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lunes, 8 de diciembre de 2014

EL VALOR DE LOS MUERTOS EN EL DISCURSO GUBERNAMENTAL.

El Secretario General de ALDHU, Juan de Dios Parra compartió el siguiente artículo a propósito de la muerte del líder indígena José Tendentza en Ecuador:

Hay muertos que apestan, se los entierra pronto y se los olvida. Hay otros muertos que sirven para la memoria y se los trae a colación en momentos oportunos. Hay muertos que incomodan y muertos que ayudan; muertos que buscan justicia, muertos que usan la justicia y muertos a los que la justicia los utiliza. Hay muertos buenos para la política y los políticos, muertos utilitarios para el poder; y hay muertos que son importantes pero que al poder no importa.



José Tendentza
Uno de los muertos que ahora estorban es el de José Tendentza. Lo mataron a golpes, perolas autoridades, incluido el médico, que examinaron el cuerpo no pudieron determinar la causa de la muerte y mandaron muestras de tejido pulmonar y estomacal a Quito, para que allá se analice; así se lavaron las manos. Luego lo enterraron como un cadáver NN, sin identidad, pese a que era conocido en el poblado de El Pangui y en todo el sur amazónico, pues participaba en varias asambleas ciudadanas y había alzado su voz en contra de la minería.

En varias oportunidades José Tendentza había asegurado que solo saldría muerto de su territorio, que jamás negociaría el territorio de su comunidad, Yanúa, con los mineros del gobierno o de Ecuacorriente. Y así fue; alguien tuvo que matarlo para que abandone sus tierras; aún no se sabe quién lo hizo, pero si se puede inferir quienes se benefician de su muerte: por ahí se debería investigar si el muerto importara a las autoridades, a la Fiscalía... al gobierno. Pero este muerto no importa, este muerto estorba y había que enterrarlo pronto.

A José lo encontraron trabajadores mineros el pasado 2 de diciembre, estaba flotando en el río Zamora. Lo llevaron a El Pangui, cantón de la provincia de Zamora. Sus familiares pudieron confirmar su muerte a través de las fotografías que les indicaron en la morgue, pues lo habían ya enterrado: ese temprano entierro da cuenta de que lo reconocieron y temían que su cadáver sea un nuevo símbolo de resistencia en las comunidades shuar que se oponen a la minería.

Por pedido de familiares y organizaciones indígenas se exhumó su cadáver y se realizó una nueva autopsia; esta vez bajo la vigilancia de las autoridades shuar; así se confirmó que había estado atado de pies y manos mientras lo golpeaban; que la soga que rodeaba su cintura era muestra de que lo habían tenido atado a un árbol hasta que exhale su último suspiro. Las averiguaciones posteriores y el reconocimiento del lugar donde lo mataron confirmaron esta hipótesis; así que este muerto no murió solito, a este muerto lo mataron y a las claras mostraba signos de violencia que no pudieron ver los que se apresuraron a enterrarlo.

Tendentza era un hombre recio, conocedor de la selva y sus secretos, podía distinguir las plantas que ayudaban a la curación de todos los males y sabía seguir la huella de los animales necesarios para alimentar a su familia. Ya era abuelo, y aseguraba que con sus nietos solo hablaría en shuar, porque es la única lengua en la podía transmitir el orgullo de su pueblo, su sabiduría milenaria y, sobre todo, solo en esta lengua se podía hablar de la riqueza de la madre tierra y del deber de defenderla.


Lea el artículo completo en el siguiente Link:

http://inredh.org/index.php?option=com_content&view=article&id=659:el-valor-de-los-muertos-&catid=74:inredh&Itemid=49

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