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lunes, 1 de diciembre de 2014

Violencia contra las mujeres: A propósito de los Encuentro Feminista de América Latina y del Caribe.

La ciudad de Lima, encabezada por su alcaldesa, la Sra. Susana Villarán de la Puente –primera mujer democráticamente elegida para ostentar este cargo[1]–, es nuevamente anfitriona[2] de una de las trascendentales jornadas que trienalmente viene siendo protagonizada por uno de los movimientos sociales emancipatorios más importantes de los siglos XX y XXI, se trata del XIII Encuentro Feminista de América Latina y del Caribe (XIII EFLAC), que durante cuatro días consecutivos –del 22 al 25 de noviembre– congrega a más de un millar de activistas y teóricas feministas procedentes de todo este subcontinente además de invitadas de Europa y Norteamérica quienes dialogan, debaten y reflexionan sobre los desafíos actuales en la lucha por los derechos humanos de las mujeres, y sobre las coordenadas políticas a seguir por el movimiento feminista en los próximos tres años. Dos cuestiones de vital importancia abordados en este encuentro son el enfoque de la interseccionalidad que emerge en la teoría feminista hace más de tres décadas y la erradicación de la violencia contra las mujeres, temas que desde la agenda feminista son instalados en el ámbito de los derechos humanos, estas dos cuestiones serán brevemente abordadas en este artículo.

Una de las mayores riquezas con que cuenta la Región latino-caribeña es la diversidad étnica y cultural, aunque lamentablemente ésta se haya traducido en profundas desigualdades y discriminación estructural. Así, de acuerdo con el último Informe Regional de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo 2013-2014, pese al crecimiento económico mostrado en la última década, América Latina continúa siendo la región del mundo con mayor desigualdad[3]. En consonancia con esta grave situación, es destacable que uno de los retos más importantes que se ha propuesto afrontar el XIII EFLAC –como queda establecido en su Manifiesto Político: “Por la liberación de nuestros cuerpos”[4]– es reflexionar sobre la diversidad entre mujeres y las estrategias adecuadas para combatir los distintos sistemas de opresión que pesan sobre ellas, poniéndose de relieve que los feminismos se enriquecen en tanto “se van ennegreciendo, indigenizando, cholificando, transgenerizando, lesbianizando, des-normalizando”. No obstante, conviene poner de manifiesto que hacer frente a esta problemática no es una tarea sencilla.
En ese sentido, una de las herramientas analíticas elaboradas desde la teoría feminista para hacer frente al distinto modo en el que los diversos sistemas de subordinación/discriminación operan sobre la experiencia de las mujeres es la perspectiva de la interseccionalidad, que en el ámbito jurídico tiene como autora referente a la iusfeminista norteamericana Kimberlé Crenshaw, que en 1989 publicó su clásico trabajo <>[5], en el que, desde el feminismo negro, elabora una crítica que pone en cuestión la tendencia a tratar la raza y el género como categorías de experiencia y análisis mutuamente excluyentes. Sostiene que dichos sistemas interactúan entre ellos adoptando formas diferentes de discriminación, nos dice que:
“Estos problemas de exclusión no pueden resolverse por la simple inclusión de las mujeres negras en alguna de las estructuras analíticas ya establecidas. Debido a que la experiencia interseccional es mayor que la suma del racismo y del sexismo, el análisis que no tome en consideración la interseccionalidad no puede afrontar suficientemente la particular manera en la que están subordinadas las mujeres negras” (Crenshaw, 1989: 140).


Continúa...

http://www.losandes.com.pe/Sociedad/20141130/84462.html

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