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lunes, 9 de noviembre de 2020

Nicaragua: Cadena perpetua es retroceso en materia de derechos humanos

 Los diputados orteguistas están preparados para hacer reformas a la Constitución de Nicaragua e instaurar la cadena perpetua en el país, una medida que es considerada un retroceso para los derechos humanos de la nación, según defensores de derechos humanos.



“Esta no es una reforma jurídica penal”, dice Gonzalo Carrión del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca +. “Es una reforma con intereses políticos de la dictadura”, resalta.

Si Nicaragua entabla la cadena perpetua mediante las reformas a la Constitución en el periodo de
2020 y 2021, solo Guatemala a nivel centroamericano tendría una pena más severa. En ese país
existe la pena de muerte, pero no se aplica desde los ochenta y, en cambio, se aplica una pena
máxima de 50 años. En Nicaragua actualmente la pena máxima es de 30 años de prisión para los
delitos de mayor gravedad e incluso cuando hay acumulación de penas, se ajusta hasta las tres
décadas de cárcel.

El gobierno de Daniel Ortega anunció que promovería una reforma a la Constitución para
implementar la cadena perpetua luego de una serie de femicidios en varias partes del país, entre los
que resaltaron el caso de las niñas hermanas asesinadas en Mulukukú, Costa Caribe Norte.
Tras usar ese caso de doble femicidio como bandera para promover la medida, movilizaron a sus
bases para la recolección de firmas. Asimismo, se conocieron denuncias de trabajadores del estado
y maestros de escuelas públicas que se sintieron presionados para firmar el documento en respaldo
a esta reforma. El 27 de octubre simpatizantes de Ortega entregaron a la Asamblea Nacional cajas
que supuestamente contenían 3 millones de firmas en respaldo a la imposición de cadena perpetua,
un volumen exagerado tomando en cuenta que en el último censo la población del país a penas
rondaba los siete millones. ¿Firmó casi la mitad de Nicaragua ese respaldo a la propuesta de
Ortega?

Pero aún con la manipulación mediática de los casos de femicidios y el dudoso espectáculo de las
firmas, el dictamen, aprobado la semana pasada en la Asamblea está listo para pasar al plenario y
establecen lo que la vicepresidenta Rosario Murillo cataloga como crímenes de odio.
“Es un contraproducente, y populismo penal imponer penas tan severas, no es la alteza de la penas
lo que baja la incidencia (de los delitos o la criminalidad). En países como Nicaragua no sirve de
mucho imponer penas altas”, dijo el abogado experto en derechos humanos Uriel Pineda.
Pineda, residente en México, opina que aumentar las penas a instaurar la cadena perpetua es un
retroceso en materia de derechos humanos.
“Es una regresión, Naciones Unidas reconoce que los privados de libertad tienen derecho a la
reinserción social y la reinserción implica componentes de tratamiento, atención sicológica,
acompañamiento, y un componente formativo en el campo educativo”, dijo Pineda.
Pineda dice que, al instaurar la cadena perpetua, Nicaragua está negándole a los reclusos la
posibilidad de reinsertarse en la sociedad.
“Los estás descartando prácticamente”, advierte.


Juan de Dios Parra, Secretario General de la ALDHU comentó al respecto: "Este tipo de penas podría utilizarse en cualquier delito. Eso podría significar que en el país se podría mantener fuera de la circulación a personas acusadas por delitos políticos o de cualquier tipo. La cadena perpetua no es una medida que vaya a disminuir significativamente los delitos."  

martes, 27 de agosto de 2019

Defensores de derechos humanos denuncian “nueva oleada represiva” en Nicaragua



Al cada vez más frecuente hostigamiento y recaptura de presos políticos, excarcelados este año y, en teoría, protegidos por una amnistía, se suman ejecuciones sumarias y asesinatos selectivos de campesinos opositores.
Managua. Cerca de 700 personas que fueron encarceladas en 2018 en Nicaragua por protestar contra el presidente Daniel Ortega salieron de prisión este año, como parte de una negociación entre el gobierno y la oposición. Sin embargo, muchos de ellos sufren ahora amenazas de paramilitares, asedio de la Policía, retención migratoria y varios ya han sido recapturados.

 
Los principales organismos de derechos humanos del país llaman la atención sobre el fenómeno, que atribuyen a una "nueva fase de la represión” para acallar la disidencia y evitar una nueva rebelión cívica.
"Hay un hostigamiento permanente a los ex presos políticos, porque Ortega pretende destruir su liderazgo”, dijo a DW la abogada Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Este organismo sigue trabajando en el país aunque con mínimos recursos, pues fue intervenido y saqueado por la Policía en diciembre pasado, cuando Ortega clausuró nueve ONGs a las que acusó de "terroristas” y "golpistas”.

Núñez dijo que el país vive "una nueva etapa de la represión”, que consiste en la persecución e intimidación de personas que participaron en las protestas, en especial, expresos que se convirtieron en figuras mediáticas.

Nuevo liderazgo. Los líderes estudiantiles y expresos Edwin Carcache, Nahiroby Olivas y Chéster Navarrete han denunciado asedio policial frente a sus viviendas en Managua, León y Masaya, mientras el joven Byron Estrada fue retenido y sometido a interrogatorios de oficiales de Migración en la frontera con Costa Rica.

En la misma frontera también retuvieron, a mediados de agosto, durante más de cinco horas, a Olesia Muñoz, activista opositora de Niquinohomo, junto al líder gremial de los panaderos, Ermis Morales, según denunciaron a la prensa.

Y la estudiante belga-nicaragüense Amaya Coppens, que estuvo presa nueve meses, dijo que fue detenida por policías que, sin dar explicaciones, requisaron su vehículo. También su casa en la ciudad de Estelí (norte) fue rodeada y asediada por patrullas este mes.

La Policía instaló patrullas el fin de semana frente a la vivienda de los hermanos Esteban Lesage, tres jóvenes músicos de la ciudad de Jinotepe (sur)  que estuvieron presos por su participación en las protestas.

Estos hostigamientos ocurren a pesar de que todos los exprisioneros están, en teoría, amparados por una Ley de Amnistía, que el Parlamento dominado por los sandinistas aprobó a mediados de junio.

"No es casual que las víctimas sean excarcelados que tuvieron mayor protagonismo. Ortega tiene miedo de que se conviertan en la cabeza de un liderazgo nuevo, de gran fuerza y sin vinculación con partidos políticos, lo que les da más credibilidad y simpatía”, señaló Núñez.
Ejecuciones sumarias.
Otra situación que preocupa a los defensores de derechos humanos es el aumento de los asesinatos en zonas rurales de Nicaragua, especialmente de personas involucradas en protestas en 2018.

"Esto es sumamente grave. Se está reeditando el fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales al amparo de una amnistía”, observó la presidenta del Cenidh.

En 1990, la flamante presidenta Violeta Chamorro, que derrotó a Ortega en las urnas y lo desplazó del poder, decretó una amplia amnistía, que cubrió por igual a los soldados del Ejército como a los "contras” antisandinistas, y proclamó una "reconciliación nacional”.

Sin embargo, varios "contras” aparecieron muertos en carreteras y poblados del interior. Su principal jefe, Enrique Bermúdez ("Comandante 380”), fue ejecutado en 1991 frente a un hotel en Managua, un sonado crimen que nunca se aclaró y que fue atribuido a la seguridad del Estado sandinista, que operaba aún con Ortega en la oposición.

En las últimas semanas, el Partido Liberal denunció que varios de sus representantes y alcaldes municipales en el norte han sido "perseguidos y asesinados” por presuntos activistas sandinistas. Según la prensa, una decena de personas ligadas a la oposición fueron ejecutadas en la frontera con Honduras.

Cadena de delaciones. "De fines de junio a inicios de agosto se reportaron dos asesinatos de campesinos por semana. En todos los casos hubo disparos por armas de guerra y huellas de tortura, y todos fueron adjudicados a paramilitares”, explicó a DW Haydeé Castillo, defensora de derechos humanos y directiva de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).

Activistas liberales en la provincia de Jinotega (norte) han dicho que los paramilitares estarían coordinados con organismos barriales sandinistas, con la Policía y con la inteligencia del Ejército, en una "cadena de delaciones” para descubrir y "neutralizar” a opositores.
"Las ejecuciones sumarias y los asesinatos selectivos en el campo están mostrando una nueva oleada represiva, que ahora significa aplicar la pena de muerte a todo aquel que piense diferente”, advirtió Castillo.

"Si no los pueden asesinar, los encarcelan o los empujan al exilio”, añadió la opositora, que tuvo que abandonar el país por amenazas. Según el último reporte de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 80.000 nicaragüenses han abandonado el país a causa de la crisis de 2018.

Castillo dijo que estas "ejecuciones sumarias” constituyen crímenes de lesa humanidad y pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que aplique "con suma urgencia” el artículo 21 de la Carta Democrática, a fin de que el gobierno de Nicaragua sea separado del organismo hemisférico.

El Consejo Permanente de la OEA se reunirá el próximo miércoles 28 para tratar la crisis de Nicaragua, y es posible que ese día quede formada una comisión especial encargada de contribuir a una salida pacífica para este país.

Juan de Dios Parra, Secretario General de la ALDHU, comentó: “el contexto socio-político nicaragüense es muy complicado; las represalias contra las personas opositoras al Presidente no mejoran su situación, sino que la empeoran. Respetar a la población es un primer paso para construir un país democrático”