: El mostrador

miércoles, 26 de agosto de 2020

Nueva Constitución para Chile.

La ALDHU apoya la formulación de una nueva constitución, en defensa de los Derechos Humanos.


 

El plebiscito del 25 de octubre será el primer gran hito electoral de 2020. El plebiscito de entrada será con voto voluntario, a través de dos papeletas. Una para Aprobar o Rechazar la redacción de una nueva Constitución y la otra para elegir el mecanismo que la redactaría: una Convención Constitucional o una Convención Mixta Constitucional.