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sábado, 18 de septiembre de 2021

Bukele acelera sus pasos hacia un modelo autoritario en El Salvador

El proyecto político del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, criticado por sus excesos autoritarios, es un proceso que va para largo, según el propio mandatario, lo que significa para sus críticos mayor deterioro de las endebles instituciones democráticas que él ha comenzado ya a desmontar.


Nayib Bukele, durante su alocución al país la noche del 15 de septiembre, con una cuidada puesta en escena, donde estaban representados los poderes públicos, así como representantes civiles y militares. Foto: Presidencia de El Salvador

El presidente aprovechó la conmemoración del bicentenario de la independencia en América Central, el miércoles 15 de septiembre, para revestirla de un toque simbólico y asegurar que su gobierno no dará marcha atrás a los cambios iniciados.

“Este país ha sufrido tanto que no se puede transformar de la noche a la mañana, los cambios importantes, los cambios reales y los que valen la pena llevan tiempo, no son inmediatos, se hacen paso a paso”, aseguró Bukele, en un discurso transmitido en cadena de radio y televisión, la noche del miércoles 15.

Para la oposición, sin embargo, esos cambios han implicado una clara arremetida contra la democracia del país centroamericano, de 6,7 millones de habitantes.


¿Bukele presidente en 2024?

Quizá el cambio más brusco impulsado por el gobierno de Bukele, desde que se instaló en el Ejecutivo en junio de 2019, ha sido el descabezamiento de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, compuesta por cinco jueces.

Fueron removidos el mismo 1 de mayo cuando se instaló la nueva Asamblea Legislativa, controlada por los diputados de Nuevas Ideas, el partido de Bukele, con 56 de los 84 escaños.

Ese control legislativo permitió al presidente maniobrar para introducir nuevos jueces afines en la cúpula de la Sala Constitucional, que inauguraron su actividad quitando la traba legal para la reelección presidencial continúa.

“Aparentemente estamos en democracia, pero las acciones del presidente son contrarias a la democracia, él está desmantelando la institucionalidad del Estado, y con eso se atenta contra los derechos de toda la población”: Loyda Robles.

Con ello se abre las puertas al mandatario, para que logre un segundo periodo al finalizar el quinquenio actual, en 2024, algo prohibido constitucionalmente hasta hace apenas dos semanas.

Bukele, de 40 años, procedente de una acomodada familia de empresarios originaria de Palestina, se fraguó políticamente como popular presidente de San Salvador (2015-2018) y se inscribe en un neopopulismo con trazos propios, en que destaca su atributo de político milenial, muy dado a comunicarse con la población y a dar a conocer sus decisiones mediante tuits.

La posibilidad de reelegirse inmediatamente después de un primer periodo era restringida por la constitución, bajo la lógica de dar espacio a la alternancia en el poder. Sí lo avalaba después de que pasaran dos periodos presidenciales, según un fallo de 2014 de la Sala Constitucional que fijó el significado del artículo 152 de la Constitución.

Pero la una nueva Sala designada el 1 de mayo por la Asamblea Legislativa reinterpretó ese polémico y confuso artículo de la ley fundamental y concluyó, el 3 de septiembre, que la reelección presidencial continua, es decir, la que sigue a un primer periodo, es factible si el gobernante renuncia a la presidencia seis meses antes de los comicios.

Ese fallo del alto tribunal, duramente criticado por sectores opositores nacionales y organizaciones de derechos humanos internacionales, abre las puertas al mandatario a un periodo más, si es que gana las elecciones previstas para el 2024.


Manual del autoritarismo latinoamericano

De esa forma el presidente salvadoreño estaría siguiendo, casi copiando, el manual del que han echado mano otros presidentes latinoamericanos populistas y con tendencias autoritarias, se inscriban en la derecha o la izquierda, quienes a golpe de sentencias jurídicas emitidas por jueces bajo su control, han trastocado las leyes y se han perpetuado en el poder.

“Si el pueblo otorga el poder, y el pueblo exige esos cambios, sería no menos de una traición no hacerlos”, aseguró el mandatario en su discurso ante representantes civiles y militares de los poderes y la sociedad del país.

El presidente ahora controla los tres poderes del Estado, sin contrapesos que le pongan paro a su estilo de gobierno en el que todo gira alrededor de su figura de milenial, que suele calarse una gorra de beisbol con la visera al revés, poco dado a tolerar la crítica, ya sea de los medios, de organismos internacionales e incluso de gobiernos como el estadounidense.

La mañana del miércoles 15, miles de personas marcharon por las calles de la capital salvadoreña, San Salvador, para protestar contra el avance autoritario del mandatario, en la manifestación contra el gobernante más masiva desde que llegó al poder.

“Estoy marchando por mantener nuestros derechos y en contra de todos los atropellos del presidente Bukele”, señaló a IPS una mujer trans, que no quiso identificarse.

Bukele ganó abrumadoramente las elecciones presidenciales, en febrero de 2019, beneficiado por el hastío y decepción de los electores con los 20 años que gobernó la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena, 1989-2009), y los 10 años, del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, 2009-2019).

Luego su partido arrasó en las legislativas en mayo de 2021 y ahora, con esa movida del máximo tribunal constitucional, controla y mueve los hilos de un segmento de la justicia en el país.

Controla además la Fiscalía General de la República, luego de que la mayoría legislativa oficialista removiera al fiscal Raúl Melara, el mismo 1 de mayo, e impusiera a Rodolfo Delgado, alineado con el bukelismo.

“Aparentemente estamos en democracia, pero las acciones del presidente son contrarias a la democracia, él está desmantelando la institucionalidad del Estado, y con eso se atenta contra los derechos de toda la población”, dijo a IPS la abogada Loyda Robles, de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho.

Añadió que se están viendo signos que advierten que El Salvador podría estarse encaminando hacia un régimen aún más autoritario, de corte dictatorial, al estilo de Nicaragua.

El presidente de ese país, Daniel Ortega, lleva ya tres periodos consecutivos desde su retorno al poder en 2007, y se encamina a un cuarto mandado, en 2022. Para ello la justicia, bajo su control, ha encarcelado a una decena de candidatos opositores que pudieran disputarle el triunfo.


Una camándula de pasos antidemocráticos

Envalentonado por el abrumador triunfo en las elecciones presidenciales de 2019, Bukele ha dado, en efecto, una serie de pasos que han crispado a los sectores opositores, porque les resulta evidente que en el fondo pretende socavar los contrapesos y gobernar a sus anchas.

Además de las remociones en la Sala Constitucional y en la Fiscalía General de la República, el 31 de agosto, la Asamblea pasó un decreto que establece la jubilación obligatoria de unos 200 jueces.

La narrativa gubernamental ha hablado de un proceso de “limpieza” de jueces corruptos, que los hay, pero sin ninguna investigación expedita sino que el único parámetro es el del retiro laboral: que los letrados sean mayores de 60 años o tengan 30 años de trabajo.

Eso ha sido interpretado como una purga dentro del sistema judicial para, más tarde, ir llenando esos vacíos con jueces afines al bukelismo.

El oficialismo lo ha negado y ha asegurado que se trata de abrir espacios a los abogados jóvenes, y que los jueces en El Salvador no tienen cargos vitalicios.

Todos esos movimientos han encendido las alarmas tanto dentro como fuera de El Salvador.


Vista parcial de manifestantes en la plaza de Francisco Morazán, en el centro histórico de San Salvador, donde el 15 de septiembre se concentraron parte de quienes salieron a protestar contra las crecientes señales autoritarias del gobierno de Nayib Bukele, en la más masiva manifestación contra el presidente desde su llegada al poder, convocada por organizaciones sociales en el día de la Independencia del país. Foto: Edgardo Ayala / IPS


Sin embargo, el desencuentro entre opositores y Bukele tendrían como base la pugna silenciosa entre dos grupos económicos: la tradicional oligarquía que ha manejado los hilos de la política del país, y nuevos empresarios, pequeños, medianos e incluso grandes, alineados con el presidente, explicó a IPS el analista Dagoberto Gutiérrez.

Gutiérrez, un excomandante guerrillero ahora cercano al presidente, dijo que la oposición demanda una independencia de poderes que, en realidad, nunca ha existido en el país, pues siempre aquella oligarquía movía sus piezas para poner a los funcionarios que mantuvieran el statu quo.

Esa “democracia” auspiciada por la oligarquía, con sus falacias y abusos, está siendo retomada por otro proyecto político, el de Bukele, pero aclaró que las transformaciones esperadas “aún están por verse”.

De momento, según la reciente interpretación del tribunal constitucional, Bukele puede, si quisiera, optar por un segundo mandato al finalizar el actual periodo presidencial. Pero ya no podría competir por un tercero de manera continua.

“¿Pero quién nos asegura que en el futuro, a través de otra jurisprudencia, no van a sacarse de la manga otra reelección?, eso queda como duda, obviamente”, señaló a IPS la abogada Tahnya Pastor.

Agregó que cuando se analizan todas las señales de alarma, “podemos concluir que nos dirigimos hacia la máxima concentración de poder, y la historia ha demostrado que ninguna concentración de poder es buena”.

Sin embargo, al igual que Gutiérrez, la abogada criticó a la oposición porque en el pasado también se ha manipulado por intereses políticos esas mismas instituciones por las que ahora se pone el grito en el cielo.

“La constitución sí se ha reformado en el pasado dependiendo de la conformación del tribunal (constitucional), y la jurisprudencia ha respondido a intereses político partidistas”, afirmó.

Bukele pareciera estar confiado de que, a pesar de las críticas, su proyecto es bienvenido por la mayoría de los salvadoreños, que lo sigue apoyando.

Según una encuesta de la Universidad Centroamericana José Simeón Caña, sobre la aceptación del gobierno de Bukele en su segundo año de gestión, en junio, 9 de cada 10 consultados afirmaron que el presidente representa un cambio positivo para el país.

Obtuvo además una nota de 8,1, considerada alta, y los encuestados identificaron como principal logro del gobierno el buen manejo de la pandemia de covid-19.

No todos comparten ese entusiasmo por Bukele, obviamente, ni todas las críticas vienen de cúpulas académicas, políticas o de activistas.

“No es bueno que alguien gobierne como le dé la regalada gana, eso era cuando habían reyes, pero ya no estamos en esos tiempos”, dijo a IPS el campesino Hernán Campos, oriundo del cantón Cangrejera, del municipio y departamento de La Libertad, en el centro del país.

ED: EG

Fuente: IPS Noticias

miércoles, 28 de julio de 2021

Nayib Bukele, el dictador millenial. Art Opinión: Ronald Wilson

 En la actualidad el poder del presidente Nayib Bukele se sustenta en el manejo de la burocracia institucional mediante la cual puede manipular la totalidad del poder. Al ganar las elecciones con un quórum de dos tercios de la Asamblea Legislativa, logra mayoría absoluta lo que les permite legislar sin oposición.



En su estrategia de consolidar el poder total, consigue que el nuevo parlamento destituya a los magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema, al fiscal general, al procurador general, y puede influir directamente en el nombramiento de un tercio de los magistrados de la Corte Suprema, de la procuraduría de derechos humanos, de la Corte de Cuentas, entre otras instituciones. Lo que en la práctica le permite dominar la totalidad del poder político y judicial. 

Parte de la estrategia de Bukele ha sido comprometer políticamente a las Fuerzas Armadas para que estén al servicio de sus objetivos. El incidente de rodear e ingresar con militares armados al Parlamento en febrero de 2020, para obligarlos a aprobar un préstamo para financiar su plan de seguridad pública, indica que es un personaje que no tiene límites, en esa oportunidad simplemente declaró ante la asamblea “está claro quién tiene el control aquí”. 

Otro de los medios que prevé Bukele para consolidar su poder personal, es tramitar la redacción de una nueva constitución, que le permita asentar su dominio con el aval de una Constitución a su medida. 

El Presidente Nayib Bukele, es el presidente más joven de América, es casi un personaje de comics, un millenials con un poder de maquinación de las voluntades que hace que su popularidad sea increíblemente alta, pero no le gusta moverse por la calle, ni tener contacto con el pueblo, desprecia a los indígenas, no gusta de los migrantes, es la antípoda de un mandatario populista. Al Presidente de El Salvador, de 39 años, le cautiva su celular, su pasión son los videojuegos, y es apasionado de los lujos y automóviles costosos. Está pendiente de los sondeos de su imagen, de las encuestas que miden su popularidad personal y su objetivo es realizar, es “cosista” por esencia. 

El Salvador es un país marcado por la herencia de una sangrienta guerra civil (1980-1992), que significó una secuela de víctimas que ha sido calculada en 75.000 muertos y 15.000 desaparecidos. Lo que siguió a los Acuerdos de Paz de Chapultepec en enero de 1992, ha sido una democracia inestable y vulnerable, con una crisis económica intermitente, sigue siendo uno de los países más desiguales de la región, con una alta corrupción y una alta violencia de las pandillas como la Mara Salvatrucha, MS13. En 2018, Latinobarometro manifestó que El Salvador era el país que menos importancia de lada a la democracia, al 54 % de la población le daba lo mismo vivir en democracia o en dictadura. 

En solo dos años en el poder, Bukele ha pasado de ser un joven político que lidera un país a través de lo que hoy se denomina “Telecracia”, un neologismo con que se suele designar a la democracia operada por los medios digitales, que pone a disposición de gobernantes y gobernados la revolución digital, pero que en su dominio no tiene rival y monopoliza uno de los índices de popularidad más altos del continente, por encima del 71%. 

Estos exitosos índices de popularidad se dan a pesar que respecto a 2019, último año del que se tienen cifras oficiales, la pobreza extrema se elevaría un 25,5 %, pasando de 378.837 personas el pasado año a 475.611 en el 2021. Es decir, 96.774 personas adicionales estarían "en grave riesgo de desnutrición". Según proyecciones el año 2020 termina con 32,2% en situación de pobreza, todo esto producto en gran parte por los efectos de la pandemia. Según estimaciones del Banco Central de Reserva, las perspectivas para la economía salvadoreña en 2021 son positivas y se espera, que el crecimiento se acerque a un 5 % o 6 % [1].  

Las cifras revelan una habilidad que va más allá de un buen manejo de las redes sociales, sino que hay índices objetivos de logros positivos, una gestión de la pandemia que combinó un estricto confinamiento con ayudas directas de 300 dólares a la población. Otro éxito social que puede mostrar Bukele con su peculiar estilo autoritario y personalista, es haber reducido la violencia de las pandillas. 

El drama actual de El Salvador es que no hay organizaciones, ni partidos políticos, ni una sociedad civil organizada capaz de frenar el fenómeno Bukele, la oposición política está paralizada. Insólitamente, el único contrapeso que puede tener Bukele proviene de Estados Unidos, país que ha expresado su poca simpatía por sus excentricidades autoritarias. Pero El Salvador tiene mensualmente la principal fuente de ingresos a través de las remesas de los emigrantes. El gobierno de Biden puede hacer tambalear a Bukele si toma medidas para limitar las remesas o si se hacen efectivas las peticiones de extradición contra varios líderes de la pandilla MS-13, lo que, por extensión, podría derrumbar también la pacificación de las calles de la que presume el mandatario. 

Frente esta situación que vive El Salvador, sectores de oposición como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador (FMLN) han denunciado que el Gobierno ha emitido una ley, amparándose en la pandemia en la cual suspenden derechos civiles, declarando con reserva la información, lo que impide que se conozca la realidad de lo que está sucediendo en el país, también prohíbe las concentraciones con fines políticos. Esta ley es considerada por la población como una Ley Mordaza, para evitar las expresiones que afecten la imagen del gobierno. 

Es urgente hacer un llamado a la comunidad internacional a pronunciarse ante los hechos acaecidos en El Salvador, exigiendo al Gobierno de Bukele que cumpla con los debidos procesos legales establecidos en las leyes salvadoreñas y cumpla con los tratados internacionales del que es parte. Es necesario alertar a las todas organizaciones internacionales para que den seguimiento y denuncien las agresiones que el gobierno de Bukele, hace contra de los Partidos Políticos, las organizaciones de la sociedad civil, que involucran una grave violación a los derechos humanos y la libertad de expresión. 

Santiago, 27 de julio 2021

RONALD WILSON

[1] https://www.eleconomista.net/economia/Economia-de-El-Salvador-retrocede-4-anos-20210329- 0001.html