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viernes, 29 de julio de 2022

Columna de Daniel Matamala: Mapuches millonarios

Uno de los episodios más recordados del programa de sátira televisiva Plan Z es “Mapuches millonarios”.


Su genio consiste en una simple inversión de la jerarquía social: un mundo en que los mapuches se mueven en limusinas, y tratan desdeñosamente a los empleados -rubios y de piel clara- de sus mansiones. Todo, tomando prestada la música de “Dallas”, la serie ochentera sobre una familia de magnates petroleros, sólo que intervenida con el sonido de trutrucas.

El chiste se cuenta solo, no hay nada que explicar. Cualquiera que viva en Chile sabe que, después de dos siglos de despojo y discriminación hacia los pueblos originarios, lo allí mostrado es absurdo, ridículo, impensable.

Recordé esos sketch esta semana, cuando líderes de opinión comenzaron a hablar, muy seriamente, de un mundo que recuerda al de Plan Z. Para el senador Manuel José Ossandón, los convencionales “transformaron a los pueblos originarios en ciudadanos de primera clase, y los chilenos que no son de pueblos originarios, son de segunda clase”.

René Tapia, abogado de Libertad y Desarrollo, argumenta que en el proyecto de nueva Constitución los pueblos indígenas adquieren una “categoría superior y privilegiada”.

Pablo Ortúzar, un antropólogo habitualmente lúcido, dice que “el chileno será un ciudadano de segunda categoría en su propio país”. Titula su columna “La Constitución del privilegio”, en contraste con la actual, que consagra “la igualdad básica ante la ley”.

Por cierto, es debatible si el proyecto de nueva Constitución acierta o no al establecer la plurinacionalidad, los sistemas de justicia o los escaños reservados. Todo eso es discutible. Pero es absurdo pensar que hoy en Chile existe igualdad solo porque la Constitución así lo dice, y que esa idílica equidad se rompería, y los pueblos originarios pasarían a ser “privilegiados”, si se aprueban algunas medidas para reparar la discriminación que han sufrido por siglos.

Es la diferencia entre la igualdad formal y la igualdad sustantiva. Hoy, claro, la Constitución asegura que “en Chile no hay persona ni grupos privilegiados”. Pero todos sabemos que sí hay desigualdad y privilegios, en todos los ámbitos de la vida.

Un solo dato al respecto: en Chile hay 95 González por cada Larraín, pero ambos apellidos han tenido casi la misma cantidad de miembros en la historia del Congreso (110 contra 107). La misma gigantesca sobrerrepresentación tienen otros apellidos ilustres, como Errázuriz. Esos han sido los verdaderos “escaños reservados” del Chile republicano.

Según el rector Carlos Peña, la igualdad sustantiva es un principio que “atraviesa toda la carta” constitucional, intentando remediar la histórica discriminación contra grupos como las mujeres, los pueblos indígenas o las minorías sexuales.

Entonces, ¿qué tan “iguales” son los pueblos originarios, no en el papel, sino en la realidad?

Partamos por un estudio del PNUD, que mide los apellidos más comunes en las carreras de mayor prestigio social: lideran los Matte, Délano y Zegers. En el otro extremo de la pirámide social, los 50 apellidos más comunes en Chile sin profesionales en esas carreras son, todos, sin excepción alguna, de pueblos originarios: Melinao, Curihuinca, Huenupi, Hualquimil, Yevilao… Por cierto, la ley no les prohíbe ejercer como médicos o ingenieros, pero en la vida real su acceso a esos puestos ha estado restringido.

Según Casen, el déficit de acceso a servicios sanitarios básicos es casi el doble entre indígenas (13,2%) que entre no indígenas (7,2%). Las familias con viviendas de calidad “aceptable” son menos entre los pueblos originarios (76,6% contra 87,6%). El ingreso del trabajo promedio del hogar, mucho menor ($582.081 a $763.052). El acceso a isapres, apenas la mitad (8,0% a 16,3%), etcétera.

La Araucanía es la región más pobre por ingresos del país (17,4%, contra 10,8% de promedio nacional), y las diez comunas con mayor tasa de pobreza tienen alta población mapuche o aymara: Alto Biobío (28,93% de pobres), General Lagos, Curarrehue, Galvarino, Ercilla, Chol Chol, Carahue, Camarones, Camiña y Lonquimay.

En Santiago, Cerro Navia y La Pintana son las comunas con mayor porcentaje de población mapuche y están, también, entre las más pobres y con menor esperanza de vida de la capital (en mujeres, 73 años en Cerro Navia, y 71 en La Pintana). Una mujer de Las Condes o Providencia tiene una expectativa de vida de 84 años, la misma de Noruega. Su compatriota de Tirúa, apenas 68 años, como en Namibia. Si es de Lumaco, 67, igual que en Pakistán.

Con todos estos datos a la mano, ¿puede alguien sostener que, de aprobarse el proyecto de Constitución, los pueblos originarios pasarían a ser de “primera clase”? Quienes lo afirman, ¿estarían dispuestos a intercambiar su posición social con la de los supuestos “privilegiados”? ¿Aceptarían que sus hijos tuvieran el mismo acceso a salud y vivienda, las mismas expectativas educativas y laborales, el mismo futuro económico, que un “privilegiado” niño mapuche de Ercilla, Lumaco o La Pintana? ¿Que su esperanza de vida ya no fuera noruega, sino pakistaní?

El senador Manuel José Ossandón Irarrázabal, hermano de la diputada Ximena Ossandón Irarrázabal, padre del exconvencional Manuel José Ossandón Lira, tío de la concejala Bernardita Paul Ossandón, y hermano del exvicepresidente de RN Roberto Ossandón Lira, ¿puede sostener que su familia pasaría a ser “de segunda clase” ante una familia de Galvarino, Alto Biobío o Cerro Navia?

El truco es conocido. En todo el mundo, políticos populistas esconden sus propios privilegios azuzando a la población contra la amenaza del “otro”, el más pobre y discriminado: el inmigrante, el miembro de una minoría sexual, el indígena.

Quienes hablan tan livianamente de privilegios, podrían revisar esos viejos capítulos de “Mapuches millonarios”, y reflexionar por qué, en un país supuestamente “igual”, ese sketch sigue causando una mezcla de risa, culpa y profunda incomodidad ante la sociedad que hemos construido.

Fuente: La tercera

viernes, 5 de marzo de 2021

América Latina es la región en desarrollo más afectada del mundo por la pandemia

 Un año después de la llegada del coronavirus a América Latina y el Caribe, la pobreza, la desigualdad y el desempleo avanzaron a un ritmo sin precedente en la región, convirtiéndola en la más afectada por el COVID-19 en el mundo.




La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó este jueves un análisis del impacto de la pandemia que alerta una vez más sobre los problemas estructurales en los países de la región y llama a invertir en un estado de bienestar y una sociedad del cuidado.

El “Panorama Social de América Latina 2020” da cuenta de una contracción del Producto Interno Bruto regional de 7,7% y del cierre de 2,7 millones de empresas con el consecuente incremento del desempleo, que afecta desproporcionadamente a las mujeres.

Demasiadas muertes

Pero lo peor de todo es que con sólo el 8,4% de la población mundial, la región haya registrado el 27,8% de las muertes por COVID-19, destacó la secretaria ejecutiva de la CEPAL durante la conferencia de prensa de divulgación del documento.

En este sentido, Alicia Bárcena subrayó la importancia de adoptar sistemas universales de protección social.

“Esto quiere decir cubrir a toda la población independientemente del tipo de su inserción en el mercado laboral u otras características personales. Un sistema de protección social debe darle acceso a la salud universal a todas las personas, eso no puede depender del ingreso, la salud debe ser un bien público universal”, recalcó Bárcena.

Problemas estructurales

Bárcena explicó que la emergencia sanitaria profundizó las desigualdades estructurales que a lo largo de los años han dado como resultado altos niveles de informalidad, falta de protección social y baja productividad.

Además, la pandemia evidenció graves carencias y fragilidad en los sectores de la salud, la educación y los cuidados.

Del mismo modo, magnificó la división por género del trabajo y el sector de los cuidados, revirtiendo la inclusión de la mujer en el mercado laboral a niveles de hace una década.

Pese a las medidas de emergencia…

El estudio señala que todo esto ocurrió a pesar de las medidas de emergencia que tomaron los gobiernos para encarar la crisis y más aún, advierte que la pobreza y la pobreza extrema seguirán creciendo hasta un punto que no se había observado en muchos años.

“Las medidas de protección social han evitado un mayor aumento de la pobreza y pobreza extrema pero hay un retroceso de doce años en la pobreza y de 20 años en la pobreza extrema”, dijo la responsable de la CEPAL.

Detalló que esas medidas cubrieron a cerca del 50% de la población y costaron unos 86.000 millones de dólares entre marzo y diciembre del año pasado. Sin embargo, la cifra de latinoamericanos pobres que viven con un ingreso máximo de tres veces la línea de pobreza llegó a 491 millones, es decir, el 80% de la población de la región.

Bárcena enfatizó que, no obstante insuficientes para detener la crisis, estas medidas han ayudado a paliarla de alguna manera, así sea mínima, permitiendo que la población beneficiada con transferencias de dinero y otras ayudas satisfaga sus necesidades vitales.

“De no haberse implementado, la situación sería peor”, aseveró.

Que se mantengan las ayudas

En este renglón, la CEPAL considera imprescindible que se mantengan al menos todo el 2021 las transferencias monetarias de emergencia: “Hemos demostrado que son importantes, pertinentes y necesarias para contener la pobreza, pero tenemos que aumentar su nivel y cobertura”, abundó Bárcena.

De cara al porvenir de la región, señaló varios desafíos: “en primer lugar, una agenda de cooperación para lograr “un acceso más equilibrado, equitativo, simétrico a las vacunas. Todo va a depender de cómo podremos vencer pronto a esta pandemia, porque todavía no ha pasado”.

También instó a abordar la situación de las mujeres, el colectivo más afectado, con la intención de crear una sociedad del cuidado para que puedan regresar al mercado laboral.

La sociedad del cuidado que promueve la CEPAL se refiere a proteger la salud y a las personas y a cuidar al planeta para lograr un desarrollo sostenible que beneficie a todos.

Estado de bienestar

“Pero nuestro mayor desafío es lograr un estado de bienestar sostenible y para ello debemos poner mucha atención a la estructura productiva ya que actualmente es muy desigual y sigue dejando afuera a las pequeñas, medianas y microempresas”, consideró.

Bárcena argumentó que la pandemia ha puesto de relieve muchas fragilidades como las de los sistemas de salud, productivo y laboral.

Para impulsar el estado de bienestar, la CEPAL aboga por un pacto social y político genuino que aborde las diferencias en el acceso a recursos y que se ocupe de las desigualdades profundas y las brechas estructurales que existen en la región.

La secretaria ejecutiva exhortó a los países de la región, sobre todo a los que producen materias primas, a “invertir para cerrar las brechas estructurales y apuntalar los estados de bienestar y las sociedades del cuidado”.

Fuente: Noticias ONU


Comentario ALDHU

El Secretario General de la ALDHU, Juan de Dios Parra, comentó al respecto: "Las desigualdades en la sociedad latinoamericana se han potenciado estructuralmente; en muchos casos; incluso muchos estados promovieron políticas para favorecer a los grupos con mayores recursos. Si queremos unas sociedades más justas, equitativas y menos confrontacionales, debemos eliminar la violencia estructural que realiza el estado contra los más desvalidos, necesitados y que mayor ayuda necesitan. Convirtiendo al estado en un organismo que trabaje para la población; legislando para regular las desigualdades que provoca el libre mercado, aunque parezca obvio".